miércoles, 10 de junio de 2026

He venido a darle plenitud

«No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley.
El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos».
¿Quién puede modificar el Evangelio si Jesús no quiso modificar la Ley y los Profetas? ¿Quiénes somos nosotros para decirle a Dios lo que tiene que hacer o no hacer? Nos gana tantas veces nuestra soberbia que nos olvidamos quienes somos y Quién nos ha dado la vida y Quién nos ha regalado la Vida. No estamos aquí para hacer de dios ni tan siquiera para hacer un golpe de estado a la divinidad y ponernos en su lugar, sino para descubrir quienes somos y cuál es nuestra misión en esta historia, en este mundo.
Dios nos ha llamado en este momento histórico para seguir construyendo el mundo que Él soñó y que quiso, por Amor, hacernos partícipes de Él, pero, gracias al pecado, no somos capaces, algunas veces, de descubrirnos o sabernos hijos, criaturas, instrumentos en sus Manos y así poder llevar a cabo la misión encomendada.
Nos es más fácil criticar su Obra, criticar Su Palabra, desacreditar sus Mandamientos, porque así podemos hacernos nosotros con su divinidad, hacer nuestras propias leyes y exigencias, crear nuestros propios mandamientos, y no nos damos cuenta que así vamos cada día perdiendo dignidad, perdiendo el brillo original de aquello que hemos recibido desde una Cruz.
En realidad nos creemos tan maravillosos que hemos dejado de creer en la maravilla del Evangelio y por eso buscamos maravillarnos con las ideas que salen de la boca del príncipe de este mundo, quien nos da a saborear estímulos y vicios que nos hacen, cada día, más consumidores del pecado que de la Gracia.
Volvamos a pedir al Espíritu Santo que no nos dejemos llevar por los cantos de sirena que están sonando en contra de la Palabra de Dios, sino que tengamos la fuerza para poder escuchar Su Voz para aceptar y vivir la Vida que el Hijo con su muerte y resurrección nos regalado y nos ha mostrado cómo vivirla.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.