martes, 21 de julio de 2026

Quieres ser cristiano?

«¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?».
Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo:
«Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, y mi hermana y mi madre».
A veces no entendemos o no queremos entender lo que implica ser cristiano, lo que debemos vivir si queremos ser cristianos. Porque hoy en día todos o muchos quieren que el cristianismo se adapte a las nuevas costumbres de la época, pero son pocos los que quieren adaptar su vida al cristianismo.
Le echamos la culpa a la Iglesia que es retrógrada sin pensar que lo que hace la Iglesia es ser custodia de las Palabras que Dios, en el Antiguo Testamento, y que Jesús, por medio de los apóstoles, ha querido dejar para que intentemos alcanzar la vida eterna.
El cristianismo, como tantas otras religiones, es una camino para la eternidad y a nadie, en las otras religiones, se les ocurre cuestionar o modificar un ápice de la palabra que saben que es de Dios o del Profeta o de quien quiera. Pero a los cristianos se nos ocurre que sí podemos.
¿Por qué podemos? Porque creemos que Dios es tan misericordioso que aceptar cualquier cosa que vivamos, que cualquier pecado lo puede perdonar y que cualquier estilo de vida pecaminosa lo acepta y va todo bien. Y por eso no tengo que vivir de acuerdo al Evangelio, ni a los mandamientos, ni a nada que me obligue a cambiar mi estilo de vida.
Aceptar vivir el cristianismo es haber discernido las Palabras de Jesús: "quien quiera venir en pos de mí niéguese a sí mismo, carga la cruz de cada día, y sígame". ¿Quieres ser cristiano? ?Quieres ser familia de Cristo? Pues discierne qué significan esa palabras para ti y después aceptar o no, pero no quieras hacer un cristianismo a tu medida porque no vas a llegar al mismo lugar que esas Palabras nos muestran.

lunes, 20 de julio de 2026

El testigo interior

 

De los tratados morales sobre Job de San Gregorio Magno, papa

El que es el hazmerreír de su vecino, como lo soy yo, llamará a Dios, y éste lo escuchará. Muchas veces nuestra débil alma, cuando recibe por sus buenas acciones el halago de los aplausos humanos, se desvía hacia los goces exteriores, posponiendo las apetencias espirituales, y se complace, con un abandono total, en las alabanzas que le llegan de fuera, encontrando así mayor placer en ser llamada dichosa que en serlo realmente. Y así, embelesada por las alabanzas que escucha, abandona lo que había comenzado. Y aquello que había de serle un motivo de alabanza en Dios se le convierte en causa de separación de él.
Otras veces, por el contrario, la voluntad se mantiene firme en el bien obrar, y, sin embargo, sufre el ataque de las burlas de los hombres; hace cosas admirables, y recibe a cambio desprecios; de este modo, pudiendo salir fuera de sí misma por las alabanzas, al ser rechazada por la afrenta, vuelve a su interior, y allí se afinca más sólidamente en Dios, al no encontrar descanso fuera. Entonces pone toda su esperanza en el Creador y, frente al ataque de las burlas, implora solamente la ayuda del testigo interior; así, el alma afligida, rechazada por el favor de los hombres, se acerca más a Dios; se refugia totalmente en la oración, y las dificultades que halla en lo exterior hacen que se dedique con más pureza a penetrar las cosas del espíritu.
Con razón, pues, se afirma aquí: El que es el hazmerreír de su vecino, como lo soy yo, llamará a Dios, y éste lo escuchará, porque los malvados, al reprobar a los buenos, demuestran con ello cuál es el testigo que buscan de sus actos. En cambio, el alma del hombre recto, al buscar en la oración el remedio a sus heridas, se hace tanto más acreedora a ser escuchada por Dios cuanto más rechazada se ve de la aprobación de los hombres.
Hay que notar, empero, cuán acertadamente se añaden aquellas palabras: Como lo soy yo; porque hay algunos que son oprimidos por las burlas de los hombres y, sin embargo, no por eso Dios los escucha. Pues, cuando la burla tiene por objeto alguna acción culpable, entonces no es ciertamente ninguna fuente de mérito.
El hombre honrado y cabal es el hazmerreír. Lo propio de la sabiduría de este mundo es ocultar con artificios lo que siente el corazón, velar con las palabras lo que uno piensa, presentar lo falso como verdadero, y lo verdadero como falso.
La sabiduría de los hombres honrados, por el contrario, consiste en evitar la ostentación y el fingimiento, en manifestar con las palabras su interior, en amar lo verdadero tal cual es, en evitar lo falso, en hacer el bien gratuitamente, en tolerar el mal de buena gana, antes que hacerlo; en no quererse vengar de las injurias, en tener como ganancia los ultrajes sufridos por causa de la justicia. Pero esta honradez es el hazmerreír, porque los sabios de este mundo consideran una tontería la virtud de la integridad. Ellos tienen por una necedad el obrar con rectitud, y la sabiduría según la carne juzga una insensatez toda obra conforme a la verdad.

