miércoles, 4 de marzo de 2026

Podéis beber el cáliz?

«No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?»
¿Sabemos lo que pedimos en nuestra oración? ¿Sabemos qué es lo que necesitamos cuando pedimos algo en la oración? ¿Qué es lo que pedimos?
Claro que todas estas preguntas tienen un lado complicado porque lo primero que nos surge pensar es en nuestra oración de peticiones, o en nuestras peticiones en la oración. Pedimos por la salud, por la familia, por algún amigo, por algún enfermo, pero no es sólo eso lo que pedimos, esas son, realmente, intenciones personales que salen del corazón y de las necesidades urgentes de todos los días.
Lo que realmente pedimos es lo que el Señor nos enseñó a pedir en la oración del Padre nuestro, y ese el pedido más completo que hacemos todos los días. Y ¿te has puesto a pensar qué es lo que pides cuando le hablas al Padre en la oración que te enseñó el Hijo? Seguramente muchas veces has escuchado las reflexiones sobre el Padre nuestro y otras tantas lo hemos leído en el Evangelio, pero pocas veces nos detenemos a pensar qué es lo que estamos pidiendo cuando abrimos nuestros labios para hablar con el Padre en el Padre nuestro.
Y es ahí, en esa oración cotidiana donde estamos pidiendo algo que no sabemos si estamos dispuestos a vivirlo, o, por lo menos no nos hemos puesto a pensar qué significa para mi vida decirle al Padre que estoy dispuesto a hacer Su Voluntad en la tierra como en el Cielo. Y ahí está el cáliz que bebió Jesús por nosotros y que nos invita a beberlo cada día.
¿Estás dispuesto a beber el cáliz de la obediencia a la Voluntad de Dios todos los días de tu vida? Así sería la pregunta que nos deberíamos hacer antes de rezar el Padre nuestro, porque es lo que le estamos diciendo al Padre de los Cielos, porque eso fue lo que Jesús nos enseñó, no sólo la oración, no sólo a pedir, sino a abrir el corazón para que, como Él vivió, también nosotros vivamos en la Voluntad del Padre, pues ese es el Camino que Él recorrió y nos enseñó a caminarlo a nosotros.
Y, como Él sabía que, seguramente, se nos olvidaría lo que tenemos que vivir, entonces nos dejó la intención de vivirlo grabada en la mejor de nuestras oraciones, y, sobre todo, en una oración que repetimos cada día y, en algunos casos, varias veces por día.

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