lunes, 15 de diciembre de 2014

No te hagas el tonto

Si leemos bien el evangelio de hoy vamos a descubrir que la actitud de los sumos sacerdotes frente a Jesús, es muy parecida a la que tenemos muchas veces nosotros entre nosotros y con Dios: nos hacemos los tontos para que no nos digan lo que tenemos que hacer.
Los sumos sacerdotes le preguntan a Jesús con qué autoridad hace lo que hace y dice lo que dice. Ante esto Jesús les hace una pregunta, claro que con un doble sentido, que ellos se dan cuenta. Por eso no responden, se hacen los que no saben la respuesta, porque de saberla tendrían que aceptar la autoridad de Jesús, o la discrepancia con el pueblo. Y, así es mejor hacerse el tonto que darle la razón a quién no se la quiero dar.
Y, claro, de paso me quedo con un interrogante, pero tranquilo en conciencia porque no tengo que obedecerle a quien no le he dado autoridad sobre sus palabras. Creemos que hacernos los tontos no es no obedecer, sino no saber qué es lo que tenemos que hacer o lo que no debemos hacer, sólo que no entendemos lo que no queremos entender, y no hacemos lo que no queremos hacer.
Una realidad que, en último término, perjudica mi vida porque he perdido la oportunidad de encontrar las respuestas que buscaba, de encontrar el camino que había perdido, de encontrar el sentido que no encuentro a las cosas que vivo. En definitiva creemos que somos inteligentes porque nos hacemos los tontos, pero en realidad somos tontos por hacernos los inteligentes. Y no aprendemos.
No aprendemos que hay alguien que sabe más que yo. No aprendemos a confiar en quién realmente puede indicarme el camino, quien puede darme la Luz que me conduzca a la Paz que anhelo.
Los Sumos Sacerdotes creyeron que eran inteligentes, que gracias a su inteligencia y comprensión debían dejar de lado a la Verdad, a la Vida, al Camino, y no se dieron cuenta que en realidad dejaban de lado a quién habían estado esperando a lo largo de muchos siglos. Y se lo perdieron simplemente por creerse más inteligentes porque se hacían los tontos.
¿Cuántas veces en nuestro día a día nos hacemos los tontos, los sordos, los ciegos para no aceptar algo que estoy buscando, pero que me obliga a reconocer mi falta, a darme cuenta que el otro tiene razón, a cambiar mi forma de ser, de vivir? 
¿Cuántas veces por no renunciar a sentirme el más inteligente he perdido la oportunidad de aceptar un camino nuevo que me conduzca a una vida nueva?
¿Cuántas veces he dejado pasar al Señor de la Vida por miedo a que me sugieran morir a mi YO, a mis gustos, a mis ganas?
¿Cuántas veces sigo preguntando "dónde estás" cuando Él está delante mío pero no lo quiero ver?

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.