"Jesús le respondió: - «Adonde yo voy no me puedes seguir ahora, me seguirás más tarde».
Pedro replicó: - «Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Daré mi vida por ti».
Jesús le contestó: - «¿Con que darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces».
A veces tenemos muy bueno y altos ideales, y otras veces hacemos y nos hacemos promesas muy grandes, y, casi siempre, vamos cediendo nuestros ideales de acuerdo al tiempo, a las circunstancias, depende con quien estemos, y, otras tantas veces nuestras promesas carecen de recorrido pues ante el menor estorbo las dejamos de lado.
"El espíritu está pronto, pero la carne es débil", le dijo Jesús a los apóstoles en el Huerto de Getsemaní. Y es totalmente cierto. Nuestro espíritu nos hace desear cosas muy altas y muy grandes, pero no siempre lo conseguimos, y no porque Dios no quiera que lo consigamos, sino porque, muchas veces, no seguimos el camino que el Señor nos propone y nos enseña.
Jesús sabía y conocía muy bien cuál iba a ser el recorrido de su vida, sabía que tenía que esperar el tiempo que el Padre había pensado desde siempre, y, por eso, nunca se apresuró a nada, sino que todo lo hizo en el tiempo que el Padre quería. Y, llegado el momento de Su Hora también comenzó a sufrir porque, humanamente, el precio que tenía que pagar por nosotros era muy alto: "Padre, si es posible aparta de mi este cáliz, pero que no se haga mi voluntad sino la Tuya".
Aunque tengamos todo programado, y aunque nuestros deseos sean muy buenos, y nuestra intención sea la mejor, no siempre alcanzaremos por nuestros propios medios los más altos ideales, y no porque no podamos, sino porque somos débiles y eso lo tenemos que tener en cuenta. Pero no para desanimarnos en el principio, ni en el medio, sino para saber que debemos mantener el ritmo todos los días.
Dicen que los buenos deportistas entrenan todos los días para alcanzar el más alto rendimiento, y así también nosotros debemos entrenar el espíritu todos los días y, sobre todo, llevando, como dice san Pablo, "nuestra carne a la esclavitud del espíritu", pues lo que nos domina más de una vez son nuestros deseos e instintos carnales, y, por el otro lado, el mundo nos presenta siempre obstáculos apetitosos que nos hacen tropezar y muchas veces caer. Y, ante los tropiezos y caídas hemos de levantarnos con más fuerza que antes para seguir la carrera hasta el final sin perder ni la esperanza, ni la fe y menos el amor, pues así, como hizo Pedro quien después de negar por tres veces a Jesús se arrepintió y siguió junto al resto en Fidelidad a la Vida que Jesús les había dado.
martes, 31 de marzo de 2026
Entrenar todos los días
lunes, 30 de marzo de 2026
Los últimos días
Con la lectura de la Pasión en el Domingo de Ramos comenzamos a recorrer los últimos días de Jesús en el mundo, su vida como hombre está llegando a su fin, y él lo sabía y por eso varias veces se lo dijo a los discípulos pero no habían entendido lo que les decía. Jesús sabía cómo seguirían sus días y hacia dónde tenía que ir, por eso subió a Jerusalén para ser entregado, sentenciado y condenado, por que esa era la Voluntad del Padre y hacía lo había anunciado el Padre por medio de los Profetas, y todo se iba a cumplir en su Persona.
Antes de subir a Jerusalén vuelve a ver a sus amigos, aquellos con los que compartió su infancia y juventud, a estar en ese círculo que todos necesitamos que es el del amor verdadero y puro de la amistad, para sentirse entre aquellos que no necesitan palabras para entenderse y con aquellos que sabemos que pueden guardar en sus corazones todo lo que hay en el nuestro.
María, aquella que había estado tumbada a sus pies escuchando sus Palabras, había entendido qué estaba pasando y agradecida por haber resucitado a su hermano Lázaro, ungió los pies del Señor, era su regalo, era su forma de decir ¡Gracias! sin palabras, porque no siempre tenemos las palabras necesarias para agradecer todo lo que el Señor hace por nosotros.
Pero, también estaba Judas Iscariote, quien siempre estaba pensando en otra cosa y no en la gratitud y en el disfrutar cada momento con el Señor, y con su actitud estropea un momento tan puro y noble de María.
A veces, cuando sólo pensamos en nosotros mismos no nos damos cuenta de lo que los demás están haciendo, y, sobre todo, no sabemos el por qué lo hacen, pero nuestro egoísmo nos hace saltar sobre aquellos que están viviendo una realidad que no sabemos pero que, según nuestra justicia y mal comprender, lo están haciendo mal. Y juzgamos y sentenciamos y condenamos a quienes, con pureza y sencillez de corazón, actúan de tal o cual manera pues sus corazones están llenos del Espíritu y de la gratitud hacia el Señor.
