jueves, 25 de diciembre de 2014

Feliz Navidad

¡¡Feliz Navidad!!
La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, la Palabra vino a hablarnos de nuestra mejor belleza, la belleza de hijos de Dios, ilumina las tinieblas del mundo, para que encontremos el mejor camino hacia nuestra plenitud de hijos, de hombres, de varones y mujeres.
Hoy nos ha nacido un Salvador, el Mesías el Señor. Él viene a salvarnos de la opresión del pecado, nos libra del pecado original para que nos alegremos de volver a ser hijos de Dios, para que nos alegremos de volver a la Casa del Padre y gozar de todos sus bienes celestiales y espirituales.
Hoy nos ha nacido un Niño, la Virgen Madre nos ha entregado a Su Hijo, que es nuestro Hermano para que nos lleve siempre a Sus Brazos y dejarnos arrullar por el Amor de la Madre, y dejarnos guiar sostenidos de Sus Maos, y dejarnos consolar fortalecidos con Su Amor, y dejarnos crecer como Ella en disponibilidad y entrega para hacer lo que Él nos diga.
Hoy nos ha nacido nuestro Dios y Señor, para que tengamos el camino libre y seguro para reconocer, como los pastores el Señorío del Señor, que se hace Niño para que lleguemos a Él, le entreguemos nuestra vida y dejemos que Él nos transforme en instrumentos dóciles que anuncien a todos los hombres el hermoso mensaje de Su Amor, un Amor que no dudó en hacerse hombre para que los hombres naciésemos al Amor.
Hoy nos ha nacido el Mesías tan esperado, nos ha nacido un Niño Dios en Belén por eso con el corazón lleno de gozo y alegría por haber conocido la gran noticia, con los ángeles en el Cielo y en la Tierra cantemos juntos:
¡Gloria a Dios en el Cielo y en la tierra paz a los hombres que Ama el Señor!

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Hoy y mañana...

Me desperté pensando en María, en José. Hace más de dos mil años ellos estarían cerca de Belén, no se sabe dónde durmieron y cómo lo hicieron, pero sí que ya estaban cerca de Belén, junto con tantos grupos de gente que venían a la ciudad de David por el censo. Eran como todo el resto de la gente, pero llevaban en sus vidas la Vida de Dios, no eran como el resto de la gente.
María ya sentiría las molestias del camino, su embarazo estaba a punto y el niño se iría acomodando en su seno porque el día esta cerca, ya querría salir a ver su mundo, a conocer aquello que Su Padre había creado y abriría sus ojos a la luz de lo temporal.
María y José ya están prontos para emprender el viaje de nuevo, con la esperanza de encontrar un lugar donde poder descansar de semejante travesía, porque, seguramente, el viaje se les debe haber hecho largo, y no por no tener fortaleza para la prueba, sino por que están expectantes por la llegado del Niño. Un lugar para que María pueda descansar mejor. Un lugar por si el Niño llega, para que llegue como Dios manda.
Sí, lo se, ya sabemos la historia, pero siempre es bueno ponernos en el lugar de sus protagonistas, porque hoy, esta noche, los protagonistas son Ellos tres: María, José y El Niño que va a nacer, no los olvides.
En una noche como la de hoy, pero de hace más de dos mil años el tiempo del hombre se hizo eternidad de Dios, porque Dios se hizo hombre y naciendo de mujer el Cielo vino a la tierra, para que en la tierra los hombres encontraran el Camino hacia la Paz.
Por eso, ese Niño que nació en una noche como la de hoy, cada día nos vuelve a traer el Cielo a la Tierra. Cada día nos vuelve a traer la eternidad a nuestra historia. Cada día nos abre una puerta en el tiempo para que nos encontremos con Él, para que con Él podamos elevar nuestro corazón hacia Dios, para que por Él alcancemos la Gracia de ser hijos de Dios.
Hoy y mañana son días como el resto de los días, pero hoy y mañana no son días cualquiera, como todos los días, porque hoy y mañana, serán la Nochebuena y la Navidad, porque hoy y mañana nos unimos por Amor y con Amor a María y José que en la alegría y el gozo reciben al Niño Dios que viene a darnos una Vida Nueva.
Hoy y mañana no los dejemos solos, porque Ellos nunca nos dejarán solos. Hoy y mañana, como todos los días vayamos al Portal de la Eternidad a adorar a nuestro Dios que viene para que nosotros lleguemos a Él.
Hoy y mañana hay un Niño, hay un Dios que viene a nosotros, vayamos nosotros a Dios.

martes, 23 de diciembre de 2014

Precursores de la alegría

Antes de la Nochebuena, la liturgia nos presenta el nacimiento de Juan Bautista, el precursor, aquél que viene a allanar los senderos para la llegada del Mesías. Un hermoso anuncio para este día y para mañana: allanemos el camino para poder vivir con espíritu de fe la Fiesta de Navidad.
Hoy quizás muchos emprendan viaje a la familia, a otros lugares. Otros comiencen a preparar sus casas, las compras, los regalos. Otros quizás tengan el corazón dolido por las ausencias de aquellos que partieron a la Casa del Padre. Algunos más tengan el corazón agitado porque no tienen con quién pasar estas noches, pues nadie llegará a sus casas.
Las alegrías, las prisas, las tristezas, los agobios pueden ser hoy aquellos obstáculos para no poder preparar el Camino para el encuentro con el Salvador, por eso el nacimiento de Juan Bautista no sirve de anuncio: Dios nos envía su mensajero para que nos diga que dejemos lugar para que nazca la Buena Noticia en nuestra vida, y que miremos a nuestro lado, a nuestros hermanos y le llevemos esa Buena Noticia, porque también nosotros, los que le hemos conocido y creemos en Él, somos, como Juan Bautista, quienes anunciamos Su Venida.
También nosotros tenemos esa misión: allanar en la vida de nuestros hermanos el Camino para que se encuentren con el Esperado por los Siglos, con la Luz de las naciones, con aquél que viene a dar Vida al mundo, al hombre. Tenemos una misión y en estos días debemos cumplirla: anunciar con gozo la llega del Señor, sanar los corazones enfermos, alegrar a las almas tristes, llevar consuelo y fortaleza a quienes se sienten solos y desesperanzados, ser mensajeros y portadores de la alegría de creer.
No dejemos que las prisas y las costumbres nos quiten el gozo y la alegría de vivir con fe y amor este día que está por venir, dediquemos el tiempo necesario a nuestro Señor, y llevemos la alegría de los ángeles a todos los hombres que esperan la Salvación.
Va a nacer nuestro Salvador y Redentor, en Él creemos, con Él vivimos, para Él vivimos y por Él tenemos Vida, entonces llevemos esa vida a los que más la necesiten. Que nadie se quede afuera de esta alegría que inundará nuestros corazones, sino hagamos que el agua viva rebalse nuestra vida y llegue a quienes más la necesiten.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Cantemos con María

Hermoso canto que brota de labios de María, llena del Espíritu Santo: el Magníficat:
«Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava".
Es una invitación clara para que podamos llevarlo, como el canto de nuestra Madre, a nuestro día a día, porque cuanto más proclamamos la grandeza del Señor, más hijos nos podemos sentir, y más nos podemos dejar guiar por Él por el Camino de Su Voluntad, y, alcanzar así, como María la Bienaventuranza plena de nuestra vida.
La humildad, la humillación, de la que habla el cántico es el reconocimiento puro de que sin Él nada podemos, de que todo lo podemos con Él pues es el Padre quien nos ama y nos da todo para vivir en fidelidad hacia la felicidad.
Los pasos de María hacia Belén no fueron directos, no fue un camino que comenzó en la Anunciación y finalizó en el parto, sino que antes debió pasar por otros lugares, por otras situaciones: la visita a Isabel, el desprecio de José, el nuevo anuncio del ángel a José, que José la recibiera como su esposa, para finalmente partir a Belén y llegar a parir en un establo. Pero igualmente, en todos y cada uno de los momentos, sus alma rebosaba de alegría, porque nunca de dejó de confiar en la Providencia de aquél que la había llamado "Llena de Gracia".
Muchas veces nuestros proyectos de vida buscan alcanzar su fin sin tener ningún obstáculo, sin que haya en nuestro camino ningún desvío no contemplado en nuestro proyecto, ideamos líneas rectas que diseñamos casi con cálculos milimétricos... pero nos olvidamos de quién es el que va construyendo el Camino.
María comenzó a recorrer el Camino de Su Mano, y no se soltó de Su Mano, por eso casi al comenzar el camino, cantó a su grandeza, dio gracias a su poder, y cantó a su humildad, cantó una acción de gracias al reconocerse pequeña ante el Padre del Cielo, porque sólo Él es capaz de hacer maravillas con el alma que se deja conducir.
Y María hoy nos sigue conduciendo a Belén, para que con Ella demos Luz al Niño que hay en nuestro corazón, y demos Gracias al Señor por enseñarnos el camino de la sencillez, de la humildad, de la pequeñez para que Él con su Gracia y Su Espíritu haga con nosotros, como con María, grandes cosas.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Nuestro ¡Sí!

Una vez más el evangelio nos lleva a aquél maravilloso día de la anunciación, un día tan esencial para nosotros como le Nacimiento en Belén, o la Pascua de Jesús. Tan esencial porque sin ese día no habrían podido venir los otros días, pues sin el Sí de María al Señor no hubiese sido posible la Encarnación del Verbo, por lo tanto, un día de mucha importancia.
Pero, en este evangelio están unidas las dos pares de la Historia de la Salvación: el antiguo testamento y el nuevo testamento.
Isabel, la mujer vieja y estéril, que por obra de Dios queda embarazada para dar a Luz al Precursor, a Juan Bautista. El antiguo testamento comienza su fase final, nace el último profeta del seno de una mujer vieja y estéril, para dar por finalizada una etapa de la historia.
Y se abre una Nueva etapa: el Nuevo Testamento con una mujer adolescente y virgen, que escuchando la Voz del Señor abre su corazón y le entrega todo su ser, para que nazca el Esperado por todos los siglos, el Sol de Justicia, el Salvador de los hombres. María al dar su Sí permite que la historia se divida en dos, que la historia comience la nueva etapa de la Salvación.
No, no es un día cualquiera el de la Anunciación. No es un día cualquiera en la vida de María. No es un día cualquiera para nosotros, porque de un Sí lleno de amor y disponibilidad comienza el proceso de re-creación del hombre, pues un Hombre Nuevo comienza a engendrarse en el seno de la Virgen. Un Hombre Nuevo comienza a nacer del Amor de Dios y la disponibilidad de María.
Y, a nosotros, a pocos días de celebrar el Nacimiento de Jesús, nos invita nuestra Madre a descubrir la importancia de nuestras respuestas a Dios. No importa si somos viejos como Isabel o jóvenes como María, lo que importa es que siempre estemos dispuestos a dar un Sí a la Voluntad de Dios. Que estemos dispuestos a escuchar Su Palabra, para que Su Palabra no sólo anide en nuestra mente, sino que se haga vida en nuestras obras diarias, que día a día podamos marcar la historia con nuestra vida, porque nuestra vida es Su Vida, porque Él ha querido que nosotros, sus hijos seamos partícipes como María de esta nueva etapa de la historia.
Ya María está en camino con José. Ya se acerca el Nacimiento del Mesías, caminemos junto a ellos, caminemos junto a Ella para que nos enseñe que nuestro Sí a Dios hace que la historia, que mi historia tomen un rumbo nuevo, una dimensión nueva pues he sido transformado e iluminado por la Luz que nace en Belén, una Luz que quiere iluminar e iluminarme.
Vayamos jubilosos a recibir al Niño que va a nacer, para que cada día vuelva a nacer en nuestra vida, y cada día nuestra vida sea una novedad para el mundo, porque cada día ilumino con el gozo de saberme Su Hijo.

sábado, 20 de diciembre de 2014

Nuestro Sí a Dios...

