"Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas».
No sólo que a veces no sabemos perdonar, sino, también, que no sabemos pedir perdón, y, por otro lado, no sabemos tomar conciencia de que hemos ofendido. Muchos creen que sólo por decir la verdad no ofendemos, y, en muchos casos, diciendo la verdad ofendemos al hermano, porque lo que creemos que es verdad es nuestra verdad y no la verdad del otro. Y, en ese tema tenemos que ponernos a pensar y reflexionar, porque creemos que estamos actuando bien y no lo estamos haciendo.
También es cierto que, para muchos, es fácil decir "te perdono" o "perdoname", pero en el fondo del corazón no hay tal cuestión porque sigue la cosa dando vueltas y vueltas, y termina siendo un dolor que queda guardado y se va convirtiendo en rencor. O, simplemente, me quedo con que ya lo dije pero no hay una conversión sincera de haber reconocido la falta, de haber modificado mi conducta anterior.
Las ofensas tienen tantas caras y se manifiestan de tantas manera que no siempre lo tenemos en cuenta, porque, incluso, hasta el silencio es, muchas veces, una ofensa porque he dejado de hablarle, porque he dejado de escucharle, porque no he respondido a lo que me han dicho, etc.
Todo depende de cuánto amor hay en el corazón de cada uno, porque sólo por amor puedo perdonar a quien me ha ofendido, sólo por amor puedo no ofender a mi hermano, sólo por amor puedo antes de asegurar una verdad de ir a mi hermano y hablar con él sobre tal o cual cosa. Sólo por amor puedo en una conversación personal y privada consultar, preguntar, acompañar.
A veces, el temperamento, el genio, los impulsos, la situación del momento, etc., son excusas para decir lo primero que me sale de la boca y por eso mismo creo que está bien porque "siempre digo lo que pienso", pero quien te dice que lo que pienses está bien, o simplemente ¿lo has dicho por amor al otro? ¿lo has dicho de un modo que has herido a tu hermano?
Tengamos cuidado con nuestras formas, nuestros modos, nuestra lengua, y, sobre todo pidamos siempre la gracia para poder pedir perdón de corazón y saber perdonar de corazón, pues de ese mismo modo el Señor nos perdonará a nosotros.
El Sermón en la montaña
martes, 24 de febrero de 2026
Ofendido y ofensor
lunes, 23 de febrero de 2026
Santidad en el Amor
El Señor habló así a Moisés:
«Di a la comunidad de los hijos de Israel:
"Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo. No robaréis ni defraudaréis ni os engañaréis unos a otros. No juraréis en falso por mi nombre, profanando el nombre de tu Dios. Yo soy el Señor".
Y Jesús nos lo repitió:
"Sed santos porque vuestro Padre celestial es santo".
Y ¿Cómo ser santos? ¿Cuál es el camino?
"Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme."
La medida de la santidad es el Amor, el amor que vivimos en el día a día, el amor que se hace parte de nuestra vida porque el Amor nos ha dado la vida. Pero no es el amor un trabajo que tenemos que dominar, sino que es una acción que nos tiene que salir casi naturalmente porque nuestro corazón está lleno de Su Amor y no del nuestro.
Nuestro amor es débil, está infectado por el pecado y la concupiscencia está en él y siempre está buscando algo que le aproveche y todo tiene que tener una ganancia o una devolución.
Por eso, Jesús, nos decía:
"Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto".
Éste es el Camino perfecto para un cristiano, y el más difícil si lo queremos hacer desde nuestras fuerzas, por eso necesitamos alimentarnos de Su Vida, que es Vida de Amor, para poder amar como Dios.
domingo, 22 de febrero de 2026
Respondiendo a las tentaciones
Ya sabemos que siempre estaremos tentados en muchos aspectos de nuestra vida y en todo momento del día, la tentación, se podría decir que forma parte de nuestra vida, de nuestro día a día. Por eso quería que nos pongamos a pensar no en las tentaciones sino en las respuestas que da Jesús a las tentaciones de satanás:
«Está escrito: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».
Es cierto que, literalmente, habla del alimento, del hambre natural y humano, pero Jesús le responde desde el alimento espiritual que, para muchos, no es tan necesario como el otro. Y el es alimento que, generalmente, dejamos de lado porque no tenemos tiempo, porque estamos cansados, porque esto, porque lo otro. Incluso los que deberíamos ser más conscientes de que necesitamos del alimento espiritual lo dejamos de lado por diferentes razones, pero ninguna justificada. La vida espiritual (la oración, la reflexión de la Palabra, la confesión, la Eucaristía) es esencial para nuestra vida cotidiana.
«También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».
