martes, 30 de junio de 2026

La pedagogía del Padre

De los escritos de Clemente de Alejandría

Con razón el Logos es llamado pedagogo, pues a nosotros, niños, nos conduce a la salvación. Por eso ha dicho clarísimamente de sí mismo por boca del profeta Oseas: Yo soy vuestro preceptor. Pedagogía es el culto divino, comprensivo de una educación en el servicio de Dios, de una introducción al conocimiento de la verdad y de una buena formación que conduce al cielo.
La palabra pedagogía es polivalente: está la pedagogía del que es conducido y enseñado y la del que conduce y enseña; pedagogía es, en tercer lugar, la misma formación recibida y, en cuarto lugar, las materias objeto del aprendizaje, por ejemplo, los mandamientos. Existe la pedagogía según Dios, que es la señalización del recto camino hacia la verdad, en orden a la contemplación de Dios, así como la indicación de una conducta santa que tiene como meta la eterna perseverancia. Como el general conduce a su ejército velando por la seguridad de sus soldados, y como el piloto maneja el timón de la nave atento a la salvación de los pasajeros, así también el pedagogo conduce a los niños a un tenor de vida saludable, en aras de su solicitud por nosotros. Y, en general, todo cuanto razonablemente pudiéramos pedir a Dios, lo obtendremos si obedecemos al pedagogo.
Ahora bien, así como no siempre el piloto se deja llevar por la marea, sino que a veces, poniendo proa a la tempestad, resiste a todas las borrascas, así tampoco el pedagogo expone al pequeño a los vientos que soplan en nuestro mundo, ni menos le abandona a merced de ellos, cual bajel, para que se estrelle entregándose a una vida bestial y licenciosa; al contrario, sólo cuando el ánimo del muchacho es impulsado a lo alto por el espíritu de verdad, empuña fuertemente el timón del niño —me estoy refiriendo a sus oídos—, y no lo suelta hasta haberle conducido, sano y salvo, al puerto celestial. Porque si lo que los hombres califican de costumbres patrias es de escasa duración, la formación recibida de Dios es una adquisición que permanece para siempre.
Nuestro pedagogo es el Dios santo, Jesús, el Logos que conduce a la humanidad entera; el mismo Dios, que ama a los hombres, es el pedagogo. De él habla el Espíritu Santo en un pasaje del Cántico: Lo encontró en una tierra desierta, en una soledad poblada de aullidos; lo rodeó cuidando de él; lo guardó como a las niñas de sus ojos. Como el águila incita a su nidada, revolando sobre los polluelos, así extendió sus alas, los tomó y los llevó sobre sus plumas. El Señor solo los condujo, no hubo dioses extraños con él. Aquí la Escritura nos presenta, según creo, al pedagogo, indicándonos cuál es su misión. Nuevamente se presenta a sí mismo como pedagogo, cuando se expresa así hablando en primera persona: Yo soy el Señor Dios tuyo, que te saqué del país de Egipto.

lunes, 29 de junio de 2026

Testimoniaron con su vida

Sermón de San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia

El día de hoy es para nosotros sagrado, porque en él celebramos el martirio de los santos apóstoles Pedro y Pablo. No nos referimos, ciertamente, a unos mártires desconocidos. A toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje. Estos mártires, en su predicación, daban testimonio de lo que habían visto y, con un desinterés absoluto, dieron a conocer la verdad hasta morir por ella.
San Pedro, el primero de los apóstoles, que amaba ardientemente a Cristo, y que llegó a oír de él estas palabras: Ahora te digo yo: Tú eres Pedro. Él había dicho antes: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Y Cristo le replicó: «Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Sobre esta piedra edificaré esta misma fe que profesas. Sobre esta afirmación que tú has hecho: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo, edificaré mi Iglesia. Porque tú eres Pedro». «Pedro» es una palabra que se deriva de «piedra», y no al revés. «Pedro» viene de «piedra», del mismo modo que «cristiano» viene de «Cristo».
El Señor Jesús, antes de su pasión, como sabéis, eligió a sus discípulos, a los que dio el nombre de apóstoles. Entre ellos, Pedro fue el único que representó la totalidad de la Iglesia casi en todas partes. Por ello, en cuanto que él solo representaba en su persona a la totalidad de la Iglesia, pudo escuchar estas palabras: Te daré las llaves del reino de los cielos. Porque estas llaves las recibió no un hombre único, sino la Iglesia única. De ahí la excelencia de la persona de Pedro, en cuanto que él representaba la universalidad y la unidad de la Iglesia, cuando se le dijo: Yo te entrego, tratándose de algo que ha sido entregado a todos. Pues, para que sepáis que la Iglesia ha recibido las llaves del reino de los cielos, escuchad lo que el Señor dice en otro lugar a todos sus apóstoles: Recibid el Espíritu Santo. Y a continuación: A quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos.
En este mismo sentido, el Señor, después de su resurrección, encomendó también a Pedro sus ovejas para que las apacentara. No es que él fuera el único de los discípulos que tuviera el encargo de apacentar las ovejas del Señor; es que Cristo, por el hecho de referirse a uno solo, quiso significar con ello la unidad de la Iglesia; y, si se dirige a Pedro con preferencia a los demás, es porque Pedro es el primero entre los apóstoles.
No te entristezcas, apóstol; responde una vez, responde dos, responde tres. Venza por tres veces tu profesión de amor, ya que por tres veces el temor venció tu presunción. Tres veces ha de ser desatado lo que por tres veces habías ligado. Desata por el amor lo que habías ligado por el temor.
A pesar de su debilidad, por primera, por segunda y por tercera vez encomendó el Señor sus ovejas a Pedro.
En un solo día celebramos el martirio de los dos apóstoles. Es que ambos eran en realidad una sola cosa aunque fueran martirizados en días diversos Primero lo fue Pedro, luego Pablo. Celebramos la fiesta del día de hoy, sagrado para nosotros por la sangre de los apóstoles. Procuremos imitar su fe, su vida, sus trabajos, sus sufrimientos, su testimonio y su doctrina.

domingo, 28 de junio de 2026

Una vida nueva

  

San Pablo les enseñaba a los romanos: “Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva”.

¿Cuál es esa vida nueva que recibimos en el bautismo? Porque la mayoría de nosotros, después de ser bautizados no experimentamos una vida nueva, ni nada por el estilo. Siempre recuerdo que uno de mis primeros bautismos como diácono, cuando se le pregunta a los padres que vienen a pedir a la Iglesia para su hijo (la respuesta tiene que ser el bautismo, la fe o algo similar) me decían: que sea sanito, que tenga suerte, que no le pase nada… Y eso es lo que, lamentablemente, muchos esperan del bautismo y no una vida nueva, porque, en realidad, no sabemos qué significa una vida nueva en Cristo.

Y la vida nueva que recibimos en el bautismo no es ya una vida solamente humana, sino una vida que se va construyendo con las enseñanzas del Evangelio de Jesucristo, con todas sus enseñanzas y no sólo con las que más me gustan o son más fáciles de vivir. Pues ya desde el instante en que se que es una vida nueva no puedo seguir pensando en la vida que llevo, sino en que tengo que ponerme a discernir qué es lo que quiere Dios con mi vida, conmigo.

Una vida nueva en Cristo es intentar vivir como vivió Jesús cuando estuvo caminando entre nosotros y que nos lo dejó, por la Gracia del Espíritu Santo, escrito en los Evangelios y en todo el Nuevo Testamento que es el culmen y la plenitud del Antiguo Testamento. Por eso, al tomar consciencia de que tenemos que vivir una vida nueva en Cristo, lo primero que tenemos que ponernos a pensar es si estamos dispuestos a vivirla, porque lo que Jesús nos dijo es “quien quiera venir en pos de mí niéguese a sí mismo”, y ahí está cuando dudamos de la elección que queremos hacer.

En estos tiempos que vivimos negarnos a nosotros mismos nos parece lo más cruel y desafortunado que alguien nos puede pedir, porque, para muchos, eso no se lo permito ni a mis padres, ni a mi pareja, ni a nadie que me diga que tengo que cambiar mi estilo de vida. Aunque siempre hay una excepción, cambiaré de vida cuando realmente me enamore, verdaderamente, de otra vida.

Y así sólo podre aceptar el desafío de vivir una vida nueva cuando logre conocer, verdaderamente, la Vida Nueva en Cristo, es decir cuando logre enamorarme de esa Vida que es Cristo mismo.

sábado, 27 de junio de 2026

La fe del centurión

Sermón de San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia (s. IV).

