domingo, 4 de octubre de 2026

Saber guardar silencio

 Regla de San Gregorio Magno


El pastor debe saber guardar silencio con discreción y hablar cuando es útil, de tal modo que nunca diga lo que se debe callar ni deje de decir aquello que hay que manifestar. Porque, así como el hablar indiscreto lleva al error, así el silencio imprudente deja en su error a quienes pudieran haber sido adoctrinados. Porque, con frecuencia, acontece que hay algunos prelados poco prudentes, que no se atreven a hablar con libertad por miedo de perder la estima de sus súbditos; con ello, como lo dice la Verdad, no cuidan a su grey con el interés de un verdadero pastor, sino a la manera de un mercenario, pues callar y disimular los defectos es lo mismo que huir cuando se acerca el lobo.

Por eso, el Señor reprende a estos prelados, llamándoles, por boca del profeta: Perros mudos, incapaces de ladrar. Y también dice de ellos en otro lugar: No acudieron a la brecha ni levantaron cerco en torno a la casa de Israel, para que resistiera en la batalla, el día del Señor. Acudir a la brecha significa aquí oponerse a los grandes de este mundo, hablando con entera libertad para defender a la grey; y resistir en la batalla el día del Señor es lo mismo que luchar por amor a la justicia contra los malos que acechan.

¿Y qué otra cosa significa no atreverse el pastor a predicar la verdad, sino huir, volviendo la espalda, cuando se presenta el enemigo? Porque si el pastor sale en defensa de la grey es como si en realidad levantara cerco en torno a la casa de Israel. Por eso, en otro lugar, se dice al pueblo delincuente: Tus profetas te ofrecían visiones falsas y engañosas, y no te denunciaban tus culpas para cambiar tu suerte. Pues hay que tener presente que en la Escritura se da algunas veces el nombre de profeta a aquellos que, al recordar al pueblo cuán caducas son las cosas presentes, le anuncian ya las realidades futuras. Aquellos, en cambio, a quienes la palabra de Dios acusa de predicar cosas falsas y engañosas son los que, temiendo denunciar los pecados, halagan a los culpables con falsas seguridades y, en lugar de manifestarles sus culpas, enmudecen ante ellos.

Porque la reprensión es la llave con que se abren semejantes postemas: ella hace que se descubran muchas culpas que desconocen a veces incluso los mismos que las cometieron. Por eso, san Pablo dice que el obispo debe ser capaz de predicar una enseñanza sana y de rebatir a los adversarios. Y, de manera semejante, afirma Malaquías: Labios sacerdotales han de guardar el saber, y en su boca se busca la doctrina, porque es mensajero del Señor de los ejércitos. Y también dice el Señor por boca de Isaías: Grita a plena voz, sin cesar, alza la voz como una trompeta.

Quien quiera, pues, que se llega al sacerdocio recibe el oficio de pregonero, para ir dando voces antes de la venida del riguroso juez que ya se acerca. Pero, si el sacerdote no predica, ¿por ventura no será semejante a un pregonero mudo? Por esta razón, el Espíritu Santo quiso asentarse, ya desde el principio, en forma de lenguas sobre los pastores; así daba a entender que de inmediato hacía predicadores de sí mismo a aquellos sobre los cuales había descendido.

sábado, 3 de octubre de 2026

Combate el buen combate

 Del libro de san Gregorio de Nisa, obispo, Sobre la conducta cristiana


El que es de Cristo es una creatura nueva: lo antiguo ha pasado. Sabemos que se llama nueva creatura a la inhabitación del Espíritu Santo en el corazón puro y sin mancha, libre de toda culpa, de toda maldad y de todo pecado. Pues cuando la voluntad detesta el pecado y se entrega, según sus posibilidades, a la prosecución de las virtudes, viviendo la misma vida del Espíritu, acoge en sí la gracia y queda totalmente renovada y restaurada. Por ello se dice: Tirad fuera la levadura vieja para ser masa nueva; y también aquello otro: Celebremos nuestra fiesta no con la vieja levadura, sino con los panes ázimos de pureza y verdad. Todo esto concuerda muy bien con lo que hemos dicho más arriba sobre la nueva creatura.

