miércoles, 12 de agosto de 2026

Alegrarse en el Señor.

De los sermones de San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia

El justo se alegra con el Señor, espera en él, y se felicitan los rectos de corazón. Esto es lo que hemos cantado con la boca y el corazón. Tales son las palabras que dirige a Dios la mente y la lengua del cristiano: El justo se alegra, no con el mundo, sino con el Señor. Amanece la luz para el justo - dice otro salmo-, y la alegría para los rectos de corazón. Te preguntarás el porqué de esta alegría. En un salmo oyes: El justo se alegra con el Señor, y en otro: Sea el Señor tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón.
¿Qué se nos quiere inculcar? ¿Qué se nos da? ¿Qué se nos manda? ¿Qué se nos otorga? Que nos alegremos con el Señor. ¿Quién puede alegrarse con algo que no ve? ¿O es que acaso vemos al Señor? Esto es aún sólo una promesa. Porque, mientras sea el cuerpo nuestro domicilio, estamos desterrados lejos del Señor. Caminamos sin verlo, guiados por la fe. Guiados por la fe, no por la clara visión. ¿Cuándo llegaremos a la clara visión? Cuando se cumpla lo que dice Juan: Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.
Entonces será la alegría plena y perfecta, entonces el gozo completo, cuando ya no tendremos por alimento la leche de la esperanza, sino el manjar sólido de la posesión. Con todo, también ahora, antes de que esta posesión llegue a nosotros, antes de que nosotros lleguemos a esta posesión, podemos alegrarnos ya con el Señor. Pues no es poca la alegría de la esperanza, que ha de convertirse luego en posesión.
Ahora amamos en esperanza. Por esto, dice el salmo que el justo se alegra con el Señor. Y añade, en seguida, porque no posee aún la clara visión : y espera en él.
Sin embargo, poseemos ya desde ahora las primicias del Espíritu, que son como un acercamiento a aquel a quien amamos, como una previa gustación, aunque tenue, de lo que más tarde hemos de comer y beber ávidamente.
¿Cuál es la explicación de que nos alegremos con el Señor, si él está lejos? Pero en realidad no está lejos. Tú eres el que hace que esté lejos. Ámalo, y se te acercará; ámalo, y habitará en ti. El Señor está cerca. Nada os preocupe. ¿Quieres saber en qué medida está en ti, si amas? Dios es amor.
Me dirás: «¿Qué es el amor?» El amor es el hecho mismo de amar. Ahora bien, ¿qué es lo que amamos? El bien inefable, el bien benéfico, el bien creador de todo bien. Sea él tu delicia, ya que de él has recibido todo lo que te deleita. Al decir esto, excluyo el pecado, ya que el pecado es lo único que no has recibido de él. Fuera de pecado, todo lo demás que tienes lo has recibido de él.

martes, 11 de agosto de 2026

Dejarnos llevar a la meta

«En verdad os digo que, si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el reino de los cielos".
La infancia espiritual que nos propone Jesús es el camino más difícil y duro en la vida espiritual, pero es el que nos lleva a la mejor comprensión de lo que es ser hijo de Dios, y, así vivir en la completa y dulce confianza en la Providencia.
Dejarse conducir por la Mano del Señor es la forma más fácil de alcanzar la santidad, porque sabemos que no sabemos cómo llegar, pero sabemos que Él sabe cómo conducirnos y cuál es la meta que el Padre ha pensado para nuestra vida. Por eso, el que alcanza la infancia espiritual, es decir vivir en total confianza y abandono y disponibilidad a la Voluntad del Padre, es quien ha descubierto y comenzado a vivir el mejor de los tesoros de la vida cristiana.
Pero, claro, como decía al principio es el camino más arduo y difícil, y para ello se necesita haber madurado en el espíritu y tener, por ello mismo, fortaleza espiritual para aceptar que, a pesar de cumplir años, no sabemos vivir como hijos. Sí, a medida que cumplimos años, desde que dejamos de ser niños, lo que buscamos es nuestra independencia de los padres, el poder vivir libres sin tener a nadie que nos diga qué hacer o qué no hacer, pues los límites limitan nuestra libertad y eso, a ojos del mundo, nos quita personalidad.
Sin embargo el Señor nos muestra la infancia espiritual como el camino que nos da la mayor plenitud de nuestro ser pues cuando nos dejamos conducir, como lo hizo María, alcanzamos la meta de nuestra vida porque quien nos lleva de la mano es Aquél que nos tejió en el seno de nuestras madres y nos pensó desde antes de la fundación del mundo. Y por eso, cuando aceptamos esa realidad hemos de "luchar" constantemente contra nuestro ser humano para que el Espíritu nos ayuda a vaciarnos de nosotros mismos y, con su ayuda, estar siempre disponibles a "hacer lo que Él nos pida", y así, llenos de Gracias, vivir en plenitud la Vida que Jesús nos ha regalado con su muerte y resurrección.

