"Hermanos:
A nadie le debáis nada, más que amor mutuo; porque el que ama ha cumplido el resto de la ley. De hecho, el «no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás», y cualquiera de los otros mandamientos, se resume en esto:
«Amarás a tu prójimo como a ti mismo».
El amor no hace mal a su prójimo; por eso la plenitud de la ley es el amor".
Se podría decir que la exhortación que hace Dios por el Profeta Ezequiel y lo que nos pide Jesús en el Evangelio se sintetizan, o encuentran su respuesta en esta recomendación de san Pablo.
Cuando se ama de verdad se está atento al hermano, sea quien sea, y se intenta ayudarlo para que encuentre el Camino de la conversión, el camino de la Vida, pues cuando se ama al otro intentamos cuidarlo de sus caídas, ayudarlo a levantarse, acompañarlo en el camino de retorno al Padre.
Claro está que el amor tiene que ser verdadero hacia el otro, porque cuando uno se ama a sí mismo, fruto del egoísmo y del egocentrismo, entonces lo que voy a hacer será reprenderlo porque lo que está haciendo no me gusta a mí, o yo creo que tendría que ser de otro modo, y eso jamás ayudará a mi hermano a ser lo que Dios quiere que sea.
La corrección fraterna al hermano que se refiere Jesús es cuando veo que su vida está yendo fuera de la Voluntad de Dios, que no está viviendo conforme a los mandamientos o a los consejos evangélicos y quiero, en verdad y por amor, ayudarlo a salvar su alma.
Por eso, cuando voy a confesarme con el sacerdote, él tiene que guardar sigilo sacramental de los pecados del penitente, porque eso también entra dentro de la corrección fraterna. Debo velar para que sus errores y pecados no sean conocidos más que por el Padre del Cielo que conoce los secretos del corazón. Y esa confesión es la que sana y salva, sana porque nos da la Gracia para sanar el dolor que el pecado produce en el alma, y nos ayuda a seguir caminando hacia nuestra santidad y salvación.
Así, en la corrección fraterna entre hermanos tengo que comenzar hablando en privado para no dar a conocer los errores de mi hermano para ayudarlo a cambiar, y no comenzar por el final haciendo un chusmerío a todo el mundo de lo que yo considero sus pecados.
El Sermón en la montaña
domingo, 6 de septiembre de 2026
Corrección con amor
sábado, 5 de septiembre de 2026
Amor en acción
Relatos de la Madre Teresa de Calcuta
Hace unas semanas, dos jóvenes vinieron a nuestra casa para ofrecerme mucho dinero para dar de comer a la gente. En Calcuta damos de comer a 9 mil personas al día. Querían que el dinero se destinara para alimentar a esta gente. Les pregunté: «¿De dónde han sacado tanto dinero?». Ellos me respondieron: «Nos acabamos de casar hace dos días. Antes de la boda, decidimos que no compraríamos trajes para la ceremonia ni para la fiesta. Queremos darles a ustedes el dinero». Para un hindú de clase alta esto es un escándalo.
Muchos se quedaron totalmente sorprendidos al ver cómo una familia de ese nivel no había comprado trajes ni había organizado fiestas con motivo de la boda. Después les pregunté: «¿Por qué lo han hecho?».
Esta fue la extraña respuesta que me dieron: «Nos amamos tanto que queríamos dar algo a otros para comenzar nuestra vida en común con un sacrificio». Me impresionó mucho el constatar cómo estas personas estaban hambrientas de Dios. Una manera de manifestarse el amor mutuo era hacer ese sacrificio enorme. Estoy segura de que los occidentales no pueden entender lo que significa esto. En nuestro país, en la India, sabemos lo que significa no tener vestidos y fiestas para la boda. Sin embargo, estos dos jóvenes tuvieron el valor de comportarse así. Esto es verdaderamente un amor en acción. Y, ¿donde comienza este amor? En la propia casa. ¿Cómo comienza? Rezando juntos. Una familia que reza unida permanece unida. Y, si permanece unida, entonces se amarán unos a otros como Dios nos ama.