Así son estos días para pensar en nuestra gratitud hacia el Señor, en qué podemos hacer para agradecerle todo lo que Él ha hecho por nosotros, todo lo que Él nos ha enseñado con sus Palabras y con su Vida, para que postrados a sus pies en el silencio del corazón podamos vivir plenamente estos días para por no sólo acompañarlo sino comprender que ha significado su Vida para nuestra vida.
domingo, 29 de marzo de 2026
Carguemos con Su Cruz
Del Comentario sobre el salmo 118 de San Ambrosio, obispo y doctor de la Iglesia
Quien ama los preceptos del Señor, sujeta con clavos la propia carne, sabiendo que cuando su hombre viejo esté con Cristo crucificado en la cruz, destruirá la lujuria de la carne. Sujétala, pues, con clavos y habrás destruido los incentivos del pecado. Existe un clavo espiritual capaz de sujetar esa tu carne al patíbulo de la cruz del Señor. Que el temor del Señor y de sus juicios crucifique esta carne, reduciéndola a servidumbre. Porque si esta carne rechaza los clavos del temor del Señor, indudablemente tendrá que oír: Mi aliento no durará por siempre en el hombre, puesto que es carne. Por tanto, a menos que esta carne sea clavada a la cruz y se le sujete con los clavos del temor de nuestro Dios, el aliento de Dios no durará en el hombre.
Está clavado con estos clavos, quien muere con Cristo, para resucitar con él; está clavado con estos clavos, quien lleva en su cuerpo la muerte del Señor Jesús; está clavado con estos clavos, quien merece escuchar, dicho por Jesús: Grábame como un sello en tu brazo, como un sello en tu corazón, porque es fuerte el amor como la muerte, es cruel la pasión como el abismo. Graba, pues, en tu pecho y en tu corazón este sello del Crucificado, grábalo en tu brazo, para que tus obras estén muertas al pecado.
No te escandalice la dureza de los clavos, pues es la dureza de la caridad; ni te espante el poderoso rigor de los clavos, porque también el amor es fuerte como la muerte. El amor, en efecto, da muerte a la culpa y a todo pecado; el amor mata como una puñalada mortal. Finalmente, cuando amamos los preceptos del Señor, morimos a las acciones vergonzosas y al pecado.
La caridad es Dios, la caridad es la palabra de Dios, una palabra viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo, penetrante hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos. Que nuestra alma y nuestra carne estén sujetas con estos clavos del amor, para que también ella pueda decir: Estoy enferma de amor. Pues también el amor tiene sus propios clavos, como tiene su espada con la que hiere al alma. ¡Dichoso el que mereciere ser herido por semejante espada!
Ofrezcámonos a recibir estas heridas, heridas por las que si alguno muriere, no sabrá lo que es la muerte. Tal es, en efecto, la muerte de los que seguían al Señor, de los cuales se dijo: Algunos de los aquí presentes no morirán sin antes haber visto llegar al Hijo del hombre con majestad. Con razón no temía Pedro esta muerte, no la temía aquel que se decía dispuesto a morir por Cristo, antes que abandonarlo o negarlo. Carguemos, pues, con la cruz del Señor para que, crucificando nuestra carne, destruya el pecado. Es el temor que crucifica la carne: El que no toma la cruz y me sigue, no es digno de mí. Es digno aquel que está poseído por el amor de Cristo, hasta el punto de crucificar el pecado de la carne. Este temor va seguido de la caridad que, sepultada con Cristo, no se separa de Cristo, muere en Cristo, es enterrada con Cristo, resucita con Cristo.
sábado, 28 de marzo de 2026
Responder a Su Amor
De las homilías de Benedicto XVI, papa
Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo. Para expresar esta realidad de salvación, el apóstol san Pablo, además del término «misericordia», utiliza también la palabra «amor», recogida y amplificada ulteriormente en la bellísima afirmación del Evangelio: Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Sabemos que esa «entrega» por parte del Padre tuvo un desenlace dramático: llegó hasta el sacrificio de su Hijo en la cruz. Si toda la misión histórica de Jesús es signo elocuente del amor de Dios, lo es de modo muy singular su muerte, en la que se manifestó plenamente la ternura redentora de Dios. Por consiguiente, siempre, pero especialmente en este tiempo cuaresmal, la cruz debe estar en el centro de nuestra meditación; en ella contemplamos la gloria del Señor que resplandece en el cuerpo martirizado de Jesús. Precisamente en esta entrega total de sí se manifiesta la grandeza de Dios, que es amor.
