"Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud".
¿Cuál es la alegría de Jesús? Según sus palabras su alegría está en vivir en el Padre y haciendo lo que ha visto hacer al Padre, es decir su vida no pasa por sus propios gustos sino por lo que el Padre le ha enseñado vivir, por eso no esconde cuál es su camino: mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre. Y esa es su alegría permanente que se encuentra en la coherencia de su vida, sabiendo que su vida no es suya sino que le ha sido dada y, por eso mismo, nos enseña a nosotros que nuestra vida también nos ha sido dada, y, por supuesto, Él la ha dignificado devolviéndonos la filiación divina con su obediencia hasta la muerte y muerte en cruz.
Cuando Jesús nos habla de cómo Él ha vivido y cuál ha sido el ideal de su vida nos va dando la pista para saber cómo alcanzar, también, nosotros esa misma alegría. Y, tomando sus propias palabras, saber que la alegría que Él nos presenta no es la alegría que nos da el mundo, sino que es una alegría más profunda y plena que surge de la configuración de nuestra propia vida con su vida.
Por eso, antes de hablarnos de la alegría nos dice, y nos invita a vivir de una manera plena y diferente a la del mundo, diciéndonos:
«Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor".
El amor del Padre ha sido tan inmenso y confiado que le pidió al Hijo el mayor de los sacrificios, un sacrificio que el Hijo aceptó y por eso "se anonadó a sí mismo y tomó la condición de hombre, haciéndose igual a nosotros en todo menos en el pecado", y así nos fue mostrando el camino que no sólo es conocerlo, sino que es un camino de vida y plenitud:
"Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor".
Este es el Camino que nos conduce a la vida en el Amor del Padre, el Camino que nos conduce a la Vida en el Amor del Hijo, y que, como Él nos dice, el Camino que nos conduce a la alegría plena de nuestra vida en Él.
El Sermón en la montaña
jueves, 7 de mayo de 2026
El Camino de la alegría
miércoles, 6 de mayo de 2026
Permanecer en la Vid
Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros".
Es Su Palabra la que, si la dejamos, nos purifica y nos transforma y nos une a Él para poder comenzar una Vida Nueva. Una Vida Nueva que no está alimentada por otra savia que no sea la Gracia Divina que, poco a poco va transformando nuestra vida y nos va haciendo a su imagen y configurando nuestro estilo de vida según la Voluntad del Padre.
Por eso es indispensable mantenernos fieles a esa Vida que se nos ha dado porque no podemos crecer y madurar si no estamos en una permanente "conexión" con el Señor.
"Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí".
Claro es que el permanecer en el Señor, es vivir en Fidelidad no significa estar siempre en el mismo lugar, hacer siempre las mismas cosas, porque ha medida que el sarmiento va recibiendo la savia de la Vid, ese sarmiento crece, cambia, mejora, y finalmente produce fruto, luego es podado para que tenga más fuerza y siga produciendo más fruto.
Es cierto que el sarmiento no tiene libertad para crecer y madurar, lo cual sí tenemos nosotros, por eso Jesús nos pide, repetidas veces, que permanezcamos en Él, así que es una decisión constante, diaria el buscar el permanecer en Cristo.
¿Cómo permanecemos en Él?
Por medio de la oración sabiendo que el diálogo con el Señor nos mantendrá con el oído atento a Su Voluntad, que Él nos enseñará cómo ser Fiel como lo fue Él a la Voluntad del Padre.
La meditación y reflexión de la Palabra de Dios es, también, un medio seguro para escuchar al Padre y saber cómo vivir como el Hijo, pues en ese Hijo hemos sido convertidos en hijo, y así sabremos como Jesús pudo permanecer en el Padre, pues, como dice el escritor "siendo hijo aprendió, por medio del sufrimiento, a obedecer" y así nos alcanzó con su obediencia hasta la muerte en Cruz la gracia de la filiación divina.
Y, por supuesto, los sacramentos de la reconciliación y la Eucaristía nos mantienen unidos a Cristo, a la Vida Verdadera, para que siempre estemos alimentados por la Gracia y por la Vida del Hijo.