En una ocasión, por la tarde, un hombre vino a nuestra casa para contarnos el caso de una familia hindú de ocho hijos. No habían comido desde hacía ya varios días. Nos pedía que hiciéramos algo por ellos. De modo que tomé algo de arroz y me fui a verlos. Vi cómo brillaban los ojos de los niños a causa del hambre. La madre tomó el arroz de mis manos, lo dividió en dos partes y salió. Cuando regresó le pregunté qué había hecho con una de las dos raciones de arroz. Me respondió: «Ellos también tienen hambre». Sabía que los vecinos de la puerta de al lado, los musulmanes, tenían hambre.Quedé más sorprendida de su preocupación por los demás que por la acción en sí misma. En general, cuando sufrimos y cuando nos encontramos en una grave necesidad no pensamos en los demás. Por el contrario, esta mujer maravillosa, débil, pues no había comido desde hacía varios días, había tenido el valor de amar y de dar a los demás, tenía el valor de compartir.
Frecuentemente me preguntan cuándo terminará el hambre en el mundo. Y yo respondo: «Cuando tú y yo aprendamos a compartir». Cuanto más tenemos, menos damos. Cuanto menos tenemos, más podemos dar.
viernes, 4 de septiembre de 2026
Administradores fieles
"Hermanos:
Que la gente solo vea en nosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora, lo que se busca en los administradores es que sean fiel".
Cuando descuidamos nuestra relación con Dios, con el Padre, o con el Hijo, y, sobre todo con el Espíritu, nos vamos adueñando de los bienes que Ellos nos han regalado para distribuir y es ahí cuando ya no nos consideramos administradores de los bienes de Dios, sino que nos hacemos dueños de la Gracia. Somos nosotros quienes decidimos a quien sí y a quien no le corresponde tal o cual gracia, nos convertimos en dueños, jueces y verdugos de los demás, siendo que debemos ser hermanos y servidores de nuestros hermanos.
El pecado original nos ha dañado tanto y el príncipe de este mundo está tan ávido de destruir la obra de Dios que cada día nos tienta sin darnos cuenta y nos hace caer en la trampa de siempre: el apetito de poder que se apodera de nosotros y nos impide ser fieles a la Voluntad de Dios y nos hacemos fieles a nuestros propios gustos, instintos, deseos, apetitos, etc. Dejamos de lado la verdad, lo bueno, lo que debemos hacer por lo que queremos hacer y por lo que queremos ser sin tener en cuenta lo que Dios nos está mostrando y pidiendo que vivamos.
Por eso, cuando Jesús nos habla de los remiendos se refiere a esto: no siempre nos convertimos en nuevas personas, sino que vamos poniendo algunos remiendos a nuestra vida sin tener en cuenta que esos remiendo se caen, se rompen, y dejar a la vista lo que verdaderamente somos.
«Nadie recorta una pieza de un manto nuevo para ponérsela a un manto viejo; porque, si lo hace, el nuevo se rompe y al viejo no le cuadra la pieza del nuevo.
Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque, si lo hace, el vino nuevo reventará los odres y se derramará, y los odres se estropearán.
A vino nuevo, odres nuevos".
Y eso es lo difícil en nuestra vida: mantenernos fieles a la Voluntad de Dios que nos exige, día a día, un paso más en la conversión del corazón para que la novedad del Evangelio permanezca viva y eficaz en nuestras vidas, para que lo que el Padre quiere que hagamos y transmitamos sea Su Palabra y no la nuestra, pues su Palabra da Vida y la nuestra no.
jueves, 3 de septiembre de 2026
Necios o sabios...
"Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio.
Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, como está escrito: «Él caza a los sabios en su astucia». Y también: «El Señor penetra los pensamientos de los sabios y conoce que son vanos».
