jueves, 26 de febrero de 2026

Lo que hemos recibido

En aquellos días, la reina Ester, presa de un temor mortal, se refugió en el Señor
Y se postró en tierra con sus doncellas desde la mañana a la tarde, diciendo:
«¡Bendito seas, Dios de Abrahán, Dios de Isaac y Dios de Jacob! Ven en mi ayuda, que estoy sola y no tengo otro socorro fuera de ti, Señor, porque me acecha un gran peligro.
Yo he escuchado en los libros de mis antepasados, Señor, que tú libras siempre a los que cumplen tu voluntad. Ahora, Señor, Dios mío, ayúdame, que estoy sola y no tengo a nadie fuera de ti".
Siempre me llamó la atención y me gustó mucho esta oración de la reina Ester porque habla de confianza, y no de una confianza que ella pueda tener en su Dios, sino porque ha escuchado lo que sus antepasados decían.
A pesar de que muchas veces nos neguemos a creer o que, por alguna causa, nos hayamos alejado de Dios, siempre queda en nosotros lo que otros nos han transmitido, y, seguramente, lo que Dios ha dejado inscrito en nuestro corazón cuando nos creó.
Hay, en el hombre, una necesidad de lo absoluto, de lo trascendente, que para nosotros es Dios, pero para algunos tiene otro nombre. Pero cuando, como se dice habitualmente, "el agua nos llega al cuello" levantamos la mirada hacia lo eterno y buscamos la ayuda en el Cielo.
Es algo que, aunque no lo queramos reconocer, todos lo necesitamos en un momento u otro, por eso los que creemos y tenemos una confianza cierta en nuestro Padre Dios no tenemos que dejar de testimoniar su Amor, y nuestra Esperanza en Él, pues de alguna forma esas palabras, ese testimonio, aunque sea leve o pobre, quedará en el corazón de alguien que, más adelante, lo pueda necesitar.
No siempre tendremos las palabras justas, ni sabremos transmitir lo que vivimos, pero no hacen falta las palabras cuando se ama profundamente, porque el amor se nota en el aire y se ve en nuestra forma de vida. Profundizar en ese Amor, en esa relación con el Señor nos permitirá dejar que Él se manifiesta a través de nuestra vida sin que nosotros hagamos el esfuerzo de darlo a conocer, porque Él tiene caminos que nosotros no comprendemos y puede hablar hasta por las piedras del camino.
A nosotros nos pide que permanezcamos unidos en el Amor para que el Amor se manifieste a través de nuestra vida, aunque, como lo dice la reina Ester todos nos dejen solos y nos quedemos solos frente al León.

miércoles, 25 de febrero de 2026

Jonás figura de Cristo

 San Pedro Crisólogo (s. V)

Toda la historia de Jonás es como una prefiguración perfecta del Salvador. Jonás descendió a Joppe para subirse a un barco con destino a Tarsis; el Señor descendió del cielo a la tierra, la divinidad hacia la humanidad, el sumo poder descendió hasta nuestra miseria, para embarcarse en el buque de su Iglesia.
Jonás mismo es quien toma la iniciativa de tirarse al mar: «Tómame, dice, échame al mar»; anuncia así la Pasión voluntaria del Señor. Cuando la salvación de una multitud depende de la muerte de uno sólo, esta muerte está en las manos de este hombre que puede libremente retrasarla o, al contrario adelantarla para evitar el peligro. Todo el misterio del Señor está prefigurado aquí. Para él la muerte no es una necesidad; depende de su libre elección. Escúchalo: «Tengo el poder de entregar mi vida, y tengo el poder de retenerla: no me la quitan» (Jn 10, 18).
He aquí, que sale de las profundidades del mar un monstruo, un gran pez se acerca que tiene que cumplir y manifestar la resurrección del Señor, o mejor dicho, engendrar este misterio. He aquí un monstruo, imagen terrorífica del infierno, que con sus fauces abiertas se lanza sobre el profeta, saborea y asimila el poder de su creador, y devorándolo come su propia incapacidad de engullir ya nunca más a nadie. La estancia en sus entrañas prepara la estancia del visitante de arriba: así, lo que había sido causa de desdicha se transforma en embarcación inconcebible de una travesía necesaria, guardando a su pasajero. Y después de tres días lo devuelve a la luz, para darlo a los paganos. Este es el signo, el único signo, que Cristo consintió dar a los escribas y en Fariseos (Mt 12, 39), con el fin de darles a entender que la gloria que ellos mismos esperaban de Cristo iba a volverse también hacia los paganos: Los Ninivitas son el símbolo de las naciones que creyeron en él ¡Qué felicidad para nosotros, hermanos! Lo que ha sido anunciado y prometido simbólicamente, es en realidad y con toda verdad, lo que veneramos, lo que vemos y poseemos.
Por la maldad de sus enemigos, Cristo fue sumergido en las profundidades del caos del infierno; durante tres días ha recorrido todos sus rincones (1 P 3, 19) . Y cuando resucitó manifestó la crueldad de sus enemigos, la propia grandeza y su triunfo sobre la muerte.
Será, pues, justo que los habitantes de Nínive se levantaran el día del juicio para condenar a esta generación, porque ellos se convirtieron por la proclamación de un solo profeta naufragado, extranjero, desconocido, mientras que la gente de esta generación, después de tantas obras admirables y prodigios, con todo el esplendor de la resurrección, no llegaron a acoger la fe ni se convirtieron. Han rechazado creer en el signo mismo de la resurrección.