Hermosas son las palabras de San Bernardo sobre este evangelio de la anunciación, comienza así:
"Has oído, Virgen, que concebirás y darás a luz un hijo. Has oído que no será por obra de varón, sino por obra del Espíritu Santo. Mira que el ángel aguarda tu respuesta: ya es tiempo de que vuelva al Señor que lo envió. También nosotros, condenados a muerte por una sentencia divina, esperamos, Señora, tu palabra de misericordia.
En tus manos está el precio de nuestra salvación; si consientes, de inmediato seremos liberados. Todos fuimos creados por la Palabra eterna de Dios, pero ahora nos vemos condenados a muerte; si tú das una breve respuesta, seremos renovados y llamados nuevamente a la vida".
Porque en las manos y la disponibilidad de María estaba el Sí al Señor, el Sí a la llegada del Mesías, el Sí a la Salvación. Y en ese momento toda la creación esperaba su respuesta. Es una hermosa imagen la que hace San Bernardo, una imagen que me lleva a otro pensamiento.
Me lleva a aquella frase de San Pablo: "la creación entera espera y gime dolores de parto esperando la manifestación de los hijos de Dios".
¿Por qué lo asocio? Porque Jesús asoció a nuestra vida, o mejor nos asoció a Su Vida, para que nosotros continuemos lo que Él mismo comenzó con su vida, muerte y resurrección: la Obra de la Salvación. Por eso mismo Él nos mandó a anunciar a todos los pueblos la salvación. Así como en aquél día que todos esperaban el Sí de María, hoy todos esperan nuestro Sí a la Voluntad de Dios, los hombres que no creen, los que dudan, los que no encuentran el sentido a sus vidas, los que han perdido la fe, la esperanza y el amor, todos esperan que nosotros los que hemos creído en el nombre del Señor manifestemos en nuestras vidas la alegría de creer, el gozo de sabernos salvados y renovados por un Dios que se quiso nacer en la historia para que la historia naciera en Dios.
La creación entera hoy espera de nosotros, espera que nos sintamos alegres y esperanzados de que podremos, con la Gracia de Dios, nacer como Hombres Nuevos, crecer en santidad y enseñarles el Camino que los conduzca a la Salvación.
Por eso como ayer se esperaba el Sí de María para que comience la Salvación, hoy se espera nuestro Sí para que continúe brillando la Luz de la  Vida Nueva que nació en Belén.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Navidad con fe

En estos días antes de Navidad las lecturas de la liturgia eucarística nos llevan hacia un sólo lugar: nuestra vida de fe. Porque no se puede comprender o celebrar la Navidad si no es desde una concepción profunda de la Fe, desde un corazón que cree, confía y espera en las Promesas de Dios.
Y hoy tenemos dos ejemplo más de la preparación de Dios para el Nacimiento del Mesías: el nacimiento de Sansón, milagroso, y el nacimiento de Juan Bautista. El anuncio Dios lo hace por medio de su ángel a la madre de Sansón y a Zacarías. Pero en los dos anuncios hay una gran diferencia: cómo cada uno cree en el anuncio.
La madre de Sansón sólo cree, ni siquiera pregunta quién le hace el anuncio, ni cómo se llama, sabe que viene de parte de Dios por el aspecto que tenía. Pero necesita creer en lo que le anunciaban, y cree con todo su corazón y concibe en su seno a aquél que comenzaría a liberar al pueblo de la opresión.
En cambio, cuando el ángel hace el anuncio a Zacarías, sacerdote del Templo, estando haciendo una celebración litúrgica, él no confía en el anuncio. Zacarías cuestiona el anuncio del ángel, aunque tendría que ser quién más tendría su corazón abierto pues, como sacerdote del Señor, sabía cómo actuaba Dios, conocía los milagros de otros tiempos, hablaba de los ángeles y sabía quiénes eran los instrumentos de Dios. Pero duda y por eso pierde la voz hasta el día del nacimiento de Juan.
Dos personas distintas, un mismo anuncio, dos manera de reaccionar.
Y esto me lleva a pensar que para creer no es necesario saber o conocer a Dios, ser instruido en los misterios de Dios, sino que, como María, como José, como la Madre de Sansón sólo se necesita tener el corazón abierto para que el mensaje sea recibido con humildad, con gratitud, porque cuanto más sabemos y cuanto más inteligentes nos creemos más dudamos, mas cuestionamos a Dios, menos disposición tenemos a dejarnos asombrar por los milagros de Dios en nuestra historia, en nuestra vida.
Pero, Gracias a Dios, Él actúa también a pesar de nuestra incredulidad y, más de una vez, nos deja sin palabras al ver el poder de su Amor por nosotros. Pero si nos dejáramos modelar por Sus Manos y le permitiéramos ser Padre ¡cuántos más milagros podría hacer en nuestras vidas y con nuestras vidas!
En esta Navidad no pongamos excusas o dudas para creer, dejemos que la Gracia y el Amor del Nacimiento de Jesús nos llene el corazón y el alma, para que como Él y con Él volvamos a ser Niños en la Fe, para dejarnos cautivar, enamorar y ser instrumentos en Manos de Dios.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Hombre de fe

Cuando María llegó a casa de Isabel, dice el Evangelio, Isabel llena del Espíritu Santo exclamó: Feliz de tí por haber creído lo que te fue anunciado de parte del Señor. Y creo que, sin ir más lejos, se podría decir lo mismo de San José, porque San José, como María, creyó lo que le fue dicho de parte del Señor. En el pasaje de hoy del Evangelio, se nos narra el sueño de José, el sueño en que Dios le revela por medio del Ángel la concepción del Hijo de Dios en el seno de María.
Un hombre de fe, de una fe muy simple pero a la vez muy fuerte, que nos lleva a pensar en nuestra vida de fe. En estos tiempos en donde todos dudas, en todo nos invita no creer, o, mejor dicho, donde siempre (y no sólo para Dios) pedimos grandes signos para creer, San José nos sale al Camino de la Navidad con una actitud simple y cierta de aquél que "creyó en lo que se fue anunciado de parte del Señor".
Sabemos que José tenía otras alternativas, que, incluso, pensó en abandonar a María, pero creyó lo anunciado y optó por un camino que, a ojos humanos, era incierto, dudoso, pero que su confianza en Dios lo hizo un camino lleno de luz, esperanza y, sobre todo, de amor. Amor por María, Amor a Dios.
Hoy más que nunca el mundo necesita Hombres de Fe simple y fuerte, Hombre Nuevos que confíen, que crean en lo que se les ha anunciado de parte del Señor. Hombres Nuevos con corazones disponibles para ser Fieles a la Vida que el Señor nos trae, que el Señor nos da, que el Señor nos renueva en cada Navidad del altar eucarístico. Hombres Nuevo que, confiados en el poder de Dios quieran transformar el camino en tinieblas que nos presenta el mundo en un Camino de Luz hacia la Vida Nueva.
Hombre Nuevo, como dice la canción, creadores de la historia, pero de una Historia de Salvación, una Historia donde el Hombre recobre la Luz original que Dios le concedió el día de su creación, la Luz de los Valores verdaderos, la Luz de la Vida que llena y llama a la Vida, la Luz de la Verdad, la Luz de la Paz, la Luz de la Justicia, la Luz que brillo en Belén e iluminó la noche del hombre que caminaba en tinieblas.
Vivimos un Nuevo Tiempo que espera de nosotros, varones y mujeres de fe, que como María y José, creamos en lo que nos fue anunciado de parte del Señor y nos encaminemos confiados y seguros, guiados por el Espíritu Santo, hacia un Nuevo Nacimiento, el Nacimiento de un Hombre Nuevo que lleve al Hombre a su valor original, que le devuelva al hombre la belleza original que perdió por el pecado, y lo encienda en el esperanza de que, con la Gracia de Dios, podemos construir un Mundo Nuevo.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Volvamos a la Navidad

Comenzamos hoy la Novena de Navidad, ya queda muy poco para celebrar Su Venida, la Venida de nuestro Dios y Salvador: un Niño que nace para darnos Vida.
San León Magno, ante estas lecturas nos dice:
"De nada nos serviría afirmar que nuestro Señor, el Hijo de la Virgen María, es hombre verdadero y perfecto si no creyésemos además que es hombre perteneciente a aquel linaje mencionado en el Evangelio.
Mateo, en efecto, dice: Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham; y sigue el orden de su generación humana hasta llegar a José, con quien estaba desposada la Madre del Señor".
Se hizo Hombre, uno de nosotros, en todo menos en el pecado para que nosotros pudiésemos ser hijos de Dios. Sí, la he repetido mucho y no me cansaré de hacerlo, porque es esta realidad que festejamos en Navidad. Celebramos el más maravillosos de los regalos y milagros que Dios Padre hizo por nosotros, enviarnos a Su Hijo Único para que nos diésemos cuenta, para que aprendiéramos, para que encontráramos el Camino que nos condujera de nuevo al Padre.
Y ¿por qué no me cansaré de repetirlo? Para que volvamos a encontrar el sentido de la Navidad, para que en estos días preparemos verdaderamente nuestro corazón para ese Nacimiento, para que a pesar de todas las cosas que estemos haciendo volvamos nuestra mirada hacia el Belén, el Pesebre, hacia ese lugar donde está o estará el Niño Dios, pues ahí comienza la Verdadera Historia de nuestra vida de fe.
¿No es hermoso recordar cómo hemos nacido a la Vida de Fe? ¿No será hermoso poder transmitir lo verdadero y esencial de la Navidad?
Seguro que será difícil quitar del medio de la Navidad al gordito vestido de rojo con su trineo y sus renos, pero ¿no podríamos intentarlo para que vuelva a tener sentido cristiano lo que celebramos? ¿No es hora de hacer frente a lo que no nos da Vida Verdadera?
Claro que, también, para nosotros los cristianos no sea necesario recordar a Jesús, porque si no hacemos el esfuerzo de vivir Su Nacimiento como un acontecimiento de fe, como un hecho realmente extraordinario y por eso lo ponemos en el centro de nuestra vida...
Nos queda una semana para la Nochebuena, no hagamos que la Navidad sólo quede en un arbolito hermoso o en belén bien construido. Hagamos que la Nochebuena sea un verdadero encuentro del hombre con Dios, y de Dios con el hombre, pues a nosotros, como a los pastores se nos ha anunciado Su Nacimiento, por eso como ellos vayamos a Su Encuentro.

martes, 16 de diciembre de 2014

Tiempo de arrepentirse

El tiempo de Adviento, y más aún, un adviento tan cercano a la Navidad, es un buen tiempo para el arrepentimiento.
En el Evangelio Jesús nos habla de dos hijos que son enviados por su padre al trabajo, uno dice que sí pero es no, el otro dice no pero es sí. Los dos vuelven a pensar lo que dijeron y cambian de opinión.
Claro que Jesús en este evangelio se refiere a quién hace la Voluntad del Padre que está en el Cielo, y nos muestra que aunque primero digamos que no, es bueno recapacitar y hacer lo que nos ha pedido del Padre. Pero también se puede ver que es un momento de arrepentimiento, me arrepiento de lo que he dicho y hago lo que debo hacer.
Y por eso pensaba que Adviento es también un tiempo de arrepentirse, de buscar dentro nuestro cuántas cosas hemos hecho mal. Pero, sobre todo, buscar aquellas cosas de las cuales aún no me he arrepentido y que me mantienen alejado de algunas personas a las que quiero y que me quieren.
Porque hemos pasado la mitad del Camino hacia la Navidad, y es un tiempo de volver a creer en el perdón, en el amor, en la paz. Y encontramos Paz cuando reconocemos el error, encontramos paz cuando dejamos de lado el orgullo y la vanidad y estiramos la mano en señal de perdón. Encontramos paz cuando en el corazón vuelven a nacer los deseos de fraternidad, de amor, de volver a unir aquello que algún día se rompió por soberbia, por egoísmos, por no haber pensado antes de dar una respuesta.
Hay tantas relaciones en nuestras vidas que se van perdiendo simplemente por no volver a pensar y arrepentirnos. Porque hacer la Voluntad de Dios también implica solucionar las desavenencias, las peleas sin resolver, las amistades que se han perdido... en definitiva: pedir perdón y saber perdonar.
Navidad es un tiempo hermoso para regalar más amor del que he recibido. Navidad es un tiempo para regalar más perdón del que me han otorgado.
Navidad es descubrir que el Niño Dios viene a mostrarnos el Amor del Padre que quiere nacer en nuestro corazón, para que también nosotros podamos volver a Nacer en el amor, para que podamos volver a creer que sólo el Amor puede transformar el corazón del hombre, el mío y el tuyo.