La fe del centurión anuncia la fe de los gentiles: humilde y ferviente, como el grano de mostaza. Su hijo estaba enfermo y yacía en casa paralítico, y el centurión rogó al Salvador por su salud. El Señor prometió que iría en persona a sanarlo, pero él replicó: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo» (Mt 8, 8). Se declaraba indigno de recibir al Señor, pero no habría dicho tales palabras si Cristo no hubiera entrado ya en su corazón. Luego añadió: «Mas dilo sólo de palabra y mi hijo quedará sano»(Mt 8, 8). Sabía a quién se dirigía y confiaba en su autoridad. Comparó su mando sobre soldados con el poder absoluto de Cristo sobre la creación: «Sierva tuya es toda criatura; sólo es preciso que mandes para que se haga lo que mandas».
El Señor, maravillado, dijo: «En verdad os digo que no he hallado fe tan grande en Israel» (Mt 8,10). Aunque Cristo vino a los judíos, fue este extranjero romano quien mostró una fe superior. ¿Qué alabó el Señor en él? Su humildad: «No soy digno de que entres bajo mi techo». Esta humildad era la puerta por la que Cristo entró en su corazón, poseyéndolo más plenamente.
Así, el Señor ofreció gran esperanza a los gentiles. Aún no existíamos como creyentes, pero ya nos había previsto, conocido de antemano, prometido. Y dijo: «Vendrán muchos de oriente y de occidente» (Mt 8, 11). ¿A dónde vendrán? A la fe. Creer es venir. No al templo de Jerusalén, ni a un lugar central de la tierra, ni a un monte físico. Sin embargo, vienen al verdadero templo de Jerusalén: el Cuerpo de Cristo, que dijo: «Destruid este templo y en tres días lo levantaré» (Jn 2, 19). Cristo es el centro porque es igual para todos. Y también es el monte del que Isaías profetizó: «Será manifiesto el monte del Señor, dispuesto en la cima de los montes y será exaltado sobre todas las colinas y vendrán a él todos los pueblos» (Is 2,2). Este monte creció desde una pequeña piedra hasta llenar el mundo, como reveló Daniel.
«Acercaos al monte, subid a él, y quienes hayáis subido no descendáis; allí estaréis seguros». Cristo es refugio, y aunque está a la derecha del Padre, no se aleja de nuestros corazones. Al centurión, el Señor le dijo: «Vete y que te suceda según has creído». Y en aquella hora quedó sano el niño (Mt 8,13). Como creyó, así sucedió. «Dilo de palabra y quedará sano»: lo dijo, y quedó sano.
No cuesta fatiga mandar, pero ojalá los hombres quisieran obedecerle. Dichoso aquel a quien el Señor le da órdenes, no al oído carnal, sino al del corazón, y allí lo corrige y lo guía.

viernes, 26 de junio de 2026

Esperando el Cielo

De los sermones de San Bernardo de Claraval, abad

Con una grandeza de ánimo realmente digna de encomio, el pequeño rebaño, privado de la estimulante presencia del Pastor, pero sin dudar lo más mínimo de que él se cuidaba de ellos con paternal solicitud, llamaba a las puertas del cielo con devotas súplicas, en la seguridad de que las oraciones de los justos penetrarían en él, y de que el Señor no desoiría las súplicas de los pobres o de que no retornarían sin el acompañamiento de copiosas bendiciones. E insistían con paciente perseverancia, según el dicho del profeta: Si tarda, espera, porque ha de llegar sin retrasarse.
Con razón, pues, el oído de Dios escuchó la disposición de su corazón y no frustró la esperanza de quienes se mostraron magnánimos, longánimes y unánimes. Estas virtudes son testimonio irrecusable de fe, esperanza y caridad. En efecto, es evidente que la esperanza genera la longanimidad y la caridad da origen a la unanimidad. Pero ¿es igualmente cierto que la fe hace al hombre magnánimo? Sí, por cierto, y sólo ella. Pues todo aquello de lo que uno blasona sin la fe como fundamento, no se apoya en aquella sólida grandeza de alma, sino sobre una cierta ventosa afectación o inane presunción. ¿Quieres escuchar a un hombre magnánimo? Dice: Todo lo puedo en aquel que me conforta.
Imitemos, hermanos, esta triple preparación si deseamos obtener la medida rebosante del Espíritu. Y si bien a cada uno -excepto a Cristo-se le ha dado el Espíritu con medida, sin embargo da la impresión de que el cúmulo de la medida rebosante excede en cierto modo la medida.
La magnanimidad se hizo patente en nuestra conversión; sea igualmente evidente la longanimidad en la consumación y la unanimidad en nuestro tenor de vida. Aquella celestial Jerusalén desea ser instaurada con almas de este temple, a quienes no falte ni la grandeza de la fe en asumir el yugo de Cristo, ni la longanimidad de la esperanza en el perseverar, ni la cohesión de la caridad, que es el ceñidor de la unidad consumada.

jueves, 25 de junio de 2026

Construir y mantener

"El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca".
¿Qué es edificar la casa sobre roca o sobre arena? ¿A qué se refiere Jesús? A edificar nuestra vida sobre algo sólido, y, en este caso, la vida cristiana, la vocación a la que nos ha llamado el Señor.
Cuando descubrimos o discernimos nuestra vocación ya sea sacerdotal, vida consagrada, matrimonial o laical, sabemos que no es una vocación humana sino que es una vocación sobrenatural, extraordinaria (y no porque seamos extraordinarios sino porque sabemos que es un llamado de parte de Dios) Esa decisión es el primer paso de un largo camino, pues esta construcción no dura sólo unos meses o años sino toda la vida, hasta el encuentro definitivo con el Señor.
Así la construcción de nuestra vocación, de nuestra vida en Cristo, tiene como base el Don de la Fe en Cristo, en Dios, en la Iglesia, y con todo lo que ello conlleva de entrega, de fidelidad, de obediencia. Así los cimientos de nuestra vida serán firmes pues son las rocas eternas de la Palabra de Dios lo que está sosteniendo el Magisterio y las enseñanzas de la Iglesia.
Cuando yo modifico una de esas rocas, o dejo que la polilla del mundo corroa esos cimientos la casa comenzará a quebrarse hasta el momento en que se derrumbe por completo.
Cuando dejo de cultivar la vida de oración, de reflexión de la Palabra, la vida sacramental no obtengo la Gracia necesaria y suficiente para que la Casa siga en pie, sino que poco a poco comenzará a derruirse porque no está mantenida como debiera, y las casas abandonadas sabemos que poco a poco se derrumban.
Así sucede con todas las vocaciones, con todas las vidas que, por Gracia de Dios, comienzo a edificar por un llamado de Dios, pero que, con el tiempo me voy olvidando de Quién me ha llamado. No importa que sea un sacerdote, una religiosa o religioso, un matrimonio o un laico soltero comprometido. Si no consigo mantener la vida de Gracia y mantengo los cimientos sólidos de la Fe, entonces todo se derrumbará.
Es difícil y costoso mantener un edificio sólido, pero sabemos que cuánto más tiempo le dedicamos siempre lo tendremos como nuevo y lleno de vida, porque la vida no es nuestra sino que viene de Dios, y si dejo que sea Él quien "maneje" nuestra vida entonces siempre tendré vida y Vida en abundancia.

