Sermón de Santo Tomás de Villanueva, obispo
Nuestro Redentor, viendo la excelencia de las almas y el precio de su propia sangre, no quiso dejar el cuidado de los hombres, que tantos sufrimientos le causaron, al solo cuidado de nuestra prudencia, sino que quiere actuar con nosotros. Por eso, dio a los fieles unos pastores, revistiéndolos de unos méritos que no tenían: entre ellos me encuentro yo, sostenido en mi indignidad por su infinita misericordia.
Cuatro son las condiciones que debe reunir el buen pastor. En primer lugar, el amor: fue precisamente la caridad la única virtud que el Señor exigió a Pedro para entregarle el cuidado de su rebaño. Luego, la vigilancia, para estar atento a las necesidades de las ovejas. En tercer lugar, la doctrina, con el fin de poder alimentar a los hombres, hasta llevarlos a la salvación. Y, finalmente, la santidad e integridad de vida. Ésta es la principal de las virtudes. En efecto, un prelado, por su inocencia, debe tratar con los justos y con los pecadores, aumentando con sus oraciones la santidad de unos y solicitando con lágrimas el perdón de los otros.
En cualquier caso, por los frutos se descubrirán siempre las condiciones indispensables del buen pastor.
El Sermón en la montaña
sábado, 10 de octubre de 2026
Santidad e integridad de vida
viernes, 9 de octubre de 2026
Por los frutos...
No sólo tiene que lidiar con le hecho de la falta de fe del pueblo, Jesús, sino también con los que, para poder condenarlo y desacreditarlo, lo acusaban de ser un demonio o de ser discípulo de un demonio. Y eso para seguir dividiendo al pueblo, a los seguidores, para seguir sembrando cizaña entre la gente que seguía a Jesús y así poder triunfar los que vivían en la mentira y no querían reconocer la verdad.
Y, a veces, uno puede llegar a pensar... cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia.
Sí, porque vemos, muchas veces, cómo en las familias, los trabajos, las comunidades religiosas o en las parroquias, hay quienes se encargan de ir sembrando cizaña para poder ganar "poder" entre su gente, para poder desautorizar a otros que no son como yo quiero, o que me hacen sombra en mi trabajo, en mi comunidad.
Y al pensar esto sigo pensando ¿cuál ha sido el mandamiento que nos dio Jesús? O ¿qué fue lo que dijo Jesús para decirnos que somos sus discípulos? "En la medida en que se amen unos a otros el mundo reconocerá que sois discípulos míos". Y por eso, cuando vemos que alguien o uno mismo está sembrando cizaña entre los demás, cuando veo que no estoy siendo instrumento de paz, tengo que darme cuenta que no estoy siendo discípulo de Cristo, que no estoy siendo cristiano, sino que me estoy dejando llevar por el pecado que reside en mí, y cuando me dejo llevar por el pecado me estoy dejando conducir por un espíritu que no es el Santo Espíritu, sino que estoy siendo fiel al príncipe de este mundo y no al Señor de la Vida.
Así, que a tener muy en cuenta lo que sale de mi boca porque "de la abundancia del corazón hablan los labios", y si los labios no hablan de amor, si los labios no siembran paz, entonces el corazón estará lleno no de Dios sino de ... piénsalo.
jueves, 8 de octubre de 2026
Saber pedir
"¡Oh, insensatos Gálatas!
¿Quién os ha fascinado a vosotros, a cuyos ojos se presentó a Cristo crucificado?
Solo quiero que me contestéis a esto: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley o por haber escuchado con fe?
¿Tan insensatos sois? ¿Empezasteis por el Espíritu para terminar con la carne?".
Esto que san Pablo le decía a los gálatas bien nos los podría estar diciendo a cualquiera de nosotros hoy en día. Bueno, quizás no a todos, pero sí que me meto dentro de esa misma bolsa. ¿Por qué? Porque no siempre vivimos según el Espíritu, según nuestro ser cristiano, porque nos dejamos convencer por las cosas del mundo y nos pervertimos por tonterías sin ponernos a pensar un momento qué estamos perdiendo y qué estamos ganando.
Es cierto que muchas de las cosas que hacemos no las hacemos por maldad, ni por estar en contra de Dios, pero tampoco las hacemos pensando si están bien o mal, o si son de Dios o no, sólo las aceptamos porque todos las hacen, porque todos los dicen, porque... pero miramos más al mundo que a Dios.
Por eso, va a decir también san Pablo "no recibís porque no sabéis pedir", y ¿cómo hay que pedir? ¿qué hay que pedir? Eso nos lo dice Jesús, y no sólo porque nos dice: "pedid y recibiréis", sino porque nos dice: "si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los qu ele piden?". Por eso san Pablo nos dirá que dejemos al Espíritu Santo que pida por nosotros pues es Él quien sabe mejor que nosotros lo que necesitamos, así podremos vivir más en Dios y menos en el mundo.
miércoles, 7 de octubre de 2026
Vivir sin vivir
"Los demás judíos comenzaron a simular con él, hasta el punto de que incluso Bernabé se vio arrastrado a su simulación.