lunes, 15 de diciembre de 2014

No te hagas el tonto

Si leemos bien el evangelio de hoy vamos a descubrir que la actitud de los sumos sacerdotes frente a Jesús, es muy parecida a la que tenemos muchas veces nosotros entre nosotros y con Dios: nos hacemos los tontos para que no nos digan lo que tenemos que hacer.
Los sumos sacerdotes le preguntan a Jesús con qué autoridad hace lo que hace y dice lo que dice. Ante esto Jesús les hace una pregunta, claro que con un doble sentido, que ellos se dan cuenta. Por eso no responden, se hacen los que no saben la respuesta, porque de saberla tendrían que aceptar la autoridad de Jesús, o la discrepancia con el pueblo. Y, así es mejor hacerse el tonto que darle la razón a quién no se la quiero dar.
Y, claro, de paso me quedo con un interrogante, pero tranquilo en conciencia porque no tengo que obedecerle a quien no le he dado autoridad sobre sus palabras. Creemos que hacernos los tontos no es no obedecer, sino no saber qué es lo que tenemos que hacer o lo que no debemos hacer, sólo que no entendemos lo que no queremos entender, y no hacemos lo que no queremos hacer.
Una realidad que, en último término, perjudica mi vida porque he perdido la oportunidad de encontrar las respuestas que buscaba, de encontrar el camino que había perdido, de encontrar el sentido que no encuentro a las cosas que vivo. En definitiva creemos que somos inteligentes porque nos hacemos los tontos, pero en realidad somos tontos por hacernos los inteligentes. Y no aprendemos.
No aprendemos que hay alguien que sabe más que yo. No aprendemos a confiar en quién realmente puede indicarme el camino, quien puede darme la Luz que me conduzca a la Paz que anhelo.
Los Sumos Sacerdotes creyeron que eran inteligentes, que gracias a su inteligencia y comprensión debían dejar de lado a la Verdad, a la Vida, al Camino, y no se dieron cuenta que en realidad dejaban de lado a quién habían estado esperando a lo largo de muchos siglos. Y se lo perdieron simplemente por creerse más inteligentes porque se hacían los tontos.
¿Cuántas veces en nuestro día a día nos hacemos los tontos, los sordos, los ciegos para no aceptar algo que estoy buscando, pero que me obliga a reconocer mi falta, a darme cuenta que el otro tiene razón, a cambiar mi forma de ser, de vivir? 
¿Cuántas veces por no renunciar a sentirme el más inteligente he perdido la oportunidad de aceptar un camino nuevo que me conduzca a una vida nueva?
¿Cuántas veces he dejado pasar al Señor de la Vida por miedo a que me sugieran morir a mi YO, a mis gustos, a mis ganas?
¿Cuántas veces sigo preguntando "dónde estás" cuando Él está delante mío pero no lo quiero ver?

domingo, 14 de diciembre de 2014

Es nuestra alegría

"Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión: ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros
No apaguéis el espíritu, no despreciéis el don de profecía; sino examinadlo todo, quedándoos con lo bueno".
Hoy, tercer domingo de adviento, es el domingo de la Alegría, el domingo del Gozo, pues estamos prontos a la Navidad, a la Noche tan esperada a lo largo de los siglos que ha venido a iluminar las oscuridades del hombre, una Noche que ha partido la historia de la humanidad, del hombre, en dos partes, un antes y un después de Cristo.
Por eso, antes de celebrar el nacimiento la liturgia nos invita a la alegría, a una alegría cierta y verdadera que nos da el sabernos libres del pecado y santificados por aquél Niño que nació una noche en Belén. Un Niño que cada día nace en nosotros si, como dice San Pablo, somos constantes en el orar, porque es la única forma que tiene el Niño de nacer en nuestro corazón. 
Si oramos, y más si oramos cada mañana al levantarnos, el Niño vuelve a nacer, volvemos a nacer como niños al gozo de sabernos amados y salvados, salvados por amor, amados para nuestra salvación. Del modo que pongamos las palabras siempre terminamos en la misma frase: por Amor el Padre envió a Su Hijo Único nacido de mujer, para que nosotros volviésemos a participar de su familia, y, por el Hijo, ser también sus hijos.
Ese gozo de ser sus hijos llena el alma de alegría, una alegría que no puede ser ocultada, o, mejor dicho, que no debemos ocultar (como dice el dicho: aunque vengan degollando) Porque la alegría de sabernos hijos de Dios es la profecía que tenemos que anunciar todos los días, la alegría de la libertad de los hijos de Dios. El gozo de sabernos amados y salvados, el gozo de vivir cada día la Gracia de la Navidad que nos lleva a dejarnos estar, como niños pequeños, guiados por la Mano de Aquél que nos tejió en el seno de nuestras madres, y nos destinó a que fuésemos santos e irreprochables en su presencia por el amor, desde antes de la creación del mundo.
Por eso, cada día que nacemos a esta Vida Nueva, desde la oración examinamos todo en nuestra vida "quedándonos con lo bueno" y tirando de nuestra vida todo lo malo, buscando, con la Gracia del Espíritu, el camino de la perfección en el amor, el camino de la perfección en la Obediencia a Dios. Porque cada día que volvemos nacer es María quien, como Madre amantísima nos toma de nuestras manos y nos lleva hasta el Padre, para que sea Él quien oriente nuestra vida, para que sea Él quien nos llene de las Gracias suficientes para seguir los pasos del Hijo para mostrar al mundo el Gozo de no sólo llamarnos, sino de ser hijos de Dios.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Un martirio, una vida

Aquí el bautismo proclama
su voz de gloria y de muerte.
Aquí la unción se hace fuerte
contra el cuchillo y la llama.

Hermosa estrofa del Himno sobre el martirio. Hoy Santa Lucía nos abre una nueva puerta para preparar el corazón al Nacimiento de Jesús: la puerta de la entrega total de toda nuestra vida, alma, mente y corazón a la Voluntad de Dios.
Si en el Evangelio de ayer el Señor nos decía que éramos una generación que no se conformaba con nada, pero que tampoco sabía lo que quería, hoy nos muestra la persona de Santa Lucía, una adolescente que sí sabía a Quién amaba, y Qué es lo que deseaba en su vida.
Abrió su corazón de par en par a Jesús y se dejó conquistar por Él, de tal modo que ya nada era para ella de valor, sino que, como dice San Pablo: todo lo tenía por pérdida en este mundo con tal de ganar a Cristo y a Cristo crucificado.
Estamos a medio camino de la Navidad y ¿sabemos qué es lo que buscamos en el Pesebre de Belén? ¿Sabemos, como los Pastores, qué vamos a encontrar acostado entre pajas y vestido con pañales?
Es cierto, muchas veces no sabemos qué es lo que queremos y, mucho menos, sabemos qué es lo que quiere Dios de nosotros. Por eso, en el Camino hacia la Vida el Señor nos pone mojones que nos vayan guiando, pero debemos saber mirar, saber leer entre líneas y para eso, primero, debemos tener los ojos abiertos a ver, la mente despejada para entender y el corazón libre para disponernos a hacer Su Voluntad.
Él nace para que nosotros nazcamos, Él se hace hombre para que nosotros nos hagamos hijos de Dios, Él se hace pequeño para que nosotros maduremos como niños, Él viene a nosotros para que nosotros vayamos a Él, Él nace para darnos Vida Nueva para que nosotros muramos y tengamos Vida Divina.
Nuestro morir al hombre viejo, al hombre del mundo, es un morir constante, así como el nacer es un nacer constante, porque Navidad es cada día del año, aunque una vez al año nos preparemos para recordar por qué cada día celebramos Navidad. Por qué cada día necesitamos resucitar como Niños a la esperanza cierta de que el Padre nos ha llamado y nos ha dado un Camino para alcanzar nuestro Ideal, para construir a cada paso un Hombre Nuevo que sea capaz de entregar cada día toda su vida para transformar el mundo.
Hoy, Santa Lucía, nos invita a recuperar el gozo de alcanzar al Bienaventuranza porque su amor por el Señor le llevo a vivir: Bienaventurados los de corazón puro porque verán a Dios.
Que su vida nos lleve a encontrar el camino de la pureza para que nuestra vida también ilumine lasa tinieblas de este mundo para que muchos encuentren el sentido de vivir la vida en Dios.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Adolescentes o niños?

Parece como que el Señor se enfada muchas veces, y, en realidad, más que enfadarse está dolido. Dolido porque no nos damos cuenta que nos perdemos lo mejor de nuestra vida de fe: el saber por dónde ir y hacia dónde ir.
Por lo que nos dicen las lecturas de hoy me hace pensar en la adolescencia, sí, porque en la adolescencia adolecemos de una realidad en la que no sabemos qué hacer, cómo hacerlo, pero lo que sí sabemos es que queremos hacerlo solos. Nuestros padres nos van diciendo a cada instante lo que debemos hacer, cómo hacerlo, pero ¡no! ¡que nadie me venga a poner límites o a decir lo que debo hacer!
Y así me parece que el hombre de hoy está en plena adolescencia.
Y Dios se nos planta en el medio del camino y, como a nuestros padres, le negamos autoridad, le negamos sabiduría, le negamos palabras de verdad, porque para nuestra edad él ya está viejo, y no sabe cómo tenemos que vivir en estos tiempos.
Por eso, muchas veces, viene y nos dice: te das cuenta? Yo te lo dije, ahora no vengas con llantos. Si no quisiste escucharme yo no tengo la culpa, por izquierda y por derecha te le dije, pero ¡no! tú querías hacerlo tú solito porque sabías lo que hacías...
Y sí! Dios sigue siendo Padre tengamos la edad que tengamos, y, por esa misma razón, nosotros seguimos siendo hijos, tengamos la edad que tengamos.
Si escuchamos la Palabra de Dios con oídos de hijos que necesitan consejo para alcanzar la meta, y dejamos de ponerle excusas para desautorizarlo, vamos a tener más luz para caminar, descubriremos que son Palabras de sabiduría, de amor, que, aunque nos pongan límites y nos exijan, son por amor a nosotros los hijos pequeños, pues siempre seremos pequeños para nuestro Padre.
No nos hagamos los adultos que saben siempre por dónde tienen que ir, hagámonos niños necesitados de consejo, de cariño, de abrazos, de palabras de consuelo y palabras de sabiduría que llenen mi vida de luz, de calma, de seguridad porque confío en mi Padre que sabe hacía dónde va mi vida, que sabe por qué camino es mejor conducirme que, aunque sea el más difícil, es el más seguro para alcanzar lo que soñó Su Corazón cuando me llamó a la Vida.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Creamos...

"El que tenga oídos que escuche", dice Jesús al finalizar su exhortación.
El refranero popular nos dice: que no hay peor sordo que el que no quiere oír, es muy parecido. Y si lo analizamos desde la primera lectura Isaías sigue dando pautas para que el pueblo vuelva a creer en su creador, pero no todos creen en lo evidente, no todos aceptan las pruebas, sino que siguen buscando una respuesta que satisfaga sus propios deseos.
Y no se encuentra.
Por eso Jesús nos presenta una sencilla respuesta a esta inquietud del hombre, pues porque muchos buscan grandeza, viven una carrera para alcanzar grandes puestos y considerarse los más fuertes y poderosos, e intentan "fabricarse" un cielo a su medida, un Dios a su antojo, y buscan por todos los medios adecuar La Palabra a sus vidas.
Muchos quieren arrebatar por medio de la violencia el Reino de los Cielos, pero el Reino no se arrebata con violencia, sino haciéndonos violencia para no dejarnos vencer por el mundo, por nuestra carne. La violencia que debemos hacer es en la lucha por ganarle al mundo, en la lucha por ganarle al egoísmo, a la vanidad, al falso orgullo y a la falsa humildad. En la lucha por no querer ser los mejores sino en alcanzar la santidad.
La violencia que nos tenemos que hacer es por querer día a día adaptar nuestra vida a la Palabra de Dios, por dejar que Dios venza en nuestro corazón y poder así crecer cada día en un espíritu de niños que nos permita escuchar y vivir de acuerdo a lo que somos: hijos de Dios, hermanos de los hombres, instrumentos de paz, sembradores de verdad, trabajadores del Reino de los Cielos.
Por eso en este tiempo de Adviento en donde aún el pesebre no está lleno con la presencia del Niño, trabajemos nosotros por ser ese Niño que nace en Belén, que cada día nuestro corazón trabaje para hacerse niño, para dejarse llevar en brazos de la Madre por le Camino de la Voluntad de Dios, para que como Ella también nosotros seamos capaces de entregarnos a Su Plan, a Su Proyecto, y así, siendo Niños en sus brazos alcanzar el Sueño del Padre que es nuestro sueño y nuestra felicidad.
Creamos, aceptemos y vivamos...