lunes, 10 de agosto de 2026

Con alegría

"Hermanos:
El que siembra tacañamente, tacañamente cosechará; el que siembra abundantemente, abundantemente cosechará.
Cada uno dé como le dicte su corazón: no a disgusto ni a la fuerza, pues Dios ama “al que da con alegría”.
A veces creemos que el Evangelio nos obliga a vivir de determinada manera, que es todo un obligación ¡haz esto! ¡no hagas aquello! Y en realidad siempre es una invitación, una sugerencia, pues la palabra que sale de los labios de Jesús o de la mano de los escritores sagrados es una inspiración de Dios que quiere indicarnos el camino correcto. Pero, como ya en el Antiguo Testamento nos lo decía: "Pongo delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, para que viváis tú y tu descendencia".
Y lo mismo lo decía Jesús: "quien quiera venir detrás de mí..." No hay obligación de ser cristiano o ser de tal o cual religión, es una opción que cada uno hace. El tema está en que para hacer dicha elección tienes que saber a qué te comprometes, o qué consecuencias tiene ser de tal o cual religión. Así, conscientemente podrás decir a mí nadie me obliga a vivir de tal manera, yo he elegido este camino. Y por eso mismo Jesús nunca dejó de decirnos las consecuencias o responsabilidades que tenía el elegir Su Camino:
«En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto.
El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiere servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará».
Y todo esto, como dice san Pablo, no hacerlo por obligación o a disgusto, sino que, como es opción personal y de vida, hacerlo con alegría porque sé que es el Camino que he elegido para tener vida y Vida en abundancia.

domingo, 9 de agosto de 2026

Encuentro en silencio

Hay tres breves reflexiones para este domingo en las lecturas.
Elías nos muestra cómo identificar a Dios en nuestras vidas: quitarnos el ruido ensordecedor de la rutina diaria y disponernos de corazón a encontrar el silencio necesario para escuchar a Dios. No podemos mantener una relación profunda y constante con el Padre si no logramos el silencio interior, que no es sólo el exterior, sino el que es mas difícil es el interior. Sí, porque siempre hay cosas que vienen a la cabeza cuando intento concentrarme, y, sobre todo, dejar de lado los cuestionamientos internos sobre nuestro hacer y no hacer, sino dejar que el en el silencio el Padre, con el Espíritu, me ayuden a discernir su Voluntad.
Y es en ese encuentro silencioso donde podemos llegar a sentir y percibir, como decían los apóstoles en el monte de la Transfiguración, ¡qué bien que estoy aquí! Porque estoy en la presencia del Señor. Una Presencia que se hace tan real en nuestras vidas que queremos que todos puedan vivirla. Por eso, san Pablo quisiera que todos sus hermanos pudieran encontrarse con Cristo, porque él lo encontró y comenzó a vivir una vida nueva, llena del Amor de Dios, no sin cruces, pero fortalecido por el Amor. Y ese deseo es el que Pablo quiere difundir y comunicar: el hermoso Don de la Fe en Cristo Jesús.
Un Don que, muchas veces, nos lleva a querer vivir lo mismo, porque gustar el amor que hay en Cristo es gustar la Vida en Cristo, y esa Vida es la que, muchas veces, nos hace querer caminar sobre las aguas del mundo, sobre las aguas de nuestra vida, y, a pesar de que algunas veces nos sentimos ahogar en las mismas aguas, sabemos que si tendemos la mano el Señor nos ayuda a sobreponernos, a levantarnos, a volver a ponernos en pie y seguir caminando sobre un mar revuelto como es la rutina del mundo.
Así desde el encuentro silenciosos con el Padre, podremos gustar de la fuerza de su amor, para poder seguir recorriendo, a pesar del mundo, el camino de la santidad al que fuimos llamados.

sábado, 8 de agosto de 2026

Sobre santo Domingo

Sobre la vida de Santo Domingo de Guzmán.

