miércoles, 21 de octubre de 2026

Lo dice para tí

"Pedro le preguntó:
«Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos?».
Y el Señor le dijo:
«¿Quién es el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para que reparta la ración de alimento a sus horas?".
Habría que estar horas para explicar y reflexionar este evangelio y la carta de san Pablo, pero no lo haré tan largo, sino que esbozaré algo que siento que nos está diciendo el Señor.
Siempre tenemos que pensar que lo que el Señor dice por medio de Su Palabra lo dice para mí, no pensemos en otras personas o que bien que le vendría a tal o cual, que es el primer pensamiento que, seguramente, nos viene. Pensemos que es para cada uno de quien está leyendo la Palabra.
Y si leemos hasta el final veremos que todos los que hemos recibido la Gracia del Espíritu en el Bautismo somos los administradores de una Gracia que el Señor nos regaló, puede ser mucha o poca, pero seguramente que no tenemos cómo "pesar" la cantidad de Gracia que se nos ha dado, pero es mucho más de lo que nos imaginamos. Por eso se nos ha dado mucho y mucho se nos pedirá. ¿Por qué se nos exigirá mucho? Porque la Gracia bautismal no es sólo para nosotros mismos, sino que es una Gracia para llevarla a todos, porque el día de la ascensión de Jesús a los cielos dijo: "id y anunciad a todo el mundo", y eso lo dijo para todos los discípulos que estaban junto a Él, no lo dijo sólo para los apóstoles.
Así, esto que dice san Pablo de sí mismo es lo que tenemos que pensar para nosotros mismos: "A mí, el más insignificante de todos los santos, se me ha dado esta gracia de anunciar a los gentiles la riqueza insondable que es Cristo; e iluminar la realización del misterio, escondido desde el principio de los siglos en Dios, creador de todo".
Sí, somos y seguiremos siendo insignificantes, pero, como decía la Madre Teresa de Calcuta: "somos una pequeña de gota de agua en el mar, pero si no lo hacemos al mar le faltaría esa pequeña gota". No te guardes la Gracia del Señor para ti comienza a entregarla a tus hermanos, siempre hay forma de hacerlo si estamos dispuestos a entregarnos.

martes, 20 de octubre de 2026

Disponibilidad total

«Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.
Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo.
Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos».
Muchas veces creemos o pensamos que cuando Jesús nos habla de que estemos preparados para cuando el Señor venga es porque nos está hablando de la hora de la muerte. Puede ser, también es una opción. Pero más que para esa hora nos está hablando para cada una de las horas que estemos en este mundo. Nos habla, en realidad, de la disponibilidad para hacer lo que Dios quiera, para hacer la Voluntad de Dios.
Y esto me hace acordar de un poema de Santa Teresa de Jesús (la de Ávila, para que no haya confusiones), solo pondré una estrofa que es iluminadora de toda la intención de la Santa:
"Si queréis que esté holgando,
quiero por amor holgar.
Si me mandáis trabajar,
morir quiero trabajando.
Decid, ¿dónde, cómo y cuándo?
Decid, dulce Amor, decid:
¿qué mandáis hacer de mí?"
Santa Teresa como todos los santos comprendieron que Dios necesitaba de ellos una disponibilidad total a Su Voluntad, por eso, no importaba lo que Dios quisiera, lo que importaba es la disponibilidad a hacerlo, a vivirlo, sea lo que sea ¡estoy dispuesto! Como María "hágase en mí según tu palabra", porque no hay nada mejor, para el hombre, para encontrar la plena bienaventuranza que hacer la Voluntad del Padre.

