"Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelistas, a otros, pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios...".
San Pablo a los efesios le va refiriendo la Gracia que Dios ha tenido con nosotros para llamarnos a ser parte del Cuerpo Místico de Cristo, un Cuerpo que está formado por diversos miembros, cada uno con una función y misión, y por eso, también cada uno, con los dones de la Gracia necesaria para realizar el encargo del Señor.
Que en la Iglesia tengamos todos diferentes funciones, cargos y responsabilidades no nos hace ni mejores ni peores unos de otros, sino que nos hace "funcionales" dentro de la vida de la Iglesia para la evangelización del mundo. No todos tenemos los mismos dones ni todos tenemos la misma vocación, pero todos somos hijos de Dios y, por eso, hermanos.
Pero, (siempre hay peros en la vida) cada uno tenemos que responder en la medida de los Dones que el Padre nos ha dado: seamos apóstoles, profetas, evangelistas, pastores, doctores o lo que Dios nos haya pedido que seamos, tenemos que vivir nuestra propia vocación y, con la Gracia del Espíritu, poder dar los frutos necesarios y los que Dios quiere que produzcamos. Por eso mismo no podemos pretender ni vivir como lo que no somos, ni ocupar un lugar que no nos corresponde, ni hacer lo que le corresponde a otro hacer, pues ese no ha sido ni mi lugar ni nuestra responsabilidad, porque no haciendo ni viviendo lo que debo no tendré la Gracia para hacerlo, y, por otro lado dejaré de vivir y hacer lo que a mí me corresponde.
Porque el Señor vendrá a buscar los frutos a su tiempo y, quizás, no los haya dado por estar ocupado en otras cosas que no era las que debía:
"Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a perjudicar el terreno?
Pero el viñador respondió:
"Señor, déjala todavía este año y mientras tanto yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto en adelante. Si no, la puedes cortar"».
El Sermón en la montaña
sábado, 24 de octubre de 2026
Igaules y diferentes
viernes, 23 de octubre de 2026
Corresponsabilidad en la paz
"Hermanos:
Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados.
Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobre llevaos mutuamente con amor; esforzándoos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todos, que está sobre todos, actúa por medio de todos y está en todos".
San Pablo no sólo no está recomendando pautas para nuestra vida, sino que nos está marcando el camino por donde tenemos que avanzar en la vida cristiana, y, sobre todo, en la vida comunitaria, ya sea en la familia, en la parroquia, en el trabajo, en la sociedad civil, porque en todos esos lugares somos cristianos, en todos esos lugares estamos mostrando el rostro de Cristo, estamos siendo parte del Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia.
Ser bautizado es ser Iglesia, es ser parte de un Cuerpo en el que todos somos responsables de todos y, sobre todo, hemos sido hechos hijos en el Hijo y por lo tanto hermanos. Y, por eso mismo, san Pablo no sólo se dirige a los efesios, sino que se dirige a todos, y no sólo a quien te hizo daño, sino también a ti que te sientes dañado por tu hermano y todavía no lo has perdonado, ni tampoco has pedido perdón.
A veces pensamos que siempre la culpa la tiene el otro, y, en algunos casos puede llegar a ser así, pero también nos tenemos que hacer responsables de lo que hacemos y, más veces, de lo que no hacemos, porque en algunas oportunidades nos olvidamos del pecado de omisión, es decir omitir lo que debemos o no debemos hacer, dejando que lo que yo tengo que hacer lo hagan otros, y eso no es lo que Dios está pidiendo, sino que nos hagamos responsables de la vida en el amor, en la fraternidad, de ser instrumentos de paz que viviendo en el Espíritu sepamos construir el Reino de los Cielos en la tierra.
jueves, 22 de octubre de 2026
El Espíritu quiere seguir soplando
«He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!
¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división.
Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra».
Cuando Jesús se enfadaba contra los fariseos y escribas y doctores de la Ley decía palabras duras y fuertes porque les mostraba sus falsedades y mentiras, pero no son tan duras como estas que nos dirige hoy por medio del Evangelio.
Son palabras duras cuando nos cuestan comprender, entender a nivel humano y, sobre todo, cuando queremos entender literalmente el sentido de lo que dice, porque claro que no habla de incendiar todo el mundo con fuego verdadero, ni es su interés traer la guerra sobre la tierra, ni tan siquiera en las familias.
