domingo, 8 de noviembre de 2026

Entre el inmovilismo y la imprudencia

"Y las necias dijeron a las prudentes:
“Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”.
Pero las prudentes contestaron:
“Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”.
A simple vista podríamos decir que gente mala que son estas prudentes porque no quieren compartir el aceite con las otras. Otros pensarán que está bien que para eso lo habían comprado. Y quizás otras piensen que fue una buena estrategia porque así se quedaron el esposo para ellas solas. O tantas otras cuestiones más, todo depende de nuestro buen o mal pensar.
A lo que podríamos ver como algo egoísta por no querer compartir, Jesús lo ha llamado prudente, por eso el título de esas doncellas: pues la prudencia es algo que, muchas veces, no lo tenemos en cuenta y es una de las virtudes que más nos pueden ayudar en nuestra vida, pues la Prudencia tiene que estar en todos los momentos pues nos ayuda a prevenirnos de ciertas cosas y a poder discernir sobre otras.
Pero, para tener en cuenta, no hay que confundir prudencia con inmovilismo, pues muchas veces por ser prudentes no hacemos nada, y eso no es lo que quiere el Señor para nuestras vidas, porque también hay quienes pecan de demasiados prudentes, tanto que nunca hacen nada por las dudas... Y, claro, el extremo, el imprudente, tampoco es la solución. Y ese es el problema que el equilibrio entre el inmovilismo y la imprudencia, para llegar a ser prudente es complicado.
No sería complicado si tenemos en cuenta que para todo ello tenemos algo necesario que buscar, aunque siempre está a nuestro alcance:
"Radiante e inmarcesible, es la sabiduría, la ven con facilidad los que la aman y quienes la buscan la encuentran.
Se adelanta en manifestarse a los que la desean.
Quien madruga por ella no se cansa, pues la encuentra sentada a la puerta.
Meditar sobre ella es prudencia consumada y el que vela por ella pronto se ve libre de preocupaciones.
Pues ella misma va de un lado a otro buscando a los que son dignos de ella; los aborda benigna por los caminos y les sale al encuentro en cada pensamiento".
Sí, la sabiduría. Esa sabiduría que nos dan los años, pero que si nos damos cuenta siempre está a nuestro alcance porque, también, es un Don del Espíritu que está expectante para ayudarnos en cada momento a discernir, a contemplar la realidad y desde ahí poder descubrir la Voluntad de Dios para cada día, para cada momento, pues cada momento es parte de un todo que se llama Plan de Salvación, por eso la necesito para ser protagonista de la historia que Dios ha pensado para mí, pero nunca lo podré hacer si peco de inmovilismo o imprudencia en el obrar, en el hablar, en el vivir.

sábado, 7 de noviembre de 2026

A quién soy fiel?

En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos:
«Ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.
El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto.
Pues, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera? Si no fuisteis fieles en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?
Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero».
Si volvemos un poco más atrás vamos a recordar la parábola del administrador infiel de quien el Señor dijo que los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la Luz. Y pensemos que así actúan los que son fieles al mundo, al materialismo, al dinero: se tiene mucha astucia para ganar siempre más y más. Pero los hijos de la luz, o sea, los que aceptaron el Camino de Cristo, los discípulos de Cristo, no somos tan astutos como para ganar cada día más para el Señor, quizás, todo lo contrario: nos dejamos convencer por las cosas del mundo y vivimos sirviendo a dos señores: al mundo y a Cristo.
Y así podríamos preguntarnos ¿quién ocupa más mi corazón? ¿En qué tengo más puesto mis pensamientos? ¿A quién le doy más excusas: al mundo o a Cristo? Y ahí podré ver a quién estoy sirviendo más tiempo en el día a día, porque de ese modo podré saber si mi espíritu está cada día más cerca de Cristo o más alejado, si estoy creciendo en santidad o no, si estoy viviendo en la Voluntad de Dios o del mundo.