La vida de Domingo era tan virtuosa y el fervor de su espíritu tan grande, que todos veían en él un instrumento elegido para la gloria divina. Estaba dotado de una firme ecuanimidad de espíritu, ecuanimidad que sólo lograban perturbar los sentimientos de compasión o de misericordia; y, como es norma constante que un corazón alegre se refleja en la faz, su porte exterior, siempre gozoso y afable, revelaba la placidez y armonía de su espíritu.
En todas partes, se mostraba, de palabra y de obra, como hombre evangélico. De día, con sus hermanos y compañeros, nadie más comunicativo y alegre que él. De noche, nadie más constante que él en vigilias y oraciones de todo género. Raramente hablaba, a no ser con Dios, en la oración, o de Dios, y esto mismo aconsejaba a sus hermanos.
Con frecuencia, pedía a Dios una cosa: que le concediera una auténtica caridad, que le hiciera preocuparse de un modo efectivo en la salvación de los hombres, consciente de que la primera condición para ser verdaderamente miembro de Cristo era darse totalmente y con todas sus energías a ganar almas para Cristo, del mismo modo que el Señor Jesús, salvador de todos, ofreció toda su persona por nuestra salvación. Con este fin, instituyó la Orden de Predicadores, realizando así un proyecto sobre el que había reflexionado profundamente desde hacía ya tiempo.
Con frecuencia, exhortaba, de palabra o por carta, a los hermanos de la mencionada Orden, a que estudiaran constantemente el nuevo y el antiguo Testamento. Llevaba siempre consigo el evangelio de san Mateo y las cartas de san Pablo, y las estudiaba intensamente, de tal modo que casi las sabía de memoria.
Dos o tres veces fue elegido obispo, pero siempre rehusó, prefiriendo vivir en la pobreza, junto con sus hermanos, que poseer un obispado. Hasta el fin de su vida, conservó intacta la gloria de la virginidad. Deseaba ser flagelado, despedazado y morir por la fe cristiana. De él afirmó el papa Gregorio noveno: «Conocí a un hombre tan fiel seguidor de las normas apostólicas, que no dudo que en el cielo ha sido asociado a la gloria de los mismos apóstoles».

viernes, 7 de agosto de 2026

Que Jesús habite en nuestros corazones

Una carta de San Cayetano, presbítero

Yo soy pecador y me tengo en muy poca cosa, pero me acojo a los que han servido al Señor con perfección, para que rueguen por ti a Cristo bendito y a su Madre; pero no olvides una cosa: todo lo que los santos hagan por ti de poco serviría sin tu cooperación; antes que nada es asunto tuyo, y, si quieres que Cristo te ame y te ayude, ámalo tú a él y procura someter siempre tu voluntad a la suya, y no tengas la menor duda de que, aunque todos los santos y criaturas te abandonasen, él siempre estará atento a tus necesidades.
Ten por cierto que nosotros somos peregrinos y viajeros en este mundo: nuestra patria es el cielo; el que se engríe se desvía del camino y corre hacia la muerte. Mientras vivimos en este mundo, debemos ganarnos la vida eterna, cosa que no podemos hacer por nosotros solos, ya que la perdimos por el pecado, pero Jesucristo nos la recuperó. Por esto, debemos siempre darle gracias, amarlo, obedecerlo y hacer todo cuanto nos sea posible por estar siempre unidos a él.
El se nos ha dado en alimento: desdichado el que ignora un don tan grande; se nos ha concedido el poseer a Cristo, Hijo de la Virgen María, y a veces no nos cuidamos de ello; ¡ay de aquel que no se preocupa por recibirlo! Hija mía, el bien que deseo para mí lo pido también para ti; mas para conseguirlo no hay otro camino que rogar con frecuencia a la Virgen María, para que te visite con su excelso Hijo; más aún, que te atrevas a pedirle que te dé a su Hijo, que es el verdadero alimento del alma en el santísimo sacramento del altar. Ella te lo dará de buena gana, y él vendrá a ti, de más buena gana aún, para fortalecerte, a fin de que puedas caminar segura por esta oscura selva, en la que hay muchos enemigos que nos acechan, pero que se mantienen a distancia si nos ven protegidos con semejante ayuda.
Hija mía, no recibas a Jesucristo con el fin de utilizarlo según tus criterios, sino que quiero que tú te entregues a él, y que él te reciba, y así él, tu Dios salvador, haga de ti y en ti lo que a él le plazca. Éste es mi deseo, y a esto te exhorto y, en cuanto me es dado, a ello te presiono.