miércoles, 24 de junio de 2026

Saber ocupar nuestro lugar

¿Qué es ser profeta? Es lo que le dice Dios a Isaías (y, por supuesto, nos lo dice a nosotros):
«Es poco que seas mi siervo para restablecer las tribus de Jacob y traer de vuelta a los supervivientes de Israel. Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra».
Te hago luz de las naciones, es Él quien nos da la luz para que iluminemos a las naciones, y eso es lo que tenemos que tener siempre en claro y ser muy conscientes que no nos hacemos nosotros a nosotros mismos, sino que hemos sido elegidos y transformados para que iluminemos no con nuestra propia luz, sino con la Luz de Aquel que nos llamó y nos iluminó.
Es lo que se llama ser obedientes a la Voz que nos llamó y nos envió, en este caso, Dios lo llamó, lo eligió y lo envió para una misión concreta. Lo mismo que hizo con Juan Bautista.
Juan Bautista nos enseña que sólo siendo obediente al Señor, sin caer en la soberbia de que yo soy quien lo puede todo y hago lo que quiero porque se me ha dado el poder, sino que siendo el que debo ser alcanzo a ser tan grande como Dios quiere, pero desde mi propio lugar. Por eso, aunque la gente lo tomaba por el Mesías, Juan decía:
“Yo no soy quien pensáis, pero, mirad, viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias de los pies”.
Y eso no es una humillación, es la verdadera humildad de reconocer la grandeza en la realidad de quien soy de que sólo he sido obediente a lo que se me ha pedido. Lo mismo que hicieron sus padres el día que él nació:
"A los ochos días vinieron a circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan».
Y le dijeron: «Ninguno de tus parientes se llama así».
Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Y todos se quedaron maravillados.
Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios".
¿Por qué todo esto? Porque, muchos y muchas veces, caemos en el peligro de creernos más que Dios, más que Su Palabra, y por eso creemos que nuestro pensar y nuestras conclusiones que se han unido al pensar y las conclusiones del mundo son las mejores, y no es así, cuando somos obedientes a Su Voz y a Su Palabra es cuando mejor cumplimos nuestra misión de profetas en el mundo de hoy. La soberbia intelectual y espiritual en la que caemos muchas veces nos aleja más de Dios y nos acerca más al mundo haciendo que Su Palabra ya no salve sino que se pierda la Gracia Salvadora que sólo nos da Su Palabra y no la nuestra.

martes, 23 de junio de 2026

Exgencias evangélicas

¡Que duras que son, a veces, las palabras de Jesús! y qué poco caso que le hacemos, muchas veces a esas palabras porque no nos gusta lo que nos dice, sobre todo porque siempre le acierta a algo que hemos dicho o hecho.
«No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; no sea que las pisoteen con sus patas y después se revuelvan para destrozaros".
Hay dos pasajes que me vienen a la mente para aclarar esta frase de Jesús: primero cuando le dice a los apóstoles "si en esa ciudad no os quieres al salir sacudid el polvo de esas ciudades" y por otro lado, san Pablo, cuando los judíos se revelaron contra él dijo "he querido darles el mensaje a vosotros, pero como lo han rechazado ahora me dirijo a los gentiles". Cuando alguien no quiere recibirnos o nos da vuelta la cara o no quiere recibir a Jesús, no nos quedemos ahí, dejemos que sigan con su vida y nosotros con el Señor, Él se encargará del resto.
"Así, pues, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas".
Con esta frase tenemos que tener más conciencia y me gustaría, para ello, que nos hagamos esta pregunta: ¿he tratado a los demás como me gusta que me traten a mí? o ¿o hablado de los demás como me gusta que hablen de mí? ¿Mis palabras han hecho daño a los demás, he sembrado cizaña sobre la vida de los demás, me gustaría que hagan lo mismo conmigo?
Muchas veces nos vamos de la lengua y no tenemos en cuenta que así como hago con los demás, los demás lo pueden hacer conmigo y ¿me va a gustar o me sentiré ofendido?
Por eso Jesús nos dice que no es fácil ser cristiano, vivir el Evangelio del Amor, no es sólo hacia Dios, sino sobre todo hacia el hermano, pues eso me va a hablar de mi amor a Dios. Y sí, por eso Él mismo nos dice:
"Entrad por la puerta estrecha. Porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos.
¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos».
Hay que tenerlo muy en cuenta...

lunes, 22 de junio de 2026

Vivir la fe

Tomás Moro participaba diariamente en la santa Misa. En los domingos formaba parte del coro de su parroquia. A pesar de su posición social, no ocupaba un puesto de honor. Cuando algunos nobles le hicieron notar que tal vez disgustara al rey que su Lord Canciller no buscase ser tratado con mayor deferencia, respondió con fino ingenio: «No es posible que yo disguste al rey mi señor mientras rindo público homenaje al señor de mi rey». Amaba de todo corazón a su patria y a su rey. Pero amaba por encima de todo a Dios. Por eso, cuando llegó el momento trágico de tener que elegir entre la fidelidad a Cristo o el sometimiento a una ley que iba contra su conciencia, santo Tomás Moro se dispuso a abrazar la voluntad divina sin reservas, aun sabiendo que se jugaba su posición, su fortuna e incluso su vida.
Esta respuesta heroica en una situación extraordinaria se había fraguado, en realidad, durante muchos años de heroísmo en la vida ordinaria. Por ejemplo, santo Tomás nunca decidía algo importante sin haber recibido antes, aquel día, al Señor en la Sagrada Comunión; recurría a la oración con fe e insistencia en todas sus necesidades personales y familiares; era generoso y solícito con sus amigos y se ocupaba de los pobres que había en su barrio. En lo que a él se refería, era sobrio y austero. Todo esto le dio «la confiada fortaleza interior que lo sostuvo en las adversidades y frente a la muerte. Su santidad, que brilló en el martirio, se forjó a través de toda una vida de trabajo y de entrega a Dios y al prójimo».
También nosotros estamos llamados por Dios a vivir nuestra condición de cristianos en medio de las situaciones más corrientes. A veces encontraremos dificultades en el ambiente, o incluso con leyes que ofenden a la dignidad humana. Será el momento entonces de ser fieles a la voz de Dios que resuena en lo más íntimo de nuestra conciencia: «Precisamente por el testimonio, ofrecido hasta el derramamiento de su sangre, de la primacía de la verdad sobre el poder, santo Tomás Moro es venerado como ejemplo imperecedero de coherencia moral –escribió san Juan Pablo II –. Y también fuera de la Iglesia, especialmente entre los llamados a dirigir los destinos de los pueblos, su figura es reconocida como fuente de inspiración».

domingo, 21 de junio de 2026

Nuestra confianza está en el Señor

Dijo Jeremías:
«Oía la acusación de la gente: “Pavor-en-torno, delatadlo, vamos a delatarlo”.
Mis amigos acechaban mí traspié:
“A ver si, engañado, lo sometemos y podemos vengarnos de él”.
Pero el Señor es mi fuerte defensor: me persiguen, pero tropiezan impotentes.
Acabarán avergonzados de su fracaso, con sonrojo eterno que no se olvidará".
Hoy en día es más fácil y común hablar mal de la gente que hablar bien, buscar la paja en el ojo ajeno que ayudarlo a quitarla. El acusar a alguien, el levantar falso testimonio, el denigrar al otro, el destruir la dignidad de la persona es algo tan normal hoy en día que ya nada nos sorprende, y, lo que es peor, muchas veces, nos hacemos eco de las maldades que van y vienen por el aire de nuestras calles.
Y, como leemos en el Antiguo Testamento no es que seamos originales, sino que hemos dejado que el pecado siga reinando en nuestras vidas y no nos damos cuenta que nos hacemos eco de las insidias del maligno para ir destruyendo las familias, las amistades, la sociedad porque al desunir a las gentes él puede ganar terrenos para sembrar discordia, maldad, enemistad, etc.
Por eso, tenemos que saber que nada de lo que los demás digan puede dañar al hijo de Dios, pues el Señor es testigo de nuestra vida y Él conoce el interior de nuestro corazón, tanto si actuamos bien como si actuamos mal, y cada uno será juzgado según su actuar.
Y lo mismo nos lo dice Jesús:
"No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la “gehenna”. ¿No se venden un par de gorriones por uno céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; valéis más vosotros que muchos gorriones".
Cuando las palabras de los hombres quieran cuestionar nuestras vidas, cuando esas palabras nos quieran quitar la libertad, la alegría, la esperanza y, sobre todo, la confianza en el Señor sepamos que es el mismo Señor quien viene en nuestra ayuda para fortalecernos, para decirnos "no te preocupes, Yo estoy contigo, soy tu fortaleza, tu esperanza, tu escudo, tu baluarte", y es ahí donde todo se vuelve paz para seguir recorriendo el Camino que Él pensó para mí, y aunque sigan con las mismas intenciones el hijo de Dios seguirá fuerte y confiado en Su Palabra y no en la palabra de los hombres.