Todo cristiano está llamado a comprender, vivir y testimoniar con su existencia la gloria del Crucificado. La cruz –la entrega de sí mismo del Hijo de Dios– es, en definitiva, el «signo» por excelencia que se nos ha dado para comprender la verdad del hombre y la verdad de Dios: todos hemos sido creados y redimidos por un Dios que por amor inmoló a su Hijo único. Por eso, en la cruz se realiza ese ponerse Dios contra sí mismo, al entregarse para dar nueva vida al hombre y salvarlo: esto es amor en su forma más radical.
¿Cómo responder a este amor radical del Señor? El Evangelio nos presenta un buen ejemplo: un personaje de nombre Nicodemo, miembro del Sanedrín de Jerusalén, que de noche va a buscar a Jesús. Se trata de un hombre de bien, atraído por las palabras y el ejemplo del Señor, pero que tiene miedo de los demás, duda en dar el salto de la fe. Siente la fascinación de este Rabbí, tan diferente de los demás, pero no logra superar los condicionamientos del ambiente contrario a Jesús y titubea en el umbral de la fe.
¡Cuántos, también en nuestro tiempo, buscan a Dios, buscan a Jesús y a su Iglesia, buscan la misericordia divina, y esperan un «signo» que toque su mente y su corazón! Hoy, como entonces, queremos decir que el único signo es Jesús elevado en la cruz: Jesús muerto y resucitado es el signo absolutamente suficiente. En él podemos comprender la verdad de la vida y obtener la salvación. Este es el anuncio central de la Iglesia, que no cambia a lo largo de los siglos. Por tanto, la fe cristiana no es ideología, sino encuentro personal con Cristo crucificado y resucitado. De esta experiencia, que es individual y comunitaria, surge un nuevo modo de pensar y de actuar: como testimonian los santos, nace una existencia marcada por el amor.
viernes, 27 de marzo de 2026
Viernes de Dolores
Hoy, en casi todos los lugares, se vive el Viernes de Dolores, un viernes diferente antes de comenzar la Semana Santa en donde se recuerdan los 7 Dolores de la Virgen María, Madre de Jesús, Madre de Dios. Esto no significa anteponer la imagen de María a la de Jesús, ni mucho menos, sino que el recuerdo de la profecía del Anciano Simeón a María el día de su purificación y de la Presentación de Jesús en el Templo, nos abre paso a la Pasión y Muerte y Resurrección del Señor.
Aquél día Simeón le dijo a María: "a ti misma una espada te atravesará el corazón", y llegada la Hora de Jesús comenzó a hacerse realidad aquella profecía: comienza la Hora de los dolores, los del Hijo que son los que nos redimirán y salvarán del pecado, y los de la Madre que ha colaborado en la Obra Redentora del Padre por medio del Hijo por gracia del Espíritu Santo.
María, nuestra Madre, colaboró en la Obra de Redención gracias a su disponibilidad a la Voluntad del Padre, aquél día en Nazaret cuando le dio el Sí a Dios comenzó su colaboración, pues era necesaria para que el Hijo de Dios se hiciera Hombre para poder liberar al hombre del pecado original.
Por eso mismo, antes de comenzar a entregar la Vida el Señor la recordamos, recordamos que no sólo el Señor ha sufrido sino que, también, su Madre ha sufrido con Él, pues no hay mayor sufrimiento que el de una madre al ver morir a Su Hijo, y más el corazón Inmaculado de esta Madre que se entregó por entero a la Voluntad del Padre y en el Amor al Hijo, y, desde la Cruz se siguió consagrando por amor a los hijos que el Hijo le entregó desde el Altar del Amor que fue su Cruz.
Así, hoy, junto a María nos unimos a Jesús para que podamos comenzar a recorrer desde lo profundo de nuestro corazón este Camino de entrega por Amor, un Camino que no recorremos solos sino que en todo momento Ellos nos acompañarán y nos enseñarán, con sus propias vidas, a confiar en la Providencia que es el Amor del Padre, para que, también, nuestra entrega sea por Amor a Dios y a los hermanos, para seguir continuando la obra que María con su Sí comenzó y que se hizo realidad en la Persona de su Hijo nuestro Señor y Salvador.
jueves, 26 de marzo de 2026
La gloria es de Dios
"Jesús contestó:
«Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre..."
En estos tiempos buscar la gloria de uno mismo es la meta de casi todos. Casi todos buscamos la gloria, la fama, el ser más que los demás, ya sea en el orden económico, profesional, y hasta en el orden espiritual. La búsqueda incesante de likes en las redes sociales es una prueba de que casi todos estamos dispuestos a hacer cualquier cosa con tal de tener más seguidores y más gente que dice que ha visto o que le gusta lo que hemos publicado. Y lo peor es que, muchas veces, denigramos hasta lo más sagrado que tenemos en el orden espiritual.
