miércoles, 28 de octubre de 2026

Ser apóstol

        Homilía de San Cirilo de Alejandría, obispo

 

Nuestro Señor Jesucristo instituyó a aquellos que habían de ser guías y maestros de todo el mundo y administradores de sus divinos misterios, y les mandó que fueran como astros que iluminaran con su luz no sólo el país de los judíos, sino también a todos los países que hay bajo el sol, a todos los hombres que habitan la tierra entera. Es verdad lo que afirma la Escritura: Nadie puede arrogarse este honor: Dios es quien llama. Fue, en efecto, nuestro Señor Jesucristo el que llamó a sus discípulos a la gloria del apostolado, con preferencia a todos los demás.

Aquellos bienaventurados discípulos fueron columnas y fundamento de la verdad; de ellos afirma el Señor que los envía como el Padre lo ha enviado a él, con las cuales palabras, al mismo tiempo que muestra la dignidad del apostolado y la gloria incomparable de la potestad que les ha sido conferida, insinúa también, según parece, cuál ha de ser su estilo de obrar.

En efecto, si el Señor tenía la convicción de que había de enviar a sus discípulos como el Padre lo había enviado a él, era necesario que ellos, que habían de ser imitadores de uno y otro, supieran con qué finalidad el Padre había enviado al Hijo. Por esto, Cristo, exponiendo en diversas ocasiones las características de su propia misión, decía: No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan. Y también: He bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

De este modo, resume en pocas palabras la regla de conducta de los apóstoles, ya que, al afirmar que los envía como el Padre lo ha enviado a él, les da a entender que su misión consiste en invitar a los pecadores a que se arrepientan y curar a los enfermos de cuerpo y de alma, y que en el ejercicio de su ministerio no han de buscar su voluntad, sino la de aquel que los ha enviado, y que han de salvar al mundo con la doctrina que de él han recibido. Leyendo los Hechos de los apóstoles o los escritos de san Pablo, nos damos cuenta fácilmente del empeño que pusieron los apóstoles en obrar según estas consignas recibidas.

martes, 27 de octubre de 2026

El Don de la Fe

En aquel tiempo, decía Jesús:
«¿A qué es semejante el reino de Dios o a qué lo compararé?
Es semejante a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; creció, se hizo un árbol y los pájaros del cielo anidaron en sus ramas».
Las parábolas del Reino de los Cielos nos ayudan a ver, en estos dos casos, que el Reino que habita en nosotros no habla de gran cantidad, por eso cuando nosotros decimos que no tenemos tanta fe estamos, casi, diciendo mentiras. No es una mentira en sentido estricto, sino que no es verdad que tengamos poca fe, porque la fe no se mide en cantidad porque es Don de Dios.
Entonces, ¿por qué tenemos esa sensación de que tenemos poca fe? Porque, en realidad, no hemos hecho casi nada para madurar en la fe, para saber bien cómo se utiliza o para qué tenemos fe. Que tampoco lo vamos a saber todo con certeza porque, también, la fe al ser Don de Dios es un misterio para el hombre, y sólo los que tienen espíritu de niño aceptan esos misterios con alegría y sin preocupaciones.
Por eso Jesús nos habla del Reino de Dios como algo insignificante (la semilla de mostaza) o algo escondido (una perla en el campo) que para que crezca hay que sembrarlo en tierra fértil o encontrarlo y dejar todo para comprarlo. Es decir como semilla nos lleva a la parábola del sembrador: el Señor sembró la semilla en nuestro corazón que, seguramente, Él ha formado con tierra fértil, y soy yo quien tiene que tener la constancia de regarlo con el agua de la Gracia por medio de los Sacramentos, la oración, la reflexión de la Palabra; pero también puede ser que tenga que hundir la pala en esa tierra para encontrar esa perla escondida y al encontrarla tener que salir a vender todo lo que guardaba o atesoraba para poder deshacerme de mí mismo y comenzar a ver el valor de lo que el Reino me está dando, me está ofreciendo pero por no dejar mi vida me pierdo de disfrutarlo.
Quizás he hecho más lío del que debía, pero espero que el Espíritu Santo nos ayude a aprovechar en todo momento de nuestra vida el hermoso Don de la Fe, de creer en un Dios que nos ama y que quiere lo mejor para nosotros aquí en la tierra, y, después, en el Cielo.

lunes, 26 de octubre de 2026

Sobre el juicio

Homilía de San Gregorio Magno, padre de la Iglesia (s. VI)

