sábado, 29 de agosto de 2026

Precursor del nacimiento y de la muerte

Homilía de San Beda el Venerable, presbítero

El santo Precursor del nacimiento, de la predicación y de la muerte del Señor mostró en el momento de la lucha suprema una fortaleza digna de atraer la mirada de Dios, ya que, como dice la Escritura, la gente pensaba que cumplía una pena, pero él esperaba de lleno la inmortalidad. Con razón celebramos su día natalicio, que él ha solemnizado con su martirio y adornado con el fulgor purpúreo de su sangre; con razón veneramos con gozo espiritual la memoria de aquel que selló con su martirio el testimonio que había dado del Señor.
No debemos poner en duda que san Juan sufrió la cárcel y las cadenas y dio su vida en testimonio de nuestro Redentor, de quien fue precursor, ya que, si bien su perseguidor no lo forzó a que negara a Cristo, sí trató de obligarlo a que callara la verdad; ello es suficiente para afirmar que murió por Cristo.
Cristo, en efecto, dice: Yo soy la verdad; por consiguiente, si Juan derramó su sangre por la verdad, la derramó por Cristo; y él, que precedió a Cristo en su nacimiento, en su predicación y en su bautismo, anunció también con su martirio, anterior al de Cristo, la pasión futura del Señor.
Este hombre tan eximio terminó, pues, su vida derramando su sangre, después de un largo y penoso cautiverio. Él, que había evangelizado la libertad de una paz que viene de arriba, fue encarcelado por unos hombres malvados; fue encerrado en la oscuridad de un calabozo aquel que vino a dar testimonio de la luz y a quien Cristo, la luz en persona, dio el título de «lámpara que arde y brilla»; fue bautizado en su propia sangre aquel a quien fue dado bautizar al Redentor del mundo, oír la voz del Padre que resonaba sobre Cristo y ver la gracia del Espíritu Santo que descendía sobre él. Mas, a él, todos aquellos tormentos temporales no le resultaban penosos, sino más bien leves y agradables, ya que los sufría por causa de la verdad y sabía que habían de merecerle un premio y un gozo sin fin.
La muerte -que de todas maneras había de acaecerle por ley natural- era para él algo apetecible, teniendo en cuenta que la sufría por la confesión del nombre de Cristo y que con ella alcanzaría la palma de la vida eterna. Bien dice el Apóstol: A vosotros se os ha concedido la gracia de estar del lado de Cristo, no sólo creyendo en él, sino sufriendo por él. El mismo Apóstol explica, en otro lugar, por qué sea un don el hecho de sufrir por Cristo: Los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá.

viernes, 28 de agosto de 2026

Para empezar...

En este día de san Agustín la liturgia nos presenta dos lecturas que tienen demasiado contenido para reflexionar, hay mucho alimento tanto en la carta de san Pablo como en el Evangelio. Yo pienso sólo dos cosas y las demás las pensáis vosotros por vuestra cuenta porque sino tendría que escribir mucho.
De la carta de san Pablo me quedo con la primer frase:
"No me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.
Pues el mensaje de la cruz es necedad para los que se pierden; pero para los que se salvan, para nosotros, es fuerza de Dios".
Y de estas dos frases dos cosas.
Pablo dice que no lo envió Jesús a bautizar, y eso es una gran verdad. ¿Cómo? Sí, porque el bautismo es el resultado de una decisión libre que toma la persona luego de haber escuchado el mensaje de salvación. Primero hay que saber qué implica el bautismo para poder aceptar ser bautizado. Está claro que los bebés no tienen esa libre elección, pero es una libre elección que toman los padres y los padrinos por el niño, y, por eso, son ellos los que se comprometen a enseñarle al niño lo que implica el haber sido bautizado, de tal manera que él vaya adquiriendo desde niño los valores cristianos y no se asombre de lo que Dios le pueda ir pidiendo a lo largo de la vida.
Esto porque, como dice san Pablo, el mensaje es un mensaje de Cruz, pero no sólo de Cruz, sino también de resurrección pero hay que pasar por una entrega fiel al Padre para llegar a la Vida. Así que hay que enseñar el mensaje completo de la salvación para poder vivir como cristiano.
Por eso hay que unir a este mensaje el Evangelio de hoy: las vírgenes necias y las prudentes. Nos encontramos muchas veces con cristianos necios que no han madurado el mensaje del Evangelio por eso nunca están preparados para escuchar, ni menos aceptar la Voluntad de Dios en sus vidas y, por eso, llegada cierta edad o ciertas cosas de la vida renuncian a su fe, renuncian a Dios. En cambio están los cristianos prudentes que han ido madurando en su fe (llenando sus alcuzas de aceite) y así tienen las capacidad y la Gracia para saber escuchar, discernir y aceptar la Voluntad de Dios en sus vidas, y, como diría el mismo Pablo "combatir el buen combate de la fe y alcanzar la meta".