viernes, 6 de noviembre de 2026

El sentido del martirio

De los sermones de San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia

Tratándose de la fiesta de los santos mártires, ¿de qué podemos hablar mejor que de la gloria de los mismos? Ayúdenos el Señor de los mártires, puesto que él es su corona. Hace poco escuchamos al bienaventurado apóstol Pablo que pregonaba el grito de los mismos mártires: ¿Quién nos separará del amor de Cristo? Tal es el grito de los mártires. ¿La tribulación? ¿La angustia? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿Los peligros? ¿La espada? Porque está escrito: «Por ti somos mortificados todo el día y considerados como ovejas de matadero». Pero en todas estas cosas vencemos por aquel que nos amó.
Este es el grito de los mártires: soportarlo todo, no presumir de sí mismos y amar a quien es glorificado en los suyos, para que quien se gloríe, se gloríe en el Señor. Ellos conocían también lo que hace poco hemos cantado: Alegraos en el Señor y exultad, justos. Si los justos se alegran en el Señor, los injustos no saben alegrarse más que en el mundo.
Pero este es el primer ejército que hay que vencer: primero hay que vencer al placer y luego al dolor. ¿Cómo puede superar la crueldad del mundo quien es incapaz de superar sus halagos? Este mundo halaga prometiendo honores, riquezas, placer; este mundo amenaza sirviéndose del dolor, la pobreza y la humillación. Quien no desprecia lo que él promete, ¿cómo puede vencer sus amenazas? Las riquezas causan su propio deleite; ¿quién lo ignora? Pero la justicia lo tiene aún mayor.
El Apóstol pasó ciertamente por alto todos los halagos del mundo, y quiso que los recordases tú, el halagado por el mundo. ¿Por qué? Porque anunciaba de antemano los combates de los mártires; aquellos combates en que vencieron la persecución, el hambre, la sed, la penuria, la deshonra y, por último, el temor de la muerte y al más cruel de los enemigos.
Mas considerad, hermanos, que todo es obra del arte de Cristo. El Apóstol nos invita a preferir el amor de Cristo al del mundo. ¿Cuántas estrecheces han de pasar quienes quieren robar cosas ajenas? ¿La persecución? Ni la persecución los quiebra. El avaro dice en su corazón lo que quizá no se atreve a decir con su lengua: ¿Quién nos separa de la ambición del oro? ¿La tribulación? ¿La angustia? ¿La persecución? También los avaros pueden decir al oro: «Por ti somos llevados a la muerte día a día».

jueves, 5 de noviembre de 2026

Pérdidas y ganancias

San Pablo desde su propia experiencia habla con los filipenses y les cuenta su vida y su amor por Cristo y lo que ello implicó para él. Al final del relato les dice:
"Sin embargo, todo eso que para mí era ganancia, lo consideré pérdida a causa de Cristo. Más aún: todo lo considero pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor".
San Pablo ha tenido una experiencia existencial, personal con Jesús resucitado y eso lo ha marcado definitivamente por eso todo lo que él antes vivía y era para él lo mejor de su vida cambió cuando se encontró con Jesús. Él se gloriaba de quien era y de lo que tenía y de la fama que poseía, pero nada de eso le importa ahora, sólo seguirlo a Cristo, por eso el habla de que todo lo que para él era ganancia ahora es pérdida a causa de Cristo. Es decir ahora hay un sentido mucho más profundo o más alto que quiere alcanzar porque Jesús se lo ha mostrado.
Así sucede en nuestras vidas, y no sólo hablemos de la fe, del espíritu. A veces consideramos ciertas cosas inútiles en nuestra vida porque nos alejan de la meta que nos hemos planteado. Pero, también es cierto que algunas metas que nos estamos proponiendo o poniendo en nuestras vidas nos alejan de lo que más amamos, o de lo que sería esencial en nuestras vidas.
Hoy el ritmo y las exigencias del mundo materialista en el que nos encontramos nos ponen metas muy altas en cuanto a prosperidad, profesionalidad, intelectualidad, etc. Que mirando desde el mundo son grandes metas que nos dan un gran prestigio y nos ubican en un nivel social muy bueno, pero ¿a cambio de qué? ¿Qué es lo que voy dejando en el camino que no disfruto, que no amo, que me voy perdiendo?
En cambio cuando, como Saulo en aquél momento en que se le presentó Jesús y realmente lo conoció y descubrió Quién era, tenemos que dejarnos asombrar y enamorar por nuestro Dios y Señor para descubrir nuevas metas que Él tiene para nosotros y que son las que realmente valen la pena alcanzar. Metas que serán aún más difíciles de alcanzar con las solas fuerzas humanas, pero que si nos dejamos llevar por el Espíritu Santo podremos, como el mismo Pablo dice: "combatir el buen combate, alcanzar la meta y no perder la fe".

