miércoles, 24 de junio de 2026

Saber ocupar nuestro lugar

¿Qué es ser profeta? Es lo que le dice Dios a Isaías (y, por supuesto, nos lo dice a nosotros):
«Es poco que seas mi siervo para restablecer las tribus de Jacob y traer de vuelta a los supervivientes de Israel. Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra».
Te hago luz de las naciones, es Él quien nos da la luz para que iluminemos a las naciones, y eso es lo que tenemos que tener siempre en claro y ser muy conscientes que no nos hacemos nosotros a nosotros mismos, sino que hemos sido elegidos y transformados para que iluminemos no con nuestra propia luz, sino con la Luz de Aquel que nos llamó y nos iluminó.
Es lo que se llama ser obedientes a la Voz que nos llamó y nos envió, en este caso, Dios lo llamó, lo eligió y lo envió para una misión concreta. Lo mismo que hizo con Juan Bautista.
Juan Bautista nos enseña que sólo siendo obediente al Señor, sin caer en la soberbia de que yo soy quien lo puede todo y hago lo que quiero porque se me ha dado el poder, sino que siendo el que debo ser alcanzo a ser tan grande como Dios quiere, pero desde mi propio lugar. Por eso, aunque la gente lo tomaba por el Mesías, Juan decía:
“Yo no soy quien pensáis, pero, mirad, viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias de los pies”.
Y eso no es una humillación, es la verdadera humildad de reconocer la grandeza en la realidad de quien soy de que sólo he sido obediente a lo que se me ha pedido. Lo mismo que hicieron sus padres el día que él nació:
"A los ochos días vinieron a circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan».
Y le dijeron: «Ninguno de tus parientes se llama así».
Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Y todos se quedaron maravillados.
Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios".
¿Por qué todo esto? Porque, muchos y muchas veces, caemos en el peligro de creernos más que Dios, más que Su Palabra, y por eso creemos que nuestro pensar y nuestras conclusiones que se han unido al pensar y las conclusiones del mundo son las mejores, y no es así, cuando somos obedientes a Su Voz y a Su Palabra es cuando mejor cumplimos nuestra misión de profetas en el mundo de hoy. La soberbia intelectual y espiritual en la que caemos muchas veces nos aleja más de Dios y nos acerca más al mundo haciendo que Su Palabra ya no salve sino que se pierda la Gracia Salvadora que sólo nos da Su Palabra y no la nuestra.

martes, 23 de junio de 2026

Exgencias evangélicas

¡Que duras que son, a veces, las palabras de Jesús! y qué poco caso que le hacemos, muchas veces a esas palabras porque no nos gusta lo que nos dice, sobre todo porque siempre le acierta a algo que hemos dicho o hecho.
«No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; no sea que las pisoteen con sus patas y después se revuelvan para destrozaros".
Hay dos pasajes que me vienen a la mente para aclarar esta frase de Jesús: primero cuando le dice a los apóstoles "si en esa ciudad no os quieres al salir sacudid el polvo de esas ciudades" y por otro lado, san Pablo, cuando los judíos se revelaron contra él dijo "he querido darles el mensaje a vosotros, pero como lo han rechazado ahora me dirijo a los gentiles". Cuando alguien no quiere recibirnos o nos da vuelta la cara o no quiere recibir a Jesús, no nos quedemos ahí, dejemos que sigan con su vida y nosotros con el Señor, Él se encargará del resto.
"Así, pues, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas".
Con esta frase tenemos que tener más conciencia y me gustaría, para ello, que nos hagamos esta pregunta: ¿he tratado a los demás como me gusta que me traten a mí? o ¿o hablado de los demás como me gusta que hablen de mí? ¿Mis palabras han hecho daño a los demás, he sembrado cizaña sobre la vida de los demás, me gustaría que hagan lo mismo conmigo?
Muchas veces nos vamos de la lengua y no tenemos en cuenta que así como hago con los demás, los demás lo pueden hacer conmigo y ¿me va a gustar o me sentiré ofendido?
Por eso Jesús nos dice que no es fácil ser cristiano, vivir el Evangelio del Amor, no es sólo hacia Dios, sino sobre todo hacia el hermano, pues eso me va a hablar de mi amor a Dios. Y sí, por eso Él mismo nos dice:
"Entrad por la puerta estrecha. Porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos.
¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos».
Hay que tenerlo muy en cuenta...

