«Anda, baja al taller del alfarero, que allí te comunicaré mi palabra».
Bajé al taller del alfarero, que en aquel momento estaba trabajando en el torno. Cuando le salía mal una vasija de barro que estaba torneando (como suele ocurrir al alfarero que trabaja con barro), volvía a hacer otra vasija, tal como a él le parecía.
Entonces el Señor me dirigió la palabra en estos términos:
«¿No puedo yo trataros como este alfarero, casa de Israel? - oráculo del Señor -.
Pues lo mismo que está el barro en manos del alfarero, así estáis vosotros en mi mano, casa de Israel».
Esta Palabra del Señor a Jeremías es el cimiento de la canción (que tanto gusta) del Alfarero, pero no siempre sabemos de dónde vienen las inspiraciones, pero tampoco sabemos si lo que estamos cantando o diciendo o compartiendo será bueno para mi vida o si lo aceptaré en mi vida.
El Señor le hace comprender a Jeremías, y por él a su Pueblo, que todos somos hechura de su Mano, que, aunque nos queramos construir a nosotros mismos es Él quien tiene las riendas de nuestra vida en sus Manos, y es imposible querer escaparnos de Él, aunque lo intentemos una y mil veces, y, por supuesto, aunque neguemos su Presencia y Existencia Dios nunca va a dejar de estar en nuestras vidas.
Por eso, el Señor le hablaba así a Israel, y nos lo dice a nosotros, que es mejor dejarnos modelar por sus Manos pues es Él quien tiene la sabiduría y la eternidad, porque cuando nos dejamos modelar por el mundo éste no tiene ni la sabiduría ni la eternidad, ni la capacidad de darnos o devolvernos la vida que nos va quitando. Y así nos lo hace ver o pensar el Salmo:
No confiéis en los príncipes,
seres de polvo que no pueden salvar;
exhalan el espíritu y vuelven al polvo,
ese día perecen sus planes.
Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en él.
Es cierto que así parece que no tenemos libertad para elegir o para vivir, pues es lo que el hombre de hoy quiere: ser libre, pero sí tenemos la libertad de vivir en Dios o sin Él, y cada una de esas elecciones tiene sus propias consecuencias. Vivir en Dios nos dará vida y Vida en plenitud, aunque el Camino, como nos lo enseñó Jesús no será el más fácil, pero será el que nos lleve a la plenitud de nuestro ser y a la eternidad en Dios.
Cada uno elige qué camino recorrer.
El Sermón en la montaña
jueves, 30 de julio de 2026
Elegir al Alfarero
miércoles, 29 de julio de 2026
Los amigos de Jesús
En la vida de Jesús hay muchas personas y cada una de ellas con un rol, podríamos decir, fundamental y diferentes. A Jesús lo seguían sus apóstoles, la gente que lo escuchaba y venía por milagros, los que después fueron discípulos (pero no apóstoles), familiares como María su Madre, algunos parientes, y los santos de hoy: Marta, María y Lázaro, los amigos de Jesús. Y por eso creo que hoy es un buen día para hablar de la amistad sincera.
Marta, María y Lázaro seguramente lo seguirían a Jesús por sus enseñanzas pero ellos eran más que esos, eran amigos, aquellos en los que uno puede recostarse sin tener que decir palabra, los que pueden recibir los secretos del corazón sin tener que dar opinión ni cuestionar, pero que, a la vez, pueden cuestionarte sin dañarte ni hacerte mal, sino que buscan, sobre todas las cosas, tu bien porque te aman, te quieren tal cual eres, sin más.
Los amigos verdaderos son los que pueden pasar tiempo sin verse pero saben que siempre están en el momento y lugar (aunque sea virtual) justo, porque tienen su corazón unido al tuyo y saben, aunque no haya palabras, qué es lo que está pasando dentro de tu corazón.
Como dice por ahí la Sagrada Escritura “quien encuentra un amigo encuentra un tesoro”, y es así, es lo más valioso (después de la familia) la amistad sincera, pues en la familia si puedes tener amigos, pero hay de primera un lazo de sangre, un lazo que a pesar de ser inviolable muchas veces se rompe. Claro es que las amistades se rompen, pero se rompen porque nunca fueron fuertes, no fueron de las que han guardado en lo secreto de sus corazones tus propios secretos, pues esos secretos hacen que sus cimientos sean fuertes.
