jueves, 18 de junio de 2026

Crecer con el Padre nuestro

"Vosotros orad así:
"Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal".
Hoy en día buscamos fórmulas mágicas para mejorar, para estar mejor, para esto, para aquello, y, sin embargo tenemos en el Padre nuestro la mejor oración con la que poder no sólo estar mejor, sino sabernos mejor pues nos ayuda a descubrir en nosotros algo que no pensamos todos los días: somos hijos de Dios.
Siendo algo tan extraordinario para una persona lo hemos hecho tan rutinario que se nos olvida quienes somos, y no para crecer en soberbia, sino para crecer en responsabilidad y en acción de Gracias.
Crecer en responsabilidad porque Jesús no terminó ahí su enseñanza de la oración del Padre nuestro, sino que le puso una condición sin la cual esa oración no sirve para nada: "Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas". Y esa es una gran responsabilidad los que no sólo nos llamamos sino que somos hijos de Dios: amar de tal modo a los demás que seamos capaces de perdonar a nuestros enemigos, así como Jesús nos perdonó en la Cruz. Y ahí está el centro de nuestra oración: que nos ayude a ser como Jesús, a vivir como Jesús.
Y a crecer en acción de Gracias porque ha sido un regalo, una Gracia, de Dios que nos hizo hijos de Él por medio de su Hijo, de su Unigénito, pues si Jesús no hubiese entregado su vida en la Cruz y no hubiese resucitado de entre los muertos y ascendido al Cielo, no tendríamos el Espíritu que nos transformó el día de nuestro bautismo en hijos de Dios. Eso si que es una Gracia extraordinaria y no merecida. Y debemos seguir creciendo en esa Gracia, es decir, debemos seguir creciendo en esa hermosa relación con el Padre que Jesús nos enseñó, que no es sólo una relación sentimental sino que es una relación sentimental y activa, porque si decimos que Él es Padre todopoderoso, entonces, como Jesús, debemos escucharlo y al escucharlo obedecerle hasta el punto de entregar nuestra vida por amor, como lo hizo Jesús.

miércoles, 17 de junio de 2026

Desterrar la hipocresía

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial..."
Si hay algo que rechaza completamente el Señor es la hipocresía, y sobre todo la hipocresía moral y religiosa, que es la que señala en el evangelio de hoy. Por que sí hay muchas manera de ser hipócritas y, cada día que pasa vamos descubriendo muchas más gracias a las redes sociales.
Las redes sociales nos han hecho creer que podemos ser lo que queramos y eso se practica mucho, claro que en las redes sociales lo que expresamos y mostramos es lo mejor que queremos ser, no mostramos nuestros defectos y pecados, sino que nos vanagloriamos de virtudes y conquistas personales que no hemos logrado y que no tenemos para que la gente nos admire. Y eso redunda en los que tienen un espíritu débil y se encuentran en la disyuntiva de no querer mostrarse porque no han logrado nada y alcanzan la depresión de ser reales y verdaderos.
La hipocresía religiosa es creer que por mostrarme rezando o haciendo cosas religiosas ya soy una buena persona y un gran santo, y eso me da puntos para poder juzgar a aquellos que no lo hacen: "es que soy tan bueno y por eso siempre juzgo con verdad" salvo a mi mismo. Pero también está la hipocresía falsa que es en la que siempre digo todo lo contrario: soy tan malo, soy tan pecador, no sirvo para nada, no quiero tener ningún cargo... pero en el fondo sí busco cargos, sí quiero que me llamen, que me tengan en cuenta... pero después no hago nada de lo que me piden.
En definitiva lo que no tengo en cuenta es que el Padre que ve en lo secreto ve también el fondo de mi corazón y sabe si lo que estoy dando o mostrando de mí es verdad o no, y ahí está el tema, tengo que espejarme en Cristo para ser verdad, para vivir en la verdad y así alcanzar la Gracia de una sincera conversión, y no dejarme arrastrar por le mal de la hipocresía que no me deja ser lo que Dios quiere, y, a veces, no dejo a los demás alcanzar la Gracia de Dios y servir como Dios quiere.