Cuando dejamos de lado la vida espiritual lo que nos nace son las necesidades terrenales, y es ahí cuando comenzamos a tentar a Dios porque pretendemos que el Señor nos siga sosteniendo cuando nosotros no recurrimos a Él. O, mejor dicho, recurrimos a Él para exigirle cosas que nosotros no estamos dando ni viviendo. Sólo por el hecho de no "buscar" la Gracia por los caminos ordinarios estamos tentando a Dios para que nos fortalezca, nos de esperanza, alegría, etc., sin dar nosotros o hacer nada para poder alcanzar los frutos de la vida entregada a la Voluntad de Dios.
«Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».
Y aquí es donde tenemos que tener más cuidado, porque no es solamente estar sentado frente al Santísimo Sacramento, sino dejar que el Señor me hable, me cuestione, y me deje cuestionar y así poder convertirme en verdadero discípulo del Señor. Porque si sólo me quedo mirando y no dejo que el transforme mi corazón, entonces la adoración es sólo un acto más de nuestro fariseísmo pues nos sentamos para adorarlo pero en realidad vivimos según la voluntad del mundo.
sábado, 21 de febrero de 2026
Seré un fariseo más?
"Jesús les respondió:
«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan».
Todos aquellos que se creían justos y que cuestionaban y criticaban a Jesús fueron los que se quedaron fuera del Reino, son los que se quedan fuera de Su Gracia y de su Espíritu. Porque ellos al no creer que no necesitan ser sanados, salvados o convertidos se pierden el gozo de recibir la Gracia de la Reconciliación y la fuerza del Espíritu. Pero, además, se pierden del gozo de estar en la Presencia del Señor, de recibir Su Palabra, Su Consuelo, Su Fortaleza.
A veces nos creemos tan sanos que obviamos los signos que nos va dando el cuerpo y dejamos pasar de ir a la consulta del médico porque "no nos pasa nada", sin embargo, han habido ciertos signos y sensaciones que nos hablan de que debemos ir y cuando vamos, muchas veces, ya es tarde.
Así también nos pasa con el espíritu nos creemos tan justos, tan santos que no necesitamos, no de Dios, sino de los hermanos, y por eso nos elevamos de nuestra condición y, como los fariseos, nos dedicamos a criticar y a juzgar a los demás porque no son tan buenos como nosotros.
Así nos dice el Señor por medio de Isaías:
«Cuando alejes de ti la opresión, el dedo acusador y la calumnia, cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo y sacies el alma afligida, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía.
El Señor te guiará siempre, hartará tu alma en tierra abrasada, dará vigor a tus huesos.
Serás un huerto bien regado, un manantial de aguas que no engañan".
Pero no siempre nos damos cuenta que estamos oprimiendo al débil, al hermano, que estamos acusando y calumniando al hermano y lo hacemos convencido que decimos la verdad porque me lo dijeron, porque lo escuché, por que... Y ¿Dios que te ha pedido con tu hermano? ¿Es de Dios lo que estás haciendo?
Este tiempo de silencio interior, de ayunos y abstinencias, de oraciones cuaresmales es el tiempo de descubrir que estoy haciendo lo mismo que los fariseos y por eso no estoy tan cerca del Señor como creía, sino que me he puesto en su lugar y debo encontrar el momento de descubrirme frente a Él y encontrar el gusto del arrepentimiento y el pedido de perdón.
viernes, 20 de febrero de 2026
Ayuno y abstinencia
Hoy, viernes de cuaresma, como es costumbre en la Iglesia vamos pensando en los ayunos y las abstinencias (de carne o alcohol) para hacer sacrificio y así preparar el corazón para la Semana Santa. Pero vemos que Dios nos dice:
"¿Para qué ayunar, si no haces caso; mortificarnos, si no te enteras?"
En realidad, el día de ayuno hacéis vuestros negocios y apremiáis a vuestros servidores; ayunáis para querellas y litigios, y herís con furibundos puñetazos.
No ayunéis de este modo, si queréis que se oiga vuestra voz en el cielo".
A veces nos conformamos con algunos ritos externos que nos hacen creer que lo estamos haciendo bien, y, en realidad, estamos sólo cumpliendo con un rito que, en el fondo, no modifica nuestra conducta frente a Dios ni con los hermanos.
Que el ayuno y la abstinencia son sacrificios verdaderos, pero tienen que llegar al corazón, hacer que nuestro corazón se arrepienta, verdaderamente, del pecado cometido, tanto de acción como de omisión. Porque sino sólo se queda un algo que hago pero que no tiene el efecto que el Señor quiere.