jueves, 27 de agosto de 2026

Alcancemos la sabiduría eterna

San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia

Cuando ya se acercaba el día de su muerte -día por ti conocido, y que nosotros ignorábamos-, sucedió, por tus ocultos designios, como lo creo firmemente, que nos encontramos ella y yo solos, apoyados en una ventana que daba al jardín interior de la casa donde nos hospedábamos, allí en Ostia Tiberina, donde, apartados de la multitud, nos rehacíamos de la fatiga del largo viaje, próximos a embarcarnos. Hablábamos, pues, los dos solos, muy dulcemente y, olvidando lo que queda atrás y lanzándonos hacia lo que veíamos por delante, nos preguntábamos ante la verdad presente, que eres tú, cómo sería la vida eterna de los santos, aquella que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar. Y abríamos la boca de nuestro corazón, ávidos de las corrientes de tu fuente, la fuente de vida que hay en ti.
Tales cosas decía yo, aunque no de este modo ni con estas mismas palabras; sin embargo, tú sabes, Señor, que, cuando hablábamos aquel día de estas cosas -y mientras hablábamos íbamos encontrando despreciable este mundo con todos sus placeres-, ella dijo:
«Hijo, por lo que a mí respecta, ya nada me deleita en esta vida. Qué es lo que hago aquí y por qué estoy aún aquí, lo ignoro, pues no espero ya nada de este mundo. Una sola cosa me hacía desear que mi vida se prolongara por un tiempo: el deseo de verte cristiano católico, antes de morir. Dios me lo ha concedido con creces, ya que te veo convertido en uno de sus siervos, habiendo renunciado a la felicidad terrena. ¿Qué hago ya en este mundo?»
No recuerdo muy bien lo que le respondí, pero, al cabo de cinco días o poco más, cayó en cama con fiebre. Y, estando así enferma, un día sufrió un colapso y perdió el sentido por un tiempo. Nosotros acudimos corriendo, mas pronto recobró el conocimiento, nos miró, a mí y a mi hermano allí presentes, y nos dijo en tono de interrogación:
«¿Dónde estaba?»
Después, viendo que estábamos aturdidos por la tristeza, nos dijo:
«Enterrad aquí a vuestra madre».
Yo callaba y contenía mis lágrimas. Mi hermano dijo algo referente a que él hubiera deseado que fuera enterrada en su patria y no en país lejano. Ella lo oyó y, con cara angustiada, lo reprendió con la mirada por pensar así, y, mirándome a mí, dijo:
«Mira lo que dice».
Luego, dirigiéndose a ambos, añadió:
«Sepultad este cuerpo en cualquier lugar: esto no os ha de preocupar en absoluto; lo único que os pido es que os acordéis de mí ante el altar del Señor, en cualquier lugar donde estéis».
Habiendo manifestado, con las palabras que pudo, este pensamiento suyo, guardó silencio, e iba luchando con la enfermedad que se agravaba.
Nueve días después, a la edad de cincuenta y seis años, cuando yo tenía treinta y tres, salió de este mundo aquella alma piadosa y bendita.

