"Los demás judíos comenzaron a simular con él, hasta el punto de que incluso Bernabé se vio arrastrado a su simulación.
Pero cuando vi que no se comportaban correctamente, según la verdad del Evangelio, le dije a Pedro delante de todos:
«Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como los judíos, ¿cómo fuerzas a los gentiles a judaizar?».
Me gusta mucho esta carta de san Pablo porque habla sin tapujos y, sobre todo, nos hace pensar, también a nosotros.
Aquí le está cuestionando a Pedro su mala conducta frente a la gente pues no vive como tendría que vivir, y exige lo que no tendría que exigir. Tiene mucha fuerza su exhortación a Pedro y a los demás. Lo que nos hace pensar a nosotros también ¿cómo nos comportamos ante los demás? ¿Nos mostramos como somos o mentimos en nuestra forma de comportarnos como cristianos? ¿Exigimos a los demás lo que no hacemos nosotros?
Es muy difícil, lo se, en estos tiempos decir lo que cristianamente pensamos porque siempre se nos va a tildar de fuera de lugar, extremistas, retrógrados, etc., para no poner frases que no puedo decir. Y eso nos lleva a querer ocultar nuestro pensar, nuestra forma de vivir y nos hacemos uno con el resto de la gente, sin pensar que como cristianos tenemos que ser luz en medio de las tinieblas.
Nuestra vida de fe no es un bien para nosotros mismos, sino que Jesús nos llamó para ser un bien para los demás, que nuestra vida sea un testimonio de fe para que otros puedan encontrar el camino que los lleve a Dios, que los lleve a la salvación. Pero si "escondemos una vela debajo del celemín ¿a quién alumbrará?", ¿si vivimos como si no fuésemos cristianos a quién ayudaremos?
No siempre los caminos de Dios son fáciles de recorrer, pero en todo momento estará con nosotros y aunque todo se ponga oscura y tenebroso, siempre tendremos su Luz para iluminar y su Espíritu para ser fuertes ante lo que se nos pida vivir.
El Sermón en la montaña
miércoles, 7 de octubre de 2026
Vivir sin vivir
martes, 6 de octubre de 2026
El mundo no se detiene
«Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».
Como una madre que siempre nos recuerda las mismas cosas así, también, obra el Señor con nosotros. Y como hijos que no quieren escuchar, así también obramos nosotros. Porque no siempre escuchamos las sugerencias de nuestros padres cuando nos repiten las mismas cosas ¿por qué siempre nos dirán lo mismo? Seguramente porque. nos aman tanto y conocen nuestra hechura que saben que podemos llegar a olvidarnos, siempre, de lo mismo.
Y de este párrafo del evangelio yo siempre saco dos cosas para pensar: el ocio personal, y el ocio espiritual o si queréis el estar en Dios de diferentes maneras. Digo dos formas de ocio porque es lo que necesitamos y más en estos tiempos donde estamos, siempre, corriendo de un lado para otro como si el mundo se fuera a terminar si no hago todo lo que veo que hay que hacer, y, como Marta, dejo de lado lo más importante para mi vida.
Y, lo peor del caso, es que ese modo de andar corriendo que tenemos los adultos, de un lado para otro, y con mil trabajos y ocupaciones, lo trasladamos a los niños que ya no tienen, casi, ni tiempo para ser niños porque, también, andas corriendo del colegio a las extraescolares, de una a otra.
¿Qué nos pasa? ¿Duele tanto encontrarse a sí mismo en momentos de silencio y de ocio? ¿Ya no sabemos qué hacer si tenemos un momento de tiempo libre? Necesitamos tomarnos nuestros tiempos de descanso, pero descanso en serio, de poder estar piernas arriba en el sofá sin pensar en nada o leyendo algo que nos ayude a frenar nuestra cabeza, cuerpo y espíritu. Y, además, así aprendemos a descansar en Dios, porque si no lo aprendemos en la rutina diaria ¿cómo hacemos para hacer silencio ante Dios? ¿Cómo hacemos para estar a los pies del Señor como María y disfrutar de sus Palabras, consuelos, recibir su Gracia y fortaleza?