jueves, 6 de agosto de 2026

Qué bien estamos aquí!

Una homilía de Anastasio Sinaíta, obispo

El misterio que hoy celebramos lo manifestó Jesús a sus discípulos en el monte Tabor. En efecto, después de haberles hablado, mientras iba con ellos, acerca del reino y de su segunda venida gloriosa, teniendo en cuenta que quizá no estaban muy convencidos de lo que les ha anunciado acerca del reino, y deseando infundir en sus corazones una firmísima e íntima convicción, de modo que por lo presente creyeran en lo futuro, realizó ante sus ojos aquella admirable manifestación, en el monte Tabor, como una imagen prefigurativa del reino de los cielos. Era como si les dijese: «El tiempo que ha de transcurrir antes de que se realicen mis predicciones no ha de ser motivo de que vuestra fe se debilite, y, por esto, ahora mismo, en el tiempo presente, os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin haber visto llegar al Hijo del hombre con la gloria del Padre».
Y el evangelista, para mostrar que el poder de Cristo estaba en armonía con su voluntad, añade: Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Éstas son las maravillas de la presente solemnidad, éste es el misterio, saludable para nosotros, que ahora se ha cumplido en la montaña, ya que ahora nos reúne la muerte y, al mismo tiempo, la festividad de Cristo. Por esto, para que podamos penetrar, junto con los elegidos entre los discípulos inspirados por Dios, el sentido profundo de estos inefables y sagrados misterios, escuchemos la voz divina y sagrada que nos llama con insistencia desde lo alto, desde la cumbre de la montaña.
Debemos apresurarnos a ir hacia allí -así me atrevo a decirlo- como Jesús, que allí en el cielo es nuestro guía y precursor, con quien brillaremos con nuestra mirada espiritualizada, renovados en cierta manera en los trazos de nuestra alma, hechos conformes a su imagen, y, como él, transfigurados continuamente y hechos partícipes de la naturaleza divina, y dispuestos para los dones celestiales.
Corramos hacia allí, animosos y alegres, y penetremos en la intimidad de la nube, a imitación de Moisés y Elías, o de Santiago y Juan. Seamos como Pedro, arrebatado por la visión y aparición divina, transfigurado por aquella hermosa transfiguración, desasido del mundo, abstraído de la tierra; despojémonos de lo carnal, dejemos lo creado y volvámonos al Creador, al que Pedro, fuera de sí, dijo: Señor, ¡qué bien se está aquí!
Ciertamente, Pedro, en verdad qué bien se está aquí con Jesús; aquí nos quedaríamos para siempre. ¿Hay algo más dichoso, más elevado, más importante que estar con Dios, ser hechos conformes con él, vivir en la luz? Cada uno de nosotros, por el hecho de tener a Dios en sí y de ser transfigurado en su imagen divina, tiene derecho a exclamar con alegría: ¡Qué bien se está aquí!, donde todo es resplandeciente, donde está el gozo, la felicidad y la alegría, donde el corazón disfruta de absoluta tranquilidad, serenidad y dulzura, donde vemos a (Cristo) Dios, donde él, junto con el Padre, pone su morada y dice, al entrar: Hoy ha sido la salvación de esta casa, donde con Cristo se hallan acumulados los tesoros de los bienes eternos, donde hallamos reproducidas, como en un espejo, las imágenes de las realidades futuras.