Ahora bien, el enemigo de nuestra alma tiende muchas trampas ante nuestros pasos y la naturaleza humana es, de por sí, demasiado débil para conseguir la victoria sobre este enemigo. Por ello el Apóstol quiere que nos revistamos con armas celestiales: Ceñidos con el cinturón de la verdad, revestidos con la coraza de la justicia —dice— y calzados los pies con el celo por el Evangelio de la paz. ¿Te das cuenta de cuántos son los instrumentos de salvación indicados por el Apóstol? Todos ellos nos ayudan a caminar por una única senda y nos conducen a una sola meta. Con ellos se avanza fácilmente por aquel camino de vida que lleva al perfecto cumplimiento de los preceptos divinos. El mismo Apóstol dice también en otro lugar: Corramos con firmeza y constancia la carrera para nosotros preparada; llevemos los ojos fijos en Jesús, caudillo y consumador de la fe.

Por ello es necesario que quien desprecia las grandezas de este mundo y renuncia a su gloria vana renuncie también a su propia vida. Renunciar a la propia vida significa no buscar nunca la propia voluntad, sino la voluntad de Dios y hacer del querer divino la norma única de la propia conducta; significa también renunciar al deseo de poseer cualquier cosa que no sea necesaria o común. Quien así obra se encontrará más libre y dispuesto para hacer lo que le manden los superiores, realizándolo prontamente con alegría y con esperanza, como corresponde a un servidor de Cristo, redimido para el bien de sus hermanos. Esto es precisamente lo que desea también el Señor, cuando dice: El que quiera ser el mayor que sea vuestro servidor, y el que quiera ser el primero que sea esclavo de todos.

viernes, 2 de octubre de 2026

El lamento del Señor

 Comentario al Evangelio de Mons. José Ignacio Munilla, Obispo Orihuela-Alicante (s. XXI)


El evangelio de este viernes recoge el lamento de Jesucristo por el rechazo de la predicación que dirige al pueblo de Israel. En concreto habla de tres poblaciones: Corozaín, Betsaida y Cafarnaún en las que él se había prodigado en la predicación del Evangelio, haciendo signos, milagros de salvación; pero que sin embargo, no habían acogido en estas poblaciones su predicación. Y Jesús se lamenta y además habla de la gran responsabilidad que tienen por no haberlo hecho: ”Ay de ti Corazoín, ay de ti Betzaida”. Fijaos que el evangelio nos habla del drama del rechazo de la predicación de Jesucristo. De la no acogida de su mensaje de salvación.

Claro, desde nuestra mentalidad esto hoy en día, no se entiende. La mentalidad ‘relativista’ de nuestros días viene a decir: ‘Bueno aquí que cada uno crea según su sensibilidad. El que quiera creer que crea, el que no quiera creer, pues ¿qué más da?, que cada uno tiene su libertad de creer o no creer, eso es algo subjetivo.’ Es la mentalidad de nuestro tiempo, la del relativismo. Nada que ver con las palabras del Evangelio donde se nos habla que es un drama rechazar lo que Dios viene a comunicarnos. Es un drama. Acordaos de que en otros pasajes evangélicos, por ejemplo, en Mc 16, 16, dice: ’El que crea se salvará, el que no crea será condenado’. Es decir, es una gran responsabilidad rechazar, despreciar el amor de Dios que se nos revela, que se nos comunica.

Y no solo eso, el evangelio de hoy dice que rechazar a Cristo es rechazar a Dios. Porque Cristo dice: ‘El que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado.’. Cristo es el enviado del padre. Cristo es Dios hecho profeta, dirigiéndonos una palabra de salvación. Por eso tiene tanta gravedad rechazar el mensaje de Cristo.