Pero cuando vi que no se comportaban correctamente, según la verdad del Evangelio, le dije a Pedro delante de todos:
«Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como los judíos, ¿cómo fuerzas a los gentiles a judaizar?».
Me gusta mucho esta carta de san Pablo porque habla sin tapujos y, sobre todo, nos hace pensar, también a nosotros.
Aquí le está cuestionando a Pedro su mala conducta frente a la gente pues no vive como tendría que vivir, y exige lo que no tendría que exigir. Tiene mucha fuerza su exhortación a Pedro y a los demás. Lo que nos hace pensar a nosotros también ¿cómo nos comportamos ante los demás? ¿Nos mostramos como somos o mentimos en nuestra forma de comportarnos como cristianos? ¿Exigimos a los demás lo que no hacemos nosotros?
Es muy difícil, lo se, en estos tiempos decir lo que cristianamente pensamos porque siempre se nos va a tildar de fuera de lugar, extremistas, retrógrados, etc., para no poner frases que no puedo decir. Y eso nos lleva a querer ocultar nuestro pensar, nuestra forma de vivir y nos hacemos uno con el resto de la gente, sin pensar que como cristianos tenemos que ser luz en medio de las tinieblas.
Nuestra vida de fe no es un bien para nosotros mismos, sino que Jesús nos llamó para ser un bien para los demás, que nuestra vida sea un testimonio de fe para que otros puedan encontrar el camino que los lleve a Dios, que los lleve a la salvación. Pero si "escondemos una vela debajo del celemín ¿a quién alumbrará?", ¿si vivimos como si no fuésemos cristianos a quién ayudaremos?
No siempre los caminos de Dios son fáciles de recorrer, pero en todo momento estará con nosotros y aunque todo se ponga oscura y tenebroso, siempre tendremos su Luz para iluminar y su Espíritu para ser fuertes ante lo que se nos pida vivir.
martes, 6 de octubre de 2026
El mundo no se detiene
«Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».
Como una madre que siempre nos recuerda las mismas cosas así, también, obra el Señor con nosotros. Y como hijos que no quieren escuchar, así también obramos nosotros. Porque no siempre escuchamos las sugerencias de nuestros padres cuando nos repiten las mismas cosas ¿por qué siempre nos dirán lo mismo? Seguramente porque. nos aman tanto y conocen nuestra hechura que saben que podemos llegar a olvidarnos, siempre, de lo mismo.
Y de este párrafo del evangelio yo siempre saco dos cosas para pensar: el ocio personal, y el ocio espiritual o si queréis el estar en Dios de diferentes maneras. Digo dos formas de ocio porque es lo que necesitamos y más en estos tiempos donde estamos, siempre, corriendo de un lado para otro como si el mundo se fuera a terminar si no hago todo lo que veo que hay que hacer, y, como Marta, dejo de lado lo más importante para mi vida.
Y, lo peor del caso, es que ese modo de andar corriendo que tenemos los adultos, de un lado para otro, y con mil trabajos y ocupaciones, lo trasladamos a los niños que ya no tienen, casi, ni tiempo para ser niños porque, también, andas corriendo del colegio a las extraescolares, de una a otra.
¿Qué nos pasa? ¿Duele tanto encontrarse a sí mismo en momentos de silencio y de ocio? ¿Ya no sabemos qué hacer si tenemos un momento de tiempo libre? Necesitamos tomarnos nuestros tiempos de descanso, pero descanso en serio, de poder estar piernas arriba en el sofá sin pensar en nada o leyendo algo que nos ayude a frenar nuestra cabeza, cuerpo y espíritu. Y, además, así aprendemos a descansar en Dios, porque si no lo aprendemos en la rutina diaria ¿cómo hacemos para hacer silencio ante Dios? ¿Cómo hacemos para estar a los pies del Señor como María y disfrutar de sus Palabras, consuelos, recibir su Gracia y fortaleza?
No tenemos que tener miedo a andar más despacio, a hacer silencio, a pensar en lo que Dios quiere para mí, a intentar meditar su Palabra y descubrir Su Voluntad para mi vida. Frenemos nuestro mundo y busquemos un ratito de cielo en nuestro día a día para que ese cielo nos ayude a vivir más en Dios, para que Dios viva más en nuestro mundo.
domingo, 4 de octubre de 2026
Saber guardar silencio
Regla de San Gregorio Magno
El pastor debe saber guardar silencio con discreción y hablar cuando es útil, de tal modo que nunca diga lo que se debe callar ni deje de decir aquello que hay que manifestar. Porque, así como el hablar indiscreto lleva al error, así el silencio imprudente deja en su error a quienes pudieran haber sido adoctrinados. Porque, con frecuencia, acontece que hay algunos prelados poco prudentes, que no se atreven a hablar con libertad por miedo de perder la estima de sus súbditos; con ello, como lo dice la Verdad, no cuidan a su grey con el interés de un verdadero pastor, sino a la manera de un mercenario, pues callar y disimular los defectos es lo mismo que huir cuando se acerca el lobo.