lunes, 22 de junio de 2026

Vivir la fe

Tomás Moro participaba diariamente en la santa Misa. En los domingos formaba parte del coro de su parroquia. A pesar de su posición social, no ocupaba un puesto de honor. Cuando algunos nobles le hicieron notar que tal vez disgustara al rey que su Lord Canciller no buscase ser tratado con mayor deferencia, respondió con fino ingenio: «No es posible que yo disguste al rey mi señor mientras rindo público homenaje al señor de mi rey». Amaba de todo corazón a su patria y a su rey. Pero amaba por encima de todo a Dios. Por eso, cuando llegó el momento trágico de tener que elegir entre la fidelidad a Cristo o el sometimiento a una ley que iba contra su conciencia, santo Tomás Moro se dispuso a abrazar la voluntad divina sin reservas, aun sabiendo que se jugaba su posición, su fortuna e incluso su vida.
Esta respuesta heroica en una situación extraordinaria se había fraguado, en realidad, durante muchos años de heroísmo en la vida ordinaria. Por ejemplo, santo Tomás nunca decidía algo importante sin haber recibido antes, aquel día, al Señor en la Sagrada Comunión; recurría a la oración con fe e insistencia en todas sus necesidades personales y familiares; era generoso y solícito con sus amigos y se ocupaba de los pobres que había en su barrio. En lo que a él se refería, era sobrio y austero. Todo esto le dio «la confiada fortaleza interior que lo sostuvo en las adversidades y frente a la muerte. Su santidad, que brilló en el martirio, se forjó a través de toda una vida de trabajo y de entrega a Dios y al prójimo».
También nosotros estamos llamados por Dios a vivir nuestra condición de cristianos en medio de las situaciones más corrientes. A veces encontraremos dificultades en el ambiente, o incluso con leyes que ofenden a la dignidad humana. Será el momento entonces de ser fieles a la voz de Dios que resuena en lo más íntimo de nuestra conciencia: «Precisamente por el testimonio, ofrecido hasta el derramamiento de su sangre, de la primacía de la verdad sobre el poder, santo Tomás Moro es venerado como ejemplo imperecedero de coherencia moral –escribió san Juan Pablo II –. Y también fuera de la Iglesia, especialmente entre los llamados a dirigir los destinos de los pueblos, su figura es reconocida como fuente de inspiración».

domingo, 21 de junio de 2026

Nuestra confianza está en el Señor

Dijo Jeremías:
«Oía la acusación de la gente: “Pavor-en-torno, delatadlo, vamos a delatarlo”.
Mis amigos acechaban mí traspié:
“A ver si, engañado, lo sometemos y podemos vengarnos de él”.
Pero el Señor es mi fuerte defensor: me persiguen, pero tropiezan impotentes.
Acabarán avergonzados de su fracaso, con sonrojo eterno que no se olvidará".
Hoy en día es más fácil y común hablar mal de la gente que hablar bien, buscar la paja en el ojo ajeno que ayudarlo a quitarla. El acusar a alguien, el levantar falso testimonio, el denigrar al otro, el destruir la dignidad de la persona es algo tan normal hoy en día que ya nada nos sorprende, y, lo que es peor, muchas veces, nos hacemos eco de las maldades que van y vienen por el aire de nuestras calles.
Y, como leemos en el Antiguo Testamento no es que seamos originales, sino que hemos dejado que el pecado siga reinando en nuestras vidas y no nos damos cuenta que nos hacemos eco de las insidias del maligno para ir destruyendo las familias, las amistades, la sociedad porque al desunir a las gentes él puede ganar terrenos para sembrar discordia, maldad, enemistad, etc.
Por eso, tenemos que saber que nada de lo que los demás digan puede dañar al hijo de Dios, pues el Señor es testigo de nuestra vida y Él conoce el interior de nuestro corazón, tanto si actuamos bien como si actuamos mal, y cada uno será juzgado según su actuar.
Y lo mismo nos lo dice Jesús:
"No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la “gehenna”. ¿No se venden un par de gorriones por uno céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; valéis más vosotros que muchos gorriones".
Cuando las palabras de los hombres quieran cuestionar nuestras vidas, cuando esas palabras nos quieran quitar la libertad, la alegría, la esperanza y, sobre todo, la confianza en el Señor sepamos que es el mismo Señor quien viene en nuestra ayuda para fortalecernos, para decirnos "no te preocupes, Yo estoy contigo, soy tu fortaleza, tu esperanza, tu escudo, tu baluarte", y es ahí donde todo se vuelve paz para seguir recorriendo el Camino que Él pensó para mí, y aunque sigan con las mismas intenciones el hijo de Dios seguirá fuerte y confiado en Su Palabra y no en la palabra de los hombres.

sábado, 20 de junio de 2026

Buscad el Reino

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Nadie puede servir a dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero".
Hay frases del Evangelio que las tenemos muy carca en la memoria y con sólo escuchar las primeras palabras ya sabemos por dónde va Jesús. Y es eso lo que hace que le restemos, muchas veces, importancia a lo que nos dice el Señor, o, en todo caso, que creamos que como ya sabemos lo que nos dice no le hagamos el suficiente caso o reflexión.
"Nadie puede servir a dos señores... No podéis servir a Dios y al dinero", y por eso intentamos vivir en la pobreza, o si no tenemos dinero suficiente ya estamos listos, y entonces no nos tenemos que preocupar porque como no tenemos ya estamos viviendo el evangelio. Pero no es así. La pobreza material no implica la pobreza espiritual, se puede ser muy pobre y muy mendicante pero no tener el corazón humilde y desprendido de sí mismo dejando la vida en manos del Señor. Y es a eso a lo que se refiere el Señor: que no haya nada que nos separe de Dios, de su Voluntad.
El dinero representa todo lo que nos ata al mundo, y lo que más nos ata al mundo es nuestro yo humano, nuestra humanidad pues estamos en el mundo, vivimos en el mundo, conocemos al mundo, etc. Y Jesús nos ha dicho que estamos en el mundo pero no somos del mundo, y no es sólo una frase para los sacerdotes y religiosos, sino para todos los que hemos sido rescatados del príncipe del mundo por el bautismo, porque al recibir el agua bautismal hemos sido sumergidos en la muerte y resucitados a una nueva vida, la vida del espíritu.
Por eso no es sólo no servir al dinero, sino no dejarnos atar por las cosas del mundo, por nuestros instintos, por nuestros deseos, por las ideologías del mundo, por el devenir de las ideas mundanas, sino que, muriendo a nosotros mismos (cada día) podamos dejarnos conducir por el Espíritu hacia la Voluntad de Dios que es lo que nos va a llevar a la meta de nuestra Vida.
"Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le basta su desgracia".