miércoles, 26 de agosto de 2026

Siempre hay tiempo para la conversión

"En aquel tiempo, Jesús dijo:
«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas..."
¿Podría hoy Jesús pensar o decir lo mismo sobre nosotros? Seguro que sí. Pero ¿por qué Jesús habla tan fuerte y tan duro sobre los escribas y fariseos? Yo creo que por dos cosas: primero porque los escribas y los fariseos son los que conocían la Verdad, los que sabían interpretar la Palabra de los Profetas y la Ley de Moisés y eran los que enseñaban a los demás cómo vivir. Y eso es lo que hacía que le "doliera" a Jesús que sabiendo las cosas, sabiendo el camino no lo recorrieran como el Padre quería, sino que se habían fabricado caminos paralelos y así no eran fieles a la Voluntad de Dios.
Y, por otro lado, el amor al Pueblo Elegido le hacía, a Jesús, sufrir por haber elegido un camino diferente al de la fidelidad a Dios. El autoconvencerse que lo que habían construido era el verdadero camino y vivirlo de ese modo sabiendo que ello no llevaba a Dios, era lo que le hacía a Jesús sufrir y, por eso, denunciar el error para que vuelvan a vivir en Dios.
¿Acaso no nos duele saber que alguien de nuestra familia, de nuestros amigos, o comunidades han equivocado el camino? ¿Acaso no nos duele a nosotros saber que alguien ha renunciado a vivir mejor por no querer reconocer el error en su vida? Y ¿no nos gustaría sacudir a esa persona para que se de cuenta que se ha equivocado, para que se de cuenta que puede todavía remediar el error y modificar su vida y alcanzar la felicidad? Pues así lo veía Jesús, quería que los escribas y fariseos pudieran descubrir el error, que se dieran cuenta que tenían que cambiar el rumbo de sus vidas porque se estaban perdiendo y mostraban una vida equivocada.
Y eso nos enseña que siempre tenemos la oportunidad de convertir nuestras vidas hacia la Voluntad de Dios, que mientras haya alguien que nos diga o nos muestre el error, tenemos tiempo para reconocerlo y modificar el rumbo, sólo necesitamos tener lo ojos abiertos a la Voluntad de Dios, a Su Palabra y Él nos dará la Gracia suficiente y necesaria para volver a ser Fieles a la Vida que nos ha regalado y que quiere que vivamos.

martes, 25 de agosto de 2026

Conservar las sanas tradiciones

San Pablo le decía a los tesalonicenses:
"Así, pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta".
Hoy también se habla mucho de conservar las tradiciones de nuestros mayores, pero, también es cierto que cada quien busca conservar lo que nos interesa y lo que no nos interesa no lo conservamos, y es ahí donde entra o donde podemos ver las intenciones de quienes buscan conservar las tradiciones o las historias de los pueblos y de las naciones. Se podría decir, como se dice en el refranero popular: ahí se les ve la hilacha de lo que intentan.
San Pablo le habla a los tesalonicenses de guardar fielmente la Palabra del Señor, lo que Jesús por medio de los apóstoles quiso que viviéramos y cómo quería que viviéramos, por eso, por medio de los relatos escritos sobre sus discursos y su vida, y más aún por las cartas de los apóstoles podemos ir reflexionando acerca de cómo vivir y de qué tradiciones tenemos que guardar.
Claro que no es fácil para los tiempos que vivimos tener que volver al origen de nuestra fe, de nuestra vida cristiana, pero así es como seremos, verdaderamente, originales en los tiempos que vivimos. Porque no es más original quien modifica las cosas y las vuelve casi ridículos, sino quien las vive desde la fuente original, es decir, quien intenta vivir el evangelio desde lo profundo de la Palabra de Dios.
Hoy para ser original usamos las redes sociales y en ellas encontramos cada cosa o cada persona, ya sea laico, religioso o sacerdote, que lo que hacen no es mostrar el evangelio sino mostrar mundaneidad revestida de cristianismo, o de algo que puede llegar a ser cristiano, y así nos vamos olvidando de la esencia del mensaje de Jesús, del camino de la santidad, de cómo aceptar y cargar la cruz de cada día, de cómo discernir y aceptar la Voluntad de Dios, etc.
Sí, es difícil aceptar la Voluntad de Dios cada día, es duro aceptar y vivir la cruz de cada día, pero ese es el Camino que nos conduce a la Vida, y es el Camino que nos mostró Jesús con su Vida, y son esas las tradiciones a las cuales debemos volver si queremos ser originales en nuestra vida cristiana, sin dejar de vivir la alegría de haber sido redimidos y salvados por un Dios Amor que entregó a su Unigénito para que tengamos vida y Vida en abundancia.