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Te sigo esperando

Y Dios sigue diciendo por medio de Isaías:
"Por qué andas hablando, Jacob, y diciendo, Israel:
«Mi suerte está oculta al Señor, mi Dios ignora mi causa»?
¿Acaso no lo sabes, es que no lo has oído?
El Señor es un Dios eterno y creó los confines del orbe.
No se cansa, no se fatiga, es insondable su inteligencia".
Y me traía a la cabeza algo que hablaba hace unos días con alguien, porque me decían: "y yo lo llamé tantas veces y no me llamó, no se si estará enojado conmigo o qué le pasa", "y no me ha llamado para nada, ¿será que no le importo?" "Y por eso yo no lo llamo, porque no me llama".
Santa Teresita nos decía que en el amor no existen las matemáticas, porque cuando las usamos comenzamos a perder amor, porque siempre estamos contando cuantas veces me llamó, cuantas lo llamé, si hice esto por aquél o aquello por ésta, y siempre, gracias a nuestro egoísmo los demás están en deuda, y así nos vamos alejando del amor, y de quienes queremos.
Y así nos pasa con Dios, porque no nos habla, porque no lo sentimos, porque no nos da lo que pedimos, porque le pedimos un signo y no nos da nada...
¿No será que no me he acercado cuanto he podido? Porque Dios siempre está en el mismo lugar, siempre está a la misma distancia, con el mismo tiempo. ¿No será que yo me he alejado, que no lo escucho, que no me acerco?
Porque es Él quien me ha dicho (y está en el Evangelio de hoy):
"Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera"-
Fíjate porque, a veces, reclamamos algo que ya tenemos, pero que no hemos descubierto pues buscamos sin mirar, pedimos sin saber, reclamamos sin dar. Y, como el ejemplo de antes, el otro está a la misma distancia que yo, y si yo necesito de él deberé dar el paso, dejar de lado mi orgullo y vanidad, mi egoísmo y matemáticas, e ir a su encuentro, porque lo que necesito es encontrarme.
Porque además se que lo que me dice Isaías también es verdad:
"Él da fuerza al cansado, acrecienta el vigor del inválido; se cansan los muchachos, se fatigan, los jóvenes tropiezan y vacilan; pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, echan alas como las águilas, corren sin cansarse, marchan sin fatigarse".
No lo dudes, no hagas cuentas, deja todo y ve al lugar al que encuentras el mejor de los abrazos, la mejor de las sonrisas y la Vida verdadera.

martes, 9 de diciembre de 2014

Consolad a mi pueblo dice el Señor

«Consolad, consolad a mi pueblo -dice vuestro Dios-; hablad al corazón de Jerusalén", nos dice el Señor por boca del profeta Isaías. Un pedido que llega hasta hoy con la misma intensidad que hace tantos siglos: consolad a mi pueblo.
Y, también, con la misma intensidad surge la pregunta del profeta:
"¿Qué debo gritar?", porque a mi, por lo menos, me surge aquello que decía Jesús a su gente:
"Os parecéis a esos jóvenes que estaban en la plaza: les tocamos la flauta y no bailaron, le cantamos cantos fúnebres y no lloraron..."
Es una hermosa misión consolar, es hermoso lo que nos pide el Señor. Pero sabemos que el consuelo no es la simple caricia en el hombre, sino que lo que nos dice el Señor es "consolad al corazón de Jerusalén", es decir en lo más profundo, en lo esencial del pueblo, en lo esencial del hombre.
Y hoy más que nunca el hombre ha perdido lo esencial, ha perdido su dignidad de hombre, los valores naturales del hombre ya no son los mismos, o mejor dicho, cambian de persona a persona y por eso te das cuenta que lo que está dañado es el corazón del hombre. ¿Es posible, entonces, consolarlo?
Sí que es posible. Pero para ello hemos de ser nosotros, los que escuchamos la Voz del Señor, quienes comencemos a reconstruir nuestro corazón, quienes comencemos a restaurar el hombre original, el hijo de Dios que pensó el Padre desde antes de la creación del mundo, porque, como nos decía San Pablo. El Padre ha querido que fuésemos sus hijos y por ese nos bendijo con toda clase de bienes espirituales y celestiales, para alcanzar nuestra plenitud, para vivir la originalidad de ser hombres, hijos de Dios.
Por eso, nuestro grito al corazón del hombres de nuestra propia vida: si volvemos a nuestros orígenes, si recuperamos nuestros valores originales de hombres, de hijos de Dios, si transformamos nuestra humanidad en santidad, si iluminamos nuestra vida con la alegría del evangelio seremos los nuevos heraldos, los nuevos profetas que griten al corazón del pueblo, que le muestren el camino del consuelo y la salvación.
Este adviento nos invita a transformar nuestra vida, a que los signos que mostremos de la Navidad no sean gorros de Papá Noel, trineos y gnomos, sino que sea el rostro del Hijo de Dios que nace en un portal para que nosotros nazcamos como hijos de Dios, en el portal de nuestra vida cotidiana.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Vivir como María

Creo que muy poco nos dice el título de este día, porque más nos dice a quién recordamos en este día, y, para la mayoría, este día es el día de la Virgen, el día de María, es el día dedicado a Nuestra Madre del Cielo. Y ese es el título más agradable y perfecto para María: Madre.
Madre porque no sólo concibió a Jesús en su ceno, sino porque dejó que la Palabra de Dios se hiciera carne en su vida, y, por eso pudo ser la Madre de Dios y nuestra Madre.
Madre porque su vida es un libro abierto que nos enseña el valor de la obediencia y de la fidelidad, que en todo momento, sea oscuridad o plena luz, nunca dejó de confiar y de ser fiel.
Madre porque sin comprender ni entender aceptó lo increíble, el milagro, el gozo y la cruz.
Madre porque su corazón se abrió de par y derramó todo su Amor a toda la humanidad.
Y hoy, en este tiempo de tanta oscuridad, de tanta tiniebla Ella asoma como faro de Luz, no porque sea la Luz, sino porque no lleva a la Luz. María, Nuestra Madre, quiere llevar a Su Hijo, quiere que conozcamos a Su Hijo, porque sabe que así como Ella creyó  también nosotros podemos creer, que como Ella aceptó también nosotros podemos aceptar, que como Ella permaneció de pie ante la Cruz también nosotros podremos, porque Ella conoce el Corazón de Su Hijo, conoce el Camino porque es Su Hijo, y sabe que la única Vida que tiene sentido es la que nos da Su Hijo.
Hoy, Madre, necesitamos de tus abrazos, de tus caricias, de tus palabras porque no sabemos o no queremos vivir como Tu Hijo nos pide, y tú nos sigues repitiendo, una y otra vez: "Haced lo que él os diga", porque eso es lo que has vivido Tú y sabes que es el único Camino que nos lleva ala Vida:
"María contestó:
-«Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»

domingo, 7 de diciembre de 2014

Nace Jesús o Papá Noel?

"Está escrito en el profeta Isaías: «Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino.
Una voz grita en el desierto: 'Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos."
¿Cómo preparamos el camino para la llegada del Señor? Allanando sus senderos, despejándolos de todo aquello que nos impide ver al Señor.
Anoche, en la homilía, me acordé que hace unos días le preguntaba a un grupo de niños: ¿qué celebramos en Navidad? Y con toda la ingenuidad del mundo, respondieron: la llegada de Papá Noel.
Una respuesta totalmente acertada para una generación que ha nacido sin una educación claramente cristiana, sino que han sido formado en un cristianismo comercial. Sí, porque todo lo que, mayormente, vemos es que en Navidad hay que escribirla la carta a Papá Noel, que Papá Noel esto, que Papá Noel lo otro... Y... ¿nació Papá Noel en Navidad? ¿Papá Noel vino para salvarnos del pecado y de la muerte eterna? ¿Papá Noel entregó su vida en la Cruz por nosotros?
Y, desde ahí tenemos que empezar a allanar los caminos para que nazca el Señor. ¿Cómo entender el sentido de la Navidad si dejamos que lo comercial tape lo espiritual? Y descubrimos así que esa es la punta del iceberg de un cristianismo pagano, porque hemos olvidado el centro de nuestra fe, hemos dejado que "el todos los hacen", se apodere de la esencia de una Fiesta: la Fiesta de la Vida, que es la Navidad.
¿Y ahora cómo desterramos de nuestras familias ese personaje que oculta el verdadero sentido de la Navidad? ¿Cómo hacemos para que vuelvan los verdaderos sentimientos navideños a nuestros hogares, a nuestro corazón?
Todo es posible si lo que realmente queremos es encontrar el Camino hacia la Felicidad, hacia la Paz, hacia el Amor. Porque sabemos que el Niño que Nace en un pesebre es Dios-con-nosotros, el Emmanuel que viene a darnos Vida Nueva, que viene a rescatarnos del peso del pecado del hombre, y a ayudarnos a vivir como hijos de Dios.
Por eso, y porque el Señor nos lo pide: allanemos el camino para que sea Él quien nazca en esta Navidad, que el hombrecito de rojo no nos quite lo más valioso de la Navidad, porque perderemos el sentido de lo que festejamos, de lo que celebramos, de lo que creemos: no dejemos que nos roben la Navidad, sino robemos la Navidad para que vuelva a tener su valor original: el Nacimiento de Jesús en el portal de Belén, Dios que se hace hombre para que los hombres seamos hijos de Dios

sábado, 6 de diciembre de 2014

Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis

El Evangelio de hoy finaliza diciendo:
"Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis".
¿Qué es lo que hemos recibido gratis? Para muchos todo lo que se tienes es porque se lo ha ganado, porque para muchos "querer es poder", y todo la vida se la ha pasado trabajando para tener lo que tiene.
Pero, se olvidan de lo que se tiene es porque antes se nos han dado muchas cosas de manera gratuita. ¿Quién ha pedido recibir la propia vida? ¿Quién me ha dado la Gracia de ser Hijo de Dios, y cuanto me ha costado? ¿Cuánto he pagado para tener inteligencia, uso de razón, el Don de la Fe, la Esperanza y el Amor? ¿Cuánto me he esforzado por tener despejado el Camino hacia la Vida Eterna?
Si miramos bien en nuestra vida vamos a encontrar demasiadas cosas que nos han sido regaladas, partiendo del Don de la Vida, todo lo que necesito para vivirla me ha sido regalado, incluso la fuerza para haber conseguido lo que he logrado.
Y ¿cuánto le entrego día a día a mi Dios y Señor? ¿Soy agradecido con lo que me ha dado? Pero no basta para ser agradecido decir ¡Gracias, Señor! sino que para Dios ser agradecido significa vivir en Su Gracia, buscar cada día Su Voluntad y vivirla. Y, cuanto más vivo en Él, más Gracia recibo para seguir siendo Fiel, para alcanzar aquello que Él me ha prometido.
Por eso, cuando Jesús me pide que le entregue mi vida no es para quitármela, sino para renovarla con Su Gracia y para que siga creciendo día a día, en aquello que Él mismo me ha regalado, y me sigue reglando día a día. ¿Cuáles son los Dones de Dios que yo puedo conseguir con mi sólo esfuerzo, con el sólo trabajo? Ninguno, porque los Dones que necesito vienen de Dios y Él sólo los da a aquellos que "buscan el Reino de Dios y su justicia", que buscan un Camino en santidad que los mantenga en Su Gracia y vivan según Su Palabra.
Quién ha descubierto en su vida la Mano del Padre, quien realmente es agradecido por lo que día a día recibe, no sólo da a manos llenas alegría, gozo, paz, esperanza, consuelo, amor, sino que cuanto más entrega más recibe y nunca quedará defraudado porque sabe que nada de lo que está entregando le pertenece, sino que sólo somos instrumentos que cuanto más se nos utiliza, por parte de Dios, más gozo recibe nuestra alma y más Gracias se nos entrega, para que cada día aumente nuestra Fidelidad y entrega.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Deja un momento lo que estás haciendo

Preparemos los caminos
-ya se acerca el Salvador-
y salgamos, peregrinos,
al encuentro del Señor.