sábado, 20 de junio de 2026

Buscad el Reino

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Nadie puede servir a dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero".
Hay frases del Evangelio que las tenemos muy carca en la memoria y con sólo escuchar las primeras palabras ya sabemos por dónde va Jesús. Y es eso lo que hace que le restemos, muchas veces, importancia a lo que nos dice el Señor, o, en todo caso, que creamos que como ya sabemos lo que nos dice no le hagamos el suficiente caso o reflexión.
"Nadie puede servir a dos señores... No podéis servir a Dios y al dinero", y por eso intentamos vivir en la pobreza, o si no tenemos dinero suficiente ya estamos listos, y entonces no nos tenemos que preocupar porque como no tenemos ya estamos viviendo el evangelio. Pero no es así. La pobreza material no implica la pobreza espiritual, se puede ser muy pobre y muy mendicante pero no tener el corazón humilde y desprendido de sí mismo dejando la vida en manos del Señor. Y es a eso a lo que se refiere el Señor: que no haya nada que nos separe de Dios, de su Voluntad.
El dinero representa todo lo que nos ata al mundo, y lo que más nos ata al mundo es nuestro yo humano, nuestra humanidad pues estamos en el mundo, vivimos en el mundo, conocemos al mundo, etc. Y Jesús nos ha dicho que estamos en el mundo pero no somos del mundo, y no es sólo una frase para los sacerdotes y religiosos, sino para todos los que hemos sido rescatados del príncipe del mundo por el bautismo, porque al recibir el agua bautismal hemos sido sumergidos en la muerte y resucitados a una nueva vida, la vida del espíritu.
Por eso no es sólo no servir al dinero, sino no dejarnos atar por las cosas del mundo, por nuestros instintos, por nuestros deseos, por las ideologías del mundo, por el devenir de las ideas mundanas, sino que, muriendo a nosotros mismos (cada día) podamos dejarnos conducir por el Espíritu hacia la Voluntad de Dios que es lo que nos va a llevar a la meta de nuestra Vida.
"Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le basta su desgracia".

viernes, 19 de junio de 2026

Dónde está tu tesoro?

«No atesoréis para vosotros tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen y donde los ladrones abren boquetes y los roban. Haceos tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que los roen, ni ladrones que abren boquetes y roban. Porque donde está tu tesoro, allí estará tu corazón".
Jesús no habla sólo de los bienes materiales, no habla del dinero, de las posesiones, de los campos o de las industrias. No sólo de eso, porque también hay otros tesoros que nos atan al mundo y no nos dejan mirar hacia adentro, hacia donde está el reino de Dios que es en nuestro interior.
Cuando sólo nos dedicamos al exterior a las cosas del mundo, e, incluso, sólo a nuestro cuerpo nos olvidamos de madurar en el espíritu, de buscar crecer en los dones que Dios nos ha regalado para que los pongamos al servicio de los demás.
Hoy en día no son pocos los que viven pendiente de la medida de su cintura, del color de su piel, de las arrugas de su rostro, pero también, hay otros que están pendiente de tener títulos, másters, de alcanzar altos cargos, de ir acumulando logros en sus vidas, y se olvidan de tejer lazos de amistad, de familia, y, sobre todo, de llenar el corazón de todo aquello que nos hace cada día más hijos de Dios.
Y, ¿por qué pasa eso?
Porque "La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; pero si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Si, pues, la luz que hay en ti está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!».
Nos hemos acostumbrado a mirar en la tiniebla del mundo y no a buscar la luz del Espíritu, y así, nuestra mirada se fue enfermando de tanto esforzarnos por descubrir en la tiniebla el brillo del mundo y creer que eso era lo que iluminaba nuestras vidas. Pero cuando nos dimos cuenta ya no podíamos ver nada bueno, sino que sólo estábamos inmerso en la misma tiniebla, tanto es así que, para muchos, la mediocridad es el mejor camino, y para otros vivir en hipocresía del mundo es el mejor estilo.
Y así, muchos van y vienen sin poder llegar a disfrutar de la belleza interior que da no sólo el saber mirar con la Luz del Espíritu, sino esforzarse por alcanzar los bienes más valiosos y eternos que hay en el Corazón del Padre.

jueves, 18 de junio de 2026

Crecer con el Padre nuestro

"Vosotros orad así:
"Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal".
Hoy en día buscamos fórmulas mágicas para mejorar, para estar mejor, para esto, para aquello, y, sin embargo tenemos en el Padre nuestro la mejor oración con la que poder no sólo estar mejor, sino sabernos mejor pues nos ayuda a descubrir en nosotros algo que no pensamos todos los días: somos hijos de Dios.
Siendo algo tan extraordinario para una persona lo hemos hecho tan rutinario que se nos olvida quienes somos, y no para crecer en soberbia, sino para crecer en responsabilidad y en acción de Gracias.
Crecer en responsabilidad porque Jesús no terminó ahí su enseñanza de la oración del Padre nuestro, sino que le puso una condición sin la cual esa oración no sirve para nada: "Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas". Y esa es una gran responsabilidad los que no sólo nos llamamos sino que somos hijos de Dios: amar de tal modo a los demás que seamos capaces de perdonar a nuestros enemigos, así como Jesús nos perdonó en la Cruz. Y ahí está el centro de nuestra oración: que nos ayude a ser como Jesús, a vivir como Jesús.
Y a crecer en acción de Gracias porque ha sido un regalo, una Gracia, de Dios que nos hizo hijos de Él por medio de su Hijo, de su Unigénito, pues si Jesús no hubiese entregado su vida en la Cruz y no hubiese resucitado de entre los muertos y ascendido al Cielo, no tendríamos el Espíritu que nos transformó el día de nuestro bautismo en hijos de Dios. Eso si que es una Gracia extraordinaria y no merecida. Y debemos seguir creciendo en esa Gracia, es decir, debemos seguir creciendo en esa hermosa relación con el Padre que Jesús nos enseñó, que no es sólo una relación sentimental sino que es una relación sentimental y activa, porque si decimos que Él es Padre todopoderoso, entonces, como Jesús, debemos escucharlo y al escucharlo obedecerle hasta el punto de entregar nuestra vida por amor, como lo hizo Jesús.

miércoles, 17 de junio de 2026

Desterrar la hipocresía

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial..."
Si hay algo que rechaza completamente el Señor es la hipocresía, y sobre todo la hipocresía moral y religiosa, que es la que señala en el evangelio de hoy. Por que sí hay muchas manera de ser hipócritas y, cada día que pasa vamos descubriendo muchas más gracias a las redes sociales.
Las redes sociales nos han hecho creer que podemos ser lo que queramos y eso se practica mucho, claro que en las redes sociales lo que expresamos y mostramos es lo mejor que queremos ser, no mostramos nuestros defectos y pecados, sino que nos vanagloriamos de virtudes y conquistas personales que no hemos logrado y que no tenemos para que la gente nos admire. Y eso redunda en los que tienen un espíritu débil y se encuentran en la disyuntiva de no querer mostrarse porque no han logrado nada y alcanzan la depresión de ser reales y verdaderos.
La hipocresía religiosa es creer que por mostrarme rezando o haciendo cosas religiosas ya soy una buena persona y un gran santo, y eso me da puntos para poder juzgar a aquellos que no lo hacen: "es que soy tan bueno y por eso siempre juzgo con verdad" salvo a mi mismo. Pero también está la hipocresía falsa que es en la que siempre digo todo lo contrario: soy tan malo, soy tan pecador, no sirvo para nada, no quiero tener ningún cargo... pero en el fondo sí busco cargos, sí quiero que me llamen, que me tengan en cuenta... pero después no hago nada de lo que me piden.
En definitiva lo que no tengo en cuenta es que el Padre que ve en lo secreto ve también el fondo de mi corazón y sabe si lo que estoy dando o mostrando de mí es verdad o no, y ahí está el tema, tengo que espejarme en Cristo para ser verdad, para vivir en la verdad y así alcanzar la Gracia de una sincera conversión, y no dejarme arrastrar por le mal de la hipocresía que no me deja ser lo que Dios quiere, y, a veces, no dejo a los demás alcanzar la Gracia de Dios y servir como Dios quiere.

martes, 16 de junio de 2026

Sed santos y perfectos

"Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».
¿Queda alguna duda de cómo quiere Jesús que vivamos el Camino al que nos ha invitado a recorrer? No ha dejado dudas de cómo quiere que vivamos nuestra vida en Él, en Cristo, y por eso nos llamamos cristianos porque vivimos en Cristo, por Cristo y para Cristo. Así alcanzaremos la meta de nuestra vida.
Claro que, como siempre surge, no la podemos vivir solos: el ideal de vida que nos pone Jesús es un Ideal súper alto y que es imposible para nosotros alcanzarlo, pero no es imposible para Dios. Por eso no tenemos que intentar alcanzar el nivel de perfección de nuestras propias fuerzas, o desde el ideal de perfección que pide el mundo de hoy, sino con la Gracia del Espíritu Santo sabiendo que la perfección no es la del mundo, sino la de Dios, la perfección en el Amor.
¿Qué quiere decir esto? Que no somos perfectos porque nunca nos equivocamos, sino porque sabemos reconocer nuestros errores, y, con la Gracia rectificarnos y pedir perdón. No es que nunca vayamos a pecar, pero si pecamos sabemos que tenemos un Abogado que intercede por nosotros, y es Él mismo quien, arrepintiéndonos, nos perdona y nos ayuda a levantarnos de nuestras caídas y seguir Su Camino.
Pero, sobre todo, sabemos que en el amor o hay matemáticas (creo que lo dijo santa Teresita) porque las matemáticas son para los que no aman como Jesús nos amó, y si Él hubiese usado las matemáticas para amarnos ¡pobre de nosotros! pues ya estaríamos condenados. Sin embargo nos ama sin medida, pues su medida ha sido su entrega en la Cruz por nosotros, para que por su resurrección tuviéramos vida y Vida en abundancia en el Amor.
Así nuestra perfección es como nos dice san Pablo: "Él nos eligió desde antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por el amor".