domingo, 19 de julio de 2026

Aprender con el Espíritu

Hoy el Señor nos da, por lo menos, dos motivos en los que reflexionar: por un lado la carta a los romanos nos habla de nuestra oración, y Jesús nos habla en la parábola de la cizaña. Creo que las dos están bien unidas e intentemos meditarlas para nuestra conversión o maduración en la fe.
Cuando escucho la parábola de la cizaña pienso en mí (y es lo que tenemos que hacer cuando leemos la Palabra de Dios pues Él nos habla a cada uno) y me pregunto: ¿qué es lo que voy sembrando en el camino de la vida? ¿Soy sembrador de buena semilla o sembrador de cizaña? Espero que sepamos lo que es la cizaña, pero si no lo sabemos son los comentarios malos que hacemos sobre las personas, cuando difamamos a otros, cuando "repasamos" (como se dice en España) la vida de los demás (en argentino sería "cuerearlos"), y ir diciendo a mi me dijeron que fulanito o menganita hizo tal o cual cosa (y con el me dijeron intento no ser yo quien siembre cizaña, pero igual lo estoy haciendo)
Y, por otro lado, todos sabemos que siempre, así como lo hacemos con los demás, los demás lo hacen con nosotros. Entonces ¿qué actitud tomo cuando hablan mal de mí? ¿Salgo rápido a defenderme o dejo pasar la acción pues ya vendrá el Señor a hacer la cosecha, como Él dice en el Evangelio?
Cosillas para pensar.
Y en todo esto nos ayuda lo que san Pablo le dice a los romanos:
"El Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables.
Y el que escruta los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios".
En todos los casos, sea que me tengo que arrepentir por lo que he hecho o dicho, sea porque tengo que tener paciencia o aprender a no se vengativo por lo que dijeron de mí, o por tantas otras cosas, debo dejar lugar al Espíritu para que me ayuda a comprender qué es lo que el Padre quiere que haga o cómo quiere que me comporte o que me de la fortaleza y la Gracia necesaria para asumir y vivir tal o cual situación.
Si lo dejáramos más al Espíritu actuar seríamos aún mejores hijos de Dios y viviríamos con más paz todo lo que nos pide o permite vivir el Padre Dios.

sábado, 18 de julio de 2026

Tarde te amé!

De las Confesiones de San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia

Señor, ¿dónde te hallé para conocerte -porque ciertamente no estabas en mi memoria antes que te conociese-, dónde te hallé, pues, para conocerte, sino en ti mismo, lo cual estaba muy por encima de mis fuerzas? Pero esto fue independientemente de todo lugar, pues nos apartamos y nos acercamos, y, no obstante, esto se lleva a cabo sin importar el lugar. ¡Oh Verdad!, tú presides en todas partes a todos los que te consultan y, a un mismo tiempo, respondes a todos los que te interrogan sobre las cosas más diversas.
Tú respondes claramente, pero no todos te escuchan con claridad. Todos te consultan sobre lo que quieren, mas no todos oyen siempre lo que quieren. Optimo servidor tuyo es el que no atiende tanto a oír de ti lo que él quisiera, cuanto a querer aquello que de ti escuchare.
¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían. Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de ti.
Cuando yo me adhiera a ti con todo mi ser, ya no habrá más dolor ni trabajo para mí, y mi vida será realmente viva, llena toda de ti. Tú, al que llenas de ti, lo elevas, mas, como yo aún no me he llenado de ti, soy todavía para mí mismo una carga.
Contienden mis alegrías, dignas de ser lloradas, con mis tristezas, dignas de ser aplaudidas, y no sé de qué parte está la victoria.
¡Ay de mí, Señor! ¡Ten misericordia de mí! Contienden también mis tristezas malas con mis gozos buenos, y no sé a quién se ha de inclinar el triunfo. ¡Ay de mí, Señor! ¡Ten misericordia de mí! Yo no te oculto mis llagas. Tú eres médico, y yo estoy enfermo; tú eres misericordioso, y yo soy miserable.
¿Acaso no está el hombre en la tierra cumpliendo un servicio? ¿Quién hay que guste de las molestias y trabajos? Tú mandas tolerarlos, no amarlos. Nadie ama lo que tolera, aunque ame el tolerarlo. Porque, aunque goce en tolerarlo, más quisiera, sin embargo, que no hubiese qué tolerar. En las cosas adversas deseo las prósperas, en las cosas prósperas temo las adversas. ¿Qué lugar intermedio hay entre estas cosas, en el que la vida humana no sea una lucha? ¡Ay de las prosperidades del mundo, pues están continuamente amenazadas por el temor de que sobrevenga la adversidad y se esfume la alegría! ¡Ay de las adversidades del mundo, una, dos y tres veces, pues están continuamente aguijoneadas por el deseo de la prosperidad, siendo dura la misma adversidad y poniendo en peligro la paciencia! ¿Acaso no está el hombre en la tierra cumpliendo sin interrupción un servicio?
Pero toda mi esperanza estriba sólo en tu muy grande misericordia.