Hoy, en el oficio de lectura hay un texto de San Anselmo, del Proslogion, y comienza diciendo:
"Ea, hombrecillo, deja un momento tus ocupaciones habituales; entra un instante en tí mismo, lejos del tumulto de tus pensamientos. Arroja fuera de ti las preocupaciones agobiantes; aparta de ti tus inquietudes trabajosas. Dedícate algún rato a Dios y descansa siquiera un momento en su presencia. Entra en el aposento de tu alma; excluye todo, excepto Dios y lo que pueda ayudarte para buscarle; y así, cerradas todas las puertas, ve en pos de Él. Di, pues, alma mía, di a Dios: "Busco tu rostro; Señor, anhelo ver tu rostro".
Una hermosa invitación en esta época del año, porque ya comienzan las prisas, los apuros, los agobios. Y en tantas prisas, nos olvidamos de lo que hemos de hacer antes que nada: encontrarnos con Dios para descansar en Él y escuchar Su Palabra para saber cuál es Su Voluntad.
Claro, estamos cerca de la Navidad; cerca de volver a encontrarnos con el mayor y mejor regalo que Dios nos ha hecho: Su Hijo Único que nace de mujer para que nosotros nazcamos a Dios. Y ¿no te parece que eso merece una preparación mejor?
Sí, claro, todo es necesario: preparar la casa, comprar los regalos, pensar en la comida ¡y tantas cosas más! Pero no nos olvidemos que la casa que tenemos que preparar es nuestro corazón, porque siempre es esa Casa la dejamos de lado y por eso no llega a nacer el Niño en nosotros. Y así, se nos pasa el Adviento sin haber disfrutado de la Espera, sin haber sentido el gozo de esperar al que va a venir, y así no nos alegramos tanto porque ha venido.
Más de una vez hemos sentido la ausencia de Dios. Más de una vez hemos experimentado que Él no está, no nos escucha, no lo podemos sentir, no lo tenemos cerca... Pero... no será porque no lo buscamos, porque no dejamos de hacer tantas cosas "importantes" para encontrarle...
San Anselmo termina este texto diciendo:
"Enséñame a buscarte y muéstrate a quien te busca; porque no puedo ir en tu busca a menos que tú me enseñes, y no puedo encontrarte si tú no te manifiestas. Deseando te buscaré, buscando te desearé, amando te hallaré y hallándote te amaré".
San Anselmo pone en nuestros labios ese deseo y esas palabras, pero también pueden ser los deseos y las palabras de Dios Padre, porque también Él muchas veces está buscándonos y no dejamos que nos encuentre. ¿Será este el tiempo de dejarnos encontrar por Dios y encontrándonos con Él dejar que nos ame como sólo Él sabe amar?

jueves, 4 de diciembre de 2014

Hombres nuevos

De luz nueva se viste la tierra,
porque el Sol que del cielo ha venido
en el seno feliz de la Virgen
de su carne se ha revestido.

Ya el profeta Isaías nos pedía y nos decía:
"Confiad siempre en el Señor, porque el Señor es la Roca perpetua: doblegó a los habitantes de la altura y a la ciudad elevada; la humilló, la humilló hasta el suelo, la arrojó al polvo, y la pisan los pies, los pies del humilde, las pisadas de los pobres.»
Nos pedía confianza en el Señor, porque el Señor es quien sostiene nuestra vida, el Señor es la Roca sólida y segura desde la cual comenzar a construir nuestra vida, nuestra persona; y, desde nosotros nuestra sociedad.
Porque la construcción de una sociedad sana, justa y fraterna se construye con cimientos sólidos y firmes, y esos cimientos de la sociedad somos cada uno de nosotros. Si, la sociedad que tanto queremos aquella en la que no haya injusticias, crímenes, una sociedad en la que hay orden, paz, bienestar; esa sociedad depende de cada uno de nosotros, porque cada uno de nosotros somos esa sociedad, somos esa familia, esa ciudad, ese país, este mundo.
Hoy cuando vemos nuestro mundo y nos duele la situación que se esta viviendo, cuando escuchamos mi que sucede en nuestro pueblo o ciudad, cuando sufrimos por lo que acontece en nuestra familia... Si, de eso hay una parte que aportamos cada uno de nosotros, porque lo que hoy sucede es el resultado de nuestras decisiones de ayer, de lo que hemos vivido y de como hemos respondido a nuestro compromiso con nuestra familia, nuestra sociedad.
Los que participamos del Don de la Fe en Jesucristo, somos Iglesia, somos las "piedras vivas" que forman la Iglesia de Cristo, su Cuerpo Místico, por eso también nuestra respuesta a Dios, nuestro dejarnos guiar por El, hace que la Iglesia sea mejor o peor, que de testimonio de vida o no.
Por eso, en esta primera semana de adviento Jesus nos llama a pensar en donde hemos puesto los cimientos de este edificio que es nuestra persona, como hombres (varones o mujeres), hijos de Dios que desde la fe recibida el día del bautismo están llamados a construir la Iglesia, Pueblo de Dios, que lleve al mundo el mensaje de un Hombre Nuevo, que vive en fidelidad al Señor, y que, con su Gracia es instrumento de transformación de la sociedad.
Somos sembradores de esperanza, la esperanza que nos trajo un Niño que nació en un portal, ,a esperanza que nos trajo Jesus cuando salió del sepulcro y nos envió, con una vida nueva, a hacer nuevas todas las cosas comenzando por. U estro corazón.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Entregar todo al Señor

Apenas pisando el adviento el evangelio nos trae una misión: saciar el hambre de la gente
«Me da lástima de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que se desmayen en el camino.»
Y quizás, nosotros como los apóstoles, no sepamos cómo hacerlo, pues no vemos la solución para semejante mal. Hay mucha gente con hambre, hay muchas gentes que sufren necesidades. Y por eso Jesús nos vuelve a preguntar:
-«¿Cuántos panes tenéis?»
No para saber si tenemos suficientes, sino para saber si estamos dispuestos a entregar lo poco que tenemos, porque Él con nuestro poco puede hacer grandes milagros.
Pero, es lo que falta en el mundo, en la mayoría de los que integramos este mundo maravilloso: generosidad en la entrega, disponibilidad en el servicio, confianza en la obediencia. Porque el Padre le ha dado a nuestra vida mucho más que siete panes, nos "ha bendecido con toda clase de bienes espirituales" y son esos bienes los 7 panes que tenemos que entregarle a Jesús para que los haga multiplicar, para que nos haga instrumentos capaces de saciar el hambre del mundo.
También es cierto que es Jesús quien nota el hambre de la gente, quien se da cuenta de lo que necesitamos, pues no siempre lo vemos. Estamos tan ensimismados con nuestras cosas que no nos damos cuenta de lo que necesitamos, de lo que tenemos y, menos aún, de lo que necesitan quienes están a mi lado.
Por esto también Adviento es un tiempo de esperanza, esperanza de que abramos los ojos a la realidad que nos circunda, a los que tenemos a nuestro lado, a sus necesidades, a sus deseos, pero sin perder de vista qué es lo que Dios nos está pidiendo a nosotros. A descubrir desde la Voluntad de Dios cómo tiene que ser nuestra entrega, cuándo tiene que ser y de qué modo,
Pero lo más importante es que con sinceridad y disponibilidad de corazón le digamos al Señor: sólo tenemos siete panes y dos peces, y dejemos todo en sus manos.

martes, 2 de diciembre de 2014

Sabios en Dios

Ilumina el corazón,
quema de amor nuestro pecho,
y borren tus enseñanzas
tantos deslices y yerros,

En la profecía de Isaías vemos la imagen de un universo armonioso, un mundo que todos anhelamos y que, todavía, no sabemos construir. No llegamos a construir la armonía en nuestra sociedad, a pesar de tantos avances científicos y tecnológicos, el hombre no puede encontrar la paz, y en su lugar halla la guerra.
Y es el mismo Isaías quien nos da el punto exacto para alcanzar la paz:
"No harán daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país de ciencia del Señor, como las aguas colman el mar".
"La ciencia del Señor" llena el país, porque el hombre se ha dado cuenta que es la única ciencia que necesita, que necesita dejarse guiar por la sabiduría de Dios, porque la sabiduría humana es necedad, es vanidad, es egoísmo, para finalmente construir enemistad entre hermanos.
Y, si lo llevamos al plano más cercano a nosotros, cuando nos creemos más sabios o inteligentes que el que está a mi lado, comienzan las desaveniencias, los distanciamientos. Cuando en la familia, o en la comunidad, o en el trabajo, alguien quiere ser más que alguien, cuando alguien cree que "se las sabe todas", es ahí cuando se produce una animosidad que termina en un choque de "sabios", en un distanciamiento entre hermanos.
Por eso, en el Evangelio, nos habla de quiénes son los verdaderos sabios, o mejor dicho, cuál es el sello por el cual distinguimos a los verdaderos sabios, a aquellos que se han dejado iluminar por la ciencia de Dios:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla".
Quien se cree sabio según la sabiduría humana enseguida se cree el dueño y señor de la verdad, su corazón se engríe y se cree señor y juez de vivos y muertos. Su corazón está lejos del Señor porque no está lleno de su misericordia, de su amor y en lugar de sembrar paz, fraternidad, alegría, siembra semillas de discordia, de tristezas, de luchas.
Quien ha podido alcanzar la sabiduría del Espíritu cada día crece más en su relación con Dios y con los hermanos, porque sabe que todo le ha sido dado y que es sólo un instrumento en manos del Señor, y que lo que el Espíritu le enseña es para ayudar a sus hermanos a encontrar los caminos hacia la paz, la fraternidad, el amor, que producen la alegría, el gozo y la armonía entre los hombres.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Me basta con tu palabra

Ven, Señor, no tardes,
ven, que te esperamos;
ven, Señor, no tardes,
ven pronto, Señor.

El mundo muere de frío,
el alma perdió el calor,
los hombres no son hermanos
porque han matado al Amor.

