San Pablo VI, papa
De la exhortación apostólica Marialis cultus
La piedad de la Iglesia hacia la santísima Virgen María es un elemento intrínseco del culto cristiano. La veneración que la Iglesia ha dado a la Madre del Señor en todo tiempo y lugar -desde el saludo y la bendición de Dios hasta las expresiones de alabanza y súplica de nuestro tiempo- constituye un sólido testimonio de que la lex orandi de la Iglesia es una invitación a reavivar en las conciencias su lex credendi. Y viceversa: la lex credendi de la Iglesia requiere que por todas partes florezca lozana su lex orandi en relación con la Madre de Cristo. Culto a la Virgen de raíces profundas en la palabra revelada de sólidos fundamentos dogmáticos.
La misión maternal de la Virgen empuja al pueblo de Dios a dirigirse con filial confianza a aquella que está siempre dispuesta a acoger sus peticiones con afecto de madre y con eficaz ayuda de auxiliadora; por eso los cristianos la invocan desde antiguo como «Consoladora de los afligidos», «Salud de los enfermos», «Refugio de los pecadores», para obtener consuelo en la tribulación, alivio en la enfermedad, fuerza liberadora de la esclavitud del pecado; porque ella, libre de toda mancha de pecado, conduce a sus hijos a vencer con enérgica determinación el pecado. Y, hay que afirmarlo una y otra vez, esta liberación del mal y de la esclavitud del pecado es la condición previa y necesaria para toda renovación de las costumbres cristianas.
La santidad ejemplar de la Virgen mueve a los fieles a levantar los ojos hacia María, «que brilla ante toda la comunidad de los elegidos como modelo de virtudes». Virtudes sólidas, evangélicas: la fe y la dócil aceptación de la palabra de Dios; la obediencia generosa; la humildad sincera; la caridad solícita; la sabiduría reflexiva; la piedad hacia Dios, pronta al cumplimiento de los deberes religiosos, agradecida por los bienes recibidos, que ofrece en el templo, que ora en la comunidad apostólica; la fortaleza en el destierro, en el sufrimiento; la pobreza llevada con dignidad y confianza en el Señor; el vigilante cuidado hacia el Hijo desde la humildad de la cuna hasta la ignominia de la cruz; la delicadeza previsora; la castidad virginal; el fuerte y casto amor conyugal. De estas virtudes de la Madre se adornarán los hijos que con tenaz propósito contemplan sus ejemplos para reproducirlos en la propia vida. Y tal progreso en la virtud aparecerá como consecuencia y fruto maduro de aquella eficacia pastoral que brota del culto tributado a la Virgen.
El Sermón en la montaña
lunes, 12 de octubre de 2026
Sobre la piedad mariana
domingo, 11 de octubre de 2026
La invitación al Banquete
Muchas veces encontramos, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, la figura del Banquete de Bodas para hacernos pensar en el amor de Dios hacia su Pueblo, hacia el hombre, pues es un amor de alianza, un amor esponsalicio. Por eso, cuando en esta parábola de Jesús nos habla de que ya está preparado el banquete de la boda de su Hijo, nos está hablando, por un lado, de que todo está preparado para la consumación de la Nueva Alianza, una Alianza que será sellada con la Sangre del Hijo, y en la que todos estamos llamados a participar.
Ese Banquete de la Alianza es el que celebramos y vivimos todos los días en la Santa Misa. Sí, todos los días el Padre nos llama a participar del Banquete Celestial de la Boda de Su Unigénito, un Banquete en el que nos alimenta con Su Palabra y con Su Propia Vida (la Eucaristía)
Él sigue llamando a todos, pero no todos responden, y, finalmente no todos son elegidos para participar.
Llama a todos porque la Salvación que el Padre nos dio por medio de Su Hijo, es para todos los hombres de todos los tiempos, desde Adán hasta el último del final de los tiempos. Pero, como vemos habitualmente, y más en los tiempos que vivimos, muchos tienen excusas para no aceptar la invitación. Excusas porque siempre hay tiempo para todo pero nunca para las cosas del espíritu y vamos perdiendo la relación con Dios y con nosotros mismos. Y otros ya no ponen excusas sino que "matan" a Dios en el espíritu y se quedan tan airosos proclamando su no-existencia.