miércoles, 4 de noviembre de 2026

Trabajar por una opción fundamental

Hoy las lecturas de la liturgia eucarística nos dan mucho material para meditar varios días, por eso elegí sólo dos párrafos de las lecturas para que podamos ir comenzando por algo. Primero me quedo con este párrafo de san Pablo:
"...trabajad por vuestra salvación con temor y temblor, porque es Dios quien activa en vosotros el querer y el obrar para realizar su designio de amor.
Cualquier cosa que hagáis sea sin protestas ni discusiones, así seréis irreprochables y sencillos, hijos de Dios sin tacha, en medio de una generación perversa y depravada, entre la cual brilláis como lumbreras del mundo, manteniendo firme la palabra de la vida".
Este párrafo nos da una idea de por qué trabajamos en la vida espiritual, porque, en definitiva, estamos en la construcción del Reino de Dios en la tierra, pero ese Reino comienza en nosotros y, por eso mismo, debemos trabajar incesantemente en nuestra perfección en el amor, en toda nuestra vida, día a día, piedra a piedra.
Y, para poder hacer ese trabajo primero tengo que hacer una opción fundamental en mi vida para que pueda orientar mis pasos hacia la meta final, y esa opción es la que me presenta Jesús, y la debo hacer antes de comenzar el trabajo diario:
«Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.
Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío.
Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, sí echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: "Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar."
No es que tengamos que odiar a los que queremos, pero no debemos poner nuestras relaciones familiares, amicales, laborales, etc., como excusas para no hacer la Voluntad de Dios. Si queremos seguir a cristo, si queremos ser verdaderos cristianos Dios ha de ser el Primero en nuestra vida, y el hacer su Voluntad antes que la nuestra nuestra principal ocupación. Y con la Gracia del Espíritu podremos lograrlo si estamos dispuestos a entregarnos por completo.

