martes, 17 de febrero de 2026

Todavía no comprendéis?

"En aquel tiempo, a los discípulos se les olvidó tomar pan, y no tenían más que un pan en la barca.
Y Jesús les ordenaba diciendo:
«Estad atentos, evitad la levadura de los fariseos y de Herodes».
Y discutían entre ellos sobre el hecho de que no tenían panes".
Es muy interesante este Evangelio y la forma que tiene Jesús de hacerles ver a los discípulos que no siempre están atentos a sus palabras sino a sus propios pensamientos y discusiones. Asociaron la advertencia de Jesús al asunto de que se olvidaron de traer el pan, sin embargo lo de Jesús iba más allá de ese hecho, pues ese hecho no le interesaba ni estaba preocupado.
Y ¿qué es la levadura de los fariseos y de Herodes?
Al hacerme esta pregunta me acordé de alguna frase de las redes sociales que hay alguien decía que la vanidad y la soberbia son hinchazón del YO. Y a eso se refería Jesús, los fariseos y Herodes se consideraban los mejores del mundo unos porque eran estrictos cumplidores de la Ley, y el otro porque creía que tenía todo el poder del mundo.
Los fariseos eran muy cumplidores pero no llevaban a la vida lo que decían cumplir, sabían mucho pero poco hacían y se jactaban de hacer cumplir la Ley. Por eso mismo Jesús les llamó "raza de víboras y sepulcros blanqueados, muy blanquitos por dentro pero llenos de podredumbre". Porque no basta con decir que cumplo si no vivo, si no he entendido lo que quiere Dios de mí, y por eso me erijo en juez de los demás porque yo soy el mejor cumplidor.
Y el "poder" terrenal que tenía Herodes lo hacía presentarse como el que podía y quería manejar a todo el mundo y su ego se iba hinchando como el pan el agua, creyéndose el mejor de todos y por eso mandó en su momento a matar a los inocentes por miedo a que le quitaran el trono y el poder, creyéndose un dios.
Todo eso y, seguramente, más quería decir Jesús con esa frase, pero si nos quedamos en nuestros pobres pensamientos nunca vamos a entender nada de lo que Él nos está pidiendo. Y al final Jesús les dice: ¿todavía no comprendéis? También es para nosotros esa pregunta...

lunes, 16 de febrero de 2026

Las pruebas de la vida

Nos dice el apóstol Santiago:
"Considerad, hermanos míos, un gran gozo cuando os veáis rodeados de toda clase de pruebas, sabiendo que la autenticidad de vuestra fe produce paciencia. Pero que la paciencia lleve consigo una obra perfecta, para que seáis perfectos e íntegros, sin ninguna deficiencia.
Y si alguno de vosotros carece de sabiduría, pídasela a Dios, que da a todos generosamente y sin reproche alguno, y él se la concederá".
Y ¿quién no tiene pruebas en estos tiempos? Si no nos prueba Dios para fortalecer nuestra fe, nos prueba el mundo para ver si somos capaces de sostenernos en nuestra o si somos tan débiles como para dejar de lado nuestra fe y vivir según el mundo. Pero, en todo caso, tenemos muchas pruebas en nuestras vidas.
A veces creemos que Dios nos pone a prueba para hacernos daño, que nos pide vivir tal o cual cosa porque nos hemos portado mal. Como decían antes: si te portas mal Dios te va a castigar. Pero no es verdad, hay momentos en la vida en que Dios permite que vivamos ciertas realidades, que asumamos ciertas cruces, pero, también, es cierto que hay otras situaciones que Dios quiere que vivamos pero no para ver si tenemos o no fe, sino para fortalecer nuestra fe, nuestra esperanza y caridad.
Es un ejercicio que nos lleva a ser cada día más fuerte y poder tener el espíritu siempre pronto para una respuesta sabia y acorde a la Voluntad de Dios. Así, Santiago nos dice que pidamos la sabiduría a Dios, pues es necesaria para poder discernir y entender lo que Dios quiere o lo que pide o lo que permite, para no caer en las respuestas mundanas de creernos castigados por la mano de Dios.
También necesitamos la sabiduría de Dios para saber cuándo tenemos que aceptar tal situación o no, porque, muchas veces, las cruces o las situaciones complicadas vienes porque no sabemos decir que no, o porque nos las inventamos o aceptamos hacernos cargo de situaciones que no son nuestras. Por eso, muchas veces, no tenemos la suficiente Gracia para llevar adelante tal situación porque no nos corresponde vivirla y sin embargo nos empeñamos en tal o cual cosa y no es para nosotros, o no nos corresponde a nosotros vivirla.