martes, 16 de junio de 2026

Sed santos y perfectos

"Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».
¿Queda alguna duda de cómo quiere Jesús que vivamos el Camino al que nos ha invitado a recorrer? No ha dejado dudas de cómo quiere que vivamos nuestra vida en Él, en Cristo, y por eso nos llamamos cristianos porque vivimos en Cristo, por Cristo y para Cristo. Así alcanzaremos la meta de nuestra vida.
Claro que, como siempre surge, no la podemos vivir solos: el ideal de vida que nos pone Jesús es un Ideal súper alto y que es imposible para nosotros alcanzarlo, pero no es imposible para Dios. Por eso no tenemos que intentar alcanzar el nivel de perfección de nuestras propias fuerzas, o desde el ideal de perfección que pide el mundo de hoy, sino con la Gracia del Espíritu Santo sabiendo que la perfección no es la del mundo, sino la de Dios, la perfección en el Amor.
¿Qué quiere decir esto? Que no somos perfectos porque nunca nos equivocamos, sino porque sabemos reconocer nuestros errores, y, con la Gracia rectificarnos y pedir perdón. No es que nunca vayamos a pecar, pero si pecamos sabemos que tenemos un Abogado que intercede por nosotros, y es Él mismo quien, arrepintiéndonos, nos perdona y nos ayuda a levantarnos de nuestras caídas y seguir Su Camino.
Pero, sobre todo, sabemos que en el amor o hay matemáticas (creo que lo dijo santa Teresita) porque las matemáticas son para los que no aman como Jesús nos amó, y si Él hubiese usado las matemáticas para amarnos ¡pobre de nosotros! pues ya estaríamos condenados. Sin embargo nos ama sin medida, pues su medida ha sido su entrega en la Cruz por nosotros, para que por su resurrección tuviéramos vida y Vida en abundancia en el Amor.
Así nuestra perfección es como nos dice san Pablo: "Él nos eligió desde antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por el amor".

lunes, 15 de junio de 2026

No devuelvas mal por mal

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habéis oído que se dijo: "Ojo por ojo, diente por diente". Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra..."
Nos hemos olvidado de las exigencias el Evangelio, y cuando nos las olvidamos comenzamos a actuar según el mundo, según nuestros instintos. Es por eso que, Jesús, nos presenta unas exigencias que van más allá del mundo y de los instintos, pero que, también, tienen un precio muy alto en nuestras vidas, pues, a veces, no podes escapar de nuestro temperamento y la venganza se apodera de nosotros.
San Pablo, en la carta a los Romanos, nos va a aclarar más este mandamiento del Señor:
"A nadie devolváis mal por mal. Procurad lo bueno ante toda la gente. En la medida de lo posible y en lo que dependa de vosotros, manteneos en paz con todo el mundo. No os toméis la venganza por vuestra cuenta, queridos; dejad más bien lugar a la justicia, pues está escrito: Mía es la venganza, yo daré lo merecido, dice el Señor. Por el contrario, si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber: actuando así amontonarás ascuas sobre su cabeza. No te dejes vencer por el mal, antes bien vence al mal con el bien".
En definitiva sabemos que el mundo actúa motivado por el príncipe de este mundo que nunca va a buscar el bien para el hombre sino que buscará el camino del mal, de la violencia. Y, si pensamos un poco en lo que nos dicen los refranes y el mundo podemos ver, también, un poco de razón: las cosas siempre vuelven, como un boomerang.
Por eso, no devolvamos mal por mal, a lo sumo, no devolvamos nada porque nada pueden hacernos los hombres pues hemos puesto nuestra confianza en nuestro Dios y Señor, y Él todo lo que nos ocurra lo usará para nuestro bien, y cuanto más nos acerquemos a vivir el Evangelio más Gracias tendremos para superar cualquier obstáculo que nos quiera alejar del Bien, de la paz y del amor.

domingo, 14 de junio de 2026

Somos un reino sacerdotal y santo

"Ahora, pues, si de veras me obedecéis y guardáis mi alianza, seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra. Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa”».
Esta es la promesa que Dios le hizo al Pueblo de Israel por medio de Moisés, de la cual, también nosotros, somos herederos, y más aún, por que Jesús nos lo recordó y le dio mayor energía: "sed santos porque vuestro Padre celestial es santo, sed perfectos porque vuestro Padre celestial es perfecto", y por eso, cuando recibimos el agua bautismal, y, sobre todo, cuando tomamos conciencia y decidimos seguir a Cristo, es cuando tenemos la misión de hacer realidad esta promesa y esta exigencia del Evangelio: la santidad para nuestra vida.
Claro que no es sólo una obligación evangélica sino que es también una misión, porque nuestra vida, siendo un "reino de sacerdotes" es de llevar el Evangelio a todas las gentes:
"A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:
«No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel.
Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis».
Esos doce comenzaron la misión que llegó hasta nosotros y somos nosotros, ahora y en todo tiempo, quienes debemos continuar con esa misión. Para algunos será la excusa "pero eso lo dijo para los apóstoles, los sacerdotes, los religiosos", pues no, se lo dijo a los apóstoles porque tenía esos doce como los elegidos y a los que había instruido, pero después, por la Gracia del Espíritu, el día de nuestro bautismo, nos ungió a todos con un sacerdocio real que nos invita a seguir cumpliendo la misma misión.
No tendremos el poder de hacer milagros como ellos, no podremos ser todos sacerdotes en el orden ministerial, pero todos somos parte de un pueblo misionero que lleva la Palabra de Dios en el corazón y la transmite con alegría porque sabe que esa Palabra es el Camino Verdadero a la Vida.