martes, 3 de noviembre de 2026

Son sólo excusas

La parábola de los invitados al Banquete de Bodas, esos invitados que se disculparon por no poder ir, entonces el Rey mandó a invitar a otros diferentes y salió a las calles a buscar gente, tiene mucho argumento para varias reflexiones. Ya otra vez lo meditábamos poniendo como el centro el Banquete Celestial que es la Eucaristía, y cómo nos excusamos, más de una vez, para no ir a Misa.
Hoy se me vino a la mente cuántas veces nos excusamos o damos argumentos para no hacer cosas que no me gustan o para hacer otras que me gustan más.
Voy a poner varios ejemplos que nos van a llevar a pensar, quizás, en otras personas pero intentemos pensar en nosotros mismos.
Hace unos días veía un breve video sobre un padre que siempre ponía excusas para no llegar temprano a casa: que el trabajo, que el tráfico, que esto, que lo otro. Y con el tiempo la familia se acostumbró a que nunca estuviera en los momentos de reuniones, de fiestas, incluso para comer o cenar juntos, o jugar con los hijos. Hasta que llegó el momento que un día llegó a su casa y no había nadie porque todos se habían ido a otro lugar y se quedó solo.
Otra cosa que me venía a la cabeza es cuando tus amigos te invitan a hacer cosas, pero siempre tienes otra más importante que hacer, hasta que al final dejan de invitarte y comienzan a compartir la vida con otros amigos que sí siempre están más presente.
El único que tiene el tiempo eterno para esperarnos es Dios, pero no siempre tendrá la misma Gracia suficiente para darnos, pues cuando Él nos necesite tenemos que estar disponible para hacer, sino lo que nosotros tendríamos que hacer se lo confiere a otro y quedamos ya sin necesidad de Dios, porque no nos llama a hacer otras cosas porque sabe que siempre vamos a dar largas a lo que nos pida.
María nos demuestra con su vida que sólo la disponibilidad absoluta a la Voluntad de Dios es la que nos ayuda a crecer, y, sobre todo, también, la disponibilidad a estar con quien nos necesita o con quien amamos, nos lo demostró saliendo presurosa a ayudar a su prima Isabel.
Así ¿vas a dejar de poner excusas o aceptar rápidamente la invitación que te hacen?

lunes, 2 de noviembre de 2026

Cristo, nuestra esperanza

San Braulio de Zaragoza, obispo (s. VI)

Cristo, esperanza de todos los creyentes, llama durmientes, no muertos, a los que salen de este mundo, ya que dice: Lázaro, nuestro amigo, está dormido.
Y el apóstol san Pablo quiere que no nos entristezcamos por la suerte de los difuntos, pues nuestra fe nos enseña que todos los que creen en Cristo, según se afirma en el Evangelio, no morirán para siempre: por la fe, en efecto, sabemos que ni Cristo murió para siempre ni nosotros tampoco moriremos para siempre.
Pues él mismo, el Señor, a la voz del arcángel y al son de la trompeta divina, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán.
Así, pues, debe sostenernos esta esperanza de la resurrección, pues los que hemos perdido en este mundo, los volveremos a encontrar en el otro; es suficiente que creamos en Cristo de verdad, es decir, obedeciendo sus mandatos, ya que es más fácil para él resucitar a los muertos que para nosotros despertar a los que duermen. Mas he aquí que, por una parte, afirmamos esta creencia y, por otra, no sé por qué profundo sentimiento, nos refugiamos en las lágrimas, y el deseo de nuestra sensibilidad hace vacilar la fe de nuestro espíritu. ¡Oh miserable condición humana y vanidad de toda nuestra vida sin Cristo!
¡Oh muerte, que separas a los que estaban unidos y, cruel e insensible, desunes a los que unía la amistad! Tu poder ha sido ya quebrantado. Ya ha sido roto tu cruel yugo por aquel que te amenazaba por boca del profeta Oseas: ¡Oh muerte, yo seré tu muerte! Por esto podemos apostrofarte con las palabras del Apóstol: ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?
El mismo que te ha vencido a ti nos ha redimido a nosotros, entregando su vida en poder de los impíos para convertir a estos impíos en amigos suyos. Son ciertamente muy abundantes y variadas las enseñanzas que podemos tomar de las Escrituras santas para nuestro consuelo. Pero bástanos ahora la esperanza de la resurrección y la contemplación de la gloria de nuestro Redentor, en quien nosotros, por la fe, nos consideramos ya resucitados, pues, como afirma el Apóstol: Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él.
No nos pertenecemos, pues, a nosotros mismos, sino a aquel que nos redimió, de cuya voluntad debe estar siempre pendiente la nuestra, tal como decimos en la oración: Hágase tu voluntad. Por eso, ante la muerte, hemos de decir como Job: El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor. Repitamos, pues, ahora estas palabras de Job y así, siendo iguales a él en este mundo, alcanzaremos después, en el otro, un premio semejante al suyo.