lunes, 15 de junio de 2026

No devuelvas mal por mal

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habéis oído que se dijo: "Ojo por ojo, diente por diente". Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra..."
Nos hemos olvidado de las exigencias el Evangelio, y cuando nos las olvidamos comenzamos a actuar según el mundo, según nuestros instintos. Es por eso que, Jesús, nos presenta unas exigencias que van más allá del mundo y de los instintos, pero que, también, tienen un precio muy alto en nuestras vidas, pues, a veces, no podes escapar de nuestro temperamento y la venganza se apodera de nosotros.
San Pablo, en la carta a los Romanos, nos va a aclarar más este mandamiento del Señor:
"A nadie devolváis mal por mal. Procurad lo bueno ante toda la gente. En la medida de lo posible y en lo que dependa de vosotros, manteneos en paz con todo el mundo. No os toméis la venganza por vuestra cuenta, queridos; dejad más bien lugar a la justicia, pues está escrito: Mía es la venganza, yo daré lo merecido, dice el Señor. Por el contrario, si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber: actuando así amontonarás ascuas sobre su cabeza. No te dejes vencer por el mal, antes bien vence al mal con el bien".
En definitiva sabemos que el mundo actúa motivado por el príncipe de este mundo que nunca va a buscar el bien para el hombre sino que buscará el camino del mal, de la violencia. Y, si pensamos un poco en lo que nos dicen los refranes y el mundo podemos ver, también, un poco de razón: las cosas siempre vuelven, como un boomerang.
Por eso, no devolvamos mal por mal, a lo sumo, no devolvamos nada porque nada pueden hacernos los hombres pues hemos puesto nuestra confianza en nuestro Dios y Señor, y Él todo lo que nos ocurra lo usará para nuestro bien, y cuanto más nos acerquemos a vivir el Evangelio más Gracias tendremos para superar cualquier obstáculo que nos quiera alejar del Bien, de la paz y del amor.

domingo, 14 de junio de 2026

Somos un reino sacerdotal y santo

"Ahora, pues, si de veras me obedecéis y guardáis mi alianza, seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra. Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa”».
Esta es la promesa que Dios le hizo al Pueblo de Israel por medio de Moisés, de la cual, también nosotros, somos herederos, y más aún, por que Jesús nos lo recordó y le dio mayor energía: "sed santos porque vuestro Padre celestial es santo, sed perfectos porque vuestro Padre celestial es perfecto", y por eso, cuando recibimos el agua bautismal, y, sobre todo, cuando tomamos conciencia y decidimos seguir a Cristo, es cuando tenemos la misión de hacer realidad esta promesa y esta exigencia del Evangelio: la santidad para nuestra vida.
Claro que no es sólo una obligación evangélica sino que es también una misión, porque nuestra vida, siendo un "reino de sacerdotes" es de llevar el Evangelio a todas las gentes:
"A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:
«No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel.
Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis».
Esos doce comenzaron la misión que llegó hasta nosotros y somos nosotros, ahora y en todo tiempo, quienes debemos continuar con esa misión. Para algunos será la excusa "pero eso lo dijo para los apóstoles, los sacerdotes, los religiosos", pues no, se lo dijo a los apóstoles porque tenía esos doce como los elegidos y a los que había instruido, pero después, por la Gracia del Espíritu, el día de nuestro bautismo, nos ungió a todos con un sacerdocio real que nos invita a seguir cumpliendo la misma misión.
No tendremos el poder de hacer milagros como ellos, no podremos ser todos sacerdotes en el orden ministerial, pero todos somos parte de un pueblo misionero que lleva la Palabra de Dios en el corazón y la transmite con alegría porque sabe que esa Palabra es el Camino Verdadero a la Vida.

sábado, 13 de junio de 2026

Conservaba las cosas en el corazón

"Él les contestó:
«¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?».
Pero ellos no comprendieron lo que le dijo.
Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos.
Su madre conservaba todo esto en su corazón".
Tanto san José como María nos enseñan varias cosas a partir de esta escena. Primero que no siempre se comprenderán las actitudes o manera de actuar de Dios, algo que siempre queremos saber y comprender y suenan en nuestras cabezas y corazones las famosas preguntas del ¿por qué esto? ¿por qué aquello? Y casi nunca obtenemos respuestas. Seguramente ellos sabían quién era Jesús y qué podría significar la respuesta "debo estar en las cosas de mi Padre", pero hay momentos en que estamos tan metidos en una situación, ellos en este caso estaban preocupados porque Él se había perdido y eso oscurecía su corazón.
Nosotros, muchas veces, estamos tan preocupados o angustiados por tal o cual asunto que nos olvidamos de lo aprendido hasta, incluso, que nos olvidamos de rezar porque no nos sale nada del corazón, ni de la mente. Y, aunque no comprendieron, igualmente, volvieron al camino y siguieron rumbo a su casa, a seguir viviendo juntos y unidos al Señor.
Y ahí está lo hermoso que nos enseña María (y seguramente también lo haya vivido José) de guardar esos momentos en el corazón, de tener paciencia y confianza en Dios porque no todo puede ser comprendido o entendido en el momento que sucede, sino que hay que llevarlo al corazón, y en el silencio y la calma ponerlo en oración para que el Espíritu ayude a comprender, y, sobre todo a hacer que aquello que en un momento nos preocupaba se transforme, por la Gracia del Espíritu, en sabiduría de vida, pues todo lo que sucede es por y para algo aunque en el momento no lo entendamos o no queramos vivirlo, pero sabemos que el Padre, en el momento oportuno nos lo hará comprender y sacaremos de todo lo sucedido fortaleza para seguir adelante, confiando en el Amor del Padre.

viernes, 12 de junio de 2026

Sagrado Corazón

San Juan Pablo II, papa (s. XX)

Con ocasión de la fiesta del Sagrado Corazón y del recuerdo de la consagración del género humano realizada hace cien años por el Papa León XIII, me uno mediante la oración al itinerario espiritual de todos los peregrinos y de cuantos hacen hoy un acto de consagración al Sagrado Corazón.
Siguiendo el ejemplo de San Juan Eudes, que nos enseñó a contemplar a Jesús, el Corazón de los corazones, en el corazón de María, el culto al Sagrado Corazón se difundió especialmente gracias a Santa Margarita María de Alacoque. León XIII pidió al Señor que fuera Rey no solo de los fieles, sino también de quienes lo han abandonado o aún no lo conocen, suplicándole que los conduzca a la verdad y a Aquel que es la vida. En la encíclica Annum sacrum expresó su compasión por los hombres alejados de Dios y su deseo de encomendarlos a Cristo redentor.
La Iglesia contempla sin cesar el amor de Dios, manifestado de forma sublime en el Calvario y hecho sacramentalmente presente en cada Eucaristía. Como escribió San Alfonso María de Ligorio: «Del Corazón amorosísimo de Jesús proceden todos los sacramentos, y especialmente el mayor de todos, el sacramento del amor». Cristo es una hoguera ardiente de amor que invita y tranquiliza: «Venid a mí (...) que soy manso y humilde de corazón».
El Corazón del Verbo encarnado es el signo del amor por excelencia. Por eso he destacado personalmente la importancia de penetrar el misterio de este Corazón rebosante de amor a los hombres, que contiene un mensaje extraordinariamente actual. Como escribió San Claudio de La Colombière: «He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres, que no ha escatimado nada con tal de agotarse y consumirse para testimoniar su amor».

jueves, 11 de junio de 2026

Si no eres mejor...