Por eso, hoy, debemos buscar, también, una sincera amistad con Jesús, no porque sea uno más entre nosotros, sino porque es el Amigo Perfecto, el que guarda todas esas virtudes de modo extraordinario y, además, es el que te ha dado la vida sin conocerte, murió por ti sin saber nada de ti, y, cuando tienes el corazón necesitado de un abrazo te abraza con todo su ser y entra en tu vida no sólo espiritualmente sino físicamente por medio de la Eucaristía. Y es, sobre todo, un amigo que nunca va a decirte “¿por qué hoy no me has llamado?” porque sabe que siempre Él estará a pesar de que no hables con él todos los días, pero si lo haces verás los frutos de un diálogo sincero y lleno de vida que fortalecerá tu vida con Su Amor.
Por todo esto y por más hoy es un día para dar gracias por Su Amistad, por Su Entrega y por entregarnos, en el camino de la vida, a muchos amigos que guardan en sus corazones parte de nuestras vidas y con quienes estaremos siempre unidos.
martes, 28 de julio de 2026
Sembradores de cizaña
«Explícanos la parábola de la cizaña en el campo».
Él les contestó:
El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles".
Está claro que no me toca a mí explicar más la parábola de la cizaña, pero sí que siempre nos queda algo más para poder reflexionar. Cuando leemos una parábola o escuchamos alguna palabra de Jesús que nos compromete o que nos puede llegar a tocar por algún lado porque sabemos que hemos actuado mal, entonces, nos ponemos un espejo y dejamos que la palabra rebote y le pegue a otro a no a mí.
Entonces es cuando tenemos que hacer un gran trabajo de sinceramiento con nosotros mismos frente a Dios y preguntarnos: ¿he sido sembrador de cizaña? ¿He hablado mal de mis hermanos, de mi prójimo, de alguien de mi familia, comunidad, amistades, etc.? Seguramente que sí pues si no hemos hablado directamente nos hemos hecho eco de la palabra de alguien, y, seguramente, también, hemos dejado que se hablara mal de otra persona.
¿Y si lo que dijeran fuera acerca de mí? Quizás nadie hable mal de mí estando en el mismo círculo de personas, quizás nadie se atreva a decirme tal o cual cosa por miedo a mis reacciones. Es ahí cuando debo pensar cómo estoy siendo, como estoy actuando con los demás. ¿Le permito a los demás que me diga, sinceramente, lo que ven mal en mí? ¿Me rebelo contra ellos cuando hablan mal de mí? ¿Soy vengativo? ¿Soy rencoroso?
Hay muchas manera de sembrar cizaña en el mundo, y no hablemos del mundo en general, sino de mi propio mundo: familia, amigos, comunidad parroquial, de trabajo, etc.
Porque no sólo es hablar mal de los demás, sino no dejar que los demás puedan ayudarme a cambiar, cerrarme a los otros porque han querido ayudarme a modificar mis defectos o me han hecho ver que he hablado mal o que he sembrado cizaña. En definitiva la corrección fraterna es algo que nos gusta hacer hacia los demás, pero nos cuesta que los demás quieran tener un diálogo fraterno conmigo y me ayuden a modificar mi conducta o mi modo de hablar o relacionarme.
Y, sobre todo tengamos en cuenta que la cizaña no es simplemente una hierva, sino que es un pecado contra la caridad, contra el amor fraterno, y, por eso, no le hace mal a la otra persona, sino que me hace mal a mí, pues cuando siembro cizaña la cizaña no habla de la otra persona sino del sembrador. Y, por supuesto, como pecado contra el amor y la caridad, me va quitando Gracia, me va a alejando del Verdadero Amor.
lunes, 27 de julio de 2026
Dejarnos sembrar
En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola al gentío:
«El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas».
Las parábolas son el género literario que Jesús usaba para hablarles y para hablarnos de modo que podamos entender, en algún sentido, una verdad que trasciende lo intelectual y que no hay palabras humanas para describir. Quedarnos con el texto literal es un error pues tenemos que ir, siempre, a lo profundo de lo que Jesús ha intentado decirnos, y, a cada uno, puede parecerle otra cosa, pero siempre dentro del mismo tema.
¿Qué es el reino de Dios? Es el Reino donde habita Dios y que está gobernado por Dios. Es el Reino que podemos llegar a entender cuando leemos el Antiguo Testamento y vemos cómo el Señor quería crear un Pueblo en el que Él fuera quien lo gobernase pues sabía y conocía perfectamente a quienes había elegido para vivir en él.
