San Pedro nos da una fórmula para poder alcanzar la plenitud de nuestra vida cristiana, de nuestra vida como hijos de Dios, pues hemos heredado la Promesa que Dios había hecho a nuestros padres, y por eso, para poder llevar a cabo la plenitud de la promesa nos dice:
"poned todo empeño en añadir a vuestra fe la virtud, a la virtud el conocimiento, al conocimiento la templanza, a la templanza la paciencia, a la paciencia la piedad, a la piedad el cariño fraterno, y al cariño fraterno el amor".
Como tantas otras veces podríamos decir: sí, son palabras muy bonitas pero muy difíciles de llevar a cabo, sobre todo en algunos temperamentos hay virtudes que no son fáciles de alcanzar, y, también, en algunos momentos de la vida tampoco se pueden alcanzar. Y, seguramente, el Señor nos respondería: no te digo que lo hagas desde tus propias fuerzas porque sé que no lo podrás conseguir, sino que lo hagas junto a Mí, o mejor, dicho, deja que YO sea quien te ayude a alcanzar la meta que te he propuesto.
Y, ahí está lo que Él siempre nos dice: niégate a ti mismo. Es decir, si siempre pensamos que todo lo tenemos que hacer desde nuestras capacidades nos vamos a encontrar con la misma pared: no podremos hacerlo. Las metas humanas que nos ponemos, generalmente, son alcanzables desde nosotros mismos, pero las metas que nos propone el Señor no son alcanzables por nuestros propios medios porque son metas sobrenaturales, y esos dones sobrenaturales no los tendremos si no nos unimos profunda y constantemente a Aquél que tiene esos Dones.
Por eso, no pienses que puedes alcanzar las metas que Dios ha puesto en tu corazón no te repite por medio del Evangelio con tus propias fuerzas, sino que debes pensar que todo lo puedes alcanzar si confías en Aquél que ha puesto esos ideales en tu corazón, pues Él es la Piedra Angular donde se apoya nuestra vida y desde donde recibimos todas las Gracias necesarias y suficientes para alcanzar la meta.
lunes, 1 de junio de 2026
Nuestra Piedra Angular
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