Las redes sociales ayudan, sí, a predicar la Palabra de Dios, a mostrar o a divulgar algo que se vive pero no son las garantizan la gloria de la especie, ni tan siquiera el honor pues las publicaciones pueden ser hoy el escaparate al mundo y el sepulcro donde son enterrados los prejuicios y los juicios y hasta los falsos profetas.
Pero también encontramos las mismas cosas en la vida real, a algunos no les hace falta las redes sociales para creerse los "amos del mundo", sino que en lo diario parece que han sido elegidos como los reyes imperiales que tienen poder y quieren dominar todo, y no hablo sólo de algunos políticos, sino también personas o personajes simples de la vida cotidiana.
El buscar la gloria por la gloria misma nos lleva a olvidarnos de Quién es el que nos está dando todo, a olvidarnos a Quién pertenecemos y a Quién estamos llevando al mundo, y esto lo hablo para los cristianos y, sobre todo, para quienes tenemos y hemos aceptado la misión de ser evangelizadores y misioneros desde nuestro bautismo, y más aún desde una consagración especial a Dios.
Aprender la humildad de Jesús, en este tiempo que vivimos, es un camino de mucho esfuerzo y negación de uno mismo para poder asumir que la Gloria es para el Señor pues nosotros somos sólo instrumentos en Sus Manos, y serán las obras que hacemos en nombre de nuestro Padre y Señor las que hablarán de nuestra fidelidad a Su Voluntad, o las que hablarán de nuestra vanidad y soberbia.
Por eso, en estos días en que comenzamos a vivir el terrible camino de la humildad y fidelidad de Cristo, por Amor al Padre y a nosotros, despojémonos de todo aquello que no nos deja vivir como Jesús para que lo que vivamos y prediquemos sea Su Palabra y su Vida con nuestra propia vida y dejemos que la Gloria sea para Aquél que dio su vida para que tengamos vida y Vida en abundancia.
miércoles, 25 de marzo de 2026
Aquí estoy
"María contestó:
«He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra».
Y el ángel se retiró".
No hizo falta mucha explicación por parte del Ángel a María para que abriera de par en par su corazón para aceptar la Voluntad de Dios: un corazón abierto al infinito para ser colmado por la Voluntad de Dios, ha sido una frase acerca de María que me ha quedado grabada para siempre.
Ha sido esa disponibilidad total a la Voluntad de Dios la que le permitió a Dios Padre comenzar a cumplir la Promesa hecha a Adán y Eva de enviarnos un salvador, comenzaba con el Sí de María la Obra de la Salvación de los hombres, comenzaba así a cambiar la historia de la humanidad por una historia de la Salvación.
Cuando el corazón de los hijos está tan libre de sí mismo y a podido vivir la experiencia de la Providencia Divina, ese corazón no necesita mucho para aceptar la Voluntad del Padre, pues sabe que puede confiar en Aquél que le ha dado la vida, sabe que puede entregarse sin medida a Aquél que se entregó sin medida por él.
María no tenía una experiencia intelectual de Dios, sólo tenía un experiencia vital del amor y la promesa de Dios, y eso le permitió aceptar humilde y sinceramente la palabra que vino de parte de Dios, y no sólo ser humilde frente a Ella sino despojarse de todo incluso de su propia libertad: "he aquí la esclava del Señor". No ha habido palabras tan llenas de amor que esas de María pues sólo por amor y respondiendo al Amor se puede uno despojarse hasta de su propia libertad.
En estos tiempos tan llenos de intelectuales que todo lo saben y que todo lo quieren afirmar y consolidar su propia verdad, María nos enseña a descubrir en la humildad de la Esclava la grandeza del poder del Padre que no sólo colma de Gracia el corazón humilde, sino que puede hacer grandes cosas con ese hijo que vive la disponibilidad total a Su Voluntad.
Por eso y siempre María nos invita no a ofrecer a Dios algo externo a nosotros mismos, sino que nos invita con su ejemplo a entregarnos sin miedo y por completo a la Voluntad del Padre para ser verdaderos instrumentos de Dios para llevar al hombre de este tiempo la luz que viene del Espíritu e iluminar el Camino que lleva a la verdadera Vida, por eso haciéndonos eco del Salmo de hoy, digamos con fe y junto a María:
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios,
entonces yo digo: «Aquí estoy, Señor, para hacer tu Voluntad.»
martes, 24 de marzo de 2026
Mirar la Cruz
«Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes».
Moisés rezó al Señor por el pueblo y el Señor le respondió:
«Haz una serpiente abrasadora y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla».
Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida".
Cuando el Pueblo de Israel se sublevó contra Dios, Él les envió las serpientes para lograr su arrepentimiento, y así actuó el Señor en aquél momento. Y fue la Gracia de Dios a través de la imagen de la serpiente la que los libró de la muerte.
Del mismo modo Jesús toma esa imagen para que al mirarlo, por medio de la Gracia de su muerte y resurrección, no muramos al pecado sino que vivamos en la Gracia que Él nos ha conseguido.
"Y entonces dijo Jesús:
«Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que «Yo soy», y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada».
Claro que no es sólo mirar la Cruz lo que nos salva, sino como le dijo el Pueblo de Israel a Dios por medio de Moisés: "hemos pecado contra el Señor y contra ti", el arrepentimiento hace que consigamos, por medio del Sacramento de la Reconciliación, el perdón de los pecados y la renovación de la Gracia bautismal para seguir recorriendo el camino de la santidad, y alcanzar la Vida que el Señor nos prometió.
El nuestro pecado, son nuestras decisiones de todos los días y nuestros actos y omisiones, el que nos va quitando la Vida de la Gracia para dejarnos a merced de nuestras propias fuerzas. Pero no hablamos de las fuerzas físicas y humanas sino de las fuerzas espirituales para hacer frente a las tentaciones y poder estar fuertes para asumir la Voluntad de Dios en nuestras vidas.
Así al mirar la Cruz y al sentir la Cruz en nuestras vidas recordemos que es ese estandarte, es ese Dios-Hombre u Hombre-Dios que se entregó por amor para que mantengamos la fidelidad a la Vida que Él nos consiguió con su Muerte y Resurrección.
lunes, 23 de marzo de 2026
Con la vara que juzgues...
«El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra».
E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.
Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos.
Y quedó solo Jesús, con la mujer, que seguía allí delante.
Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?»
Ella contestó: «Ninguno, Señor».
Muchas veces nos erigimos en jueces y verdugos de nuestros hermanos creyendo que tenemos la razón, que la verdad está en nuestro corazón. Pero es el Señor quien nos hace ver nuestro propio pecado y nos ayuda a no seguir juzgando y condenando a nuestros hermanos pues el juicio y la condena son parte de la Justicia divina.
Pero, sobre todo, nos ayuda a descubrir en nuestro corazón que no hay tanta inocencia como creemos, ni tampoco tanta verdad en lo que aseguramos o afirmamos del otro. Por eso Él mismo nos advierte: "con la vara con que juzguéis seréis juzgados", por eso Él le dijo a los ancianos: "quien esté sin pecado que tire la primera piedra", y ahí nadie pudo hacer nada, porque el pecado es parte de nuestra vida.
Claro es que no es que no quiera que ayudemos a nuestros hermanos a salir de su pecado porque sino no nos hubiera enseñado lo que significa la corrección fraterna: "si tu hermano peca corrígelo en privado...", pero eso es corrección fraterna no juicio y condena pública que es a lo que estamos acostumbrados a hacer.
Los programas de prensa rosa y amarilla nos han ido convenciendo que lo importante es sacar a la luz los pecados de los demás, anunciar públicamente que tal o que cual han hecho tal cosa o tal otra. Pero nadie se asegura, después, de anunciar que hubo un error, que no era tan así, ni siquiera se puede devolver la buena fama a las personas después de haber publicado sus errores o falsos pecados.
Ni tan solo en la familia o las comunidades (que se dicen cristianas) somos capaces de ayudar con la corrección fraterna, ni tan siquiera de reconocer que nos hemos equivocado, y, mucho menos de pedir perdón por nuestros errores.
Así el Señor, en estos últimos días de la Cuaresma nos pone un espejo en el que está Él mismo para que descubramos si estamos viviendo el amor fraterno como Él lo vive, si estamos siendo justos y misericordiosos como lo es Él, o solamente nos estamos convirtiendo en verdugos de nuestros hermanos sin siquiera ayudarlos a encontrar el camino de la conversión, un camino que nosotros mismos tenemos que encontrar por medio del arrepentimiento y el pedido de perdón.
domingo, 22 de marzo de 2026
Creer en Él
Entonces Jesús les replicó claramente:
«Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su encuentro».
Tuvo que hacer muchos milagros, y grandes milagros como la resurrección de Lázaro, para que los apóstoles y la gente creyera realmente en su poder, y buscase, a partir de ahí, quién era en realidad Jesús.
Lo que Jesús busca de nosotros es ese gran salto en la fe, salir de lo intelectual y dar el salto a lo que la fe nos ayuda a ver, así lo vemos en el diálogo con Marta:
"Jesús le dijo:
«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?».
