lunes, 9 de febrero de 2026

Camino de perfección

Santa Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia (s. XVI) • Camino de Perfección, c. 34.

 
Cuando Jesús estuvo en este mundo, el simple contacto con sus vestiduras curaba a los enfermos. ¿Por qué dudar, si tenemos fe, que todavía haga milagros en nuestro favor cuando está tan íntimamente unido a nosotros en la comunión eucarística? ¿Por qué no nos dará lo que le pedimos puesto que está en su propia casa? Su Majestad no suele pagar mal la hospitalidad que le damos en nuestra alma, si le es grata la acogida. ¿Sentís la tristeza de no contemplar a nuestro Señor con los ojos del cuerpo? Dígase que no es lo que le conviene actualmente. 
Pero tan pronto como nuestro Señor ve que un alma va a sacar provecho de su presencia, se le descubre. No lo verá, cierto, con los ojos del cuerpo, sino que se le manifestará con grandes sentimientos interiores o por muchos otros medios. Quedáos pues con él de buena gana. No perdáis una ocasión tan favorable para tratar vuestros intereses en la hora que sigue la comunión. 

domingo, 8 de febrero de 2026

Ser sal y luz

No es una metáfora bonita o una simple comparación la que hace Jesús en este Evangelio, sino que Él nos habla de una realidad que hay en nosotros o que tiene que haber en nosotros, y no por que lo seamos de por sí, sino porque Él nos ha transformado con su Espíritu. Por eso al leer o escuchar lo que nos dice nos tenemos que poner en movimiento para poder alcanzar este Ideal, para poder descubrir en en qué no estamos siendo Fieles a lo que Él nos dice que tenemos que ser:
«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente".
La sal le da sabor a la comida, realza los sabores de las cosas por eso nos pide que seamos sal. Pero sal verdadera no esos sustitutos de sal que no son en realidad la sal del mar, sino que descubramos en la vida la mano del Padre para alegrarnos por lo que Él hace por nosotros, para alegrarnos por la Gracia de Dios en nuestras vidas, para alegrarnos por el maravilloso Don del Amor de Dios y de la entrega de Jesús en la Cruz por nosotros, y, sobre todo, por el Don del Espíritu Santo que se nos dio en el bautismo y que inhabita en nosotros para santificarnos y hacernos gustar de las maravillas de Dios.
Y así, no sólo le daremos a nuestras vidas y a la vida de los demás un saber especial y verdadero, sino que también nos llama a vivir de una determinada manera cuando nos dice:
"Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo».
Ser Luz por la Gracia de Dios y por eso mismo no tener miedo de iluminar, no tener miedo de mostrarnos tal cual somos ante Dios y ante los hombres, pues nuestra iluminada y fortalecida y santificada por el Espíritu Santo tiene que ser el método indiscutible de vida en Dios. Sí, y Dios lo sabe, que vamos a tropezar y caer, pero siempre nos levantaremos y seguiremos intentando recorrer el camino de la santidad que es el que nos conduce hacia el Padre y le da el verdadero sentido a nuestra vida, y con la ayuda del Espíritu podremos ser aquello que Jesús nos llama a vivir, confiados en el Amor del Padre y la fuerza del Espíritu que vive en nosotros y, de manera especial, alimentados por el Cuerpo y la Sangre del Hijo que se nos entrega cada día

sábado, 7 de febrero de 2026

Lo urgente o lo esencial?

"Entonces le dijo Dios:
«Por haberme pedido esto y no una vida larga o riquezas para ti, por no haberme pedido la vida de tus enemigos sino inteligencia para atender a la justicia, yo obraré según tu palabra: te concedo, pues un corazón sabio e inteligente, como no ha habido antes de ti ni surgirá otro igual después de ti
Te concedo también aquello que no has pedido, riquezas y gloria mayores que las de ningún otro rey mientras vivas».
Esta respuesta de Dios a Salomón, rey de Israel, hijo de David, es realmente fuerte, pues nos habla de lo que debemos pedir: no es lo que queremos sino lo que necesitamos, pues de lo demás se encarga Dios.
Salomón le pidió a Dios la sabiduría para discernir entre el bien y el mal pues era un rey joven y no sabría hacerlo, no le pidió ni oro ni dinero, sino lo que él vio que necesitaba como rey para guiar a su pueblo.
A veces, las "urgencias" sociales nos hacen pedir a Dios cosas que nos gustaría tener, pero pocas veces pedimos lo que necesitamos para ser fieles a su Voluntad. Y ese es el mejor camino para recorrer. Como nos dice Santiago en su carta:
"Pedís y no recibís, porque pedís mal, con la intención de satisfacer vuestras pasiones".
O como le dice san Pablo a los romanos:
"Del mismo modo, el Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escruta los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios".
Así es, cuando en el silencio dejamos que el Espíritu Santo nos hable será Él quien nos enseñe a pedir, quien nos enseñe a descubrir qué es lo que necesitamos para poder ser Fieles a la Voluntad de Dios, en todo momento y ocasión. Por eso, la oración del cristiano tiene que ser una oración al Espíritu Santo que es quien sabe el camino y el sentido que el Padre quiere darle a nuestras vidas.
No dejemos que las urgencias del día a día o del mundo nos obliguen a olvidarnos de lo esencial.