Y, finalmente, está esa imagen que nos sorprende que nos da Jesús, la del invitado que fue expulsado por no tenía el traje de boda. ¿Qué significa? A veces nos encontramos con quienes se creen dueños de todo y por eso creen que pueden participar sin prepararse, simplemente porque tienen el derecho de hacerlo, y, por eso mismo quieren participar del Banquete sin tener en cuenta las formas y las obligaciones que eso genera en la persona. El vestido de bodas no es la ropa que nos ponemos para ir a algún lado, sino la preparación interior que nos reviste de un buen estado de Gracia para encontrarnos y comulgar con el Esposo de la Boda.
sábado, 10 de octubre de 2026
Santidad e integridad de vida
Sermón de Santo Tomás de Villanueva, obispo
Nuestro Redentor, viendo la excelencia de las almas y el precio de su propia sangre, no quiso dejar el cuidado de los hombres, que tantos sufrimientos le causaron, al solo cuidado de nuestra prudencia, sino que quiere actuar con nosotros. Por eso, dio a los fieles unos pastores, revistiéndolos de unos méritos que no tenían: entre ellos me encuentro yo, sostenido en mi indignidad por su infinita misericordia.
Cuatro son las condiciones que debe reunir el buen pastor. En primer lugar, el amor: fue precisamente la caridad la única virtud que el Señor exigió a Pedro para entregarle el cuidado de su rebaño. Luego, la vigilancia, para estar atento a las necesidades de las ovejas. En tercer lugar, la doctrina, con el fin de poder alimentar a los hombres, hasta llevarlos a la salvación. Y, finalmente, la santidad e integridad de vida. Ésta es la principal de las virtudes. En efecto, un prelado, por su inocencia, debe tratar con los justos y con los pecadores, aumentando con sus oraciones la santidad de unos y solicitando con lágrimas el perdón de los otros.
En cualquier caso, por los frutos se descubrirán siempre las condiciones indispensables del buen pastor.
viernes, 9 de octubre de 2026
Por los frutos...
No sólo tiene que lidiar con le hecho de la falta de fe del pueblo, Jesús, sino también con los que, para poder condenarlo y desacreditarlo, lo acusaban de ser un demonio o de ser discípulo de un demonio. Y eso para seguir dividiendo al pueblo, a los seguidores, para seguir sembrando cizaña entre la gente que seguía a Jesús y así poder triunfar los que vivían en la mentira y no querían reconocer la verdad.
Y, a veces, uno puede llegar a pensar... cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia.
Sí, porque vemos, muchas veces, cómo en las familias, los trabajos, las comunidades religiosas o en las parroquias, hay quienes se encargan de ir sembrando cizaña para poder ganar "poder" entre su gente, para poder desautorizar a otros que no son como yo quiero, o que me hacen sombra en mi trabajo, en mi comunidad.
Y al pensar esto sigo pensando ¿cuál ha sido el mandamiento que nos dio Jesús? O ¿qué fue lo que dijo Jesús para decirnos que somos sus discípulos? "En la medida en que se amen unos a otros el mundo reconocerá que sois discípulos míos". Y por eso, cuando vemos que alguien o uno mismo está sembrando cizaña entre los demás, cuando veo que no estoy siendo instrumento de paz, tengo que darme cuenta que no estoy siendo discípulo de Cristo, que no estoy siendo cristiano, sino que me estoy dejando llevar por el pecado que reside en mí, y cuando me dejo llevar por el pecado me estoy dejando conducir por un espíritu que no es el Santo Espíritu, sino que estoy siendo fiel al príncipe de este mundo y no al Señor de la Vida.
Así, que a tener muy en cuenta lo que sale de mi boca porque "de la abundancia del corazón hablan los labios", y si los labios no hablan de amor, si los labios no siembran paz, entonces el corazón estará lleno no de Dios sino de ... piénsalo.
jueves, 8 de octubre de 2026
Saber pedir
"¡Oh, insensatos Gálatas!
¿Quién os ha fascinado a vosotros, a cuyos ojos se presentó a Cristo crucificado?
Solo quiero que me contestéis a esto: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley o por haber escuchado con fe?
¿Tan insensatos sois? ¿Empezasteis por el Espíritu para terminar con la carne?".
Esto que san Pablo le decía a los gálatas bien nos los podría estar diciendo a cualquiera de nosotros hoy en día. Bueno, quizás no a todos, pero sí que me meto dentro de esa misma bolsa. ¿Por qué? Porque no siempre vivimos según el Espíritu, según nuestro ser cristiano, porque nos dejamos convencer por las cosas del mundo y nos pervertimos por tonterías sin ponernos a pensar un momento qué estamos perdiendo y qué estamos ganando.
Es cierto que muchas de las cosas que hacemos no las hacemos por maldad, ni por estar en contra de Dios, pero tampoco las hacemos pensando si están bien o mal, o si son de Dios o no, sólo las aceptamos porque todos las hacen, porque todos los dicen, porque... pero miramos más al mundo que a Dios.