Por eso, el Señor reprende a estos prelados, llamándoles, por boca del profeta: Perros mudos, incapaces de ladrar. Y también dice de ellos en otro lugar: No acudieron a la brecha ni levantaron cerco en torno a la casa de Israel, para que resistiera en la batalla, el día del Señor. Acudir a la brecha significa aquí oponerse a los grandes de este mundo, hablando con entera libertad para defender a la grey; y resistir en la batalla el día del Señor es lo mismo que luchar por amor a la justicia contra los malos que acechan.
¿Y qué otra cosa significa no atreverse el pastor a predicar la verdad, sino huir, volviendo la espalda, cuando se presenta el enemigo? Porque si el pastor sale en defensa de la grey es como si en realidad levantara cerco en torno a la casa de Israel. Por eso, en otro lugar, se dice al pueblo delincuente: Tus profetas te ofrecían visiones falsas y engañosas, y no te denunciaban tus culpas para cambiar tu suerte. Pues hay que tener presente que en la Escritura se da algunas veces el nombre de profeta a aquellos que, al recordar al pueblo cuán caducas son las cosas presentes, le anuncian ya las realidades futuras. Aquellos, en cambio, a quienes la palabra de Dios acusa de predicar cosas falsas y engañosas son los que, temiendo denunciar los pecados, halagan a los culpables con falsas seguridades y, en lugar de manifestarles sus culpas, enmudecen ante ellos.
Porque la reprensión es la llave con que se abren semejantes postemas: ella hace que se descubran muchas culpas que desconocen a veces incluso los mismos que las cometieron. Por eso, san Pablo dice que el obispo debe ser capaz de predicar una enseñanza sana y de rebatir a los adversarios. Y, de manera semejante, afirma Malaquías: Labios sacerdotales han de guardar el saber, y en su boca se busca la doctrina, porque es mensajero del Señor de los ejércitos. Y también dice el Señor por boca de Isaías: Grita a plena voz, sin cesar, alza la voz como una trompeta.
Quien quiera, pues, que se llega al sacerdocio recibe el oficio de pregonero, para ir dando voces antes de la venida del riguroso juez que ya se acerca. Pero, si el sacerdote no predica, ¿por ventura no será semejante a un pregonero mudo? Por esta razón, el Espíritu Santo quiso asentarse, ya desde el principio, en forma de lenguas sobre los pastores; así daba a entender que de inmediato hacía predicadores de sí mismo a aquellos sobre los cuales había descendido.
sábado, 3 de octubre de 2026
Combate el buen combate
Del libro de san Gregorio de Nisa, obispo, Sobre la conducta cristiana
El que es de Cristo es una creatura nueva: lo antiguo ha pasado. Sabemos que se llama nueva creatura a la inhabitación del Espíritu Santo en el corazón puro y sin mancha, libre de toda culpa, de toda maldad y de todo pecado. Pues cuando la voluntad detesta el pecado y se entrega, según sus posibilidades, a la prosecución de las virtudes, viviendo la misma vida del Espíritu, acoge en sí la gracia y queda totalmente renovada y restaurada. Por ello se dice: Tirad fuera la levadura vieja para ser masa nueva; y también aquello otro: Celebremos nuestra fiesta no con la vieja levadura, sino con los panes ázimos de pureza y verdad. Todo esto concuerda muy bien con lo que hemos dicho más arriba sobre la nueva creatura.
Ahora bien, el enemigo de nuestra alma tiende muchas trampas ante nuestros pasos y la naturaleza humana es, de por sí, demasiado débil para conseguir la victoria sobre este enemigo. Por ello el Apóstol quiere que nos revistamos con armas celestiales: Ceñidos con el cinturón de la verdad, revestidos con la coraza de la justicia —dice— y calzados los pies con el celo por el Evangelio de la paz. ¿Te das cuenta de cuántos son los instrumentos de salvación indicados por el Apóstol? Todos ellos nos ayudan a caminar por una única senda y nos conducen a una sola meta. Con ellos se avanza fácilmente por aquel camino de vida que lleva al perfecto cumplimiento de los preceptos divinos. El mismo Apóstol dice también en otro lugar: Corramos con firmeza y constancia la carrera para nosotros preparada; llevemos los ojos fijos en Jesús, caudillo y consumador de la fe.
Por ello es necesario que quien desprecia las grandezas de este mundo y renuncia a su gloria vana renuncie también a su propia vida. Renunciar a la propia vida significa no buscar nunca la propia voluntad, sino la voluntad de Dios y hacer del querer divino la norma única de la propia conducta; significa también renunciar al deseo de poseer cualquier cosa que no sea necesaria o común. Quien así obra se encontrará más libre y dispuesto para hacer lo que le manden los superiores, realizándolo prontamente con alegría y con esperanza, como corresponde a un servidor de Cristo, redimido para el bien de sus hermanos. Esto es precisamente lo que desea también el Señor, cuando dice: El que quiera ser el mayor que sea vuestro servidor, y el que quiera ser el primero que sea esclavo de todos.