Cuando Jesús quiso ir a la casa del Centuríon para sanar a su criado, él le respondió:
 "Pero el centurión le replicó:
- «Señor, no soy quien para que entres bajo mi techo..."
Una frase que continuamente recitamos en la Misa antes de recibir la Comunión: Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para salvarme.
Cuando Jesús escuchó esta respuesta de labios del centurión dijo a los que tenía a su alrededor:
«Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe".
Y recién pensaba, ¿es así en nosotros? Cuando vamos a recibir la Eucaristía lo hacemos ¿por que?
En la frase del centurión se pueden ver dos afirmaciones muy hermosas. La primera es la conciencia de pecado, lo que lo indica porque sabía que como él era romano y además soldado, para los judíos era impuro, y no podía exigirle a un judío que entrara en su casa pues quedaría también impuro. Tiene necesidad de Jesús, pero no puede permitir que él se impurifique entrando en su casa y por eso pretende cuidarlo, que no se contamine con su impureza. Un actitud de reconocimiento y de comprensión de lo que Jesús, como judío, quiere vivir.
Pero además sabe que necesita de su presencia, y por eso puede hacer un salto enorme en la fe: "Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano". Sabe que una palabra basta para que llegue la vida a quien la necesita. Comprende que la obediencia a la palabra de un superior es suficiente cuando se cree y se confía en él. Esa es la actitud que asombra a Jesús, la fe y la obediencia.
Nosotros cuando decimos esta misma frase del centurión no creo que pensemos todas estas cosas, porque, generalmente, lo hacemos por rutina, como algo que toca en ese momento. Como sucedió este domingo en la lectura de la carta de San Pablo, cuando la gente oía el "la paz esté con vosotros" contestaba "y con tu espíritu". Sí, lamentablemente nos acostumbramos tanto a las Misas que ponemos el piloto automático y contestamos cuando escuchamos una frase parecida, sin ponernos a pensar o a vivir cada momento.
Y este momento antes de comulgar es uno de los más preciosos porque abre mi corazón y mi mente al misterio más grande de nuestra fe, recibir a Nuestro Dios y Señor y en el Pan de la Vida. Pero ¿para qué lo recibimos? ¿por qué lo recibimos? ¿Cómo lo recibimos? Como el centurión tengo conciencia de quién soy y de a Quién voy a recibir. Bastará en mi vida que una sola Palabra Él me diga para que yo obedezca...
No hagamos una rutina de lo más hermoso y extraordinario de nuestra fe. No seamos animalitos de costumbre que van siempre al mismo lugar, pero ya no saben por qué...

domingo, 30 de noviembre de 2014

Adviento: esperanza de Vida Nueva

Tiempo de Adviento. Tiempo de Espera, de Esperanza.
Tiempo de madurar nuestra entrega, como María, que no sólo esperó sino que se entregó para que la Promesa se hiciera realidad.
Vivimos en un tiempo en donde todo parece corrompido por la maldad, el egoísmo, el pecado, los delitos; un tiempo donde mires para el lado que mires sólo puedes ver y escuchar que todo está perdido, que todo está podrido, que ya no hay en quien confiar.
Pero hoy Dios nos dice "¡Velad!". Velar no sólo porque el tiempo final está cerca, sino porque también nosotros, como María hemos sido llamados a ser portadores de Esperanza, portadores de Vida Nueva, portadores de una Buena Noticia.
La Esperanza de la Navidad es esperanza cierta de que Dios ha cumplido su Promesa y que llegada "la plenitud de los tiempos" Él nos envió un Salvador, nacido, por obra y gracia del Espíritu Santo de mujer. De una mujer que, como nosotros, también esperaba, esperaba que se hiciera realidad la promesa del Salvador. Y en esa espera Ella tomó partido, se hizo la Esclava del Señor para que la Promesa comenzara a hacerse realidad.
A nosotros, los que hoy esperamos un cambio en nuestra sociedad se nos pide una respuesta. Una respuesta como la de María para que la Palabra se haga vida en nosotros, y esa Palabra y esa Vida transformen mi vida, y mi vida sea el inicio de un cambio en el lugar donde vivo.
Por eso: ¿qué es lo que espero? ¿Qué espero que cambie? Estoy dispuesto a ser parte del cambio o simplemente me contento con criticar y no me juego con cambiar?
María, como todo el Pueblo de Israel, esperaba la llegada del Mesías. María, como todo el Pueblo de Dios anhelaba la salvación y por eso Ella misma abre su corazón a la Palabra, para que la Palabra tomara su carne y se hiciera Hombre, para que como Hombre nos indicara el Camino en la Verdad para encontrar una nueva Vida.
Nosotros, hijos de María, hemos sido llamados y elegidos para ser constructores de un Hombre Nuevo, para que  Fieles a la Vida que María nos entregó en Belén, llevemos a todos los hombres la esperanza de que es posible un cambio en nuestra sociedad, de que es posible que encontremos nuevos rumbos que den frutos de Paz, de Justicia, de Verdad porque en nosotros la Palabra se hizo vida y nos transformó.
Ha sido la Palabra quien nos ha dado un sentido a nuestra vida y ya no sólo nos conformamos con señalar el pecado, ya no sólo nos dejamos agobiar por el pecado, la corrupción, la injusticia, sino que entregamos nuestra vida para que nazca en mí un Hombre Nuevo que sea sembrador de armonía, de paz, de justicia, de fraternidad, de solidaridad, de alegría, de gozo, porque como María soy portador de la Vida Nueva que espero, que esperamos, y que ha nacido en mi corazón.

sábado, 29 de noviembre de 2014

No embotes tu corazón y mente

El Evangelio de hoy es muy cortito pero nos dice las cosas muy claras:
-«Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneos en pie ante el Hijo del hombre.»
Claro que al ser el último sábado del tiempo ordinario nos presenta ya como inminente la llegada del Señor, el tiempo final. Pero, a pesar de ser tan apocalíptico nos sirve para cada día, porque cada día es el día final, pues no habrá otro día como este día, y no podré volver atrás el calendario para que este día vuelva a suceder, por lo tanto, al comenzar este día tengo que pensar que no tendré otra oportunidad para vivir este día.
Por eso el estar atento y vigilante, no dejarnos agobiar, ni embotar nuestra mente y corazón, es algo para tener muy en cuenta, dado que hoy por hoy, cualquier cosa que no esté dentro de nuestro programa o gustos, nos embota o agobia enseguida. O, en otras casos, también está muy a la moda embotarnos con la bebida. Es algo muy corriente, sobre todo en adolescentes y jóvenes, el dedicarse a la bebida, quizás como un juego, como un querer ser mayores, pero van perdiéndose lo mejor de la diversión, lo mejor de la vida.
Pero también hay otras cosas que no nos dejan pensar con claridad, pues hoy nos embotamos con mucho trabajo, con muchas actividades. Ocupamos tanto nuestra cabeza y nuestro corazón que no somos capaces de pensar, de razonar, vamos como una máquina haciendo cosas y más cosas, para que el día pase pronto y no me doy cuenta de lo que está pasando a mi alrededor.
¿Por qué? Puede haber varias causas. Una es que por estar tan preocupados por el tener, por el acumular para el futuro, por el tener una casa bien limpia y brillosa, por pensar que si no hago nada soy un vago/a... me lleno la vida de actividad, de trabajo, de fregar aquí y allá... Sin pensar que sólo tengo un día para ser Feliz, para disfrutar de los que tengo a mi lado, para buscar la Voluntad de Dios.
Y todo ello me lleva, muchas veces a sentir vacía mi vida, a descubrir que nada de lo que hago tiene sentido, porque lo hago ya por rutina, y ahora no me puedo escapar de esta rutina, porque sin ella parece que no soy nadie.
Por eso ¡para! Tómate un respiro, levanta la mira y pide la Luz para ver que tu vida tiene mucho sentido, que en tu vida hay muchas cosas, valores, personas; que tienes que buscar el sentido en La Palabra y pedir la fuerza del Espíritu para que tu vida no sea una rutina desenfrenada sin sentido, sino que todo lo que hagas sea para tu perfección en santidad, para realizar tu vida y disfrutar de lo que hagas.
Por eso no embotes tu corazón y tu mente, deja que el aire nuevo del Espíritu te despejen y puedas ver con claridad qué es lo que El Padre te está pidiendo para que puedas alcanzar la plenitud y la felicidad del día a día.

viernes, 28 de noviembre de 2014

No somos del mundo

Por haberte perdido, por haberte encontrado.
Porque es como un desierto nevado mi oración;
porque es como la hiedra sobre un árbol cortado
el recuerdo que brota cargado de ilusión.

En la segunda carta de San Pedro hay algo que parece que está escrito para estos tiempos:
"Esta es ya, queridos hermanos, la segunda que os escribo. En las dos os refresco la memoria, para que vuestra mente sincera recuerde los dichos de los santos profetas de antaño y el mandamiento del Señor y Salvador, comunicado por vuestro apóstoles. Sobre todo, tened presente que en los últimos días vendrán hombres que se burlarán de todo y que procederán como les dictan sus deseos".
Hace 2000 años que San Pedro escribió esto, y parece que estuviera viendo nuestra realidad de hoy. Porque es así, no sólo lo que ocurre, sino que la Palabra de Dios no tiene tiempo, siempre viene a responder a nuestra vida. Quizás a algunos no les diga nada el mismo párrafo que a mí, pero es bueno leerlo para saber que hay algo de eso en nuestra realidad.
Hoy por hoy, son muchos los que se ríen de nuestra fe, los que intentan que dejemos de creer y que renunciemos a nuestro Dios y a nuestros valores cristianos. Pero también somos muchos los que no valoramos lo que tenemos, lo que nos han transmitido nuestros padres, los valores de nuestra cultura cristiana, o, mejor dicho, los valores de una vida cristiana.
Por eso, San Cipriano, hace también un montón de años, nos decía:
"¿Por qué pedimos con tanta insistencia la pronta venida del día del reino, si nuestro deseo de servir en este al diablo supera el deseo de reinar con Cristo? Si el mundo odia al cristiano, ¿por qué amas al que te odia, y no sigues más bien a Cristo, que te ha redimido y te ama?"
Es cierto que no hemos hecho una pública afirmación de nuestra devoción a Satanás, pero, como decía alguien alguna vez: "¡apártate de mí Satanás! pero no demasiado por si me arrepiento". "El que no está conmigo está en contra de mí, el que no recoge conmigo desparrama", nos decía Jesús.
Hay una gran diferencia en no renunciar a Cristo, pero no hacer su Voluntad, porque en definitiva no renunciamos a nuestra fe cristiana, pero no vivimos como cristianos. Por eso seguimos viviendo en la incoherencia, en una suerte de no-ser, lo cual supone una contradicción interna que no termina de darme la paz que necesito, ni la alegría que anhelo, ni la fortaleza que deseo, pues mis corazón está entre dos mundo: ser cristiano pero no querer hacer la Voluntad de Dios.
Hoy Dios necesita de varones y mujeres que estén seguros de sí mismos, que sepan qué es lo que quieren y que estén dispuestos a darlo todo para renovar el mundo, para lo cual habrá que disponerse a escuchar, porque escuchando sabemos qué es lo que debemos hacer y cómo vivir. Y una vez que sabemos que debemos hacer, elevar nuestra oración para recibir la Gracia que viene de lo alto, para poder llevar a cabo mi transformación, mi conversión, porque al mundo lo renovaré si renuevo mi corazón de acuerdo al Querer de Dios.
"Padre no te pido que los saques del mundo, están en el mundo pero no son del mundo, sino que los preserves del maligno", rezaba Jesús en la Última Cena, no dejemos que sus Palabras queden en el olvido de nuestro corazón.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Tened ánimo, levantad la cabeza

Mientras el astro de la luz despunta
supliquemos a Dios que nos ampare,
y que en nuestras acciones de este día
nos preserve de riesgos y de males.

A veces uno tiene la sensación que Jesús, en el evangelio, nos está gastando una broma, o hasta podríamos decirle ¡pero hombre, si eso no se puede pedir! ¿Cómo es que se te ocurren esas cosas?
Porque leamos bien el final del evangelio de hoy:
"Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación".
Después de anunciar las mayores catástrofes, de decirnos que nos van a perseguir, que nos van a entregar nuestros familiares y amigos, y que todo se va a acabar, Él insiste ¡levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación! Y, en realidad, es lo que mejor nos pueden decir cuando estamos agobiados y rodeados por la oscuridad.
Porque pensemos que nos digan lo contrario, cuando estamos agobiados y abatidos: y... qué le vamos a hacer, así tenía que ser, otra cosa no puedes hacer; y... a otros le vienen otras cosas peores...; o tantas otras frases que muchas veces sacamos de la chistera popular que no ayudan a que encontremos un rayo de esperanza para nuestra vida.
En cambio, Jesús, nos llama a la esperanza ante la tribulación pues sabe que la solución no está en nuestras manos, que frente a la maldad del Príncipe de este mundo y sus secuaces, nosotros solos no podemos. Pero sí podemos usar la "sagacidad de la serpiente y la mansedumbre de la paloma" para aceptar que la salvación vendrá de la Mano del Señor, pero que ante el ataque del mal tenemos que estar con la cabeza levantada y la frente bien erguida, saber que Él viene en nuestra ayuda y fortalece nuestra alma para mantenernos firmes y seguros en lo que creemos y hemos vivido junto a Él.
Dice San Juan Crisostomo: "pero veamos cuál es la sagacidad que exige aquí el Señor. "Como serpientes". Así como a la serpiente no le importa perderlo todo, aunque sea seccionando su cuerpo, con tal que conserve la cabeza, así también tú -dice- debes estar dispuesto a perderlo, tu dinero, tu cuerpo y aún la misma vida, con tal que conserves la fe. La fe es la cabeza y la raíz; si la conservas, aunque pierdas todo lo demás, lo recuperarás luego con creces".
Si ante la tribulación y la desdicha perdemos la fe y la esperanza, seguro que nos quedaremos sin fuerzas y sin sentido para seguir adelante. Pero si somos capaces de ver más allá de lo que nos agobia y descubrimos, gracias a la luz de la fe, y la palabra de nuestros hermanos, que hay un sentido por el cual luchar y seguir caminando, vamos a poder vivir esas palabras de Jesús, y no serán una broma en nuestra vida, sino que serán la fuerza de la esperanza que nos anima a seguir perseverando en el Camino de la fe: "cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación".