domingo, 15 de febrero de 2026

Es nuestra elección

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley".
Si bien estas Palabras las dijo Jesús hace más de 2000 años todavía hoy no las hemos retenido en nuestra memoria de cristianos. No las recordamos porque no queremos que sigan vigentes, no queremos que las exigencias del Evangelio sean las que regulen nuestra vida hoy en día. Y en realidad Jesús no quería regular nuestra vida, no quería exigirnos tal o cual cosa, pues Él sabe lo que el Padre nos ha dado: la libertad de elección, así lo dice el Señor en el Eclesiástico:
"Si quieres, guardarás los mandamientos y permanecerás fiel a su voluntad.
Él te ha puesto delante fuego y agua, extiende tu mano a lo que quieras.
Ante los hombres está la vida y la muerte, y a cada uno se le dará lo que prefiera".
Y lo mismo lo dice Jesús: "quien quiera seguirme..."
No hay una exigencia a seguirlo. No hay una exigencia de ser cristiano, creyente o católico. Es una elección libre, pero también tiene que ser consciente.
Libre porque Dios nos ha creado libre y ha puesto frente a nosotros los distintos camino a recorrer, y nos ha recordado qué es lo que hay al final de cada camino, y cada uno elige lo que más le guste.
Y debe ser consciente la elección para saber lo que implica recorrer cada camino y lo que me voy a encontrar al final de él, y los obstáculo que, también, tendré en ese recorrido.
Por eso, cuando Jesús nos invita a seguirlo nos dice: quien quiera venir detrás de mí niéguese a sí mismo, cargue su cruz de cada día y sígame. Y no deja, en su Palabra, de decirnos cómo va a ser el Camino que nos lleve a la Vida, y, sobre todo que no va a modificar la Ley de Dios, sino que la llevará a su plenitud por la Ley del Amor.

sábado, 14 de febrero de 2026

Acrecienta la Ilgesia

De la Vida eslava de Constantino Cirilo
 
Cargado de trabajos, Constantino Cirilo cayó enfermo; estuvo muchos días con fiebre y un día tuvo una visión de Dios y empezó a cantar así:
«Qué alegría cuando me dijeron: `Vamos a la casa del Señor´; se regocijan mi corazón y mi espíritu.»
Revestido de sus ornamentos, se pasó todo aquel día lleno de contento, diciendo:
«Desde ahora ya no soy siervo ni del emperador ni de hombre alguno sobre la tierra, sino sólo de Dios todopoderoso. Primero no existía, luego existí, y existiré para siempre. Amén.»
Al día siguiente se vistió con el santo hábito monástico y, como quien añade luz a la luz, se impuso el nombre de Cirilo. Permaneció con este hábito durante cincuenta días.
Llegada la hora de recibir el merecido descanso y emigrar a las moradas eternas, levantó las manos hacia Dios, diciendo entre sollozos:
«Señor Dios mío, que creaste todas las jerarquías angélicas y las potestades incorpóreas, desplegaste el cielo y afirmaste la tierra y trajiste todas las cosas de la inexistencia a la existencia, que escuchas continuamente a los que hacen tu voluntad, te temen y guardan tus preceptos: escucha mi oración y guarda a tu fiel rebaño, que encomendaste a este tu siervo inepto e indigno.
Líbralos de la impiedad y del paganismo de los que blasfeman contra ti, acrecienta tu Iglesia y reúne a todos sus miembros en la unidad. Haz que tu pueblo viva concorde en la verdadera fe, e inspírale la palabra de tu doctrina, pues tuyo es el don que nos diste para que predicáramos el Evangelio de tu Cristo, exhortándonos a hacer buenas obras que fueran de tu agrado. Te devuelvo como tuyos a los que me diste; dirígelos con tu poderosa diestra y guárdalos bajo la sombra de tus alas, para que todos alaben y glorifiquen el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.»
Y, besando a todos con el ósculo santo, dijo:
«Bendito el Señor, que no nos entregó en presa a sus dientes; hemos salvado la vida como un pájaro de la trampa del cazador; la trampa se rompió, y escapamos.»
Y con esto se durmió en el Señor. Tenía cuarenta y dos años de edad.
El papa ordenó que todos los griegos residentes en Roma, así como los romanos, asistieran con cirios al funeral de aquel santo varón, y que lo hicieran como si del mismo papa se tratase