Pero ya Juan Bautista lo advertía cuando hablaba de Jesús: "Él bautizará en fuego y espíritu", y de ese fuego está hablando Jesús, del fuego del Espíritu Santo, ese mismo fuego que volaba sobre la faz de la tierra cuando Dios creaba, ese mismo Espíritu que hablaba por medio de los Profetas, el mismo Espíritu que cubrió a María con su sombra y concibió por obra y gracia de Él, el mismo Espíritu que descendió en forma de paloma sobre Jesús en el Jordán, el mismo Espíritu que descendió en forma de lenguas de fuego sobre María y los apóstoles en Pentecostés.
¿Entiendes de qué fuego habla Jesús? Porque es el mismo Espíritu que descendió en nosotros el día de nuestro bautismo, y quiso comenzar un nuevo incendio en nuestros corazones, para que desde nosotros, como lo hizo con los apóstoles en Pentecostés, siguiéramos incendiando el mundo con su Amor, con su Esperanza, con su paz, su alegría, su Fe, haciendo que su Luz resplandeciera frente a la oscuridad del pecado.
Y, así, como le pasó a ellos, los primeros cristianos, y está pasando en muchos lugares del mundo, los que están en contra o niegan la Luz de la Verdad de Dios quieran apagar esa Luz que brilla en nosotros, y también estarían en contra de los hijos de Dios, de los discípulos de Jesús. Pero en todo eso y en todo momento estaremos cubiertos por su fortaleza, por su tesón, por su Amor para que nada detenga el fuego del Espíritu que quiere seguir incendiando los corazones de los hombres.
miércoles, 21 de octubre de 2026
Lo dice para tí
"Pedro le preguntó:
«Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos?».
Y el Señor le dijo:
«¿Quién es el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para que reparta la ración de alimento a sus horas?".
Habría que estar horas para explicar y reflexionar este evangelio y la carta de san Pablo, pero no lo haré tan largo, sino que esbozaré algo que siento que nos está diciendo el Señor.
Siempre tenemos que pensar que lo que el Señor dice por medio de Su Palabra lo dice para mí, no pensemos en otras personas o que bien que le vendría a tal o cual, que es el primer pensamiento que, seguramente, nos viene. Pensemos que es para cada uno de quien está leyendo la Palabra.
Y si leemos hasta el final veremos que todos los que hemos recibido la Gracia del Espíritu en el Bautismo somos los administradores de una Gracia que el Señor nos regaló, puede ser mucha o poca, pero seguramente que no tenemos cómo "pesar" la cantidad de Gracia que se nos ha dado, pero es mucho más de lo que nos imaginamos. Por eso se nos ha dado mucho y mucho se nos pedirá. ¿Por qué se nos exigirá mucho? Porque la Gracia bautismal no es sólo para nosotros mismos, sino que es una Gracia para llevarla a todos, porque el día de la ascensión de Jesús a los cielos dijo: "id y anunciad a todo el mundo", y eso lo dijo para todos los discípulos que estaban junto a Él, no lo dijo sólo para los apóstoles.
Así, esto que dice san Pablo de sí mismo es lo que tenemos que pensar para nosotros mismos: "A mí, el más insignificante de todos los santos, se me ha dado esta gracia de anunciar a los gentiles la riqueza insondable que es Cristo; e iluminar la realización del misterio, escondido desde el principio de los siglos en Dios, creador de todo".
Sí, somos y seguiremos siendo insignificantes, pero, como decía la Madre Teresa de Calcuta: "somos una pequeña de gota de agua en el mar, pero si no lo hacemos al mar le faltaría esa pequeña gota". No te guardes la Gracia del Señor para ti comienza a entregarla a tus hermanos, siempre hay forma de hacerlo si estamos dispuestos a entregarnos.
martes, 20 de octubre de 2026
Disponibilidad total
«Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.
Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo.
Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos».
Muchas veces creemos o pensamos que cuando Jesús nos habla de que estemos preparados para cuando el Señor venga es porque nos está hablando de la hora de la muerte. Puede ser, también es una opción. Pero más que para esa hora nos está hablando para cada una de las horas que estemos en este mundo. Nos habla, en realidad, de la disponibilidad para hacer lo que Dios quiera, para hacer la Voluntad de Dios.
Y esto me hace acordar de un poema de Santa Teresa de Jesús (la de Ávila, para que no haya confusiones), solo pondré una estrofa que es iluminadora de toda la intención de la Santa:
"Si queréis que esté holgando,
quiero por amor holgar.
Si me mandáis trabajar,
morir quiero trabajando.
Decid, ¿dónde, cómo y cuándo?
Decid, dulce Amor, decid:
¿qué mandáis hacer de mí?"