Estas exhortaciones paulinas me han hecho acordar de algunos vicios que nos suceden a los hombres de profesión, por ejemplo, alguna vez me han hablado del complejo de dios que se da en los médicos, creyéndose, algunos, que son ellos quienes dan la vida y la muerte. Algo parecido nos pasa a los sacerdotes con el completo del Salvador, creyendo que somos los únicos que salvamos a las personas. Y, por supuesto, que a muchos cristianos les pasa con el complejo de querer ser más papistas que el Papa. Y así nos sucede a todos cuando no nos damos cuenta que nuestra sabiduría no sirve para nada, y, sobre todo, que Dios hay uno sólo y el Salvador es Cristo, los demás somos instrumentos en sus manos.
"Así, pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vuestro: Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios".
Por eso, cuando ocupamos el lugar de Dios, o cuando dejamos de lado a Dios y vamos por nuestra propia cuenta, es cuando destruimos todo lo que podría ser bueno, todo lo que podría llevarnos a Dios y a la salvación, lo corrompemos gracias a nuestro egoísmo, soberbia y vanidad.
Y ¿cuál es el camino? Nos lo muestra en el Evangelio.
"Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
«Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca».
Respondió Simón y dijo:
«Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».
Aunque creamos que sabemos hemos de dejar al Maestro que nos indique qué es lo que tenemos que hacer, pues es Él quien tiene el poder de hacer milagros, nosotros no lo tenemos, el único poder que tenemos es el de disponer nuestro corazón para ser buenos instrumentos, o el poder de pecar y estropear la Obra de Dios. Sólo en la humildad de reconocer nuestra pequeñez como instrumentos en Sus Manos podremos seguir construyendo el Reino en la tierra.
miércoles, 2 de septiembre de 2026
No ser humanos
Continúa san Pablo, en la carta a los corintios, haciendo la distinción entre lo humano y lo espiritual:
"Hermanos, no pude hablaros como espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Por eso, en vez de alimento sólido, os di a beber leche, pues todavía no estabais para más. Aunque tampoco lo estáis ahora, pues seguís siendo carnales. En efecto, mientras haya entre vosotros envidias y contiendas, ¿no es que seguís siendo carnales y que os comportáis al modo humano?".
Es cierto que todos los que formamos una comunidad cristiana somos humanos, no hay ángeles, ni superhéroes, ni extraterrestres, ni zombies, ni nada de eso que no sea humano. Y, uno podría decir: ¡claro que tenemos que actuar como humanos! Pues no, no tenemos que actuar como humanos, sino como cristianos, y ahí está diferencia que tenemos que descubrir en nuestras vidas. ¿estamos actuando como cristianos o como humanos?
No es que los humanos no sepan actuar, no es que los que no hayan recibido el bautismo no sean buenas personas, en absoluto, sino que, por la Gracia Bautismal, los cristianos tenemos o tendríamos que vivir a la manera de Cristo y no a la manera humana. Tendríamos que superar los egoísmos, las envidias, las contiendas, las disputas, y tantas cosas que surgen de modo instintivo en el hombre, y que, si lo viviéramos desde el el Espíritu y el mandamiento de Jesús sería diferente porque estaríamos por encima de todo eso, y si llegáramos a descubrirlo en nuestras vidas, rápidamente, buscaríamos el modo de erradicarlo y convertirnos para continuar el camino de santidad.
Y, ahí está el meollo de la cuestión: ser santos. No es una opción que nos da el Señor, sino que es a lo que debemos aspirar pues el Espíritu nos ha santificado el día de nuestro bautismo y nos ha dado todo lo necesario para alcanzarla, pero lo que falta es lo que tenemos que poner nosotros de disponibilidad para vivir la Voluntad de Dios aquí en la tierra como en el cielo.
martes, 1 de septiembre de 2026
Nos vamos alejando
"Cuando explicamos verdades espirituales a hombres de espíritu, no las exponemos en el lenguaje que enseña el saber humano, sino en el que enseña el Espíritu. Pues el hombre natural no capta lo que es propio del Espíritu de Dios, le parece una necedad; no es capaz de percibirlo, porque sólo se puede juzgar con el criterio del Espíritu".