«Había una mujer a la que un espíritu tenía enferma hacía dieciocho años; estaba encorvada, y no podía en modo alguno enderezarse.» En sentido espiritual representa lo mismo la higuera infructuosa que la mujer encorvada. Porque la naturaleza humana, cayendo voluntariamente en pecado porque no quiso dar el fruto de obediencia, perdió el estado de rectitud y esto lo dan a conocer tanto la higuera estéril cuanto la mujer enderezada.
De otro modo: El hombre fue criado en el sexto día y en aquel día todas las obras del Señor se completaron. El número seis multiplicado por tres, que son los ángulos del triángulo, hace dieciocho. Y como el hombre -que fue hecho en el sexto día, no quiso hacer obras perfectas y ha estado enfermo antes de la ley, bajo la ley y en el principio de la gracia- aquella mujer estuvo encorvada dieciocho años.
Todo pecador que piensa en las cosas de la tierra y no se ocupa de las del cielo, no puede mirar hacia arriba, porque mientras sigue sus bajos deseos vive encorvado de cuerpo y de alma y ve siempre aquello en que piensa sin cesar. El Señor la llamó y la enderezó porque la iluminó y la ayudó. Algunas veces llama el Señor, pero no endereza. De modo que iluminados con frecuencia por la gracia, conocemos lo que debemos hacer, pero por la culpa no obramos como debemos, acostumbrados al pecado. Este doblega nuestra alma y la incapacita de poder enderezarse ya. Se esfuerza y sucumbe, porque cae a pesar suyo allí en donde permaneció voluntariamente por tanto tiempo.

domingo, 25 de octubre de 2026

Manifestar el Amor

"No solo ha resonado la palabra del Señor en Macedonia y en Acaya desde vuestra comunidad, sino que además vuestra fe en Dios se ha difundido por doquier, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la visita que os hicimos..."
Hermosas palabras las de san Pablo a los Tesalonicenses, palabras que hay que volver a leer para poder descubrir el valor que tienen y el ejemplo que nos da para poder, también nosotros, tener el valor de poder comunicar abiertamente los milagros que Dios ha hecho en nuestras vidas, milagros que no son cosas extraordinarias sino que el hecho de creer en Él es ya algo extraordinario, y, a partir de ahí, poder descubrir toda la Obra que Él ha comenzado en nuestras vidas.
Hoy en día, lo vemos por las redes y por otros lados, que se hace complicado decir que creemos en Dios, no son muchos los discípulos de cristo que hablan abiertamente de su fe en Cristo, de lo que significa para nosotros intentar vivir en Cristo, hacer nuestras las palabras de Jesús y llevarlas a la práctica de la vida cotidiana.
Si hiciéramos como lo hicieron los Tesalonicenses podrían llegar a muchos corazones y a muchos lugares con el mensaje de salvación de Jesús, un mensaje que no es tan complicado ni tan malo, porque, en realidad el mensaje es el Amor de Dios a nosotros y la vivencia de ese Amor entre nosotros, porque así lo ha manifestado Jesús.
"Él le dijo:
«“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”.
Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él:
Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
En estos dos mandamientos sostienen toda la Ley y los Profetas».
Es simple y bueno, pero llevarlo a la vida se nos hace complicado y difícil. Sí, no me digas que no es complicado porque el Amor que el Señor nos propone vivir no es sólo con las personas que queremos y con las que nos hacen la vida fácil, sino con todos, incluso con los que queremos desterrar de nuestras vidas y con los que nos son más difíciles de vivir. Y nos lo dice dándonos el ejemplo desde la Cruz cuando dice: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen; porque el perdón es la mayor muestra de amor hacia los demás, y es lo que hoy nos pide para que la armonía y la gracia del amor perseveren en nuestras vidas, en la familia, en la comunidad, en la misma sociedad.

sábado, 24 de octubre de 2026

Igaules y diferentes

"Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelistas, a otros, pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios...".
San Pablo a los efesios le va refiriendo la Gracia que Dios ha tenido con nosotros para llamarnos a ser parte del Cuerpo Místico de Cristo, un Cuerpo que está formado por diversos miembros, cada uno con una función y misión, y por eso, también cada uno, con los dones de la Gracia necesaria para realizar el encargo del Señor.
Que en la Iglesia tengamos todos diferentes funciones, cargos y responsabilidades no nos hace ni mejores ni peores unos de otros, sino que nos hace "funcionales" dentro de la vida de la Iglesia para la evangelización del mundo. No todos tenemos los mismos dones ni todos tenemos la misma vocación, pero todos somos hijos de Dios y, por eso, hermanos.
Pero, (siempre hay peros en la vida) cada uno tenemos que responder en la medida de los Dones que el Padre nos ha dado: seamos apóstoles, profetas, evangelistas, pastores, doctores o lo que Dios nos haya pedido que seamos, tenemos que vivir nuestra propia vocación y, con la Gracia del Espíritu, poder dar los frutos necesarios y los que Dios quiere que produzcamos. Por eso mismo no podemos pretender ni vivir como lo que no somos, ni ocupar un lugar que no nos corresponde, ni hacer lo que le corresponde a otro hacer, pues ese no ha sido ni mi lugar ni nuestra responsabilidad, porque no haciendo ni viviendo lo que debo no tendré la Gracia para hacerlo, y, por otro lado dejaré de vivir y hacer lo que a mí me corresponde.
Porque el Señor vendrá a buscar los frutos a su tiempo y, quizás, no los haya dado por estar ocupado en otras cosas que no era las que debía:
"Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a perjudicar el terreno?
Pero el viñador respondió:
"Señor, déjala todavía este año y mientras tanto yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto en adelante. Si no, la puedes cortar"».