Ella le contestó: «Si, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».
Ese salto no es fácil para darlo pues no siempre tenemos muy claras las ideas, y ese es el problema, no es cuestión de ideas sino de conocimiento, pero no del conocimiento intelectual, solamente, sino del conocimiento experiencial, por eso Jesús espera a la muerte de Lázaro para mostrarles a los apóstoles quién era. Porque, en ese momento (e incluso en nuestros días) si no vemos no creemos, si no sentimos no creemos, si no entendemos no creemos, si no recibimos no entendemos... y así siempre partimos de nosotros para poder dar un Sí a Dios, sin entender que para poder el Sí a Dios tenemos que abrir el corazón para que Él pueda "aparecérsenos" para que podamos ver, sentir y recibir.
Es Dios quien viene a nosotros para que nosotros vayamos a Dios, pero no viene de un modo arbitrario y con la fuerza de los poderosos, sino que, como dice en el Apocalipsis: "mira que estoy a la puerta y llamo, si me abres entraré y cenaremos juntos". Si me abres, no usa la fuerza ni nos quita la libertad, sino que espera, se acerca a nuestra vida y espera a que nos demos cuenta que está ahí, en la puerta.
Cuando le abrimos la puerta del corazón se sienta en nuestra vida y comienza a renovarnos, a darnos su Espíritu para que podamos comprender y entender y a partir de ahí comienza una seria relación de amistad y pertenencia, porque no sólo es una amistad sino una pertenencia: "soy de Dios" y eso implica una renovación de mi mente, de mi vida, de mi forma de vivir porque no hay nada comparado con Su Amor que pueda encontrar en otro lugar que no sea en Él.
Así cuando dejamos que Él mismo nos sorprenda con sus milagros podremos renovar nuestra vida, podremos hacer resucitar muchas cosas que creíamos perdidas y que no encontrábamos pero que estaban tapadas por la piedra del mundo, por la piedra de la rutina, por la piedra del pecado que no dejaba entrar la Luz de la Vida a mi propia vida.
sábado, 21 de marzo de 2026
Dejarnos enbaucar por Dios
"Los guardias respondieron: «Jamás ha hablado nadie como ese hombre».
Los fariseos les replicaron: «¿También vosotros os habéis dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que no entiende de la Ley son unos malditos».
Cuando alguien no quiere entender o no quiere comprender siempre tratan de la misma manera a los que sí han abierto el corazón a la fe. Lo que pasó en aquellos días sobre Jesús y sus seguidores también está ocurriendo en nuestros días, por eso no hay que asombrarse porque siempre ocurrirá lo mismo cuando alguien o algunos no quieren entender o, simplemente, no quieren respetar lo que otros viven.
Ya lo anunciaba Jesús a sus discípulos:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien".
Los que se declaran ateos o agnósticos o rechazan la fe cristiana (porque en realidad lo que rechazan o critican, siempre, es a los católicos y cristianos, pero no a otras religiones) se creen los más listos y sabios, y, por eso, nos tratan como a "pobre gente que se deja embaucar por tonterías".
Pero no nos ha de importar ni cuestionar ni menos quitar la paz por lo que los otros digan, porque nos sabemos bienaventurados por creer lo que otros no han podido llegar a ver. Si lo que creemos nos ayuda en nuestra vida cotidiana, nos da esperanza, fortaleza y nos comunica el Amor de Dios para poder vivirlo con nuestros hermanos ¡deja que hablen y se crean sus propias tonterías!
¿Qué nos corresponde a nosotros los que hemos conocido el Amor de Dios? "Buscar el Reino de Dios y su justicia que lo demás vendrá por añadidura", nos dijo Jesús. Y todo ello en fidelidad a Su Palabra, haciendo que nuestra vida sea un reflejo de Su Vida, de Su Evangelio y, sobre todo, como decía al madre Teresa de Calcuta: con alegría y amando hasta que duela.
viernes, 20 de marzo de 2026
Conocer es un acto de fe
«A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino que el Verdadero es el que me envía; a ese vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él, y él me ha enviado».
El diccionario dice que conocer significa "averiguar por el ejercicio de las facultades intelectuales la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas", pero para saber qué es una cosa nos lo tienen que haber dicho, enseñado o mostrado, y de así también se puede decir que hemos confiado en la palabra de aquellos que nos han regalado su conocimiento de las cosas y nos han enseñado a conocerlas. Por lo tanto se puede decir que hemos realizado un acto de fe en las personas que nos han ayudado a conocer todo, a aprender desde decir papá y mamá hasta las enseñanzas escolares y/o universitarias, y luego, particular o personalmente hemos seguido aprendiendo por la vida y propio interés.