viernes, 13 de febrero de 2026

Se realiza un acto ceeador

 San Efrén, diácono (s. IV)


La fuerza divina que el hombre no puede tocar, bajó, se envolvió con un cuerpo palpable para que los pobres pudieran tocarle, y tocando la humanidad de Cristo, percibieran su divinidad. A través de unos dedos de carne, el sordomudo sintió que alguien tocaba sus orejas y su lengua. A través de unos dedos palpables percibió a la divinidad intocable una vez rota la atadura de su lengua y cuando las puertas cerradas de sus orejas se abrieron. Porque el arquitecto y artífice del cuerpo vino hasta él y, con una palabra suave, creó sin dolor unos orificios en sus orejas sordas; fue entonces cuando, también su boca cerrada, hasta entonces incapaz de hacer surgir una sola palabra, dio al mundo la alabanza a aquel que de esta manera hizo que su esterilidad diera fruto.También el Señor formó barro con su saliva y lo extendió sobre los ojos del ciego de nacimiento (Jn 9, 6) para hacernos comprender que le faltaba algo, igual que al sordomudo. Una imperfección congénita de nuestra pasta humana fue suprimida gracias a la levadura que viene de su cuerpo perfecto. Para acabar de dar a estos cuerpos humanos lo que les faltaba, dio alguna cosa de sí mismo, igual como él mismo se da en comida [en la eucaristía]. Es por este medio que hace desaparecer los defectos y resucita a los muertos a fin de que podamos reconocer que gracias a su cuerpo «en el que habita la plenitud de la divinidad» (Col 2, 9), los defectos de nuestra humanidad son suprimidos y la verdadera vida se da a los mortales por este cuerpo en el que habita la verdadera vida.

miércoles, 11 de febrero de 2026

De dónde viene la injusticia?

Benedicto XVI, Papa (s. XXI)