viernes, 17 de julio de 2026

Quiero misericordia y no sacrificio

 Si comprendierais lo que significa “quiero misericordia y no sacrificio”, no condenaríais a los inocentes".
Muchas veces, como los fariseos, caemos en el juzgar a los demás de acuerdo a la letra de ley, o a lo que creemos que la ley quiere decir, o a lo que nos parece que los demás están haciendo mal, o a lo que me han dicho que dijeron que hicieron. Somos muy propensos a declararnos jueces y verdugos de los demás, nos creemos muy justos cuando condenamos una actitud, cuando juzgamos al resto, y, sobre todo cuando hacemos de ese juicio y condena una carta de presentación ante los demás porque no obramos en silencio sino que los demás se tienen que enterar de lo bueno que soy porque he juzgado y condenado a otro.
Los fariseos buscaban siempre cómo poder condenar las malas acciones, como poder hacer notar que Jesús y sus discípulos no estaban viviendo según la ley y las costumbres del pueblo, pero no miraban más allá de ese acto y de esa acción, porque lo que en realidad les importaba era condenar los hechos y a las personas. No buscaban el bien para ellos, sino que necesitaban argumentar las malas acciones del otro.
Sabemos que el pecado reside en nosotros, que no siempre hacemos el bien que debemos sino que nos dejamos tentar por el mal que habita en nosotros, y, sin embargo no nos damos cuenta el daño que hacemos con nuestros juicios y condenas. Porque no estamos emitiendo sólo un juicio sino que estamos haciendo daño a un hermano, a alguien a quien le debo respeto y misericordia. Por eso mismo Jesús ya nos lo había dicho: "con la vara con que juzguéis a los demás seréis juzgados", pero son palabras que nunca las tenemos en cuenta porque, muchas veces, nos enceguece nuestra soberbia, nuestro orgullo, nuestro genio, el qué dirán o el qué me dijeron.
Y, para colmo de males, por lo mismo que juzgo y condeno (la soberbia, la vanidad y el orgullo) no puedo después pedir disculpas o perdón a la persona dañada, no me da la cara para reconocer que me excedido en mis palabras o actos, o que no tenía porqué hablar así o asa.
Por todo eso tenemos que tener más misericordia en nuestro corazón y más capacidad de reconocer que no soy quien para condenar a alguien y ni tan siquiera para hablar mal del otro, porque primero tengo que amar a la persona y si veo que ha actuado mal ayudarlo a cambiar de vida, si no es con las palabras será con la oración.