Así mismo cuando Jesús nos dice que él conoce al Padre porque procede él, es el mismo acto de fe que hemos realizado para cualquier cosa, podemos creerle o no pues nadie, ni Él mismo, nos obliga a creer. Pero, si confiamos en la Persona porque la hemos conocido, entonces le creeremos porque sabemos que es una persona que se ha ganado nuestra confianza, y sabemos que no nos va a mentir sobre tal o cual cosa.
Por lo tanto necesitamos mantener una sana y seria comunicación para conocer a las personas, a algunas no nos hizo falta aprender a conocerlas pues eran parte de nuestra vida, hablamos de nuestros padres, de nuestros educadores más tarde, pero a muchas hemos necesitado conocerlas para saber si nos decían o no la verdad, y si eran dignas de nuestra confianza o no. Lo mismo nos sucede con Jesús, podemos encontrarnos con Él en un día de entusiasmo y emoción, pero después tenemos que llegar a un diálogo que nos permita conocerlo para que, desde ese encuentro, podamos apoyarnos en sus Palabras para poder conocer mejor su Vida, y, sobre todo conocer al Padre que la misión que Él ha venido a hacer.
Así, conociéndolo cada día más podremos confiar y confiando dar ese salto en la Fe para poder aceptar, cada día, lo que el Padre nos pida vivir, porque hemos descubierto y creemos que lo que el Hijo vivió en obediencia al Padre también nosotros lo podremos vivir, pues confiamos en Su Palabra que nos dará la Vida que esperamos.
jueves, 19 de marzo de 2026
Sobre san José
San Bernardino de Siena, presbítero
La norma general que regula la concesión de gracias singulares a una criatura racional determinada es la de que, cuando la gracia divina elige a alguien para un oficio singular o para ponerle en un estado preferente, le concede todos aquellos carismas que son necesarios para el ministerio que dicha persona ha de desempeñar.
Esta norma se ha verificado de un modo excelente en san José, que hizo las veces de padre de nuestro Señor Jesucristo y que fue verdadero esposo de la Reina del universo y Señora de los ángeles. José fue elegido por el eterno Padre como protector y custodio fiel de sus principales tesoros, esto es, de su Hijo y de su Esposa, y cumplió su oficio con insobornable fidelidad. Por eso le dice el Señor: Eres un empleado fiel y cumplidor; pasa al banquete de tu Señor.
Si relacionamos a José con la Iglesia universal de Cristo, ¿no es este el hombre privilegiado y providencial, por medio del cual la entrada de Cristo en el mundo se desarrolló de una manera ordenada y sin escándalos? Si es verdad que la Iglesia entera es deudora a la Virgen Madre por cuyo medio recibió a Cristo, después de María es san José a quien debe un agradecimiento y una veneración singular.
José viene a ser el broche del antiguo Testamento, broche en el que fructifica la promesa hecha a los patriarcas y los profetas. Sólo él poseyó de una manera corporal lo que para ellos había sido mera promesa.
No cabe duda de que Cristo no sólo no se ha desdicho de la familiaridad y respeto que tuvo con él durante su vida mortal como si fuera su padre, sino que la habrá completado y perfeccionado en el cielo.
Por eso, también con razón, se dice más adelante: Pasa al banquete de tu Señor. Aun cuando el gozo santificado por este banquete es el que entra en el corazón del hombre, el Señor prefirió decir: Pasa al banquete, a fin de insinuar místicamente que dicho gozo no es puramente interior, sino que circunda y absorbe por doquier al bienaventurado, como sumergiéndole en el abismo infinito de Dios.
Acuérdate de nosotros, bienaventurado José, e intercede con tu oración ante aquel que pasaba por hijo tuyo; intercede también por nosotros ante la Virgen, tu esposa, madre de aquel que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
miércoles, 18 de marzo de 2026
No hago nada por mí mismo
"Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió».
Qué lindo sería que pudiéramos decir lo mismo de nosotros, quizás haya alguien que lo pueda decir, no quiere generalizar, pero sería muy bueno para nuestra sociedad que todos los que seguimos a Jesús pudiéramos decir con Él: "yo no puedo hacer nada por mí mismo porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió".
Seguramente todo sería diferente porque viviendo así se haría realidad lo que rezamos siempre: "venga a nosotros tu Reino", ese Reino que esperamos, que deseamos es el que se realizaría si todos los cristianos estuviésemos en la misma frecuencia de buscar y vivir la Voluntad del Padre.
Claro es que es difícil, lo se, y Jesús lo sabe y el Padre también, pero no es imposible y por eso mismo Jesús nos lo dijo y nos lo enseñó para que lo pidiéramos cada día: "que se haga tu Voluntad en la tierra como en el cielo", y nos lo enseñó para que no nos olvidemos cuál es el camino que tenemos que recorrer.