lunes, 24 de agosto de 2026

Ven y verás

En aquel tiempo, Felipe encuentra a Natanael y le dijo:
«Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret».
Natanael le replicó: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?».
Felipe le contestó: «Ven y verás».
En nuestra vida cotidiana siempre nos vamos a encontrar con gente que dude o que no crea en Jesús, como le pasó a Felipe con Natanael, pero Felipe no dudó en insistir para ayudar a Natanael para que conozca a Jesús.
El caso es ¿por qué quería Felipe que Natanael conociera a Jesús? Y, por eso ¿cuál es nuestro incentivo para hacer conocer a Jesús a los demás?
Felipe había encontrado al Mesías, a Aquél que le daba sentido a todo lo que había escuchado en los Profetas, en la sinagoga durante años, pero, sobre todo, al conocer personalmente a Jesús había encontrado un Camino, una Vida, una Verdad que le iluminaba la vida propia, en síntesis encontró en Jesús al Mesías que le había cambiado la vida.
Cuando se encuentra el Verdadero Camino de la Vida, cuando nos encontramos recorriendo un Camino que nos llena de sentido, y, sobre todo que. nos enseña el verdadero Amor de Dios, es un sentimiento que no se puede ocultar y que se quiere compartir. Por eso, Felipe quiso compartir con Natanael, su amigo, lo que él vivía.
Y fijaos que Felipe comprendió que no bastaban sus palabras para hacerle comprender a Natanael lo que quería compartir, sino que era necesario que él lo viviera en sus propias carnes, por eso le dijo: Ven y verás. Y esa debe ser nuestra actitud también, invitar a los nuestros a ver, a vivir la misma experiencia que nosotros hemos vivido: la experiencia del encuentro personal y real con Jesús, en la oración, en los sacramentos, en la vida cotidiana.
Por eso, cada día, tenemos que volver, nosotros mismos, a tener esa experiencia personal para que nunca se pierda el gusto por el encuentro, el gusto por estar con Él, por vivir con Él, por vivir para Él.

domingo, 23 de agosto de 2026

Sirve para todos

Regla pastoral de San Gregorio Magno, papa

El pastor debe saber guardar silencio con discreción y hablar cuando es útil, de tal modo que nunca diga lo que se debe callar ni deje de decir aquello que hay que manifestar. Porque, así como el hablar indiscreto lleva al error, así el silencio imprudente deja en su error a quienes pudieran haber sido adoctrinados. Porque, con frecuencia, acontece que hay algunos prelados poco prudentes, que no se atreven a hablar con libertad por miedo de perder la estima de sus súbditos; con ello, como lo dice la Verdad, no cuidan a su grey con el interés de un verdadero pastor, sino a la manera de un mercenario, pues callar y disimular los defectos es lo mismo que huir cuando se acerca el lobo.
Por eso, el Señor reprende a estos prelados, llamándoles, por boca del profeta: Perros mudos, incapaces de ladrar. Y también dice de ellos en otro lugar: No acudieron a la brecha ni levantaron cerco en torno a la casa de Israel, para que resistiera en la batalla, el día del Señor. Acudir a la brecha significa aquí oponerse a los grandes de este mundo, hablando con entera libertad para defender a la grey; y resistir en la batalla el día del Señor es lo mismo que luchar por amor a la justicia contra los malos que acechan.
¿Y qué otra cosa significa no atreverse el pastor a predicar la verdad, sino huir, volviendo la espalda, cuando se presenta el enemigo? Porque si el pastor sale en defensa de la grey es como si en realidad levantara cerco en torno a la casa de Israel. Por eso, en otro lugar, se dice al pueblo delincuente: Tus profetas te ofrecían visiones falsas y engañosas, y no te denunciaban tus culpas para cambiar tu suerte. Pues hay que tener presente que en la Escritura se da algunas veces el nombre de profeta a aquellos que, al recordar al pueblo cuán caducas son las cosas presentes, le anuncian ya las realidades futuras. Aquellos, en cambio, a quienes la palabra de Dios acusa de predicar cosas falsas y engañosas son los que, temiendo denunciar los pecados, halagan a los culpables con falsas seguridades y, en lugar de manifestarles sus culpas, enmudecen ante ellos.
Porque la reprensión es la llave con que se abren semejantes postemas: ella hace que se descubran muchas culpas que desconocen a veces incluso los mismos que las cometieron. Por eso, san Pablo dice que el obispo debe ser capaz de predicar una enseñanza sana y de rebatir a los adversarios. Y, de manera semejante, afirma Malaquías: Labios sacerdotales han de guardar el saber, y en su boca se busca la doctrina, porque es mensajero del Señor de los ejércitos. Y también dice el Señor por boca de Isaías: Grita a plena voz, sin cesar, alza la voz como una trompeta.
Quien quiera, pues, que se llega al sacerdocio recibe el oficio de pregonero, para ir dando voces antes de la venida del riguroso juez que ya se acerca. Pero, si el sacerdote no predica, ¿por ventura no será semejante a un pregonero mudo? Por esta razón, el Espíritu Santo quiso asentarse, ya desde el principio, en forma de lenguas sobre los pastores; así daba a entender que de inmediato hacía predicadores de sí mismo a aquellos sobre los cuales había descendido.