lunes, 19 de octubre de 2026

Predicamos a Cristo crucificado

De las cartas de San Pablo de la Cruz, presbítero

Es cosa muy buena y santa pensar en la pasión del Señor y meditar sobre ella, ya que por este camino se llega a la santa unión con Dios. En esta santísima escuela se aprende la verdadera sabiduría: en ella la han aprendido todos los santos. Cuando la cruz de nuestro dulce Jesús haya echado profundas raíces en vuestro corazón, entonces cantaréis: «Sufrir y no morir», o bien: «O sufrir o morir», o mejor aún: «Ni sufrir ni morir, sino sólo una perfecta conversión a la voluntad de Dios».
El amor, en efecto, es una fuerza unitiva y hace suyos los tormentos del Bueno por excelencia, que es amado por nosotros. Este fuego, que llega hasta lo más íntimo de nuestro ser, transforma al amante en el amado y, mezclándose de un modo profundo el amor con el dolor y el dolor con el amor, resulta una fusión de amor y de dolor tan estrecha que ya no es posible separar el amor del dolor ni el dolor del amor; por esto, el alma enamorada se alegra en sus dolores y se regocija en su amor doliente.
Sed, pues, constantes en la práctica de todas las virtudes, principalmente en la imitación del dulce Jesús paciente, porque ésta es la cumbre del puro amor. Obrad de manera que todos vean que lleváis, no sólo en lo interior, sino también en lo exterior, la imagen de Cristo crucificado, modelo de toda dulzura y mansedumbre. Porque el que internamente está unido al Hijo de Dios vivo exhibe también externamente la imagen del mismo, mediante la práctica continua de una virtud heroica, principalmente de una paciencia llena de fortaleza, que nunca se queja ni en oculto ni en público. Escondeos, pues, en Jesús crucificado, sin desear otra cosa sino que todos se conviertan a su voluntad en todo.
Convertidos así en verdaderos amadores del Crucificado, celebraréis siempre la fiesta de la cruz en vuestro templo interior, aguantando en silencio y sin confiar en criatura alguna; y, ya que las fiestas se han de celebrar con alegría, los que aman al Crucificado procurarán celebrar esta fiesta de la cruz sufriendo en silencio, con su rostro alegre y sereno, de tal manera, que quede oculta a los hombres y conocida sólo de aquel que es el sumo Bien. En esta fiesta se celebran continuamente solemnes banquetes, en los que el alimento es la voluntad divina, según el ejemplo que nos dejó nuestro Amor crucificado.

domingo, 18 de octubre de 2026

Ponerlo a pruebas

«Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias. Dinos, pues, qué opinas: ¿es licito pagar impuesto al César o no?».
Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:
«Hipócritas, ¿por qué me tentáis?...".
Cuando escuchamos la Palabra de Dios siempre nos vamos a encontrar con pasajes, frases o exhortaciones que nos pican en la piel porque nos recuerdan hechos, momentos, situaciones, o hasta incluso pensamientos que hemos tenido o cosas que hemos hecho.
Esta situación con los fariseos no es común que la tengamos con Jesús, pero puede ser que haya algo parecido en nuestras vidas. No es que tengamos que mirar palabra por palabra, o ver la situación literalmente para ver si en mi vida ha pasado algo. Es claro que no le vamos a preguntar a Dios si tenemos que pagar los impuestos o no (aunque seguramente alguno se le puede haber ocurrido) pero sí que alguna vez lo hemos querido poner entre la espada y la pared al Señor.
¿Cuando? Cuando le exigimos en la oración que haga algo que quiero que haga: ya sea por la salud personal o de otros, por el examen mío o de otros, etc., pero yo no le estoy dando nada de lo mío, sino que sólo le exijo a Él lo que yo debo vivir o lo que yo no quiero vivir.
Por eso, la hipocresía de la que acusa a los fariseos y doctores de la ley, es la hipocresía que muchas veces usamos nosotros, también, con el Señor (y más de una vez con los demás) Y por eso es algo que debemos acostumbrarnos a ver que tenemos y que somos, y así poder ir sacándola de nuestras vidas para poder ser sinceros y francos con el Señor, y con nosotros mismos, para no poner a prueba al Señor, porque del mismo modo que yo lo pongo a prueba a Él, Él me pondrá a prueba a mí, y eso ya no me gustará mucho.

sábado, 17 de octubre de 2026

Coherencia y responabilidad en el Amor

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Todo aquel que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios, pero si uno me niega ante los hombres, será negado ante los ángeles de Dios".
Jesús les está hablando a los discípulos de las consecuencias y/o responsabilidades de nuestro ser cristiano, de nuestro obrar cotidiano.
¿Nos declaramos cristianos ante los hombres? Seguramente que sí, que nos declaramos cristianos, pero ¿vivimos como cristianos? ¿Defendemos nuestra fe y vida cristiana ante el mundo y los demás? ¿O simplemente decimos que somos y después nos escondemos detrás de vivencias tan mundanas que nos identificamos con el mundo y no con Cristo?
Hay veces que nuestra vida no dice lo que dicen nuestras palabras, y, otras veces, dicen totalmente lo contrario. Pero ante esas situaciones, si las reconocemos y nos damos cuenta que estamos equivocados y queremos volver al verdadero camino y la coherencia de vida y fe, es ahí cuando el Señor viene en nuestra ayuda y perdonándonos nos da la Gracia para volver, para comenzar a caminar con Él, por Él y para Él.
Pero, si en lugar de reconocer que nos equivocamos y tomamos otro camino totalmente diferente, y por esas cosas al pedirnos el Padre que demos testimonio, nos seguimos renegando y negamos el Espíritu Santo y hablamos en contra de Él, entonces, nos dice Jesús:
"Todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre podrá ser perdonado, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará".
¿Por qué no se nos perdonará? Porque es el Espíritu el que nos ayuda a encontrar el camino, el que nos da la fuerza para seguir, es el que nos abre al Amor verdadero para poder amar a Dios sobre todas las cosas, es el Espíritu el que anima nuestra vida cristiana. Si renunciamos a Él ya no tenemos perdón, porque no podemos Amar para ser perdonados. Blasfemar contra el Amor es no aceptar el camino de la salvación, es no aceptar el amor de Dios, es no aceptar el amor de Jesús, y sabemos que el Padre "nos amó tanto que nos envió a su Hijo para salvarnos", por eso si renegamos del Amor de Dios, Él no podrá perdonarnos y perderemos la Gracia de vivir en Él.