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No matarás", y el que mate será reo de juicio.
Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano "imbécil", tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama "necio", merece la condena de la “gehenna” del fuego".
Puede ser que cuando escuchamos o leemos estas palabras de Jesús pensemos: esto lo dice por fulanito o por menganita, pues nunca nos pensamos tan malos como para ofender a nadie o de llamar a alguien imbécil o necio, y, por eso, creemos que, siempre, los malos son los otros, sí, esos que merecen que yo les diga imbécil o necio, pero lo digo con argumento, y no como los demás que me lo dicen a mí y no saben quien soy...
Siempre tenemos argumentos para pensar que la Palabra de Dios sólo es para mí cuando me alaba y me ayuda a ser mejor, pero cuando me advierte de mi pecado ya no vale para mí sino que es para los demás que no son tan bueno como yo.
No es que eso sea algo raro, es parte de nosotros mismos, porque estamos enfermos por el pecado y no sabemos aceptar las cosas, sobre todo aquellas que me hacen reconocer o que quieren hacerme reconocer el mal que hay en mí.
Cuando hacemos examen de conciencia para confesarnos (si es que todavía lo utilizamos, y es bueno que lo utilicemos, porque no es un sacramento que ha sido quitado de la Iglesia) debemos analizarnos con estas palabras de Jesús porque, muchas veces, dejamos muchos pecados sin confesar porque creemos que lo hemos hecho con fundamento, porque los demás son malos y por eso he tenido que insultarlos, hablar mal de ellos, difundir falsedades, etc., etc. Y es ahí cuando Jesús nos dice: "si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos" porque ellos "atan pesadas cargas sobre los hombros de los demás y no son capaces ni de ayudarles con el dedo".
No te escondas detrás de argumentos que no sirven, abre el corazón a la misericordia de Dios y verás que es Él quien te ayudará a mejorar, a pedir perdón, y a perdonar pues ese es el camino del Amor que Jesús quiere que vivamos, no sólo es de la justicia falsa que muchas veces predicamos.

miércoles, 10 de junio de 2026

He venido a darle plenitud

«No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley.
El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos».
¿Quién puede modificar el Evangelio si Jesús no quiso modificar la Ley y los Profetas? ¿Quiénes somos nosotros para decirle a Dios lo que tiene que hacer o no hacer? Nos gana tantas veces nuestra soberbia que nos olvidamos quienes somos y Quién nos ha dado la vida y Quién nos ha regalado la Vida. No estamos aquí para hacer de dios ni tan siquiera para hacer un golpe de estado a la divinidad y ponernos en su lugar, sino para descubrir quienes somos y cuál es nuestra misión en esta historia, en este mundo.
Dios nos ha llamado en este momento histórico para seguir construyendo el mundo que Él soñó y que quiso, por Amor, hacernos partícipes de Él, pero, gracias al pecado, no somos capaces, algunas veces, de descubrirnos o sabernos hijos, criaturas, instrumentos en sus Manos y así poder llevar a cabo la misión encomendada.
Nos es más fácil criticar su Obra, criticar Su Palabra, desacreditar sus Mandamientos, porque así podemos hacernos nosotros con su divinidad, hacer nuestras propias leyes y exigencias, crear nuestros propios mandamientos, y no nos damos cuenta que así vamos cada día perdiendo dignidad, perdiendo el brillo original de aquello que hemos recibido desde una Cruz.
En realidad nos creemos tan maravillosos que hemos dejado de creer en la maravilla del Evangelio y por eso buscamos maravillarnos con las ideas que salen de la boca del príncipe de este mundo, quien nos da a saborear estímulos y vicios que nos hacen, cada día, más consumidores del pecado que de la Gracia.
Volvamos a pedir al Espíritu Santo que no nos dejemos llevar por los cantos de sirena que están sonando en contra de la Palabra de Dios, sino que tengamos la fuerza para poder escuchar Su Voz para aceptar y vivir la Vida que el Hijo con su muerte y resurrección nos regalado y nos ha mostrado cómo vivirla.

martes, 9 de junio de 2026

Confianza en la Providencia

"Pero Elías le dijo:
«No temas. Entra y haz como has dicho, pero antes prepárame con la harina una pequeña torta y tráemela. Para ti y tu hijo lo harás después. Porque así dice el Señor, Dios de Israel:
“La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor conceda lluvias sobre la tierra”».
Ella se fue y obró según la palabra de Elías, y comieron él, ella y su familia".
Cuando leemos la Palabra de Dios, muchas veces, nos damos cuenta lo hermosos que son ciertos relatos y cómo Dios va obrando por medio de los Profetas, y, sobre todo, por medio de aquellos que creen en la palabra de los profetas, que, en realidad están creyendo en la Promesa de Dios.
Es esa confianza en la Palabra de Dios lo que hace que Dios obre los milagros necesarios, que las profecías y las promesas se puedan llegar a cumplir. San Agustín decía: Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti. Es decir, para alcanzar la salvación, para alcanzar nuestra salvación Dios necesita que creamos en Su Palabra, necesita de nuestro Sí incondicional para que Él pueda transformarnos, salvarnos.
Por supuesto que no es una obligación creer, ni responder afirmativamente, pero los que hemos conocido su Amor sabemos a qué podemos atenernos, y sabemos que, cuando lo dejamos actuar, realmente Él hace maravillas con nosotros.
La viuda de Sarepta de la que habla el pasaje escuchó la palabra del Profeta, es decir la promesa de Dios, y aceptó cumplirla y por eso la promesa se cumplió, porque no dudó en que esa Palabra era Verdad. Y esa confianza nos falta, muchas veces, a nosotros: no queremos renunciar a nosotros mismos porque no sabemos si Dios va a hacer lo que ha prometido, y esa desconfianza en la Promesa del Señor es la que nos impide alcanzar los Bienes que Él nos prometió, porque seguimos aferrados a lo que conocemos y no hacemos el salto en la fe para poder entregarnos por entero a Su Obra Salvadora.
"Ella se fue y obró según la palabra de Elías, y comieron él, ella y su familia.
Por mucho tiempo la orza de harina no se vació ni la alcuza de aceite se agotó, según la palabra que había pronunciado el Señor por boca de Elías".

lunes, 8 de junio de 2026

Bienaventurados los pobres de espíritu

Benedicto XVI, Papa (s.XXI). Ángelus (30-01-2011)

El Evangelio presenta el primer gran discurso que el Señor dirige a la gente, en lo alto de las suaves colinas que rodean el lago de Galilea. «Al ver Jesús la multitud —escribe san Mateo—, subió al monte: se sentó y se acercaron sus discípulos; y, tomando la palabra, les enseñaba» (Mt 5, 1-2). Jesús, nuevo Moisés, «se sienta en la «cátedra» del monte» (Jesús de Nazaret, Madrid 2007, p. 92) y proclama «bienaventurados» a los pobres de espíritu, a los que lloran, a los misericordiosos, a quienes tienen hambre de justicia, a los limpios de corazón, a los perseguidos (cf. Mt 5, 3-10).
No se trata de una nueva ideología, sino de una enseñanza que viene de lo alto y toca la condición humana, precisamente la que el Señor, al encarnarse, quiso asumir, para salvarla. Por eso, «el Sermón de la montaña está dirigido a todo el mundo, en el presente y en el futuro y sólo se puede entender y vivir siguiendo a Jesús, caminando con él» (Jesús de Nazaret, p. 96).
Las Bienaventuranzas son un nuevo programa de vida, para liberarse de los falsos valores del mundo y abrirse a los verdaderos bienes, presentes y futuros. En efecto, cuando Dios consuela, sacia el hambre de justicia y enjuga las lágrimas de los que lloran, significa que, además de recompensar a cada uno de modo sensible, abre el reino de los cielos. «Las Bienaventuranzas son la transposición de la cruz y la resurrección a la existencia del discípulo» (ib., p. 101). Reflejan la vida del Hijo de Dios que se deja perseguir, despreciar hasta la condena a muerte, a fin de dar a los hombres la salvación.
Un antiguo eremita afirma: «Las Bienaventuranzas son dones de Dios, y debemos estarle muy agradecidos por ellas y por las recompensas que de ellas derivan, es decir, el reino de los cielos en el siglo futuro, la consolación aquí, la plenitud de todo bien y misericordia de parte de Dios... una vez que seamos imagen de Cristo en la tierra» (Pedro de Damasco, en Filocalia, vol. 3, Turín 1985, p. 79). El Evangelio de las Bienaventuranzas se comenta con la historia misma de la Iglesia, la historia de la santidad cristiana, porque —como escribe san Pablo— «Dios ha escogido lo débil del mundo para humillar lo poderoso; ha escogido lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta» (1 Co 1, 27-28). Por esto la Iglesia no teme la pobreza, el desprecio, la persecución en una sociedad a menudo atraída por el bienestar material y por el poder mundano. San Agustín nos recuerda que «lo que ayuda no es sufrir estos males, sino soportarlos por el nombre de Jesús, no sólo con espíritu sereno, sino incluso con alegría» (De sermone Domini in monte, I, 5, 13: CCL 35, 13).

