viernes, 19 de junio de 2026

Dónde está tu tesoro?

«No atesoréis para vosotros tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen y donde los ladrones abren boquetes y los roban. Haceos tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que los roen, ni ladrones que abren boquetes y roban. Porque donde está tu tesoro, allí estará tu corazón".
Jesús no habla sólo de los bienes materiales, no habla del dinero, de las posesiones, de los campos o de las industrias. No sólo de eso, porque también hay otros tesoros que nos atan al mundo y no nos dejan mirar hacia adentro, hacia donde está el reino de Dios que es en nuestro interior.
Cuando sólo nos dedicamos al exterior a las cosas del mundo, e, incluso, sólo a nuestro cuerpo nos olvidamos de madurar en el espíritu, de buscar crecer en los dones que Dios nos ha regalado para que los pongamos al servicio de los demás.
Hoy en día no son pocos los que viven pendiente de la medida de su cintura, del color de su piel, de las arrugas de su rostro, pero también, hay otros que están pendiente de tener títulos, másters, de alcanzar altos cargos, de ir acumulando logros en sus vidas, y se olvidan de tejer lazos de amistad, de familia, y, sobre todo, de llenar el corazón de todo aquello que nos hace cada día más hijos de Dios.
Y, ¿por qué pasa eso?
Porque "La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; pero si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Si, pues, la luz que hay en ti está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!».
Nos hemos acostumbrado a mirar en la tiniebla del mundo y no a buscar la luz del Espíritu, y así, nuestra mirada se fue enfermando de tanto esforzarnos por descubrir en la tiniebla el brillo del mundo y creer que eso era lo que iluminaba nuestras vidas. Pero cuando nos dimos cuenta ya no podíamos ver nada bueno, sino que sólo estábamos inmerso en la misma tiniebla, tanto es así que, para muchos, la mediocridad es el mejor camino, y para otros vivir en hipocresía del mundo es el mejor estilo.
Y así, muchos van y vienen sin poder llegar a disfrutar de la belleza interior que da no sólo el saber mirar con la Luz del Espíritu, sino esforzarse por alcanzar los bienes más valiosos y eternos que hay en el Corazón del Padre.

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