No tenemos que tener miedo a andar más despacio, a hacer silencio, a pensar en lo que Dios quiere para mí, a intentar meditar su Palabra y descubrir Su Voluntad para mi vida. Frenemos nuestro mundo y busquemos un ratito de cielo en nuestro día a día para que ese cielo nos ayude a vivir más en Dios, para que Dios viva más en nuestro mundo.
domingo, 4 de octubre de 2026
Saber guardar silencio
Regla de San Gregorio Magno
El pastor debe saber guardar silencio con discreción y hablar cuando es útil, de tal modo que nunca diga lo que se debe callar ni deje de decir aquello que hay que manifestar. Porque, así como el hablar indiscreto lleva al error, así el silencio imprudente deja en su error a quienes pudieran haber sido adoctrinados. Porque, con frecuencia, acontece que hay algunos prelados poco prudentes, que no se atreven a hablar con libertad por miedo de perder la estima de sus súbditos; con ello, como lo dice la Verdad, no cuidan a su grey con el interés de un verdadero pastor, sino a la manera de un mercenario, pues callar y disimular los defectos es lo mismo que huir cuando se acerca el lobo.
Por eso, el Señor reprende a estos prelados, llamándoles, por boca del profeta: Perros mudos, incapaces de ladrar. Y también dice de ellos en otro lugar: No acudieron a la brecha ni levantaron cerco en torno a la casa de Israel, para que resistiera en la batalla, el día del Señor. Acudir a la brecha significa aquí oponerse a los grandes de este mundo, hablando con entera libertad para defender a la grey; y resistir en la batalla el día del Señor es lo mismo que luchar por amor a la justicia contra los malos que acechan.
¿Y qué otra cosa significa no atreverse el pastor a predicar la verdad, sino huir, volviendo la espalda, cuando se presenta el enemigo? Porque si el pastor sale en defensa de la grey es como si en realidad levantara cerco en torno a la casa de Israel. Por eso, en otro lugar, se dice al pueblo delincuente: Tus profetas te ofrecían visiones falsas y engañosas, y no te denunciaban tus culpas para cambiar tu suerte. Pues hay que tener presente que en la Escritura se da algunas veces el nombre de profeta a aquellos que, al recordar al pueblo cuán caducas son las cosas presentes, le anuncian ya las realidades futuras. Aquellos, en cambio, a quienes la palabra de Dios acusa de predicar cosas falsas y engañosas son los que, temiendo denunciar los pecados, halagan a los culpables con falsas seguridades y, en lugar de manifestarles sus culpas, enmudecen ante ellos.
Porque la reprensión es la llave con que se abren semejantes postemas: ella hace que se descubran muchas culpas que desconocen a veces incluso los mismos que las cometieron. Por eso, san Pablo dice que el obispo debe ser capaz de predicar una enseñanza sana y de rebatir a los adversarios. Y, de manera semejante, afirma Malaquías: Labios sacerdotales han de guardar el saber, y en su boca se busca la doctrina, porque es mensajero del Señor de los ejércitos. Y también dice el Señor por boca de Isaías: Grita a plena voz, sin cesar, alza la voz como una trompeta.
Quien quiera, pues, que se llega al sacerdocio recibe el oficio de pregonero, para ir dando voces antes de la venida del riguroso juez que ya se acerca. Pero, si el sacerdote no predica, ¿por ventura no será semejante a un pregonero mudo? Por esta razón, el Espíritu Santo quiso asentarse, ya desde el principio, en forma de lenguas sobre los pastores; así daba a entender que de inmediato hacía predicadores de sí mismo a aquellos sobre los cuales había descendido.
sábado, 3 de octubre de 2026
Combate el buen combate
Del libro de san Gregorio de Nisa, obispo, Sobre la conducta cristiana
El que es de Cristo es una creatura nueva: lo antiguo ha pasado. Sabemos que se llama nueva creatura a la inhabitación del Espíritu Santo en el corazón puro y sin mancha, libre de toda culpa, de toda maldad y de todo pecado. Pues cuando la voluntad detesta el pecado y se entrega, según sus posibilidades, a la prosecución de las virtudes, viviendo la misma vida del Espíritu, acoge en sí la gracia y queda totalmente renovada y restaurada. Por ello se dice: Tirad fuera la levadura vieja para ser masa nueva; y también aquello otro: Celebremos nuestra fiesta no con la vieja levadura, sino con los panes ázimos de pureza y verdad. Todo esto concuerda muy bien con lo que hemos dicho más arriba sobre la nueva creatura.