Por eso, va a decir también san Pablo "no recibís porque no sabéis pedir", y ¿cómo hay que pedir? ¿qué hay que pedir? Eso nos lo dice Jesús, y no sólo porque nos dice: "pedid y recibiréis", sino porque nos dice: "si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los qu ele piden?". Por eso san Pablo nos dirá que dejemos al Espíritu Santo que pida por nosotros pues es Él quien sabe mejor que nosotros lo que necesitamos, así podremos vivir más en Dios y menos en el mundo.
miércoles, 7 de octubre de 2026
Vivir sin vivir
"Los demás judíos comenzaron a simular con él, hasta el punto de que incluso Bernabé se vio arrastrado a su simulación.
Pero cuando vi que no se comportaban correctamente, según la verdad del Evangelio, le dije a Pedro delante de todos:
«Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como los judíos, ¿cómo fuerzas a los gentiles a judaizar?».
Me gusta mucho esta carta de san Pablo porque habla sin tapujos y, sobre todo, nos hace pensar, también a nosotros.
Aquí le está cuestionando a Pedro su mala conducta frente a la gente pues no vive como tendría que vivir, y exige lo que no tendría que exigir. Tiene mucha fuerza su exhortación a Pedro y a los demás. Lo que nos hace pensar a nosotros también ¿cómo nos comportamos ante los demás? ¿Nos mostramos como somos o mentimos en nuestra forma de comportarnos como cristianos? ¿Exigimos a los demás lo que no hacemos nosotros?
Es muy difícil, lo se, en estos tiempos decir lo que cristianamente pensamos porque siempre se nos va a tildar de fuera de lugar, extremistas, retrógrados, etc., para no poner frases que no puedo decir. Y eso nos lleva a querer ocultar nuestro pensar, nuestra forma de vivir y nos hacemos uno con el resto de la gente, sin pensar que como cristianos tenemos que ser luz en medio de las tinieblas.
Nuestra vida de fe no es un bien para nosotros mismos, sino que Jesús nos llamó para ser un bien para los demás, que nuestra vida sea un testimonio de fe para que otros puedan encontrar el camino que los lleve a Dios, que los lleve a la salvación. Pero si "escondemos una vela debajo del celemín ¿a quién alumbrará?", ¿si vivimos como si no fuésemos cristianos a quién ayudaremos?
No siempre los caminos de Dios son fáciles de recorrer, pero en todo momento estará con nosotros y aunque todo se ponga oscura y tenebroso, siempre tendremos su Luz para iluminar y su Espíritu para ser fuertes ante lo que se nos pida vivir.
martes, 6 de octubre de 2026
El mundo no se detiene
«Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».
Como una madre que siempre nos recuerda las mismas cosas así, también, obra el Señor con nosotros. Y como hijos que no quieren escuchar, así también obramos nosotros. Porque no siempre escuchamos las sugerencias de nuestros padres cuando nos repiten las mismas cosas ¿por qué siempre nos dirán lo mismo? Seguramente porque. nos aman tanto y conocen nuestra hechura que saben que podemos llegar a olvidarnos, siempre, de lo mismo.
Y de este párrafo del evangelio yo siempre saco dos cosas para pensar: el ocio personal, y el ocio espiritual o si queréis el estar en Dios de diferentes maneras. Digo dos formas de ocio porque es lo que necesitamos y más en estos tiempos donde estamos, siempre, corriendo de un lado para otro como si el mundo se fuera a terminar si no hago todo lo que veo que hay que hacer, y, como Marta, dejo de lado lo más importante para mi vida.
Y, lo peor del caso, es que ese modo de andar corriendo que tenemos los adultos, de un lado para otro, y con mil trabajos y ocupaciones, lo trasladamos a los niños que ya no tienen, casi, ni tiempo para ser niños porque, también, andas corriendo del colegio a las extraescolares, de una a otra.
¿Qué nos pasa? ¿Duele tanto encontrarse a sí mismo en momentos de silencio y de ocio? ¿Ya no sabemos qué hacer si tenemos un momento de tiempo libre? Necesitamos tomarnos nuestros tiempos de descanso, pero descanso en serio, de poder estar piernas arriba en el sofá sin pensar en nada o leyendo algo que nos ayude a frenar nuestra cabeza, cuerpo y espíritu. Y, además, así aprendemos a descansar en Dios, porque si no lo aprendemos en la rutina diaria ¿cómo hacemos para hacer silencio ante Dios? ¿Cómo hacemos para estar a los pies del Señor como María y disfrutar de sus Palabras, consuelos, recibir su Gracia y fortaleza?
No tenemos que tener miedo a andar más despacio, a hacer silencio, a pensar en lo que Dios quiere para mí, a intentar meditar su Palabra y descubrir Su Voluntad para mi vida. Frenemos nuestro mundo y busquemos un ratito de cielo en nuestro día a día para que ese cielo nos ayude a vivir más en Dios, para que Dios viva más en nuestro mundo.