Muchas veces nos encontramos con personas que no son creyentes, que no creen en Dios o no creen en Cristo o no creen en la Iglesia, pero igual se ponen a juzgar nuestras vidas, nuestros credos, nuestra fe. ¿Por qué lo hacen? Porque no entienden y nunca van a entender la cosas del Espíritu porque no tienen el Espíritu de Dios, y por eso, lo único que les sale hacer es ponerse a criticar lo que no conocen o lo que creen conocer. Pero como dice Pablo no llegarán nunca a conocer lo que viene del Espíritu porque no viven en el Espíritu.
Y lo mismo nos puede pasar a nosotros, los que decimos que vivimos en el Espíritu, si no alimentamos nuestro espíritu con las cosas de Dios. Por eso mismo vemos muchos cristianos que se quejan de esto o de aquello, que no les gustan los consejos del Evangelio, que no quieren vivir la Voluntad de Dios. ¿Por qué? Porque se han alejado del Espíritu de Dios y juzgan todo desde lo natural, desde el gusto personal, desde los instintos naturales porque han perdido la relación con Dios, y no han sabido madurar en el espíritu de Dios.
Permanecer en Dios, Amar a Dios es vivir según Dios, y eso no se puede hacer si no nos alimentamos de Dios, si no recibimos la Gracia de los Sacramentos, especialmente la Reconciliación y la Eucaristía que son los que sostienen nuestra vida en el Espíritu. Así, poco a poco vamos perdiendo de vista las cosas de Dios, vamos alejándonos de su Espíritu y todo lo juzgamos con mentalidad terrenal y no aceptamos la Voluntad de Dios, volviéndonos tan terrenales que ya no somos testigos del Amor de Dios, no somos testigos de la alegría de vivir el Evangelio.
lunes, 31 de agosto de 2026
El poder de Dios
"También yo me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios".
Hay, en esta frase de Pablo a los corintios, algunos datos que nos hablan de cómo deberíamos ser los cristianos, los apóstoles de Cristo, y no me estoy refiriendo sólo a los sacerdotes y religiosos, sino a todos los que, por el bautismo, hemos sido llamados a evangelizar, a llevar la Buena Noticia del Evangelio por todo el mundo.
¿Por qué Pablo dice que se presentó débil y temblando de miedo? Yo creo que por varias cosas, por un lado había sido el gran perseguidor de los cristianos y, seguramente, tenía el miedo de que eso la gente lo tuviera en cuenta y podrían actuar en su contra porque así somos: pedimos la conversión de los pecadores pero una vez que se convierten siempre le hacemos acordar que fueron pecadores. Y débil porque se había dado cuenta que él no tenía la fuerza para predicar si esa fuerza no le hubiera sido dada por el Espíritu, pues su conversión lo llevó a descubrirse así frente a la fortaleza del Mensaje.
Un Mensaje que él recibió personalmente de Jesús haciendo que todo lo que sabía de antes sobre la Ley y los Profetas fuera, por él, considerado como basura porque sólo le servía para no escuchar a Dios, y Dios le habló y cambió su corazón y su forma de pensar.
Por todo eso y por mucho más afirma con toda razón: "mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana", sino en la manifestación y el poder del Espíritu". Esa ha sido la mayor experiencia de san Pablo y es a la que hemos de aspirar todos nosotros: dejarnos guiar por el Espíritu, dejarnos enseñar por el Espíritu, dejarnos transformar por el Espíritu.
Sí, es una canción que se canta bastante en la Iglesia, pero cuando el Espíritu quiere transformarnos, guiarnos o llevarnos por donde el Padre quiere hacemos retranca y decimos ¡No! eso no es para mí. Y es ahí cuando arruinamos la predicación y el mensaje porque en realidad hemos hablado mucho y hemos vivido poco.
Por eso finaliza Pablo: "para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría humana, sino en el poder de Dios". Porque el único que salva es Dios y no los hombres, y así lo dijo Él: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, nadie va al Padre si no es por Mí".