Ahora bien, el enemigo de nuestra alma tiende muchas trampas ante nuestros pasos y la naturaleza humana es, de por sí, demasiado débil para conseguir la victoria sobre este enemigo. Por ello el Apóstol quiere que nos revistamos con armas celestiales: Ceñidos con el cinturón de la verdad, revestidos con la coraza de la justicia —dice— y calzados los pies con el celo por el Evangelio de la paz. ¿Te das cuenta de cuántos son los instrumentos de salvación indicados por el Apóstol? Todos ellos nos ayudan a caminar por una única senda y nos conducen a una sola meta. Con ellos se avanza fácilmente por aquel camino de vida que lleva al perfecto cumplimiento de los preceptos divinos. El mismo Apóstol dice también en otro lugar: Corramos con firmeza y constancia la carrera para nosotros preparada; llevemos los ojos fijos en Jesús, caudillo y consumador de la fe.
Por ello es necesario que quien desprecia las grandezas de este mundo y renuncia a su gloria vana renuncie también a su propia vida. Renunciar a la propia vida significa no buscar nunca la propia voluntad, sino la voluntad de Dios y hacer del querer divino la norma única de la propia conducta; significa también renunciar al deseo de poseer cualquier cosa que no sea necesaria o común. Quien así obra se encontrará más libre y dispuesto para hacer lo que le manden los superiores, realizándolo prontamente con alegría y con esperanza, como corresponde a un servidor de Cristo, redimido para el bien de sus hermanos. Esto es precisamente lo que desea también el Señor, cuando dice: El que quiera ser el mayor que sea vuestro servidor, y el que quiera ser el primero que sea esclavo de todos.
viernes, 2 de octubre de 2026
El lamento del Señor
Comentario al Evangelio de Mons. José Ignacio Munilla, Obispo Orihuela-Alicante (s. XXI)
El evangelio de este viernes recoge el lamento de Jesucristo por el rechazo de la predicación que dirige al pueblo de Israel. En concreto habla de tres poblaciones: Corozaín, Betsaida y Cafarnaún en las que él se había prodigado en la predicación del Evangelio, haciendo signos, milagros de salvación; pero que sin embargo, no habían acogido en estas poblaciones su predicación. Y Jesús se lamenta y además habla de la gran responsabilidad que tienen por no haberlo hecho: ”Ay de ti Corazoín, ay de ti Betzaida”. Fijaos que el evangelio nos habla del drama del rechazo de la predicación de Jesucristo. De la no acogida de su mensaje de salvación.
Claro, desde nuestra mentalidad esto hoy en día, no se entiende. La mentalidad ‘relativista’ de nuestros días viene a decir: ‘Bueno aquí que cada uno crea según su sensibilidad. El que quiera creer que crea, el que no quiera creer, pues ¿qué más da?, que cada uno tiene su libertad de creer o no creer, eso es algo subjetivo.’ Es la mentalidad de nuestro tiempo, la del relativismo. Nada que ver con las palabras del Evangelio donde se nos habla que es un drama rechazar lo que Dios viene a comunicarnos. Es un drama. Acordaos de que en otros pasajes evangélicos, por ejemplo, en Mc 16, 16, dice: ’El que crea se salvará, el que no crea será condenado’. Es decir, es una gran responsabilidad rechazar, despreciar el amor de Dios que se nos revela, que se nos comunica.
Y no solo eso, el evangelio de hoy dice que rechazar a Cristo es rechazar a Dios. Porque Cristo dice: ‘El que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado.’. Cristo es el enviado del padre. Cristo es Dios hecho profeta, dirigiéndonos una palabra de salvación. Por eso tiene tanta gravedad rechazar el mensaje de Cristo.