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Muchos somos Fieles

si tú vida no me das,
yo sé que vivir no puedo,
ni si yo sin ti me quedo,
ni si tú sin mí te vas.

Hoy, en el evangelio, luego de tantas y tantas profecías de las persecuciones, Jesús nos dice:
"con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas".
Vivimos un etapa de la historia en la que la oscuridad y el pecado viene sobre nosotros. No es la etapa del fin mundo, quizás no. Pero no tenemos que mirar el futuro con el temor del fin, sino que tenemos que mirarlo con la esperanza del Día Nuevo.
Hoy por hoy, somos carne de leones porque por el pecado de unos cuantos se nos condena a todos, y por unos cuantos todos estamos en la mira de aquellos que quieren derribar y destruir nuestra familia que es la Iglesia.
Duele muchas veces escuchar, no sólo de gente extraña, sino de nuestros propios hermanos (en la fe) y amigos hacer acusaciones generales y tirar el fango del pecado sobre la vida de los que intentamos vivir en fidelidad.
Pero, eso en realidad poco importa. Poco importa que sólo se mire el pecado porque el pecado y el escándalo es lo que más vende. Porque no venden ls buenas acciones y las buenas personas que intentan día a día crecer en bondad, en servicio, en trabajo, en fidelidad. Y no hablo sólo de curas y monjas, sino también de políticos, periodistas, profesores, médicos, padres y madres, varones y mujeres, porque en la vida cotidiana nos encontramos con todo tipo de personas y de entre todas hay muchísimas que son buenas.
Por eso, en estos tiempos de tantas condenas injustas hemos de ser perseverantes en nuestros Ideales, hemos de ser perseverantes en alimentar nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor. Debemos estar cada día más fuertes y seguros en lo que creemos, porque, como dice San Pedro en su segunda carta:
"No faltaron falsos profetas en el pueblo judío, y lo mismo entre vosotros habrá falsos maestros que introducirán bajo cuerda sectas perniciosas; por negar al Señor que los rescató, se acarrean una rápida ruina. Muchos los seguirán en su libertinaje, y por ese motivo el camino verdadero se verá difamado. Llevados de la codicia, os explotarán con discursos artificiosos. Pero hace mucho tiempo que su sentencia no huelga, y que su ruina no duerme".
Hoy son muchos los que escuchan y creen en los falsos maestros, dejando de lado la Palabra Verdadera, que no brota de labios humanos, sino que sale de la boca de Dios. Pero si no estamos unidos a Él, si no vivimos con Él, y no nos alimentamos de Él, seguro que nos dejaremos convencer por las falsas profecías, y como es pequeña porción de falsos maestros aceptaremos esa verdad, para dejar paso a la mentira, a la falsedad, a la mediocridad de vivir ocultos tras el dedo acusador sin ser parte de una transformación del hombre gracias a la Verdad.
No os preocupéis, soy consciente del pecado de algunos, pero también soy consciente de la virtud de muchos. Y, generalmente, la virtud y las buenas obras no salen en los medios de comunicación social, que nos quieren hacer ver que el Camino que queremos vivir es una mentira inventada por un grupo de gente que no vive lo que predica.
Hoy, los que queremos vivir en Fidelidad a la Vida que se nos ha dado, tenemos que ser más perseverantes que nunca, y nuestra fuerza está en el Señor, sólo Él es Fiel a Su Palabra y Él es la fuerza y la luz que necesitamos para caminar en este mundo en tinieblas.
Sí, creo en la bondad de la gente, reconozco mi pecado y el pecado del mundo, pero creo que los que aún queremos Ser Fieles podemos, desde el lugar en que Dios nos ha puesto transformar el Mundo, porque creemos que la Promesa del Señor se cumplirá.

martes, 25 de noviembre de 2014

Somos luz, iluminemos

En el oficio de lecturas de hoy San Agustín nos dice:
"Nosotros, los cristianos, en comparación con los infieles, somos ya luz, como dice el Apóstol: En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz. Y en otro lugar dice: La noche está avanzando, el día se echa encima: dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz. Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad".
Hoy las tinieblas nos invaden por todos lados, como en día de neblina, caminamos con miedo porque no vemos con claridad el lugar por donde pisamos. Pero no debería ser así, porque la luz esta en nosotros, y nosotros somos luz, por la gracia de Dios, por el Espíritu Santo que habita en nuestros corazones. ¿Debemos entonces seguir en tinieblas? ¿Debemos seguir ocultos por temor al que dirán?
Los infieles, los que no creen , los que viven en contra de Dios y los que detestan nuestra vida de cristianos tienen mas fuerzas en sus palabras que nosotros mismos, y sus palabras muchas veces nos convencen. Pero, lo la,entable es que seguimos diciendo y llamándonos cristianos. Y así las tinieblas del error siguen siendo cada día más espesas.
Muchos nos dirán que no somos perfectos, pues es verdad no lo somos. Por eso creemos que Dios es perfecto y que Espíritu nos guía por el camino que nos conduce a la perfección.
Muchos nos gritaran nuestros pecados e infidelidad, y eso ya lo conocemos porque pecadores nos concibieron en el seno de nuestras madres, pero el Espíritu Santo nos santificó y nos ofrece cada dia la fortaleza para convertirnos y santificarnos.
Sabemos de nuestra pobreza y pequeñez, de nuestra debilidad y pecado, no hace falta que nadie nos lo descubra. Pero seguimos confiando, no en nuestra sabiduría sino en la Sabiduría de Dios, seguimos creyendo no en nuestra fortaleza sino en el Poder de Dios. Luchamos cada día por alcanzar la santidad que nos permita mostrar que la verdad no es nuestra sino que El es la Verdad, que Cristo es el Camino que nos lleva a transformar el hombre viejo en Hombre Nuevo, para que haga nuevo el mundo en que vivimos.
Somos conscientes de nuestra humanidad, pero también somos conscientes de que solo en Dios esta nuestra vida, que solo Dios es la fuerza que nos sostiene en nuestras caídas, y es la Mano que nos levanta de nuestros tropiezos. Por eso, al levantarnos de cada caída la Luz vuelve a brillar, la fortaleza vuelve a surgir, y así volvemos a creer. A confiar, a vivir en la Gracia, porque es a través de nuestra debilidad que se manifiesta el poder de Nuestro Dios y Señor.
Somos luz para el mundo, no porque sea nuestra, sino porque Jesus nos eligió para iluminar, no dejemos que otras medias verdades opaquen la Luz del Espíritu que hay en nuestro corazón.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Nuestro martirio diario

En el oficio de lecturas de hoy se nos ofrece una carta de unos de los mártires, san Pablo Le-Bao-Thinh que le envió a lo seminaristas desde la cárcel, rescato este párrafo:
"Yo, Pablo, encadenado por el nombre de Cristo, quiero narrarles las tribulaciones en las que me veo sumergido cada día, de tal modo, que ustedes, por amor a Dios, le ofrezcan conmigo ardientes alabanzas, porque es eterna su misericordia. Esta cárcel es realmente la imagen del infierno eterno: a toda clase de crueles suplicios, como son las esposas, las cadenas de hierro y las ligaduras, se añaden el odio, las venganzas, las calumnias, las palabras obscenas, las disputas, los actos perversos, los juramentos injustos, las maldiciones y por último las angustias y la tristeza. Pero Dios que en otro tiempo libró a los tres jóvenes del horno encendido, siempre me está presente, y me ha librado de estas tribulaciones y las ha convertido en dulzura, porque es eterna su misericordia.
En medio de estos tormentos, que suelen quebrantar a los demás, por la gracia de Dios, yo estoy colmado de gozo y alegría, porque no estoy solo sino con Cristo".
Ser cristiano no es fácil, y lo es menos sin contar con la Gracia de Dios. No todos tendremos que pasar por un martirio cruento como el de ellos, pero sí todos hemos de vivir el Amor a Dios como ellos, y ese, quizás, sea nuestro martirio diario.
Sí, nuestro martirio diario de tener que dejar de lado nuestros deseos, pero también nuestras desesperanzas, nuestros suspiros de desconformidad por lo que nos toca vivir, nuestros resoplidos por no tener tal o cual cosa, por tener que aceptar tal o cual dolor. Somos, generalmente, muy quejosos a la ahora de tener que aceptar alguna contrariedad, por eso los mártires nos enseñan que todo puede ser vivido con gozo si Dios está con nosotros.
Claro está que nosotros tenemos que estar con Dios. Porque muchas veces le decimos al Señor: ¿Por qué me abandonaste?, cuando en realidad no hemos ido nosotros a su encuentro.
Y esa me parece la más grande de las tonterías que cometemos: creer que podemos, los cristianos, vivir sin Dios. Que un ateo o un agnóstico crea que puede vivir sin Dios es lógico. Pero quienes hemos conocido su Amor y hemos saboreado la dulzura de su Gracia en nuestras vidas ¿cómo podemos aceptar alejarnos de Dios?
Y no digo que reneguemos de Dios, pero sí que no nos acerquemos a Él. Nos damos cuenta que no podemos amar, que no podemos tener esperanza, que nos cuesta perdonar, que no podemos ofrecerle al Señor nuestra alabanza, nuestro sacrificio... Pero ¡no! no vamos a Él. Creemos que con nuestro deseos y con nuestros falsos y tontos argumentos vamos a conseguir la Gracia suficiente y necesaria para combatir los malos deseos y malos sentimientos, para tener fuerza para subir el Camino de la santidad.
No dejemos que las tinieblas y la maldad se adueñen del mundo que ha sido puesto en nuestras manos para alcanzarle la Luz y la Paz, no dejemos que tontos argumentos nos impidan llevar el Reino de Dios al mundo. Vayamos al Señor, busquemos al Señor, escuchemos al Señor, alimentémonos con el Señor.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Sembremos el Reino

Venga a nosotros tu reino..." decimos cada vez que el Padre Nuestro sale por nuestros labios. Pero... ¿cuál es su Reino? ¿Cómo es su Reino? ¿Cómo viene a nosotros?
"Mi Reino no es de este mundo" contesta Jesús, porque Él viene del Padre, como cada uno de nosotros y vuelve al Padre, como volveremos nosotros. Somos de Dios y a Dios volvemos, por eso queremos vivir el Reino que hemos conocido y que se nos ha anunciado, "aquí en la tierra como en el Cielo".
"El Reino de Dios está cerca... está en vosotros".
"Efectivamente, Dios reina ya en cada uno de los santos, ya que éstos se someten a su ley espiritual, y así Dios habita en ellos como en una ciudad bien gobernada. En el alma perfecta está presente el Padre, y Cristo reina en ella junto con el Padre, de acuerdo con aquellas palabras del Evangelio: Vendremos a fijar en él nuestra morada".
Esos santos de los que habla el autor, son los mismos santos de los que habla San Pablo en sus cartas: los que formamos parte del Cuerpo Místico de Cristo, nosotros, cada uno de nosotros que ha recibido el Espíritu Santo por el agua bautismal somos los santos, en quienes habita el Reino de Dios.
Somos quienes llevamos en nuestros corazones la semilla eterna de un Reino que no es de este mundo, y por eso hemos de sembrarla en nuestras vidas cotidianas para que comiencen a dar frutos abundantes. Pero ¿cómo sembramos el Reino? También lo decimos en el Padre Nuestro: "hágase Tu Voluntad en la tierra como en el Cielo". La santidad no es la perfección del hombre sino la perfección del hijo de Dios, nuestra vida identificada con la de Cristo, nuestra vida puesta en sus Manos para que, como Él, alimentarnos sólo con la Voluntad del Padre, y en obediencia de amor aceptar Su Palabra y vivir en fidelidad de Amor a Dios.
Así, desterraremos de nosotros el pecado que no permite que nazca y surja el Reino de Dios. Así quitaremos de nosotros los frutos del pecado que son la envidia, el egoísmo, la mentira, la codicia, la vanidad, la soberbia, las discordias, las peleas, y la muerte. Para dar lugar a que el Espíritu que habita en nosotros pueda dar frutos abundantes de amor, alegría, gozo, verdad, unidad, paz, fraternidad, justicia, para que finalmente "el último enemigo, la muerte, puede ser reducido a la nada, de modo que Cristo diga también en nosotros: ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón? Ya desde ahora este nuestro ser, corruptible, debe revestirse de santidad y de incorrupción, y este nuestro ser, mortal, debe revestirse de la inmortalidad del Padre, después de haber reducido a la nada el poder de la muerte, para que así, reinando Dios en nosotros, comencemos ya a disfrutar de los bienes de la regeneración y de la resurrección" (Orígenes).
Tenemos en nosotros, como dice San Pablo, "un tesoro en vasijas de barro", no permitamos que ese tesoro no brille, sino que aceptemos el desafío de vivir en Dios para que su Reino, que está en nosotros, se realice y se propague gracias a nuestra fidelidad y constancia.
M