Santa Teresa como todos los santos comprendieron que Dios necesitaba de ellos una disponibilidad total a Su Voluntad, por eso, no importaba lo que Dios quisiera, lo que importaba es la disponibilidad a hacerlo, a vivirlo, sea lo que sea ¡estoy dispuesto! Como María "hágase en mí según tu palabra", porque no hay nada mejor, para el hombre, para encontrar la plena bienaventuranza que hacer la Voluntad del Padre.
lunes, 19 de octubre de 2026
Predicamos a Cristo crucificado
De las cartas de San Pablo de la Cruz, presbítero
Es cosa muy buena y santa pensar en la pasión del Señor y meditar sobre ella, ya que por este camino se llega a la santa unión con Dios. En esta santísima escuela se aprende la verdadera sabiduría: en ella la han aprendido todos los santos. Cuando la cruz de nuestro dulce Jesús haya echado profundas raíces en vuestro corazón, entonces cantaréis: «Sufrir y no morir», o bien: «O sufrir o morir», o mejor aún: «Ni sufrir ni morir, sino sólo una perfecta conversión a la voluntad de Dios».
El amor, en efecto, es una fuerza unitiva y hace suyos los tormentos del Bueno por excelencia, que es amado por nosotros. Este fuego, que llega hasta lo más íntimo de nuestro ser, transforma al amante en el amado y, mezclándose de un modo profundo el amor con el dolor y el dolor con el amor, resulta una fusión de amor y de dolor tan estrecha que ya no es posible separar el amor del dolor ni el dolor del amor; por esto, el alma enamorada se alegra en sus dolores y se regocija en su amor doliente.
Sed, pues, constantes en la práctica de todas las virtudes, principalmente en la imitación del dulce Jesús paciente, porque ésta es la cumbre del puro amor. Obrad de manera que todos vean que lleváis, no sólo en lo interior, sino también en lo exterior, la imagen de Cristo crucificado, modelo de toda dulzura y mansedumbre. Porque el que internamente está unido al Hijo de Dios vivo exhibe también externamente la imagen del mismo, mediante la práctica continua de una virtud heroica, principalmente de una paciencia llena de fortaleza, que nunca se queja ni en oculto ni en público. Escondeos, pues, en Jesús crucificado, sin desear otra cosa sino que todos se conviertan a su voluntad en todo.
Convertidos así en verdaderos amadores del Crucificado, celebraréis siempre la fiesta de la cruz en vuestro templo interior, aguantando en silencio y sin confiar en criatura alguna; y, ya que las fiestas se han de celebrar con alegría, los que aman al Crucificado procurarán celebrar esta fiesta de la cruz sufriendo en silencio, con su rostro alegre y sereno, de tal manera, que quede oculta a los hombres y conocida sólo de aquel que es el sumo Bien. En esta fiesta se celebran continuamente solemnes banquetes, en los que el alimento es la voluntad divina, según el ejemplo que nos dejó nuestro Amor crucificado.
domingo, 18 de octubre de 2026
Ponerlo a pruebas
«Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias. Dinos, pues, qué opinas: ¿es licito pagar impuesto al César o no?».
Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:
«Hipócritas, ¿por qué me tentáis?...".
Cuando escuchamos la Palabra de Dios siempre nos vamos a encontrar con pasajes, frases o exhortaciones que nos pican en la piel porque nos recuerdan hechos, momentos, situaciones, o hasta incluso pensamientos que hemos tenido o cosas que hemos hecho.
Esta situación con los fariseos no es común que la tengamos con Jesús, pero puede ser que haya algo parecido en nuestras vidas. No es que tengamos que mirar palabra por palabra, o ver la situación literalmente para ver si en mi vida ha pasado algo. Es claro que no le vamos a preguntar a Dios si tenemos que pagar los impuestos o no (aunque seguramente alguno se le puede haber ocurrido) pero sí que alguna vez lo hemos querido poner entre la espada y la pared al Señor.
¿Cuando? Cuando le exigimos en la oración que haga algo que quiero que haga: ya sea por la salud personal o de otros, por el examen mío o de otros, etc., pero yo no le estoy dando nada de lo mío, sino que sólo le exijo a Él lo que yo debo vivir o lo que yo no quiero vivir.
Por eso, la hipocresía de la que acusa a los fariseos y doctores de la ley, es la hipocresía que muchas veces usamos nosotros, también, con el Señor (y más de una vez con los demás) Y por eso es algo que debemos acostumbrarnos a ver que tenemos y que somos, y así poder ir sacándola de nuestras vidas para poder ser sinceros y francos con el Señor, y con nosotros mismos, para no poner a prueba al Señor, porque del mismo modo que yo lo pongo a prueba a Él, Él me pondrá a prueba a mí, y eso ya no me gustará mucho.