El evangelista Marcos refiere las siguientes palabras de Jesús, que se sitúan en el debate de aquel tiempo sobre lo que es puro y lo que es impuro: “Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas” (Mc 7, 15. 20-21).
Más allá de la cuestión inmediata relativa a los alimentos, podemos ver en la reacción de los fariseos una tentación permanente del hombre: la de identificar el origen del mal en una causa exterior. Muchas de las ideologías modernas tienen, si nos fijamos bien, este presupuesto: dado que la injusticia viene “de fuera”, para que reine la justicia es suficiente con eliminar las causas exteriores que impiden su puesta en práctica. Esta manera de pensar ―advierte Jesús― es ingenua y miope. La injusticia, fruto del mal, no tiene raíces exclusivamente externas; tiene su origen en el corazón humano, donde se encuentra el germen de una misteriosa convivencia con el mal. Lo reconoce amargamente el salmista: “Mira, en la culpa nací, pecador me concibió mi madre” (Sal 51, 7).
Sí, el hombre es frágil a causa de un impulso profundo, que lo mortifica en la capacidad de entrar en comunión con el prójimo. Abierto por naturaleza al libre flujo del compartir, siente dentro de sí una extraña fuerza de gravedad que lo lleva a replegarse en sí mismo, a imponerse por encima de los demás y contra ellos: es el egoísmo, consecuencia de la culpa original. Adán y Eva, seducidos por la mentira de Satanás, aferrando el misterioso fruto en contra del mandamiento divino, sustituyeron la lógica del confiar en el Amor por la de la sospecha y la competición; la lógica del recibir, del esperar confiado los dones del Otro, por la lógica ansiosa del aferrar y del actuar por su cuenta (cf. Gn 3, 1-6), experimentando como resultado un sentimiento de inquietud y de incertidumbre. ¿Cómo puede el hombre librarse de este impulso egoísta y abrirse al amor?
Para entrar en la justicia es necesario salir de esa ilusión de autosuficiencia, del profundo estado de cerrazón, que es el origen de nuestra injusticia. En otras palabras, es necesario un “éxodo” más profundo que el que Dios obró con Moisés, una liberación del corazón, que la palabra de la Ley, por sí sola, no tiene el poder de realizar. ¿Existe, pues, esperanza de justicia para el hombre?
Cristo es la justicia de Dios, puesto que todos pecaron y están privados de la gloria de Dios, y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús, a quien exhibió Dios como instrumento de propiciación por su propia sangre, mediante la fe, para mostrar su justicia (cf. Rm 3, 21-25).
¿Cuál es, pues, la justicia de Cristo? Es, ante todo, la justicia que viene de la gracia, donde no es el hombre que repara, se cura a sí mismo y a los demás.

martes, 10 de febrero de 2026

Por que amó más

San Gregorio Magno - De los libros de los Diálogos

Elástica, hermana de Benito, dedicada desde su infancia al Señor todopoderoso, solía visitar a su hermano una vez al año. El varón de Dios se encontraba con ella fuera de las puertas del convento, en las posesiones del monasterio. Cierto día vino Escolástica, como de costumbre, y su venerable hermano bajó a verla con algunos discípulos, y pasaron el día entero entonando las alabanzas de Dios y entretenidos en santas conversaciones. Al anochecer, cenaron juntos.
Con el interés de la conversación se hizo tarde y entonces aquella santa mujer le dijo: «Te ruego que no me dejes esta noche y que sigamos hablando de las delicias del cielo hasta mañana.»
A lo que respondió Benito: «¿Qué es lo que dices, hermana? No me está permitido permanecer fuera del convento.» Pero aquella santa, al oír la negativa de su hermano, cruzando sus manos, las puso sobre la mesa y, apoyando en ellas la cabeza, oró al Dios todopoderoso.
Al levantar la cabeza, comenzó a relampaguear, tronar y diluviar de tal modo, que ni Benito ni los hermanos que le acompañaban pudieron salir de aquel lugar.
Comenzó entonces el varón de Dios a lamentarse y entristecerse, diciendo: «Que Dios te perdone, hermana. ¿Qué es lo que acabas de hacer?»
Respondió ella: «Te lo pedí, y no quisiste escucharme; rogué a mi Dios, escuchó. Ahora sal, si puedes, despídeme y vuelve al monasterio.»
Benito, que no había querido quedarse voluntariamente, no tuvo, al fin, más remedio que quedarse allí. Así pudieron pasar toda la noche en vela, en santas conversaciones sobre la vida espiritual, quedando cada uno gozoso de las palabras que escuchaba a su hermano.
No es de extrañar que al fin la mujer fuera más poderosa que el varón, ya que, como dice Juan: Dios es amor, y, por esto, pudo más porque amó más.
A los tres días, Benito, mirando al cielo, vio cómo el alma de su hermana salía de su cuerpo en figura de paloma y penetraba en el cielo. Él, congratulándose de su gran gloria, dio gracias al Dios todopoderoso con himnos y cánticos, y envió a unos hermanos a que trajeran su cuerpo al monasterio y lo depositaran en el sepulcro que había preparado para sí.
Así ocurrió que estas dos almas, siempre unidas en Dios, no vieron tampoco sus cuerpos separados ni siquiera en la sepultura.