Comentario al Evangelio de Mons. José Ignacio Munilla, Obispo Orihuela-Alicante (s. XXI)
El evangelio de este viernes recoge el lamento de Jesucristo por el rechazo de la predicación que dirige al pueblo de Israel. En concreto habla de tres poblaciones: Corozaín, Betsaida y Cafarnaún en las que él se había prodigado en la predicación del Evangelio, haciendo signos, milagros de salvación; pero que sin embargo, no habían acogido en estas poblaciones su predicación. Y Jesús se lamenta y además habla de la gran responsabilidad que tienen por no haberlo hecho: ”Ay de ti Corazoín, ay de ti Betzaida”. Fijaos que el evangelio nos habla del drama del rechazo de la predicación de Jesucristo. De la no acogida de su mensaje de salvación.
Claro, desde nuestra mentalidad esto hoy en día, no se entiende. La mentalidad ‘relativista’ de nuestros días viene a decir: ‘Bueno aquí que cada uno crea según su sensibilidad. El que quiera creer que crea, el que no quiera creer, pues ¿qué más da?, que cada uno tiene su libertad de creer o no creer, eso es algo subjetivo.’ Es la mentalidad de nuestro tiempo, la del relativismo. Nada que ver con las palabras del Evangelio donde se nos habla que es un drama rechazar lo que Dios viene a comunicarnos. Es un drama. Acordaos de que en otros pasajes evangélicos, por ejemplo, en Mc 16, 16, dice: ’El que crea se salvará, el que no crea será condenado’. Es decir, es una gran responsabilidad rechazar, despreciar el amor de Dios que se nos revela, que se nos comunica.
Y no solo eso, el evangelio de hoy dice que rechazar a Cristo es rechazar a Dios. Porque Cristo dice: ‘El que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado.’. Cristo es el enviado del padre. Cristo es Dios hecho profeta, dirigiéndonos una palabra de salvación. Por eso tiene tanta gravedad rechazar el mensaje de Cristo.
Pero es más, el evangelio añade: ’Quien a vosotros os escucha a mí me escucha. Y quien a vosotros os rechaza a mí me rechaza.’ Rechazar a los enviados de Jesucristo, los apóstoles de Jesucristo que predican la palabra, rechazar la predicación de la iglesia, es rechazar a Cristo. Igual que Jesús dice: ’Lo que hicisteis a uno de esos pobres, mis pequeños hermanos, a mí me lo hicisteis, también puede decir: ‘Esa palabra que habéis rechazado, que no habéis aceptado en la predicación de los Apóstoles, de la predicación de la iglesia, habéis rechazado mi palabra, me habéis rechazado a mí al no acoger esa palabra.’
Por lo tanto nos ponemos delante de este evangelio pidiendo el don de la conversión. Pidiendo la conciencia viva de nuestra gran responsabilidad de acoger, humildemente y con gratitud, la Palabra de Salvación que Cristo nos dirige y que sus profetas y sus Apóstoles nos predican en su nombre.