viernes, 23 de octubre de 2026

Corresponsabilidad en la paz

"Hermanos:
Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados.
Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobre llevaos mutuamente con amor; esforzándoos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todos, que está sobre todos, actúa por medio de todos y está en todos".
San Pablo no sólo no está recomendando pautas para nuestra vida, sino que nos está marcando el camino por donde tenemos que avanzar en la vida cristiana, y, sobre todo, en la vida comunitaria, ya sea en la familia, en la parroquia, en el trabajo, en la sociedad civil, porque en todos esos lugares somos cristianos, en todos esos lugares estamos mostrando el rostro de Cristo, estamos siendo parte del Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia.
Ser bautizado es ser Iglesia, es ser parte de un Cuerpo en el que todos somos responsables de todos y, sobre todo, hemos sido hechos hijos en el Hijo y por lo tanto hermanos. Y, por eso mismo, san Pablo no sólo se dirige a los efesios, sino que se dirige a todos, y no sólo a quien te hizo daño, sino también a ti que te sientes dañado por tu hermano y todavía no lo has perdonado, ni tampoco has pedido perdón.
A veces pensamos que siempre la culpa la tiene el otro, y, en algunos casos puede llegar a ser así, pero también nos tenemos que hacer responsables de lo que hacemos y, más veces, de lo que no hacemos, porque en algunas oportunidades nos olvidamos del pecado de omisión, es decir omitir lo que debemos o no debemos hacer, dejando que lo que yo tengo que hacer lo hagan otros, y eso no es lo que Dios está pidiendo, sino que nos hagamos responsables de la vida en el amor, en la fraternidad, de ser instrumentos de paz que viviendo en el Espíritu sepamos construir el Reino de los Cielos en la tierra.

jueves, 22 de octubre de 2026

El Espíritu quiere seguir soplando

«He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!
¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división.
Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra».
Cuando Jesús se enfadaba contra los fariseos y escribas y doctores de la Ley decía palabras duras y fuertes porque les mostraba sus falsedades y mentiras, pero no son tan duras como estas que nos dirige hoy por medio del Evangelio.
Son palabras duras cuando nos cuestan comprender, entender a nivel humano y, sobre todo, cuando queremos entender literalmente el sentido de lo que dice, porque claro que no habla de incendiar todo el mundo con fuego verdadero, ni es su interés traer la guerra sobre la tierra, ni tan siquiera en las familias.
Pero ya Juan Bautista lo advertía cuando hablaba de Jesús: "Él bautizará en fuego y espíritu", y de ese fuego está hablando Jesús, del fuego del Espíritu Santo, ese mismo fuego que volaba sobre la faz de la tierra cuando Dios creaba, ese mismo Espíritu que hablaba por medio de los Profetas, el mismo Espíritu que cubrió a María con su sombra y concibió por obra y gracia de Él, el mismo Espíritu que descendió en forma de paloma sobre Jesús en el Jordán, el mismo Espíritu que descendió en forma de lenguas de fuego sobre María y los apóstoles en Pentecostés.
¿Entiendes de qué fuego habla Jesús? Porque es el mismo Espíritu que descendió en nosotros el día de nuestro bautismo, y quiso comenzar un nuevo incendio en nuestros corazones, para que desde nosotros, como lo hizo con los apóstoles en Pentecostés, siguiéramos incendiando el mundo con su Amor, con su Esperanza, con su paz, su alegría, su Fe, haciendo que su Luz resplandeciera frente a la oscuridad del pecado.
Y, así, como le pasó a ellos, los primeros cristianos, y está pasando en muchos lugares del mundo, los que están en contra o niegan la Luz de la Verdad de Dios quieran apagar esa Luz que brilla en nosotros, y también estarían en contra de los hijos de Dios, de los discípulos de Jesús. Pero en todo eso y en todo momento estaremos cubiertos por su fortaleza, por su tesón, por su Amor para que nada detenga el fuego del Espíritu que quiere seguir incendiando los corazones de los hombres.