Preparemos los caminos
-ya se acerca el Salvador-
y salgamos, peregrinos,
al encuentro del Señor.
Hoy, en el oficio de lectura hay un texto de San Anselmo, del Proslogion, y comienza diciendo:
"Ea, hombrecillo, deja un momento tus ocupaciones habituales; entra un instante en tí mismo, lejos del tumulto de tus pensamientos. Arroja fuera de ti las preocupaciones agobiantes; aparta de ti tus inquietudes trabajosas. Dedícate algún rato a Dios y descansa siquiera un momento en su presencia. Entra en el aposento de tu alma; excluye todo, excepto Dios y lo que pueda ayudarte para buscarle; y así, cerradas todas las puertas, ve en pos de Él. Di, pues, alma mía, di a Dios: "Busco tu rostro; Señor, anhelo ver tu rostro".
Una hermosa invitación en esta época del año, porque ya comienzan las prisas, los apuros, los agobios. Y en tantas prisas, nos olvidamos de lo que hemos de hacer antes que nada: encontrarnos con Dios para descansar en Él y escuchar Su Palabra para saber cuál es Su Voluntad.
Claro, estamos cerca de la Navidad; cerca de volver a encontrarnos con el mayor y mejor regalo que Dios nos ha hecho: Su Hijo Único que nace de mujer para que nosotros nazcamos a Dios. Y ¿no te parece que eso merece una preparación mejor?
Sí, claro, todo es necesario: preparar la casa, comprar los regalos, pensar en la comida ¡y tantas cosas más! Pero no nos olvidemos que la casa que tenemos que preparar es nuestro corazón, porque siempre es esa Casa la dejamos de lado y por eso no llega a nacer el Niño en nosotros. Y así, se nos pasa el Adviento sin haber disfrutado de la Espera, sin haber sentido el gozo de esperar al que va a venir, y así no nos alegramos tanto porque ha venido.
Más de una vez hemos sentido la ausencia de Dios. Más de una vez hemos experimentado que Él no está, no nos escucha, no lo podemos sentir, no lo tenemos cerca... Pero... no será porque no lo buscamos, porque no dejamos de hacer tantas cosas "importantes" para encontrarle...
San Anselmo termina este texto diciendo:
"Enséñame a buscarte y muéstrate a quien te busca; porque no puedo ir en tu busca a menos que tú me enseñes, y no puedo encontrarte si tú no te manifiestas. Deseando te buscaré, buscando te desearé, amando te hallaré y hallándote te amaré".
San Anselmo pone en nuestros labios ese deseo y esas palabras, pero también pueden ser los deseos y las palabras de Dios Padre, porque también Él muchas veces está buscándonos y no dejamos que nos encuentre. ¿Será este el tiempo de dejarnos encontrar por Dios y encontrándonos con Él dejar que nos ame como sólo Él sabe amar?
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