Así, permanecer en Cristo no es quedarnos sentados en un sofá viendo pasar la vida, sino buscar constantemente el estar unidos a Él para vivir como Él, para ser parte de Él y así producir en nuestra vida los frutos que el Padre quiere y que el mundo necesita de los hijos de Dios.
martes, 5 de mayo de 2026
La Paz de Jesús
"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde...".
No es la paz del mundo la que nos da Jesús, sino su propia paz que es la búsqueda constante de la Voluntad del Padre, vivir en su Voluntad es lo que le da a nuestra vida la paz verdadera. La paz del mundo es la que muchas veces queremos experimentar, y muchos viven, que es la quietud, el estar tranquilos y no tener nada por lo que preocuparse, vivir con salud y sin ningún problema.
Aunque la paz del cristiano tiene algo parecido porque todo lo dejamos en manos del Padre y nos ocupamos de lo que Él nos pida, por eso también deberíamos vivir sin pre-ocuparnos de las cosas pues sólo nos toca ocuparnos de lo que sea Su Voluntad. Podemos estar tranquilos mientras nos ocupamos de seguir Su Camino que es la entrega cotidiana de nuestra vida ya sea en la oración, la acción, o el sacrificio, pues nuestra misión es consagrar nuestro día a Él para que todo sea para Él, por Él y con Él.
Y todo sabiendo que nunca estaremos quietos sino que nuestra vida será un actuar en nombre de Dios, y por eso no habrá quietud en nuestra alma porque siempre estará buscando escuchar al Padre para saber qué debe hacer, sabiendo que todo lo que haga no quedará sin recompensa y todo lo que acepte sea cruz o gozo será para gloria de Dios.
Así lo enseñaba también san Pablo a las nuevas comunidades:
"Después de predicar el Evangelio en aquella ciudad y de ganar bastantes discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía, animando a los discípulos y exhortándolos a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios".
De este modo no debemos preocuparnos ni dejar que se turbe nuestro corazón por lo que nos pueda suceder o por lo que el Padre nos pueda pedir porque sabemos que todo será para nuestro bien y el de su Cuerpo que es la Iglesia, así el Camino de la Vida será en la paz que su Gracia nos de por haber aprendido a vivir en Él.
lunes, 4 de mayo de 2026
Nos enviará su Espíritu
Homilía de San Gregorio Magno, papa y doctor e la Iglesia (s. VI)
«Mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos en él nuestra morada». Pensad en ello, hermanos muy amados, ¡Qué fiesta recibir a Dios en la morada de nuestro corazón! Si un amigo rico y poderoso quisiera entrar en tu casa, obviamente, limpiarías toda la casa, para que nada le molestara al entrar. Lo mismo quien prepara para Dios la morada de su alma, limpia la suciedad de sus malas acciones.
Fíjate bien lo que dice la Verdad: «vendremos y haremos en su casa nuestra morada». Porque Dios puede pasar por el corazón de algunos sin hacer su casa.
Cuando tienen remordimientos, ven bien la mirada de Dios; pero cuando viene la tentación, olvidan el propósito de su anterior arrepentimiento y caen en sus pecados, como si nunca los hubieran llorado. Por el contrario, en el corazón de quien verdaderamente ama a Dios, que observa sus mandamientos, el Señor viene y hace su casa, porque el amor de Dios le llena tanto que no se aparta de este amor en el momento de la tentación. Por lo tanto aquel cuya alma no acepta ser dominada por un mal placer, ama verdaderamente a Dios de aquí esta precisión: «Aquellos que no me aman, no guardan mis palabras». Examinaros cuidadosamente, queridos hermanos; Preguntaros si realmente amais a Dios. Pero no os fiéis de la respuesta de vuestro corazón sin compararlo con vuestras acciones.
«El Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, hará que recordéis lo que yo os he enseñado.» (cf Jn 14, 26)
El Espíritu os enseñará todo. Porque si el Espíritu no toca el corazón de los que escuchan, la palabra de los que enseñan sería vana. Que nadie atribuya a un maestro humano la inteligencia que proviene de sus enseñanzas. Si no fuera por el Maestro interior, el maestro exterior se cansaría en vano hablando.