martes, 24 de febrero de 2026

Ofendido y ofensor

"Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas».
No sólo que a veces no sabemos perdonar, sino, también, que no sabemos pedir perdón, y, por otro lado, no sabemos tomar conciencia de que hemos ofendido. Muchos creen que sólo por decir la verdad no ofendemos, y, en muchos casos, diciendo la verdad ofendemos al hermano, porque lo que creemos que es verdad es nuestra verdad y no la verdad del otro. Y, en ese tema tenemos que ponernos a pensar y reflexionar, porque creemos que estamos actuando bien y no lo estamos haciendo.
También es cierto que, para muchos, es fácil decir "te perdono" o "perdoname", pero en el fondo del corazón no hay tal cuestión porque sigue la cosa dando vueltas y vueltas, y termina siendo un dolor que queda guardado y se va convirtiendo en rencor. O, simplemente, me quedo con que ya lo dije pero no hay una conversión sincera de haber reconocido la falta, de haber modificado mi conducta anterior.
Las ofensas tienen tantas caras y se manifiestan de tantas manera que no siempre lo tenemos en cuenta, porque, incluso, hasta el silencio es, muchas veces, una ofensa porque he dejado de hablarle, porque he dejado de escucharle, porque no he respondido a lo que me han dicho, etc.
Todo depende de cuánto amor hay en el corazón de cada uno, porque sólo por amor puedo perdonar a quien me ha ofendido, sólo por amor puedo no ofender a mi hermano, sólo por amor puedo antes de asegurar una verdad de ir a mi hermano y hablar con él sobre tal o cual cosa. Sólo por amor puedo en una conversación personal y privada consultar, preguntar, acompañar.
A veces, el temperamento, el genio, los impulsos, la situación del momento, etc., son excusas para decir lo primero que me sale de la boca y por eso mismo creo que está bien porque "siempre digo lo que pienso", pero quien te dice que lo que pienses está bien, o simplemente ¿lo has dicho por amor al otro? ¿lo has dicho de un modo que has herido a tu hermano?
Tengamos cuidado con nuestras formas, nuestros modos, nuestra lengua, y, sobre todo pidamos siempre la gracia para poder pedir perdón de corazón y saber perdonar de corazón, pues de ese mismo modo el Señor nos perdonará a nosotros.

lunes, 23 de febrero de 2026

Santidad en el Amor

El Señor habló así a Moisés:
«Di a la comunidad de los hijos de Israel:
"Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo. No robaréis ni defraudaréis ni os engañaréis unos a otros. No juraréis en falso por mi nombre, profanando el nombre de tu Dios. Yo soy el Señor".
Y Jesús nos lo repitió:
"Sed santos porque vuestro Padre celestial es santo".
Y ¿Cómo ser santos? ¿Cuál es el camino?
"Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme."
La medida de la santidad es el Amor, el amor que vivimos en el día a día, el amor que se hace parte de nuestra vida porque el Amor nos ha dado la vida. Pero no es el amor un trabajo que tenemos que dominar, sino que es una acción que nos tiene que salir casi naturalmente porque nuestro corazón está lleno de Su Amor y no del nuestro.
Nuestro amor es débil, está infectado por el pecado y la concupiscencia está en él y siempre está buscando algo que le aproveche y todo tiene que tener una ganancia o una devolución.
Por eso, Jesús, nos decía:
"Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto".
Éste es el Camino perfecto para un cristiano, y el más difícil si lo queremos hacer desde nuestras fuerzas, por eso necesitamos alimentarnos de Su Vida, que es Vida de Amor, para poder amar como Dios.