jueves, 16 de julio de 2026

Primero concibió en el espíritu

Homilía de San León Magno, papa y doctor de la Iglesia

Dios elige a una virgen de la descendencia real de David; y esta virgen, destinada a llevar en su seno el fruto de una sagrada fecundación, antes de concebir corporalmente a su prole, divina y humana a la vez, la concibió en su espíritu. Y, para que no se espantara, ignorando los designios divinos, al observar en su cuerpo unos cambios inesperados, conoce, por la conversación con el ángel, lo que el Espíritu Santo ha de operar en ella. Y la que ha de ser Madre de Dios confía en que su virginidad ha de permanecer sin detrimento. ¿Por qué había de dudar de este nuevo género de concepción, si se le promete que el Altísimo pondrá en juego su poder? Su fe y su confianza quedan, además, confirmadas cuando el ángel le da una prueba de la eficacia maravillosa de este poder divino, haciéndole saber que Isabel ha obtenido también una inesperada fecundidad: el que es capaz de hacer concebir a una mujer estéril puede hacer lo mismo con una mujer virgen.
Así, pues, el Verbo de Dios, que es Dios, el Hijo de Dios, que en el principio estaba junto a Dios, por medio del cual se hizo todo, y sin el cual no se hizo nada, se hace hombre para librar al hombre de la muerte eterna; se abaja hasta asumir nuestra pequeñez, sin menguar por ello su majestad, de tal modo que, permaneciendo lo que era y asumiendo lo que no era, une la auténtica condición de esclavo a su condición divina, por la que es igual al Padre; la unión que establece entre ambas naturalezas es tan admirable, que ni la gloria de la divinidad absorbe la humanidad, ni la humanidad disminuye en nada la divinidad.
Quedando, pues, a salvo el carácter propio de cada una de las naturalezas, y unidas ambas en una sola persona, la majestad asume la humildad, el poder la debilidad, la eternidad la mortalidad; y, para saldar la deuda contraída por nuestra condición pecadora, la naturaleza invulnerable se une a la naturaleza pasible, Dios verdadero y hombre verdadero se conjugan armoniosamente en la única persona del Señor; de este modo, tal como convenía para nuestro remedio, el único y mismo mediador entre Dios y los hombres pudo a la vez morir y resucitar, por la conjunción en él de esta doble condición. Con razón, pues, este nacimiento salvador había de dejar intacta la virginidad de la madre, ya que fue a la vez salvaguarda del pudor y alumbramiento de la verdad.
Tal era, amadísimos, la clase de nacimiento que convenía a Cristo, fuerza y sabiduría de Dios; con él se mostró igual a nosotros por su humanidad, superior a nosotros por su divinidad. Si no hubiera sido Dios verdadero, no hubiera podido remediar nuestra situación; si no hubiera sido hombre verdadero, no hubiera podido darnos ejemplo.
Por eso, al nacer el Señor, los ángeles cantan llenos de gozo: Gloria a Dios en el cielo, y proclaman: y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Ellos ven, en efecto, que la Jerusalén celestial se va edificando por medio de todas las naciones del orbe. ¿Cómo, pues, no habría de alegrarse la pequeñez humana ante esta obra inenarrable de la misericordia divina, cuando incluso los coros sublimes de los ángeles encontraban en ella un gozo tan intenso?

miércoles, 15 de julio de 2026

Vale ser pequeño

«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien".
¿Por qué Jesús se alegra y agradece porque el Padre ha revelado las cosas a los pequeños y no a los sabios y entendidos?
Creo que es la experiencia que tiene de la gente de su pueblo. Los fariseos, los doctores de la ley, los ancianos y el sumo sacerdote, que serían los sabios y entendidos de su Pueblo eran aquellos que no querían entender la Palabra que les dirigía o cuál era su misión, o quién era Él en realidad, siendo que ellos eran quienes conocían las Profecías, sabían cómo hablaba Dios y qué era lo que había Prometido al Pueblo de Israel. Pero, casi todos, se cerraron en banda por miedo a que les quitase el poder que tenían.
En cambio, los que no eran entendidos en la Ley y los Profetas, los pecadores, los paganos, los enfermos, las prostitutas, todos aquellos que estaban "afuera" del Pueblo entendido eran quienes aceptaban sus Palabras y lo buscaban para escucharlo y recibir de Jesús consuelo, fortaleza, esperanza.
"Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».
Así a esos pobres y pequeños de corazón pudo el Señor revelar su identidad, su misión y, sobre todo, hablarles del Reino y del Padre. Lo vemos cuando habla con la samaritana y con tantos otros a quienes se revela sin necesidad de palabras sino sólo con su presencia, su cercanía.
Por eso cuanto menos creamos en nuestra propia inteligencia y sabiduría, y nos dejemos cautivar y sorprender por las Palabras del Señor podremos llegar a aceptar el desafío de seguirlo y, sobre todo, de dejar nuestras vidas en sus manos para que sea Él quien nos transforme y nos haga vivir en el Reino que Él mismo ha sembrado en nuestro corazón.