Vosotros todos que estáis aquí, oís mi voz de la misma manera; y no obstante, no todos comprendéis de la misma manera lo que oís. La palabra del predicador es inútil si no es capaz de encender el fuego del amor en los corazones. Aquellos que dijeron: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» (Lc 24, 32) habían recibido este fuego de boca de la misma verdad. Cuando uno escucha una homilía, el corazón se enardece y el espíritu se enciende en el deseo de los bienes del reino de Dios. El auténtico amor que le colma, le provoca lágrimas y al mismo tiempo le llena de gozo. El que escucha así se siente feliz de oír estas enseñanzas que le vienen de arriba y se convierten dentro de nosotros en una antorcha luminosa, nos inspiran palabras enardecidas. El Espíritu Santo es el gran artífice de estas transformaciones en nosotros.
domingo, 3 de mayo de 2026
Un linaje elegido
"Felipe le dice:
«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».
Jesús le replica:
«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”?
Muchas veces nos encontramos, o nos pasa, que no terminamos de entender, aceptar o creer en las cosas de nuestra vida cristiana. Necesitamos como más explicaciones, más teorías, más datos o libros para leer para poder entregarnos por completo. Y, realmente, es como la pregunta de Felipe al Señor: Señor, todavía no entendemos, puedes hablarnos mas? Es que hace tanto tiempo que eres cristiano y todavía no has entendido nada? Puede ser una respuesta del Señor a nosotros.
Y es posible que después de tantos años no hayamos entendido nada del cristianismo y nos quedemos sólo en preceptos y mandamientos, y cosas por cumplir, sin haber llegado a vivir lo que el Señor nos ha mostrado con su propia vida.
Por eso, san Pedro, nos ayuda a mirar nuestra vida desde la vocación que hemos recibido por parte del Señor (y digo vocación no en el sentido de ser sacerdote, religioso o religiosa):
"Vosotros, en cambio, sois un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios para que anunciéis las proezas del que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa".
Todos los creyentes en Cristo y que hemos recibido el Espíritu Santo por el bautismo somos un linaje elegido, un sacerdocio real. Y ¿qué significa esto? Tenemos un espíritu que nos llena la vida y es el Espíritu Santo quien nos confiere los Dones necesarios para poder atravesar las ideas del mundo y llegar a las cosas de Dios, capaces de aceptar y vivir el Reino aquí en la tierrra porque hacemos Su Voluntad como la hacen en el cielo, y por eso mismo somos un reino de sacerdotes que interceden por la salvación del mundo y llevan con su vida la Luz de Dios para disipar las tinieblas del pecado y mostrar el camino de la salvación.
sábado, 2 de mayo de 2026
Llevar Vida
"La palabra del Señor se iba difundiendo por toda la región. Pero los judíos incitaron a las señoras distinguidas, adoradoras de Dios, y a los principales de la ciudad, provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé y los expulsaron de su territorio".
No es de ahora, sino que es desde siempre, que cuando algo no nos gusta o disgusta hacemos lo posible para que nadie "caiga ne la trampa", o para que todos piensen igual que yo. Es lo que se llama sembrar cizaña unos contra otros, intentar que lo que no ha sido bueno o que no quiero hacer o creer tampoco lo sea para otros.
Los judíos se enfadaron porque al no creer en la Palabra Pablo y Bernabé, inspirados por el Espíritu Santo, comenzaron a predicar a los gentiles, por eso comenzó contra ellos una persecución.
Y ¿cuál fue la actitud de Pablo y Bernabé? Algo que ya le había dicho el Señor a los 12: "Si alguno no os recibe o no escucha vuestras palabras, al salir de su casa o de la ciudad, sacudid el polvo de los pies. En verdad os digo que el día del juicio les será más llevadero a Sodoma y Gomorra, que a aquella ciudad".
"Estos sacudieron el polvo de los pies contra ellos y se fueron a Iconio. Los discípulos, por su parte, quedaban llenos de alegría y de Espíritu Santo".