Pero es más, el evangelio añade: ’Quien a vosotros os escucha a mí me escucha. Y quien a vosotros os rechaza a mí me rechaza.’ Rechazar a los enviados de Jesucristo, los apóstoles de Jesucristo que predican la palabra, rechazar la predicación de la iglesia, es rechazar a Cristo. Igual que Jesús dice: ’Lo que hicisteis a uno de esos pobres, mis pequeños hermanos, a mí me lo hicisteis, también puede decir: ‘Esa palabra que habéis rechazado, que no habéis aceptado en la predicación de los Apóstoles, de la predicación de la iglesia, habéis rechazado mi palabra, me habéis rechazado a mí al no acoger esa palabra.’
Por lo tanto nos ponemos delante de este evangelio pidiendo el don de la conversión. Pidiendo la conciencia viva de nuestra gran responsabilidad de acoger, humildemente y con gratitud, la Palabra de Salvación que Cristo nos dirige y que sus profetas y sus Apóstoles nos predican en su nombre.
jueves, 1 de octubre de 2026
Un Caminito para la Vida
El evangelio de hoy nos recuerda el deseo que tenía santa Teresita de poder ser como los apóstoles y salir por el mundo para comunicar a todos los hombres el mensaje de amor del Evangelio, de Jesús. Su deseo de ser apóstol, misionera, mártir y todos los demás rubros de un cristiano lo pudo vivir de un modo especial y extraordinario.
Su Caminito de la vida espiritual que nos ofreció con su vida es lo más hermoso que podemos llegar a vivir en nuestra vida espiritual, porque, en realidad, como ella lo llamó es una caminito, no es un Camino porque Jesús es el Camino, y ella siempre se sintió demasiado pequeña como para poder trabas al deseo de Jesús.
Y, entonces cuál es la enseñanza de Teresita: aceptar nuestra pequeñez para que el Señor pueda llevarnos por donde Él necesite y quiera, como diría Teresa de Ávila: si quiere que trabaje, trabajar, si quiere que esté de ocio, hacerlo. Lo que Él quiera es lo que yo quiero aunque eso me cueste hacerlo y aceptarlo.
Ese Caminito de la infancia espiritual de Teresita de Lisieux es así como el más bello para nuestra vida, es el más difícil de llevar a la práctica, porque ninguno de nosotros, seamos jóvenes o adultos o muy maduros, no somos dóciles para dejar que sea otro quien maneje nuestras vidas. Pero eso nos sucede porque todavía no hemos conocido verdaderamente al Amor de los amores, no hemos entablado tal relación con el Señor de nuestras vidas.
Santa Teresita tuvo la gracia de poder vivir esa pequeñez espiritual que le permitió cumplir todos esos deseos que el Señor había puesto en su corazón, y sin salir de su celda del Convento Carmelita fue declarada patrona universal de las misiones y doctora De la Iglesia, haciendo que su vida, simple y extraordinaria, sea una modelo de vida espiritual para todos aquellos que, desde la pequeñez del día a día, quieran alcanzar la santidad a la que Dios nos ha llamado.
miércoles, 30 de septiembre de 2026
Cristo nos precede
Santa Teresa-Benedicta de la Cruz (s.XX)
El Salvador nos ha precedido en el camino de la pobreza. A Él le pertenecen todos los bienes del cielo y de la tierra. Para Él no presentaban ningún peligro; podía usar de ellos al mismo tiempo que conservaba su corazón enteramente libre. Pero sabía muy bien que es casi imposible al ser humano poseer bienes sin subordinarse a ellos y hacerse su esclavo. Por esta razón lo abandonó todo, y con su ejemplo nos ha enseñado, aún más que con sus palabras, que sólo lo posee todo el que no posee nada. Su nacimiento en un establo y su huída a Egipto nos hacen comprender ya, que el Hijo del hombre no tendría un lugar donde reposar la cabeza. El que quiera seguirle debe saber que nosotros no tenemos aquí abajo una morada permanente. Cuanto más vivamente tomemos conciencia de ello, más ardientemente tenderemos hacia nuestra morada futura y exultaremos sólo de pensar que tenemos derecho de ciudadanía en el cielo