domingo, 7 de junio de 2026

No es cualquier pan

 

Entonces Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él”.
No siempre se entienden los misterios de nuestra fe, y menos aún, el hermoso y extraordinario misterio de la Eucaristía, un misterio que habla de un cambio extraordinario en la sustancia de unos alimentos que siempre estarán en la mesa de todos: el pan y el vino.
Ese misterio se llama transubstanciación porque no cambia el aspecto físico del pan y del vino, sino que se transforma la substancia, es decir, por la Gracia del Espíritu Santo y las palabras pronunciadas por el sacerdote (quien actúa en Persona de Cristo) el pan será el Cuerpo y el vino la Sangre de Cristo, el alimento de nuestra vida de fe, de nuestra esperanza en la vida eterna, y, sobre todo, de la salvación de nuestra alma.
Por eso, no es, para los que hemos tenido la Gracia de aceptar los misterios de la Fe, cualquier cosa acercarnos a la Eucaristía, ni tampoco es un premio por habernos portado bien, sino que es el alimento necesario para seguir siendo Fieles a la Vida que Jesús nos regaló con su muerte y resurrección, una Vida que recibimos en el bautismo y que nos cuesta conservar y madurar todos los días.
Así, los que, por medio del Don del Espíritu, hemos conocido el Amor de Dios sabemos que en ese Pan Blanco recibimos a nuestro Dios y Señor, Él es la Vida que nos renueva, que nos fortalece, que nos ayuda a levantarnos de nuestras caídas y a encendernos, cada día, con los Dones de Su Espíritu para que, como san Pablo, sigamos combatiendo el buen combate hasta llegar a la meta sin perder la fe.
No, no es cualquier pan. No, no es cualquier cosa. No es nuestro premio por ser buenos, es nuestro alimento para ser santos e irreprochables en el amor. Lo necesitamos y Él se hace presente y se nos entrega para que siempre permanezcamos unidos a Él para, un día, alcanzar la vida en su Reino.

sábado, 6 de junio de 2026

Vive la sana doctrina

Hace unos dos mil años que san Pablo le escribía la segunda carta a Timoteo y pareciera que nos la está escribiendo a nosotros en estos días:
"Querido hermano:
Te conjuro delante de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y muertos, por su manifestación y por su reino: proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, arguye, reprocha, exhorta con toda magnanimidad y doctrina.
Porque vendrá un tiempo en que no soportarán la sana doctrina, sino que se rodearán de maestros a la medida de sus propios deseos y de lo que les gusta oír; y, apartando el oído de la verdad, se volverán a las fábulas".
Hoy es ese tiempo en que los cristianos no soportan la sana doctrina, y no digo que no la soportan los que no son cristianos, sino que los que nos decimos cristianos y creyentes, muchas veces, no soportamos la sana doctrina y nos vamos haciendo una doctrina a nuestro gusto y parecer.
Queremos ser de Cristo pero a nuestra manera, a nuestro gusto, recibiendo todos los derechos y todas las Gracias pero viviendo como se nos ocurra, y, más que nada, de acuerdo a lo que el mundo nos está diciendo que vivamos: según nuestros instintos y deseos carnales.
Eso de entregarnos al Señor en cuerpo y alma, de vivir de acuerdo a los mandamientos, aceptar las exigencias del Evangelio ¡todo eso es muy antiguo! Ahora hay que aceptar que todo debe cambiar y que la moda de hoy es un vivir en libertad total sin nada que nos ponga límites o que nos exija morir a nosotros mismos para aceptar la Voluntad de Dios.
Nadie mejor que san Pablo podría haber concluido extraordinariamente la carta:
"Pero tú sé sobrio en todo, soporta los padecimientos, cumple tu tarea de evangelizador, desempeña tu ministerio. Pues yo estoy a punto de ser derramado en libación y el momento de mi partida es inminente".
Nuestra tarea de evangelizadores la hemos de cumplir íntegramente, sabiendo sí que habrá faltas y caídas, pero que nada de eso sea para abandonar la sana doctrina, sino que sea para levantarnos y seguir, con paso firme, defendiendo y viviendo el Evangelio, la Voluntad de Dios como la vivió Jesús, hasta entregar su vida en la Cruz.
"He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe. Por lo demás, me está reservada la corona de la justicia, que el Señor, juez justo, me dará en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que hayan aguardado con amor su manifestación".

viernes, 5 de junio de 2026

Persevera en las Sagradas Escrituras

"Tú, en cambio, permanece en lo que aprendiste y creíste, consciente de quiénes lo aprendiste, y que desde niño conoces las Sagradas Escrituras: ellas pueden darte la sabiduría que conduce a la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús.
Toda Escritura es inspirada por Dios y además útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para toda obra buena".
Hermoso mensaje y consejo de san Pablo a Timoteo, y, también, a nosotros. Aunque algunos lo hayamos aprendido de grandes y no de niños, pero lo importante es que en un momento de nuestra vida hemos aceptado el camino de ser cristianos, y por eso, quizás no lo suficiente, hemos conocido las Sagradas Escrituras, pues la fe en Jesucristo se basa en lo que nos han predicado basándose en las Sagradas Escrituras, pues ahí está el fundamento de nuestra fe.
Es cierto que seguimos a Jesús, pero son las Sagradas Escrituras las que nos hablan de la Voluntad de Dios, las que nos dan a conocer la vida de Jesús, por eso debemos seguir encontrándonos con La Palabra para sostener nuestra fe, para seguir conociendo al Padre, al Hijo y por medio del Espíritu seguir creciendo y madurando nuestra relación con Ellos.
A veces, y les pasa a muchos, que se dejan instruir más por las ideologías del mundo que por las Sagradas Escrituras y quieren, por eso mismo, que sea el espíritu del mundo quien diseñe la vida de los cristianos. Y es ahí donde comienza la lucha interior pues nuestro corazón sabe lo que necesita y tiende siempre a lo mejor, pero, como dijo el Señor: "el espíritu está pronto pero la carne es débil", y, por esa razón, vamos dejando de lado las Sagradas Escrituras por hacerle caso al mundo.
Le decía al comienzo san Pablo a Timoteo:
"Me has seguido en la doctrina, la conducta, los propósitos, la fe, la magnanimidad, el amor, la paciencia, las persecuciones y los padecimientos, como aquellos que me sobrevinieron en Antioquia, Iconio y Listra.
¡Qué persecuciones soporté! Y de todas me libró el Señor.
Por otra parte, todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús serán perseguidos. Pero los malvados y embaucadores irán de mal en peor, engañando a los demás y engañándose ellos mismos".
No es que suframos persecuciones, sino que sufrimos en nuestro interior porque queremos que sea el mundo quien domine y no el espíritu, y vamos a ir intentando siempre que la Voluntad de Dios manifestada en las Sagradas Escrituras sea reemplazada por los mandamientos del mundo, sin darnos cuenta que el espíritu del mundo no nos salva, ni nos otorga la vida eterna, lo que sí recibimos por medio de la Gracia del Espíritu que nos ayuda a perseverar en la Voluntad de Dios para alcanzar la Salvación.