Ante la adversidad, ante las amenazas y las persecuciones no tenemos que tomar partido sino que sólo debemos actuar como Jesús nos dice y confiar en que el Espíritu Santo nos dará fuerzas para seguir con nuestra misión sea cual sea. Pero no hay que amedrentarse por las amenazas del mundo sino encontrar la fortaleza en las Palabras del Señor.
Esto porque Jesús sabe que no todos los corazones de los hombres estarán dispuestos a creer y al creer a cambiar de vida, sino que siempre habrá corazones cerrados y duros, y habrá otros que ante tal dureza eleven la voz para atacar no sólo la Palabra de Dios, sino a sus instrumentos y mensajeros. Y, así, a lo largo de la historia la vida de la Iglesia ha sido fortalecido con la sangre y la vida de tantos santos mártires y con la palabra de los santos que dieron su vida por el Evangelio.
Pidamos siempre tener la misma fortaleza y disposición para ser Fieles Servidores de la Vida que el Señor nos ha regalado y nos ha pedido llevar al mundo.
viernes, 1 de mayo de 2026
Os prepararé un lugar
Homilía de San Ambrosio, obispo (s. IV)
El lugar: junto al Padre; el camino: Cristo.
Caminemos intrépidamente hacia nuestro Redentor, Jesús; caminemos intrépidamente hacia aquella asamblea de los santos, hacia aquella reunión de los justos. Pues nos encaminaremos al encuentro con nuestros padres, al encuentro con los preceptores de nuestra fe: y si tal vez no podemos exhibir obras, que la fe venga en ayuda nuestra y la heredad nos defienda. Porque el Señor será la luz de todos; y aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre resplandecerá sobre todos. Nos encaminaremos allí donde el Señor Jesús preparó estancias para sus humildes siervos, para que donde él esté estemos también nosotros. Tal fue su voluntad.
Cuáles sean esas estancias, óyeselo decir a él mismo: En casa de mi Padre hay muchas estancias. Y ¿cuál es su voluntad? Volveré —dice— y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros.
Pero me objetarás que hablaba únicamente a los discípulos, que sólo a ellos les prometió las muchas estancias. Entonces, ¿es que sólo las preparaba para los Once? Y ¿cómo se cumplirá aquello de que vendrán de todas partes y se sentarán en el reino de Dios? ¿Es que podemos dudar de la eficacia de la voluntad divina? Pero, en Cristo, querer y hacer son una misma cosa. Seguidamente les señaló el camino, les indicó el sitio, diciendo: Y donde yo voy, ya sabéis el camino.
El lugar: junto al Padre; el camino: Cristo, como él mismo dijo: Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí.Adentrémonos por este camino, mantengamos la verdad, vayamos tras la vida. Es camino que conduce, verdad que confirma, vida que se entrega.
Y para que conozcamos sus verdaderos planes, al final del discurso añade: Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo, donde yo estoy y contemplen mi gloria. Padre: esta repetición es confirmatoria, lo mismo que aquello: ¡Abrahán, Abrahán!
Y en otro lugar: Yo, yo era quien por mi cuenta borraba tus crímenes. Bellamente pide aquí lo que antes había prometido. Y este primero prometer y luego pedir, y no a la inversa, primero pedir y luego prometer, es un prometer como árbitro del don, consciente de su propio poder; pide al Padre como intérprete de la piedad. Prometió primero, para que conozcas su poder; luego pidió, para que caigas en la cuenta de su piedad. No pidió primero y luego prometió, para que no pareciera que prometía lo que previamente había impetrado, más bien que otorgaba lo que antes había prometido. Ni consideres superfluo que pidiera, pues de esta manera te expresa su comunión con la voluntad del Padre, lo cual es una prueba de unidad, no un aumento de poder.
Te seguimos, Señor Jesús; pero llámanos para que podamos seguirte, ya que sin ti nadie puede subir. Porque tú eres el camino, la verdad, la vida, la posibilidad, la fe, el premio. Recibe a los tuyos como el camino, confírmalos como la verdad, vivifícalos como la vida.