En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».
¡Cuántos principios para la vida que nos da el Señor! Son principio reales para nuestra convivencia, para la vida cotidiana, pero que no siempre los ponemos en práctica, o, mejor dicho, los ponemos en práctica para lo que nos conviene pero no para lo que el Señor nos manda.
A estos preceptos del Señor tendríamos que agregarle aquellas palabras en las que nos dice: "si amáis a quienes os aman ¿qué mérito tenéis? Yo os digo: amad a vuestros enemigos, rezad por quienes os persiguen". ¿Por qué hay que agregarle esta exhortación de Jesús? Porque nos gusta hacer las cosas a nuestro antojo y no nos gusta exigirnos más de la cuenta, sino que sólo hacemos las cosas con quienes queremos, con quienes están cerca, con quienes nos dicen lo que queremos escuchar. Sin embargo, Jesús, nos exige mucho más que eso y por eso al final de estos preceptos de vida cristiana nos dice: "pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros", y eso no lo tenemos en cuenta.
Por eso es necesario que nuestro examen de conciencia sea concienzudo, es decir, tomándonos en serio la Palabra de Jesús, porque, muchas veces, creemos que no perdonar, no ser misericordioso, actuar con malos tratos, hablar mal de los demás, exigirle a los demás cosas que yo no hago, culpar a los otros de mis malas acciones, etc. etc., eso está bien porque los culpables de que yo actúe mal son los otros. Que yo tenga mal genio es culpa de los demás, que yo critique es culpa de los demás, que haga daño con mis palabras es porque se lo merecen... ¿Si Dios pensara así de tí? ¿qué dirías? ¿Si los demás actuaran contigo de la misma manera que tú actúas con los otros, cómo te sentaría?
Así nuestro examen de hoy, o de estos días de cuaresma tendrían que partir de estos principios de los que nos habla Jesús: ser misericordioso, no juzgar, no condenar, pedir perdón, saber perdonar... para que podamos, realmente, hacer una buena confesión y comenzar un tiempo de reconciliación para que la Pascua llegue verdaderamente a nuestro corazón.
lunes, 2 de marzo de 2026
Principios cotidianos
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