jueves, 4 de junio de 2026

Solo palabras

Cada vez que leo este evangelio siempre me va a asombrar la respuesta de Jesús:
"Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:
«No estás lejos del reino de Dios».
Me asombra porque es una respuesta preocupante y que, para muchos, no significa nada pero es una muy dura respuesta. ¿Por qué? Porque lo que buscamos con nuestra vida de fe es estar en el Reino de Dios, pues como Jesús mismo lo dijo el reino de Dios está en nuestro corazón, pero si no estamos lejos quiere decir que el reino no está en nosotros sino que aún nos falta mucho por alcanzarlo. Y ¿por qué aún no está en nosotros? Porque todavía nos hemos quedado en palabras y no en obras, nos hemos quedado en aprender y no en vivir, nos hemos quedado en saber pero no en conocer.
Por eso mismo san Pablo le advertía a Timoteo:
"Esto es lo que has de recordar, advirtiéndoles seriamente delante de Dios que no discutan sobre palabras; no sirve para nada y es funesto para los oyentes".
Nos quedamos discutiendo en palabras, porque hay muchos intelectuales pero pocos santos, hay muchos sabios según el mundo pero pocos sabios del Espíritu, hay muchos libros pero pocos orantes. Y las palabras sólo son palabras que dicen mucho pero que no hacen nada, en cambio la vida, las obras y la conducta de cada uno es la que tiene fuerza para conquistar corazones, es el "olor a santidad" el que inquieta el corazón lo lleva a buscar una respuesta válida a su vida, y así alcanza la verdad en la Palabra.
Por eso mismo sigue diciendo san Pablo:
"Procura con toda diligencia presentarte ante Dios como digno de aprobación, como un obrero que no tiene de qué avergonzarse, que imparte con rectitud la palabra de la verdad".
"Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, nacido del linaje de David, según mi Evangelio, por el que padezco hasta llevar cadenas, como un malhechor; pero la palabra de Dios no está encadenada.
Por eso lo aguanto todo por los elegidos, para que ellos también alcancen la salvación, y la gloria eterna en Cristo Jesús".

miércoles, 3 de junio de 2026

Apóstol de la promesa de Vida

Me ha parecido muy explícita esta definición que hace de sí mismo san Pablo al escribirle a Timoteo:
"Pablo apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios para anunciar la promesa de vida que hay en Cristo Jesús...".
Apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, eso es lo que somos, también, cada uno de nosotros con nuestros carismas particulares y nuestras vocaciones particulares. "No sois vosotros quienes me han elegido, sino que yo os elegí del mundo", así le decía el Señor a los apóstoles, y también nos lo dice a nosotros. Y nos lo repite constantemente para que nos lo creamos porque, muchas veces, no pensamos que todos los bautizados somos apóstoles de Cristo, sino que creemos que sólo los consagrados, religiosos, sacerdotes, etc., son apóstoles, sin embargo todos los que hemos recibido el Espíritu Santo somos apóstoles: elegidos para anunciar la promesa de vida que hay en Cristo Jesús.
¡Eso es lo que anunciamos! Y lo hacemos, primeramente, con nuestra propia vida. Es nuestra vida, nuestras palabras, nuestras acciones, nuestro modo de vivir el que anuncia cómo vivimos, pues no podemos hablar de la alegría del Evangelio, de la fuerza de la Resurrección si no estamos viviendo esa alegría, si nuestro rostro, nuestras palabras no expresan esa alegría de la Vida Nueva en Cristo Jesús.
"Por esta razón te recuerdo que reavives el don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos, pues Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, de amor y de templanza".
Es cierto que las palabras de san Pablo pueden parecer ilógicas u utópicas, pero así es la vida en Dios, es una locura para el mundo y una utopía para muchos, pero para los que han llegado a sentirla y llevarla en el corazón es lo más cierto y reconfortante que nos ha pasado, es el sentido y la fortaleza de nuestra vida, para nuestros días de sol y los de tormenta, para las caídas y los tropiezos, para saber que siempre Él estará con nosotros si nos mantenemos fieles a Su Palabra.
"De este Evangelio fui constituido heraldo, apóstol y maestro. Esta es la razón por la que padezco tales cosas, pero no me avergüenzo, porque sé de quién me he fiado, y estoy firmemente persuadido de que tiene poder para velar por mi depósito hasta aquel día".

martes, 2 de junio de 2026

El sacrificio de Abrahán

De una homilía de Orígenes, presbítero

Abrahán tomó la leña para el sacrificio, se la cargó a su hijo Isaac, y él llevaba el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos. El hecho de que llevara Isaac la leña de su propio sacrificio era figura de Cristo, que cargó también con la cruz; además, llevar la leña del sacrificio es función propia del sacerdote. Así, pues, Cristo es, a la vez, víctima y sacerdote. Esto mismo significan las palabras que vienen a continuación: Los dos caminaban juntos. En efecto, Abrahán, que era el que había de sacrificar, llevaba el fuego y el cuchillo, pero Isaac no iba detrás de él, sino junto a él, lo que demuestra que él cumplía también una función sacerdotal.
¿Qué es lo que sigue? Isaac - continúa la Escritura- dijo a Abrahán, su padre: «Padre». Esta es la voz que el hijo pronuncia en el momento de la prueba. ¡Cuán fuerte tuvo que ser la conmoción que produjo en el padre esta voz del hijo, a punto de ser inmolado! Y, aunque su fe lo obligaba a ser inflexible, Abrahán, con todo, le responde con palabras de igual afecto: «Aquí estoy, hijo mío». El muchacho dijo: «Tenemos fuego y leña, pero, ¿dónde está el cordero para el sacrificio?» Abrahán contestó: «Dios proveerá el cordero para el sacrificio, hijo mío».
Resulta conmovedora la cuidadosa y cauta respuesta de Abrahán. Algo debía prever en espíritu, ya que dice, no en presente, sino en futuro: Dios proveerá el cordero; al hijo que le pregunta acerca del presente le responde con palabras que miran al futuro. Es que el Señor debía proveerse de cordero en la persona de Cristo.
Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo: «¡Abrahán, Abrahán!» Él contestó: «Aquí me tienes». El ángel le ordenó: «No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios». Comparemos estas palabras con aquellas otras del Apóstol, cuando dice que Dios no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros. Ved cómo Dios rivaliza con los hombres en magnanimidad y generosidad. Abrahán ofreció a Dios un hijo mortal, sin que de hecho llegara a morir; Dios entregó a la muerte por todos al Hijo inmortal.
Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Creo que ya hemos dicho antes que Isaac era figura de Cristo, mas también parece serlo este carnero. Vale la pena saber en qué se parecen a Cristo uno y otro: Isaac, que no fue degollado, y el carnero, que sí fue degollado. Cristo es la Palabra de Dios, pero la Palabra se hizo carne.
Cristo padeció, pero en la carne; sufrió la muerte, pero quien la sufrió fue su carne, de la que era figura este carnero, de acuerdo con lo que decía Juan: Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. La Palabra permaneció en la incorrupción, por lo que Isaac es figura de Cristo según el espíritu. Por esto, Cristo es, a la vez, víctima y pontífice según el espíritu. Pues el que ofrece el sacrificio al Padre en el altar de la cruz es el mismo que se ofrece en su propio cuerpo como víctima.

lunes, 1 de junio de 2026

Nuestra Piedra Angular

San Pedro nos da una fórmula para poder alcanzar la plenitud de nuestra vida cristiana, de nuestra vida como hijos de Dios, pues hemos heredado la Promesa que Dios había hecho a nuestros padres, y por eso, para poder llevar a cabo la plenitud de la promesa nos dice:
"poned todo empeño en añadir a vuestra fe la virtud, a la virtud el conocimiento, al conocimiento la templanza, a la templanza la paciencia, a la paciencia la piedad, a la piedad el cariño fraterno, y al cariño fraterno el amor".
Como tantas otras veces podríamos decir: sí, son palabras muy bonitas pero muy difíciles de llevar a cabo, sobre todo en algunos temperamentos hay virtudes que no son fáciles de alcanzar, y, también, en algunos momentos de la vida tampoco se pueden alcanzar. Y, seguramente, el Señor nos respondería: no te digo que lo hagas desde tus propias fuerzas porque sé que no lo podrás conseguir, sino que lo hagas junto a Mí, o mejor, dicho, deja que YO sea quien te ayude a alcanzar la meta que te he propuesto.
Y, ahí está lo que Él siempre nos dice: niégate a ti mismo. Es decir, si siempre pensamos que todo lo tenemos que hacer desde nuestras capacidades nos vamos a encontrar con la misma pared: no podremos hacerlo. Las metas humanas que nos ponemos, generalmente, son alcanzables desde nosotros mismos, pero las metas que nos propone el Señor no son alcanzables por nuestros propios medios porque son metas sobrenaturales, y esos dones sobrenaturales no los tendremos si no nos unimos profunda y constantemente a Aquél que tiene esos Dones.
Por eso, no pienses que puedes alcanzar las metas que Dios ha puesto en tu corazón no te repite por medio del Evangelio con tus propias fuerzas, sino que debes pensar que todo lo puedes alcanzar si confías en Aquél que ha puesto esos ideales en tu corazón, pues Él es la Piedra Angular donde se apoya nuestra vida y desde donde recibimos todas las Gracias necesarias y suficientes para alcanzar la meta.