sábado, 13 de junio de 2026

Conservaba las cosas en el corazón

"Él les contestó:
«¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?».
Pero ellos no comprendieron lo que le dijo.
Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos.
Su madre conservaba todo esto en su corazón".
Tanto san José como María nos enseñan varias cosas a partir de esta escena. Primero que no siempre se comprenderán las actitudes o manera de actuar de Dios, algo que siempre queremos saber y comprender y suenan en nuestras cabezas y corazones las famosas preguntas del ¿por qué esto? ¿por qué aquello? Y casi nunca obtenemos respuestas. Seguramente ellos sabían quién era Jesús y qué podría significar la respuesta "debo estar en las cosas de mi Padre", pero hay momentos en que estamos tan metidos en una situación, ellos en este caso estaban preocupados porque Él se había perdido y eso oscurecía su corazón.
Nosotros, muchas veces, estamos tan preocupados o angustiados por tal o cual asunto que nos olvidamos de lo aprendido hasta, incluso, que nos olvidamos de rezar porque no nos sale nada del corazón, ni de la mente. Y, aunque no comprendieron, igualmente, volvieron al camino y siguieron rumbo a su casa, a seguir viviendo juntos y unidos al Señor.
Y ahí está lo hermoso que nos enseña María (y seguramente también lo haya vivido José) de guardar esos momentos en el corazón, de tener paciencia y confianza en Dios porque no todo puede ser comprendido o entendido en el momento que sucede, sino que hay que llevarlo al corazón, y en el silencio y la calma ponerlo en oración para que el Espíritu ayude a comprender, y, sobre todo a hacer que aquello que en un momento nos preocupaba se transforme, por la Gracia del Espíritu, en sabiduría de vida, pues todo lo que sucede es por y para algo aunque en el momento no lo entendamos o no queramos vivirlo, pero sabemos que el Padre, en el momento oportuno nos lo hará comprender y sacaremos de todo lo sucedido fortaleza para seguir adelante, confiando en el Amor del Padre.

viernes, 12 de junio de 2026

Sagrado Corazón

San Juan Pablo II, papa (s. XX)

Con ocasión de la fiesta del Sagrado Corazón y del recuerdo de la consagración del género humano realizada hace cien años por el Papa León XIII, me uno mediante la oración al itinerario espiritual de todos los peregrinos y de cuantos hacen hoy un acto de consagración al Sagrado Corazón.
Siguiendo el ejemplo de San Juan Eudes, que nos enseñó a contemplar a Jesús, el Corazón de los corazones, en el corazón de María, el culto al Sagrado Corazón se difundió especialmente gracias a Santa Margarita María de Alacoque. León XIII pidió al Señor que fuera Rey no solo de los fieles, sino también de quienes lo han abandonado o aún no lo conocen, suplicándole que los conduzca a la verdad y a Aquel que es la vida. En la encíclica Annum sacrum expresó su compasión por los hombres alejados de Dios y su deseo de encomendarlos a Cristo redentor.
La Iglesia contempla sin cesar el amor de Dios, manifestado de forma sublime en el Calvario y hecho sacramentalmente presente en cada Eucaristía. Como escribió San Alfonso María de Ligorio: «Del Corazón amorosísimo de Jesús proceden todos los sacramentos, y especialmente el mayor de todos, el sacramento del amor». Cristo es una hoguera ardiente de amor que invita y tranquiliza: «Venid a mí (...) que soy manso y humilde de corazón».
El Corazón del Verbo encarnado es el signo del amor por excelencia. Por eso he destacado personalmente la importancia de penetrar el misterio de este Corazón rebosante de amor a los hombres, que contiene un mensaje extraordinariamente actual. Como escribió San Claudio de La Colombière: «He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres, que no ha escatimado nada con tal de agotarse y consumirse para testimoniar su amor».