domingo, 22 de febrero de 2026

Respondiendo a las tentaciones

Ya sabemos que siempre estaremos tentados en muchos aspectos de nuestra vida y en todo momento del día, la tentación, se podría decir que forma parte de nuestra vida, de nuestro día a día. Por eso quería que nos pongamos a pensar no en las tentaciones sino en las respuestas que da Jesús a las tentaciones de satanás:
«Está escrito: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».
Es cierto que, literalmente, habla del alimento, del hambre natural y humano, pero Jesús le responde desde el alimento espiritual que, para muchos, no es tan necesario como el otro. Y el es alimento que, generalmente, dejamos de lado porque no tenemos tiempo, porque estamos cansados, porque esto, porque lo otro. Incluso los que deberíamos ser más conscientes de que necesitamos del alimento espiritual lo dejamos de lado por diferentes razones, pero ninguna justificada. La vida espiritual (la oración, la reflexión de la Palabra, la confesión, la Eucaristía) es esencial para nuestra vida cotidiana.
«También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».
Cuando dejamos de lado la vida espiritual lo que nos nace son las necesidades terrenales, y es ahí cuando comenzamos a tentar a Dios porque pretendemos que el Señor nos siga sosteniendo cuando nosotros no recurrimos a Él. O, mejor dicho, recurrimos a Él para exigirle cosas que nosotros no estamos dando ni viviendo. Sólo por el hecho de no "buscar" la Gracia por los caminos ordinarios estamos tentando a Dios para que nos fortalezca, nos de esperanza, alegría, etc., sin dar nosotros o hacer nada para poder alcanzar los frutos de la vida entregada a la Voluntad de Dios.
«Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».
Y aquí es donde tenemos que tener más cuidado, porque no es solamente estar sentado frente al Santísimo Sacramento, sino dejar que el Señor me hable, me cuestione, y me deje cuestionar y así poder convertirme en verdadero discípulo del Señor. Porque si sólo me quedo mirando y no dejo que el transforme mi corazón, entonces la adoración es sólo un acto más de nuestro fariseísmo pues nos sentamos para adorarlo pero en realidad vivimos según la voluntad del mundo.

sábado, 21 de febrero de 2026

Seré un fariseo más?

"Jesús les respondió:
«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan».
Todos aquellos que se creían justos y que cuestionaban y criticaban a Jesús fueron los que se quedaron fuera del Reino, son los que se quedan fuera de Su Gracia y de su Espíritu. Porque ellos al no creer que no necesitan ser sanados, salvados o convertidos se pierden el gozo de recibir la Gracia de la Reconciliación y la fuerza del Espíritu. Pero, además, se pierden del gozo de estar en la Presencia del Señor, de recibir Su Palabra, Su Consuelo, Su Fortaleza.
A veces nos creemos tan sanos que obviamos los signos que nos va dando el cuerpo y dejamos pasar de ir a la consulta del médico porque "no nos pasa nada", sin embargo, han habido ciertos signos y sensaciones que nos hablan de que debemos ir y cuando vamos, muchas veces, ya es tarde.
Así también nos pasa con el espíritu nos creemos tan justos, tan santos que no necesitamos, no de Dios, sino de los hermanos, y por eso nos elevamos de nuestra condición y, como los fariseos, nos dedicamos a criticar y a juzgar a los demás porque no son tan buenos como nosotros.
Así nos dice el Señor por medio de Isaías:
«Cuando alejes de ti la opresión, el dedo acusador y la calumnia, cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo y sacies el alma afligida, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía.
El Señor te guiará siempre, hartará tu alma en tierra abrasada, dará vigor a tus huesos.
Serás un huerto bien regado, un manantial de aguas que no engañan".
Pero no siempre nos damos cuenta que estamos oprimiendo al débil, al hermano, que estamos acusando y calumniando al hermano y lo hacemos convencido que decimos la verdad porque me lo dijeron, porque lo escuché, por que... Y ¿Dios que te ha pedido con tu hermano? ¿Es de Dios lo que estás haciendo?
Este tiempo de silencio interior, de ayunos y abstinencias, de oraciones cuaresmales es el tiempo de descubrir que estoy haciendo lo mismo que los fariseos y por eso no estoy tan cerca del Señor como creía, sino que me he puesto en su lugar y debo encontrar el momento de descubrirme frente a Él y encontrar el gusto del arrepentimiento y el pedido de perdón.

viernes, 20 de febrero de 2026

Ayuno y abstinencia

Hoy, viernes de cuaresma, como es costumbre en la Iglesia vamos pensando en los ayunos y las abstinencias (de carne o alcohol) para hacer sacrificio y así preparar el corazón para la Semana Santa. Pero vemos que Dios nos dice:
"¿Para qué ayunar, si no haces caso; mortificarnos, si no te enteras?"
En realidad, el día de ayuno hacéis vuestros negocios y apremiáis a vuestros servidores; ayunáis para querellas y litigios, y herís con furibundos puñetazos.
No ayunéis de este modo, si queréis que se oiga vuestra voz en el cielo".
A veces nos conformamos con algunos ritos externos que nos hacen creer que lo estamos haciendo bien, y, en realidad, estamos sólo cumpliendo con un rito que, en el fondo, no modifica nuestra conducta frente a Dios ni con los hermanos.
Que el ayuno y la abstinencia son sacrificios verdaderos, pero tienen que llegar al corazón, hacer que nuestro corazón se arrepienta, verdaderamente, del pecado cometido, tanto de acción como de omisión. Porque sino sólo se queda un algo que hago pero que no tiene el efecto que el Señor quiere.
Por eso, nuestro Papa León nos decía en la carta que nos envió para esta Cuaresma:
"Por eso, me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz".
Y no es esto o lo otro, sino que el ayuno y la abstinencia nos sirva para este ayuno profundo de liberarnos de lo que llevamos en el corazón y daña nuestra relación con Dios y con los hermanos.