"Porque del mismo modo que se ajusta el cinturón a la cintura del hombre, así hice yo que se ajustaran a mí la casa de Judá y la casa de Israel - oráculo del Señor -, para que fueran mi pueblo, mi fama, mi alabanza, y mi honor. Pero no me escucharon".
Así tenemos que entender que el Señor nos eligió a nosotros para formar un Nuevo Pueblo que pueda escuchar y vivir la Voluntad del Padre, así como la vivió Él, Jesús.
Nos eligió como semillas pequeñas, que parecen nada a la luz del mundo, pero que si se dejan fertilizar por la Palabra de Dios y pueden germinar en la tierra fértil de la Gracia del Espíritu Santo, se convierten en un árbol frondoso que da sombra a cuántos necesitan acercarse al Señor.
Pero si esta semilla, que somos nosotros, nos ocultamos de la vista de los demás y no dejamos que el Señor nos siembre donde quiera, entonces no produciremos el fruto adecuado. La semilla no le pone obstáculos al sembrador, por eso tenemos que hacer el esfuerzo de no poner obstáculos a la Palabra de Dios para hacer su Voluntad aquí en la tierra como en el Cielo.
domingo, 26 de julio de 2026
Abrir el tesoro
"Concede, pues, a tu siervo, un corazón atento para juzgar a tu pueblo y discernir entre el bien y el mal. Pues, cierto, ¿quién podrá hacer justicia a este pueblo tuyo tan inmenso?».
Agradó al Señor esta súplica de Salomón.
Entonces le dijo Dios:
«Por haberme pedido esto y no una vida larga o riquezas para ti, por no haberme pedido la vida de tus enemigos sino inteligencia para atender a la justicia, yo obraré según tu palabra..."
Cuanto más me adentro en los años más pienso que ¡qué necesario es pedir la sabiduría de Dios!
Siempre me ha sorprendido este pedido de Salomón al Señor, pero cada año que lo leo vuelvo a sorprenderme. Sorprenderme porque seguimos sin entender qué es lo importante en nuestras vidas, sin entender que sin la sabiduría de Dios no llegaremos a nada pues las meras capacidades intelectuales nos sirve para la lógica humana, pero para las cosas que van más allá de nosotros mismos no tenemos la capacidad de ver o entender.
La sabiduría, por de pronto, es un trayecto que tenemos que hacer hacia lo profundo de nosotros mismos pues debemos dejar asentar lo que vivimos y de todo eso sacar experiencias, e, igualmente, de la experiencias de los mayores, pues todo lo que vamos aprendiendo es lo que nos ayuda a discernir, a saber, y, si me permiten la expresión "a rellenar nuestro interior", pues lo que hoy vemos son personas "sin relleno", sin nada en la cabeza más que... no lo puedo decir aquí jajaja. Pero ya me entendeis.
Y, por otro lado, los que nos hemos decidido por vivir en cristiano necesitamos la sabiduría de Dios, elevar nuestra mente y corazón hacia el Padre para que, con la ayuda del Espíritu, podamos recibir todo lo necesario para comprender el Camino que nos toca vivir, sea de alegría o tristeza, de cruz o resurrección, de dolor o gozo.
Y, sobre todo, poder discernir cuál es nuestra vocación, cuál es nuestro proyecto según el Padre y así poder darle sentido completo a nuestra vida, a nuestra existencia, a lo que voy viviendo y a lo que tengo que dejar en el camino porque no es para mí.
En definitiva la sabiduría humana me ayuda a entender y hacer lo que Jesús dice al final del evangelio de hoy:
"¿Habéis entendido todo esto?»
Ellos le contestaron: «Sí».
Él les dijo: «Pues bien, un escriba que ese ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».
sábado, 25 de julio de 2026
Partícpes de la pasión de Cristo
Homilía de San Juan Crisóstomo, obispo
Los hijos de Zebedeo apremian a Cristo, diciéndole: Ordena que se siente uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. ¿Qué les responde el Señor? Para hacerles ver que lo que piden no tiene nada de espiritual y que, si hubieran sabido lo que pedían, nunca se hubieran atrevido a hacerlo, les dice: No sabéis lo que pedís, es decir: «No sabéis cuán grande, cuán admirable, cuán superior a los mismos coros celestiales es esto que pedís». Luego añade: ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar? Es como si les dijera: «Vosotros me habláis de honores y de coronas, pero yo os hablo de luchas y fatigas. Éste no es tiempo de premios, ni es ahora cuando se ha de manifestar mi gloria; la vida presente es tiempo de muertes, de guerra y de peligros».