viernes, 16 de octubre de 2026

A ver en qué redes caigo

«Cuidado con la levadura de los fariseos, que es la hipocresía, pues nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, ni nada escondido que no llegue a saberse".
Hoy en día al mirar y escuchar los telediarios y noticias políticas podemos llegar a entender esto de la hipocresía, algo que no se da sólo en esas esferas sino que se da también en la vida cotidiana, del ciudadano de a pie, como se dice. Estamos viviendo en una sociedad que ve la hipocresía como algo común y que se va adhiriendo a la vida concreta de todos, como tantos otros pecados del hombre de hoy que se están haciendo tan de todos los días que no nos parecen ni pecados, y como vivimos con la famosa frase del "todos los hace", caemos en la trampa de ver que el mal está bien y que el bien está mal. Algo que tendremos que comenzar a erradicar de nuestras vidas si queremos alcanzar el Reino tan esperado.
Y, al final del evangelio de hoy, el Señor nos invita a la confianza en la Providencia. Sí, porque, muchas veces, no decimos la verdad por miedo al qué dirán, por miedo a esto o a aquello, y por eso caigo en la red de la mentira, de la hipocresía, del pecado al fin y al cabo. Pero también la Providencia me ayuda a vivir en paz, pues no tengo que pre-ocuparme de lo que puede o no puede pasar, sino que tengo que ocuparme de lo que Dios quiere que haga para que esté siempre asistido por su Gracia y no por mi autosuficiencia.
Cuando dejo de confiar y creer en la Providencia me vuelvo un cristiano que anda corriendo de un lado para otro para poder hacer todo lo que quiero, y poder así conseguir todo lo que anhelo, y en ese trajín no me doy cuenta que voy perdiendo el gusto de disfrutar de lo que Dios me está regalando, y, sobre todo, pierdo en todo ese recorrido la calma, la paz, dejo a los demás sin mi presencia y no disfruto de la presencia de los otros.
Por eso, el Señor, nos pide ocuparnos de las cosas del Reino y lo demás vendrá por añadidura y así, también, podré cuidarme de la levadura de los fariseos, pues voy, siempre, discerniendo lo que debo hacer y lo que Dios quiere que haga, sin dejarme atrapar por otras redes que no sean las de Él.

jueves, 15 de octubre de 2026

Acordémonos del amor de Cristo

Santa Teresa de Ávila, virgen y doctora de la Iglesia
Del Libro de su vida (Cap. 22,6-7.12.14)

Con tan buen amigo presente -nuestro Señor Jesucristo-, con tan buen capitán, que se puso en lo primero en el padecer, todo se puede sufrir. Él ayuda y da esfuerzo, nunca falta, es amigo verdadero. Y veo yo claro, y he visto después, que para contentar a Dios y que nos haga grandes mercedes quiere que sea por manos de esta Humanidad sacratísima, en quien dijo su Majestad se deleita.
Muy muchas veces lo he visto por experiencia; hámelo dicho el Señor. He visto claro que por esta puerta hemos de entrar, si queremos nos muestre la soberana Majestad grandes secretos. Así que no queramos otro camino, aunque estemos en la cumbre de contemplación; por aquí vamos seguros. Este Señor nuestro es por quien nos vienen todos los bienes. Él lo enseñará; mirando su vida, es el mejor dechado.
¿Qué más queremos que un tan buen amigo al lado, que no nos dejará en los trabajos y tribulaciones, como hacen los del mundo? Bienaventurado quien de verdad le amare y siempre le trajere cabe de sí. Miremos al glorioso san Pablo, que no parece se le caía de la boca siempre Jesús, como quien le tenía bien en el corazón. Yo he mirado con cuidado, después que esto he entendido, de algunos santos, grandes contemplativos, y no iban por otro camino: san Francisco, san Antonio de Padua, san Bernardo, santa Catalina de Siena.
Con libertad se ha de andar en este camino, puestos en las manos de Dios; si su Majestad nos quisiere subir a ser de los de su cámara y secreto, ir de buena gana.
Siempre que se piense de Cristo, nos acordemos del amor con que nos hizo tantas mercedes y cuán grande nos le mostró Dios en darnos tal prenda del que nos tiene: que amor saca amor. Procuremos ir mirando esto siempre y despertándonos para amar, porque, si una vez nos hace el Señor merced que se nos imprima en el corazón de este amor, sernos ha todo fácil, y obraremos muy en breve y muy sin trabajo.