Pero es más, el evangelio añade: ’Quien a vosotros os escucha a mí me escucha. Y quien a vosotros os rechaza a mí me rechaza.’ Rechazar a los enviados de Jesucristo, los apóstoles de Jesucristo que predican la palabra, rechazar la predicación de la iglesia, es rechazar a Cristo. Igual que Jesús dice: ’Lo que hicisteis a uno de esos pobres, mis pequeños hermanos, a mí me lo hicisteis, también puede decir: ‘Esa palabra que habéis rechazado, que no habéis aceptado en la predicación de los Apóstoles, de la predicación de la iglesia, habéis rechazado mi palabra, me habéis rechazado a mí al no acoger esa palabra.’

Por lo tanto nos ponemos delante de este evangelio pidiendo el don de la conversión. Pidiendo la conciencia viva de nuestra gran responsabilidad de acoger, humildemente y con gratitud, la Palabra de Salvación que Cristo nos dirige y que sus profetas y sus Apóstoles nos predican en su nombre.

jueves, 1 de octubre de 2026

Un Caminito para la Vida

 El evangelio de hoy nos recuerda el deseo que tenía santa Teresita de poder ser como los apóstoles y salir por el mundo para comunicar a todos los hombres el mensaje de amor del Evangelio, de Jesús. Su deseo de ser apóstol, misionera, mártir y todos los demás rubros de un cristiano lo pudo vivir de un modo especial y extraordinario.

Su Caminito de la vida espiritual que nos ofreció con su vida es lo más hermoso que podemos llegar a vivir en nuestra vida espiritual, porque, en realidad, como ella lo llamó es una caminito, no es un Camino porque Jesús es el Camino, y ella siempre se sintió demasiado pequeña como para poder trabas al deseo de Jesús.

Y, entonces cuál es la enseñanza de Teresita: aceptar nuestra pequeñez para que el Señor pueda llevarnos por donde Él necesite y quiera, como diría Teresa de Ávila: si quiere que trabaje, trabajar, si quiere que esté de ocio, hacerlo. Lo que Él quiera es lo que yo quiero aunque eso me cueste hacerlo y aceptarlo.

Ese Caminito de la infancia espiritual de Teresita de Lisieux es así como el más bello para nuestra vida, es el más difícil de llevar a la práctica, porque ninguno de nosotros, seamos jóvenes o adultos o muy maduros, no somos dóciles para dejar que sea otro quien maneje nuestras vidas. Pero eso nos sucede porque todavía no hemos conocido verdaderamente al Amor de los amores, no hemos entablado tal relación con el Señor de nuestras vidas.

Santa Teresita tuvo la gracia de poder vivir esa pequeñez espiritual que le permitió cumplir todos esos deseos que el Señor había puesto en su corazón, y sin salir de su celda del Convento Carmelita fue declarada patrona universal de las misiones y doctora De la Iglesia, haciendo que su vida, simple y extraordinaria, sea una modelo de vida espiritual para todos aquellos que, desde la pequeñez del día a día, quieran alcanzar la santidad a la que Dios nos ha llamado.

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Cristo nos precede

 Santa Teresa-Benedicta de la Cruz (s.XX)


El Salvador nos ha precedido en el camino de la pobreza. A Él le pertenecen todos los bienes del cielo y de la tierra. Para Él no presentaban ningún peligro; podía usar de ellos al mismo tiempo que conservaba su corazón enteramente libre. Pero sabía muy bien que es casi imposible al ser humano poseer bienes sin subordinarse a ellos y hacerse su esclavo. Por esta razón lo abandonó todo, y con su ejemplo nos ha enseñado, aún más que con sus palabras, que sólo lo posee todo el que no posee nada. Su nacimiento en un establo y su huída a Egipto nos hacen comprender ya, que el Hijo del hombre no tendría un lugar donde reposar la cabeza. El que quiera seguirle debe saber que nosotros no tenemos aquí abajo una morada permanente. Cuanto más vivamente tomemos conciencia de ello, más ardientemente tenderemos hacia nuestra morada futura y exultaremos sólo de pensar que tenemos derecho de ciudadanía en el cielo

martes, 29 de septiembre de 2026

Qué decir de los ángeles?