Pero fijémonos cómo la manera de interrogar del Señor equivale a una exhortación y a un aliciente. No dice: «¿Podéis soportar la muerte? ¿Sois capaces de derramar vuestra sangre?», sino que sus palabras son: ¿Sois capaces de beber el cáliz? Y, para animarlos a ello, añade: Que yo he de beber; de este modo, la consideración de que se trata del mismo cáliz que ha de beber el Señor había de estimularlos a una respuesta más generosa. Y a su pasión le da el nombre de «bautismo», para significar, con ello, que sus sufrimientos habían de ser causa de una gran purificación para todo el mundo. Ellos responden: Lo somos. El fervor de su espíritu les hace dar esta respuesta espontánea, sin saber bien lo que prometen, pero con la esperanza de que de este modo alcanzarán lo que desean.
¿Qué les dice entonces el Señor? El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizarán con el bautismo con que yo me voy a bautizar. Grandes son los bienes que les anuncia, esto es: «Seréis dignos del martirio y sufriréis lo mismo que yo, vuestra vida acabará con una muerte violenta, y así seréis partícipes de mi pasión. Pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mi concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre». Después que ha levantado sus ánimos y ha provocado su magnanimidad, después que los ha hecho capaces de superar el sufrimiento, entonces es cuando corrige su petición.
Los otros diez se indignaron contra los dos hermanos. Ya veis cuán imperfectos eran todos, tanto aquellos que pretendían una precedencia sobre los otros diez, como también los otros diez que envidiaban a sus dos colegas. Pero -como ya dije en otro lugar- si nos fijamos en su conducta posterior, observamos que están ya libres de esta clase de aspiraciones. El mismo Juan, uno de los protagonistas de este episodio, cede siempre el primer lugar a Pedro, tanto en la predicación como en la realización de los milagros, como leemos en los Hechos de los apóstoles. En cuanto a Santiago, no vivió por mucho tiempo; ya desde el principio se dejó llevar de su gran vehemencia y, dejando a un lado toda aspiración humana, obtuvo bien pronto la gloria inefable del martirio.
viernes, 24 de julio de 2026
Tu Palabra tiene vida eterna
De las Confesiones de San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia
Tu palabra, oh Dios, es fuente de vida eterna y no pasa: por esa razón, en tu palabra se nos disuade aquel alejamiento de ti, cuando se nos dice: No os ajustéis a este mundo, a fin de que la tierra produzca —regada por la fuente de la vida— el alma viviente, en tu palabra, que por medio de tus evangelistas es vehículo del alma, imitando a los imitadores de tu Cristo.
Porque he aquí, Señor, Dios nuestro y nuestro creador, que cuando fueren apartados del amor del mundo aquellos afectos con los cuales moríamos viviendo mal, y comenzare a ser alma viviente viviendo bien y se cumpliere tu palabra proclamada por boca de tu Apóstol: No os ajustéis a este mundo, se seguirá también lo que inmediatamente añadiste diciendo: Sino transformaos por la renovación de la mente, no ya según la especie, es decir, imitando a los que nos han precedido, ni según el autorizado ejemplo de un hombre superior.
Pues no dijiste: «Hágase el hombre según su especie», sino: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, para que conozcamos cuál es tu voluntad. Por eso aquel ministro tuyo, que engendró hijos por el evangelio, para que no fueran siempre como niños, teniendo que alimentarlos con leche y llevarlos en brazos como una nodriza, les decía: Transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto. Por lo cual no dices: «Hágase el hombre», sino: Hagamos; ni dices: «Según su especie», sino: A nuestra imagen y semejanza.
Porque, el hombre, renovado en la mente y capaz de contemplar y comprender tu verdad, no tiene necesidad de aprendizaje humano para imitar su especie, sino que, teniéndote a ti por guía, él mismo llega a discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto; y le enseñas —pues ya es capaz— a ver la trinidad en la unidad y la unidad en la trinidad. Por eso, después de haber dicho en plural: Hagamos al hombre, continúa en singular: Y creó Dios al hombre; y habiendo dicho en plural: A nuestra imagen, concluye en singular: A imagen de Dios. Y así el hombre se va renovando como imagen de su creador, hasta llegar a conocerlo y, hecho espiritual, tiene un criterio para juzgar todo lo que haya de juzgarse, mientras él no está sujeto al juicio de nadie.