sábado, 22 de noviembre de 2014

Deja el banco de la amargura

Hoy, en el día de Santa Cecilia, patrona de la música, la liturgia de las horas nos trae un texto de San Agustín que dice:
"Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas; cantadle un cántico nuevo.
Despojaos de lo antiguo, ya que se os invita al cántico nuevo. Nuevo hombre, nuevo Testamento, nuevo cántico. El nuevo cántico no responde al hombre antiguo. Sólo pueden aprenderlo los hombres nuevos, renovados de su antigua condición por obra de la gracia y pertenecientes ya al nuevo Testamento, que es el reino de los cielos. Por él suspira todo nuestro amor y canta el cántico nuevo. Pero es nuestra vida, más que nuestra voz, la que debe cantar el cántico nuevo".
"Es nuestra vida la que debe cantar el cántico nuevo", sí toda nuestra vida ha de ser un cántico nuevo: a Dios, a la vida, a la creación, al amor, a la luz, al calor, a la paz, a todo y a todos, por todo y por todos.
Muchas veces escuchamos a gente que no quiere cantar porque espera tiempos mejores, porque nunca está conforme con lo que le ha tocado vivir, y entonces, se sienta en el banco de la amargura a esperar que soplen nuevos vientos y le traigan la alegría al corazón. Y no va a llegar, porque en el banco de la amargura sólo hay amargura.
El soplo del aire nuevo llegó a nuestro corazón el día de nuestro bautismo, cuando, como en Pentecostés, el Espíritu Santo descendió sobre mí y con su fuego quemó el hombre viejo que había en mí e hizo renacer el hombre nuevo desde las aguas bautismales.
¿Cómo hacer que los nuevos vientos lleguen a mi vida? Saliéndolos a buscar. Si realmente quiero cantar un canto nuevo, si quiero que mi vida se llene del gozo y la alegría de Dios, he de ir al lugar donde sopla el nuevo aire de la vida. Y, aunque parezca mentira, ese lugar está tan lejos como cerca de cada uno; porque el lugar donde sopla el aire nuevo del Espíritu está en mi corazón, y tengo que llegar ahí para descubrir que sigue aún soplando, que sigue aún vivo, que sigue queriendo iluminar mi vida con el gozo de la resurrección de Cristo, con el gozo de saber que por mí Él se ha hecho hombre y ha muerto para que las sombras de la muerte ya no residan en mí, sino que la Luz de la resurrección transforme mi vida a imagen de Jesús Resucitado.
Por eso, cada día que amanece es un nuevo canto a la Gloria de la Resurrección. Cada día que abro mis ojos a la vida vuelve a llenarse mi corazón con el gozo de la Pascua. Cada día que amanece es un nuevo día que me invita a cantar un canto nuevo de gratitud, de alabanza, de alegría porque el Señor me ha invitado y llamado para ser testigo de su Resurrección.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Servidores del Señor

En un Sermón sobre María, San Agustín dice:
"Pasando el Señor, seguido de las multitudes y realizando milagros, dijo una mujer: Dichoso el seno que te llevó. Y el Señor, para enseñarnos que no hay que buscar la felicidad en las realidades: de orden material, ¿qué es lo que respondió?: Dichosos más bien los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. De ahí que María es dichosa también porque escuchó la palabra de Dios y la cumplió; llevó en su seno el cuerpo de Cristo, pero más aún guardó en su mente la verdad de Cristo".
Creemos, y muchos creen, que con ser amar a la Virgen María, o ser amigo de un cura, obispo o hasta el Papa, me dan cierto "crédito" espiritual. Algunos hasta piensan que si pueden hablar con algún santo o con María, pueden quedar liberados de vivir la Voluntad de Dios.
Y, como verán en las palabras de san Agustín y, sobre todo, del mismo Cristo, las relaciones personales no nos eximen de cumplir lo que dice la Palabra de Dios.
El otro día, alguien que estaba enfadado por alguna cosa me decía: por que yo soy amigo del sacerdote tal... Y? Eso te da derecho a no vivir el Amor cristiano, a no vivir los mandamientos, a no vivir en la Verdad, la Justicia?
Creo que muchos vamos muy equivocados viviendo nuestro cristianismo, o mejor dicho, nos conformamos con las realidades materiales, y ni siquiera María, se salvó de tener que ser Fiel a Dios en todo momento de su vida. Por eso María fue la Bienaventurada en todas las generaciones, porque como le dijo Isabel: Feliz de ti por haber creído lo que te fue anunciado de parte del Señor.
María no se contentó con ser la que parió al Hijo de Dios, sino que desde antes aceptó la Palabra de Dios y la vivió, por eso Ella pudo decir: me llamarán Bienaventurada todas las generaciones porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas. Ella dejó obrar a Dios en su corazón, en su alma, en su vida porque se despojó de sí misma y se convirtió en la "Servidora del Señor", en la "Esclava del Señor".
Hoy, en este siglo XXI, en donde todos guardamos, conservamos e idolatramos nuestro YO, María sale a nuestro encuentro para decirnos que sólo alcanzaremos la plenitud de nuestra vida si, como Ella, nos despojamos de nuestro, como nos pide Jesús, y nos disponemos a hacer fieles a la Voluntad de Dios.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Seguiré sin escucharte?

Con gozo el corazón cante la vida,
presencia y maravilla del Señor,
de luz y de color bella armonía,
sinfónica cadencia de su amor.

"En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, le dijo llorando:
-« ¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz!"
Cuesta pensar lo que Jesús estaría sufriendo en ese momento por su pueblo, por su gente, por su nación. Darse cuenta que con todo su Amor quiso dar a conocer el Camino que los conducía a la Paz y no quisieron reconocerlo, no quisieron aceptar el cambio, la conversión, descubrir que, detrás de esa humanidad, de ese hombre nacido de María y del Carpintero, que se había criado con ellos y junto a ellos, había algo más, que ese hombre era Dios, el Mesías esperado.
Y claro no podían reconocerlo, porque sus ojos estaban cubiertos, como los nuestros muchas veces, por el velo de nuestra soberbia y vanidad que no nos deja aceptar que alguien, que no sea yo, puede tener la razón. Porque aceptar que tiene razón implica que yo no la tengo, y si no la tengo tengo que aceptar cambiar de opinión.
¡Cuántas veces nos negamos a aceptar algo simplemente por el hecho de no renunciar a nuestros criterios!? Muchas, seguramente. Y muchas más nos cerramos no sólo a escuchar, sino a aceptar a la persona, la dejamos fuera de nuestra vida porque no nos dice lo que queremos escuchar.
¡Cuánta pena Señor saber que nos has querido indicar el Camino y no te hemos querido escuchar! Nos hemos quedado con el canto de sirena de los tiempos nuevos, y en lugar de aceptar Tu Palabra aceptamos sus canciones que nos llevan a un mar sin vida, cuando Tú con Tu Vida nos llevabas a las Costas del Reino de la Verdad, de la Paz, de la Vida.
¿Por qué, Señor?
"Porque no reconociste el momento de mi venida.»
Pero siempre Él nos espera, por eso no desesperamos, mientras nos regala la vida terrena nos espera, nos espera para que descubramos que por Amor nos sigue esperando, pues quiere que alcancemos Vida, y Vida en abundancia. Que descubramos que por Amor Él nos reprende, nos exhorta, nos ayuda a encontrar el camino pues nos hace ver y volver a pensar hacia dónde vamos. No se queda con nuestro primer No, sino que siempre está a la puerta, llamando, para que le abra mi corazón y Él pueda sentarse conmigo a la mesa y alimentar mi vida con Su Vida.
Cuando nos sentamos con Él a la mesa volvemos a recordar su Amor, volvemos a recordar cuánto nos ama, y el Amor nos llevará a confiar, y a tener la fortaleza necesaria para dejar nuestras durezas y aceptar Su Verdad, una Verdad que por Amor nos llama a Vivir.
"¿Cómo puedo dejar de amarte, a ti que de tal manera me has amado, a pesar de mi negrura, que has entregado tu vida por las ovejas de tu rebaño? No puede imaginarse un amor superior a éste, el de dar tu vida a trueque de mi salvación" (San Gregorio de Nisa).

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Vivir en Dios

Buenos días, Señor, contigo quiero
andar por la vereda;
Tú, mi camino, mi verdad, mi vida;
Tú, la esperanza firme que me queda.

Recién leía, en la liturgia de las horas, un Sermón de San Agustín, y decía:
"¿Cuál es la explicación de que nos alegremos en el Señor, si Él está lejos? Pero en realidad no está lejos. Tú eres el que hace que esté lejos. Ámalo, y se te acercará, ámalo, y habitará en ti. 'El Señor está cerca. Nada os preocupe."
Y no podría decir otra cosa. Y nos pasa lo mismo en la vida natural, muchas veces creemos que alguien se ha alejado de nuestra vida, porque no me llama, no me habla, no se interesa por mí... Pero el tema es que estamos a la misma distancia y tenemos los mimos medios para acercarnos. Si tanto me interesa que esté cerca de mí, he de acercarme yo primero.
Y aquí juegan (por lo menos) dos cosas que pueden no ser buenas: el orgullo y las matemáticas. El orgullo de decir que "si me aprecia que me lo diga", y aquí se puede decir: "no hagas a otro lo que a ti no te agrada" (Tb 4, 16) o poniéndolo en positivo, has a los demás lo que quieres que hagan por ti.
Y, también juegan las matemáticas en mi contra: yo ya lo he llamado varias veces, que llame Él ahora. Y, como diría alguien: "en el amor no existen las matemáticas".
Si realmente amo, amo y no pongo por delante del amor ni el orgullo, ni la vanidad, ni las matemáticas. Si me hace bien estar con alguien búscalo, llámalo, acércate, deja de lado tu yo y vive el amor.
También, en la relación con Jesús existe otro factor que puede ser muchas veces determinante: que si me acerco mucho Él se acerca más y me va a exigir algo que no quiero dar. El miedo a que Dios me pida lo que no tengo intención de darle, sin pensar que el Amor sólo puede querer de mí mi felicidad, mi plenitud, el gozo más profundo y sincero que puedo vivir.
Pero temo, temo que no quiera renunciar a mi vida, a mi yo, a mis gustos y principios, porque últimamente no sólo estoy con el Señor, sino también fuera del Señor, fuera de su Amor, fuera de su Ley. Porque Él ya nos dijo: "quien me ama cumplirá mis mandamientos, y el Padre y yo vendremos a él y haremos morada en Él". Pero eso de cumplir los mandamientos.... no estoy seguro de querer hacerlo, salvo los que me gustan, pero hay algunos que no me parecen propios para este siglo.
Y por eso no acerco, o no me acerco lo suficiente
Y así me pierdo lo mejor de nuestra vida: que Él habite en mí, que su Amor se haga vida en mí, y con Su Amor, Su Luz, Su Vida, Su Verdad, es decir que el Reino esté en mí y yo viva la alegría de vivir en Dios.