viernes, 19 de junio de 2026

Dónde está tu tesoro?

«No atesoréis para vosotros tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen y donde los ladrones abren boquetes y los roban. Haceos tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que los roen, ni ladrones que abren boquetes y roban. Porque donde está tu tesoro, allí estará tu corazón".
Jesús no habla sólo de los bienes materiales, no habla del dinero, de las posesiones, de los campos o de las industrias. No sólo de eso, porque también hay otros tesoros que nos atan al mundo y no nos dejan mirar hacia adentro, hacia donde está el reino de Dios que es en nuestro interior.
Cuando sólo nos dedicamos al exterior a las cosas del mundo, e, incluso, sólo a nuestro cuerpo nos olvidamos de madurar en el espíritu, de buscar crecer en los dones que Dios nos ha regalado para que los pongamos al servicio de los demás.
Hoy en día no son pocos los que viven pendiente de la medida de su cintura, del color de su piel, de las arrugas de su rostro, pero también, hay otros que están pendiente de tener títulos, másters, de alcanzar altos cargos, de ir acumulando logros en sus vidas, y se olvidan de tejer lazos de amistad, de familia, y, sobre todo, de llenar el corazón de todo aquello que nos hace cada día más hijos de Dios.
Y, ¿por qué pasa eso?
Porque "La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; pero si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Si, pues, la luz que hay en ti está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!».
Nos hemos acostumbrado a mirar en la tiniebla del mundo y no a buscar la luz del Espíritu, y así, nuestra mirada se fue enfermando de tanto esforzarnos por descubrir en la tiniebla el brillo del mundo y creer que eso era lo que iluminaba nuestras vidas. Pero cuando nos dimos cuenta ya no podíamos ver nada bueno, sino que sólo estábamos inmerso en la misma tiniebla, tanto es así que, para muchos, la mediocridad es el mejor camino, y para otros vivir en hipocresía del mundo es el mejor estilo.
Y así, muchos van y vienen sin poder llegar a disfrutar de la belleza interior que da no sólo el saber mirar con la Luz del Espíritu, sino esforzarse por alcanzar los bienes más valiosos y eternos que hay en el Corazón del Padre.

jueves, 18 de junio de 2026

Crecer con el Padre nuestro

"Vosotros orad así:
"Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal".
Hoy en día buscamos fórmulas mágicas para mejorar, para estar mejor, para esto, para aquello, y, sin embargo tenemos en el Padre nuestro la mejor oración con la que poder no sólo estar mejor, sino sabernos mejor pues nos ayuda a descubrir en nosotros algo que no pensamos todos los días: somos hijos de Dios.
Siendo algo tan extraordinario para una persona lo hemos hecho tan rutinario que se nos olvida quienes somos, y no para crecer en soberbia, sino para crecer en responsabilidad y en acción de Gracias.
Crecer en responsabilidad porque Jesús no terminó ahí su enseñanza de la oración del Padre nuestro, sino que le puso una condición sin la cual esa oración no sirve para nada: "Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas". Y esa es una gran responsabilidad los que no sólo nos llamamos sino que somos hijos de Dios: amar de tal modo a los demás que seamos capaces de perdonar a nuestros enemigos, así como Jesús nos perdonó en la Cruz. Y ahí está el centro de nuestra oración: que nos ayude a ser como Jesús, a vivir como Jesús.
Y a crecer en acción de Gracias porque ha sido un regalo, una Gracia, de Dios que nos hizo hijos de Él por medio de su Hijo, de su Unigénito, pues si Jesús no hubiese entregado su vida en la Cruz y no hubiese resucitado de entre los muertos y ascendido al Cielo, no tendríamos el Espíritu que nos transformó el día de nuestro bautismo en hijos de Dios. Eso si que es una Gracia extraordinaria y no merecida. Y debemos seguir creciendo en esa Gracia, es decir, debemos seguir creciendo en esa hermosa relación con el Padre que Jesús nos enseñó, que no es sólo una relación sentimental sino que es una relación sentimental y activa, porque si decimos que Él es Padre todopoderoso, entonces, como Jesús, debemos escucharlo y al escucharlo obedecerle hasta el punto de entregar nuestra vida por amor, como lo hizo Jesús.