Homilía de San Bernardo, abad y doctor de la Iglesia (s. XII)

Celebramos hoy la fiesta de los santos ángeles. Pero ¿qué podemos decir acerca de estos espíritus angélicos? Esta es nuestra fe: creemos que gozan de la presencia y de la visión de Dios, que tienen una felicidad sin fin, son propiedad del Señor «que el ojo no vio, ni oído oyó, incomprensible para el corazón del hombre «(1 Cor 2, 9). ¿Qué puede decir un simple mortal de ellos, a otros hombres mortales, siendo como es, incapaz de entender tales cosas? Si no es posible hablar de la gloria de los santos ángeles de Dios, por lo menos podemos hablar de la gracia y el amor que nos muestran, ya que no sólo tienen una dignidad incomparable, sino también una servicialidad llena de bondad.Si no podemos entender su gloria, nos centramos más en la misericordia de la que están repletos estos familiares de Dios, estos ciudadanos del cielo, los príncipes de los cielos.
El mismo apóstol Pablo, que ha contemplado con sus ojos la corte celestial y que ha conocido sus secretos (2 Cor 12, 2), certifica que “todos los ángeles son espíritus encargados de un ministerio, enviados para servicio para los que van a heredar la salvación”(Hb 1, 14). ¿No ves nada sorprendente, ya que el Creador, el Rey de los ángeles mismo “no vino para ser servido sino a servir y a dar su vida por la multitud de hombres”? (Mc 10, 45). Entonces, ¿qué ángel se burla de este servicio, en la que aventajó al de los ángeles en el cielo con presteza y alegría?

lunes, 28 de septiembre de 2026

El camino de Job

«Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré a él. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó; bendito sea el nombre del Señor».
A pesar de todo esto, Job no pecó ni protestó contra Dios".
La historia de Job se parece mucho a nuestras historias. Sí, quizás nunca nos ha tocado tanto en la vida, pero seguramente, han habido algunos días o momentos en los que se nos ha venido el mundo encima por lo que nos ha pasado. Seguramente, también, en otros momentos nos hemos quejado al Cielo por lo que nos tocaba vivir creyendo que ya no podríamos soportar nada más. Y, quizás, han venido otras situaciones que sí hemos podido soportar y llevar adelante sabiendo que la vida continúa y que tenemos que seguir.
No sólo a nosotros nos puede haber sucedido, sino que habrá alguien en nuestras vidas que hemos visto cómo vivía, como Job, muchas situaciones duras y cruces muy pesadas. Y los hemos visto seguir sin dejarse caer sabiendo que siempre, con confianza en la Providencia, se sale adelante.
A veces, nos encontramos también con aquellos que no creen que pueden salir, que no confían, que siempre están con la queja en los labios por esto o por aquello y que están como buscando algo para poder renunciar a la fe o para poder seguir amargados por la vida.
Ninguno puede decir tu cruz es mayor que la mía, ni mi dolor es más grande que el tuyo. Cada uno tiene lo que tiene, pero todos debemos buscar la fuerza en lo alto para aceptar cada momento que el Padre quiere que vivamos o que el Padre permite que vivamos, porque no todo es culpa de Dios, sino que, otras veces, el Señor lo permite. Pero todo depende de nosotros cómo lo vivamos, si con confianza en la fortaleza que Él nos dará en todo momento o si sólo nos renegaremos y dejaremos que las cosas nos aplasten y destruyan.
Job eligió el mejor camino de aceptar, creer y continuar.