Por eso, nuestro Papa León nos decía en la carta que nos envió para esta Cuaresma:
"Por eso, me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz".
Y no es esto o lo otro, sino que el ayuno y la abstinencia nos sirva para este ayuno profundo de liberarnos de lo que llevamos en el corazón y daña nuestra relación con Dios y con los hermanos.
jueves, 19 de febrero de 2026
Es mi elección
"Moisés habló al pueblo, diciendo:
«Mira: hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal. Pues yo te mando hoy amar al Señor, tu Dios, seguir sus caminos, observar sus preceptos, mandatos y decretos, y así vivirás y crecerás y el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para poseerla".
No era Moisés quien ponía delante del pueblo la vida y el bien, la muerte y el mal, sino que Dios hablaba por medio de Moisés. Por lo tanto es Dios quien le dice al Pueblo que elija, es Dios quien nos dice a nosotros que elijamos. Y elegir algo tiene su responsabilidad, tiene sus derechos y obligaciones, por eso mismo le dice Dios al Pueblo: si elije la vida y a Dios tendrá que seguir sus caminos, observar sus preceptos, etc.
Y lo mismo sucede con Jesús, pues no nos obliga a seguirlo sino que nos da la opción de seguirlo:
"Entonces decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?».
Esta opción es para todos los hombres, varones y mujeres, que se han encontrado con Jesús, con su Palabra y sienten que Ese es el Camino que su corazón les pide recorrer. Y, por eso mismo, antes de mostrarles el Camino les advierte de las consecuencias de seguirlo:
"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día».
No sólo veamos el final sino que tenemos que discernir si queremos seguir todo el Camino no sólo la parte más linda del camino que es la Vida en la Gracia, sino que también hay otras consecuencias u obligaciones del Camino. Y, como Dios sabe cómo somos no ha dejado nada por decirnos para que sepamos de antemano qué es lo que habrá en el Camino para alcanzar la Verdadera Vida.
Es una opción y como toda opción hay que saber discernirla y optar, pero cada uno tiene que responder pues nadie puede responder por uno, sino que es mi respuesta libre y consciente al Plan de Dios sobre mí. ¿Estoy dispuesto a seguir a Cristo con todas las consecuencias?
miércoles, 18 de febrero de 2026
Convertíos de todo corazón
"Ahora - oráculo del Señor convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto; rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos; y convertíos al Señor vuestro Dios, un Dios compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en amor que se arrepiente del castigo".
Comenzamos el hermoso tiempo de Cuaresma, tiempo de silencio, de reflexión, de penitencia, de conversión. Un tiempo en el que Dios nos invita a mirar hacia nuestro corazón con sinceridad y sin miedos.
Digo hermoso tiempo porque nos invita a reflexionar acerca de su Amor y Misericordia, porque en realidad es lo que el Padre quiere: mostrarnos su Amor y Misericordia para renovar nuestro espíritu y ayudarnos a caminar hacia la gloria de la Pascua, con un corazón puro y renovado que sea capaz de descubrir en las pequeñas cosas de cada día todo su Amor y ver los signos que nos va dando para alcanzar la santidad.
Ya con el profeta Joel nos exhorta a la conversión de todo corazón, pues sabe que, siempre, nuestro corazón se va llenando de residuos de maldad que va quedando de nuestro pecado, que, junto al pecado original, nos va quitando la luz de la esperanza, la fortaleza del amor y la alegría de la salvación.
Cuando no bajamos hasta el fondo de nuestro corazón no descubrimos todo lo que hay en él, pues día a día vamos dejando caer, inconscientemente, situaciones pecaminosas ya sea de pensamiento, obra y omisiones que vamos dejando pasar y que, muchas veces, no reconocemos porque vamos corriendo de un lado para otro sin profundizar en lo que hemos hecho, dicho u obrado o dejado de obrar.
Aunque nos creamos los mejores del mundo, los más rezadores, los que llevamos las mejores medallas colgadas en nuestro pecho, y que nos sabemos las Escrituras de adelante para atrás y de atrás para adelante, nada de eso nos libra de la espina del pecado que siempre está sembrando dolor en el corazón. Por eso, sin miedo y con sinceridad nos tenemos que preguntar si realmente estamos viviendo de acuerdo a la Voluntad de Dios, si verdaderamente estamos yendo por el Camino que nos ha marcado el Señor, o simplemente, como todos, vamos caminando por donde nos parece sin preguntar al Señor por dónde ir, y, sobre sin poder llegar a amar como Jesús nos amó, pues al fin de cuentas lo que Él nos pide es que analicemos nuestra vida en función del Amor que Él nos tiene y que nosotros debemos vivir con nuestros hermanos.