viernes, 6 de febrero de 2026

Herodías y su hija

Hablemos de Herodías y de su hija:
"La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras, que te lo daré».
Y le juró: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino».
Ella salió a preguntarle a su madre: «¿Qué le pido?».
La madre le contestó: «La cabeza de Juan, el Bautista».
Entró ella en seguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: «Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».
¿Cuántas veces nos pasa que vamos a hablar con alguien, o a comentarle algo sobre alguien, o a pedir consejo y nos sucede que hacemos lo que la otra persona no quiere hacer por sí misma? En este caso Herodías quería vengarse de Juan el Bautista y lo hizo por medio de su hija.
Nosotros, muchas veces, nos hacemos eco de la maldad de otros sin ponernos a pensar si lo que estoy haciendo está bien, si lo que me han comentado es la verdad, y ¿tengo que aceptar lo que otros me dicen sin pensar ni reflexionar ni tan siquiera preguntarme qué es lo que quiere Dios que haga?
Pero, también, soy yo, muchas veces, quien "tiro de la lengua", quien lanza juicios y condenas para que otros se hagan cómplices de mi dolor o de mi venganza.
Y, lo peor, es que uno puede decir: "yo no lo te lo dije para que lo hicieras, yo no tengo la culpa que lo hayas hecho". Pues sí, tienes la culpa de haber puesto la cizaña o haber encendido la mecha para que esa situación explote.
Nosotros, los cristianos, tenemos que ser sembradores o instrumentos de paz, y no sembradores de cizaña o jueces que van dando sentencia para que otros la cumplan, ni tan siquiera somos los vengadores del mundo para ir dando golpes para salvar el mundo.
Por eso tenemos que recordar siempre las palabras de Jesús:
"Así, pues, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas". Y si no entendemos esto pensemos: no hagas a los demás lo que no te gusta que hagan contigo.

jueves, 5 de febrero de 2026

Llamados y enviados

"En aquel tiempo, Jesús llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos".
Hay tres palabras y conceptos claves en esta frase del envío de los 12: los llamó, los envió, y les dio autoridad. Digo que son claves porque son las que nos orientan en nuestra vida cristiana y de apóstoles (sabiendo que desde el bautismo todos somos apóstoles de Cristo, cada uno según su propio estilo de vida).
Primero tener mucha conciencia de que, como nos dijo Jesús, "no somos nosotros quienes lo elegimos sino que es Él quien nos elige y nos llama". Es que hay mucha diferencia cuando digo que soy yo quien elige o simplemente soy quien acepta seguir a alguien. ¿Por qué? Porque si soy yo quien elige entonces tengo derecho a exigir lo que sea, en cambio si soy quien acepta un camino me tengo que adecuar a seguir las normas de Quien ha marcado el camino. Por eso al aceptar ser cristiano acepto "las reglas" que tiene este estilo de vida, y no soy yo quien impone las reglas, sino que ya todo está escrito.
Por otro lado hay que tener en cuenta que al aceptar el llamado a ser cristiano, seguidor de Cristo, seré enviado primero a vivir la Voluntad del Padre, y segundo seré enviado a llevar el mensaje de la Salvación: "Id al mundo entero y anunciad el Evangelio", y, como dijo alguien "si es necesario hacedlo con palabras". Nuestra vida es el mensaje para los demás, pues mi vida es el Evangelio de Cristo. ¿Lo es?
Y por último sabiendo que para que pueda alcanzar esa meta que el Padre me propone no lo hago por mis propios medios, ni con mi propia fuerza, sino que para todo ello el Padre me capacitará con su Gracia (si me mantengo unido a Él por medio de la oración, la reflexión de la Palabra y los sacramentos) además de tener el Espíritu Santo que el Hijo me otorgó el día de mi bautismo.
Así, teniendo en cuenta estas "cositas" no me atreveré a querer cambiar las leyes del Evangelio, sino que, con la Gracia de Dios, podré aceptarlas para llevarlas a la vida y ser, así, luz para los demás.

miércoles, 4 de febrero de 2026

No es el hijo del carpintero?

"Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada:
«¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros que realizan sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?»
Y se escandalizaban a cuenta de él".
Muchas veces hablamos de los prejuicios sobre los demás, como le pasó a los paisanos de Jesús que se preguntaban de dónde sacaba tanta sabiduría si era el hijo del carpintero (como dice en otro evangelio) Y así somos todos, o casi todos, porque no miramos el contenido y la verdad que dice tal o cual, sino que lo primero que analizamos es quién es y de dónde viene o cómo se viste o esto o lo otro, y si lo que dice nos cuestiona entonces descartamos sus palabras porque es tal o cual. Pero si lo que dice nos viene bien para criticar a otros entonces afirmamos sus palabras porque, en realidad, nos vienen bien para afirmarnos contra otras personas.
Pero, también, existen los prejuicios sobre uno mismo, porque las infravaloraciones que hacemos sobres nosotros mismos son fruto de nuestros propios prejuicios, o de lo que, a veces, otros nos hacen creer de nosotros mismos.
Imagínense que Jesús hubiese creído las palabras que la gente decía sobre él, si hubiese sido así no hubiese seguido predicando, se habría encerrado en su casa porque el hijo del carpintero y de familia humilde no puede hacer grande cosas. Sin embargo no hizo caso a las palabras de la gente sino que se dedicó a escuchar la Voz de Aquél que lo había llamado, de Su Padre del Cielo.
Y eso es lo que nos enseña este pasaje: no creer en lo que dicen de nosotros y no dejar que las palabras de la gente nos bajen la autoestima (ni tampoco la suban demasiado) sino que aprendamos a escuchar a nuestro Padre que nos conoce desde las entrañas maternas y Él sabe quienes somos y cuál es nuestra misión en este momento, en este lugar y en esta historia. Así podremos llegar a hacer el milagro de vivir de acuerdo a Su Voluntad y alcanzar la plenitud de nuestra vida. De este modo sabremos quienes somos y cuál es el sentido de nuestra vida para que todo lo que hagamos lo hagamos en función de la meta que el Padre quiere que alcancemos.

lunes, 2 de febrero de 2026

Luz de las naciones

El 2 de febrero tiene varios nombres: el día de la Candelaria, día de la Presentación del Señor (el verdadero nombre), el día de la Luz, de la vida consagrada.
Empecemos por el primero: es el día en que celebramos la Presentación del niño Jesús en el Templo, pues como dice el Evangelio los padres tenían que consagrar a su primogénito en el Templo y cumplir el rito de la purificación de la madre, y la circuncisión del niño. Todo lo que, siendo fieles a la Ley, cumplen María y José. Podemos ver aquí lo fieles que son ellos a la Ley de Moisés, a lo que Dios les pide que hagan, no sólo lo hicieron en el principio de la Anunciación y el Nacimiento, sino que en todo momento y con todas las Leyes que había que cumplir.
El día de la Candelaria y de la Luz porque Simeón habla de Jesús como "luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel", por eso en este día se bendicen las velas (cirios o candelas) porque llevamos, también, esa luz a nuestras casas y nos reconocemos, como cristianos, como dijo Jesús "vosotros sois la luz del mundo".
De la vida consagrada en relación con la profetisa Ana que estaba consagrada al Templo y con vida comenzó a alabar a Dios y dar a conocer la noticia de la Venida del Salvador, pero también, porque la vida consagrada a imagen de María y José llevan en su corazón la Luz del Jesús a todo el mundo, con una entrega completa de sus vidas al Señor.
Y todo eso nos lleva a alegrarnos del día en que el Señor, una vez más se dio a conocer por medio de los más simples y sencillos, como Simeón y Ana que abiertos a la Voz del Espíritu pudieron descubrir en ese pequeño Niño al Dios que cumplía sus promesas y con alegría desbordante en el corazón fueron luz para iluminar la vida de todos los que estaban cerca, así también, nosotros, debemos iluminar con nuestra alegría de sabernos no sólo hijos de Dios, sino también profetas y anunciadores de la Gran Noticia de la Salvación.