Un camino que ni siquiera para Él, el Hijo del Padre, fue fácil recorrer pues le costó, muchas veces, hacer lo que el Padre quería, lo que el Padre le había pedido vivir. Por eso, cada día y cada noche, se unía en oración, en diálogo con el Padre para que el diálogo sea permanente y no tuviera ocasión de olvidarse para qué había venido a la tierra, para qué se había hecho hombre: para mostrarnos a los hombres el camino para vivir como hijos de Dios y así mostrar el camino de la Salvación.
Y ese es el mandato que nos dio: "id por todo el mundo y anunciad el Evangelio" porque "quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida". Y la Palabra que anunciamos no es nuestra palabra sino la Palabra del Padre que se hizo hombre en Jesús de Nazaret, por quien se nos ha dado vida y vida en abundancia, para que no nos la quedemos para nosotros mismos sino para que la transmitamos al mundo para esa Palabra ilumine las tinieblas, sane los corazones heridos, consuele a los afligidos y de esperanza a los que viven envueltos en las tinieblas del error, del dolor y de la muerte.
martes, 17 de marzo de 2026
No hay nadie que me ayude
"Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: «¿Quieres quedar sano?».
El enfermo le contestó: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado».
Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y echa a andar».
Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar".
Muchas veces pasando al lado de gente que hace tiempo que está enferma, no de enfermedad física pero sí de enfermedad espiritual, moral, etc., pero no siempre nos acercamos para ayudar, para calmar las ansiedades, para mostrar un camino de esperanza, para dar un abrazo o simplemente para sentarnos a escucharlos. No siempre tenemos que dar respuestas a los problemas de los demás, no siempre tenemos que ayudarle a encontrar razones, sino que sólo somos instrumentos de amor, de esperanza, de fe.
Algunas personas sólo necesitan alguien que las escuche, que les hagas una llamada por teléfono, o que las invites a tomar un café, un mate o una cerveza. Algunas necesitan que les ayudes a salir de casa porque no tienen a nadie que les invite a salir a caminar o que les ayudes a llevar su silla de ruedas o saques a pasear el perro.
"Señor, no tengo a nadie que me ayude", fueron las palabras de este paralítico, y es una frase que duele desde el alma de los que sienten solos, desamparados, alejados de todos y es una soledad que duele en lo profundo del corazón porque, seguramente, habrá muchos que lo conocen, que han compartido la vida con él, pero llegado el momento nos olvidamos de que existen, de que han formado parte de nuestras vidas y quedan olvidados.
Por eso, no sólo miremos a nuestro alrededor sino que abramos el corazón para compartir nuestra vida con aquellos que se sienten solos y que necesitan de lo que el Señor nos ha dado a nosotros, compartir nuestro tiempo, nuestra alegría, nuestra compañía es un milagro que hoy día se necesita en muchos hogares.
lunes, 16 de marzo de 2026
Creyó el y su familia
San Juan Crisóstomo, obispo (s. IV)
«Si no veis prodigios y signos, no creéis.» (Jn 4, 48) El funcionario real parece no creer que Jesús tenga el poder de resucitar a los muertos. «¡Baja antes que no muera mi hijo!» (Jn 4, 49) Parece que cree que Jesús ignora la gravedad de la enfermedad de su hijo. Por esto, Jesús le reprocha su poca fe, para mostrarle que los signos y prodigios se realizan sobre todo para curar a las almas.
Así, Jesús cura al padre que está enfermo del espíritu no menos que al hijo que está enfermo en su cuerpo. Así nos enseña que hace falta unirse a él, no a causa de los milagros, sino por su enseñanza confirmada por los milagros. Jesús realiza los prodigios no para los creyentes sino para los incrédulos.
Una vez en casa, «creyó y toda su familia» (Jn 4, 53) Gente que no había visto nunca a Jesús ni oído hablar, creen en él. ¿Qué nos quiere enseñar el evangelio? Hay que creer en él sin exigir prodigios; no hay que exigir a Dios pruebas de su poder. En nuestros días, ¡cuánta gente muestra un amor mayor a Dios después que su hijo o su mujer hayan experimentado alivio en sus enfermedades!
Aunque nuestros ruegos no fueran escuchados, hay que perseverar igualmente en la acción de gracias y la alabanza. ¡Quedemos unidos a Dios en la adversidad y en la prosperidad!
domingo, 15 de marzo de 2026
Luz para el mundo
"Hermanos:
Antes erais tinieblas, pero ahora, sois luz por el Señor.
Vivid como hijos de la luz, pues toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz. Buscad lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciándolas".
Ya estamos a mitad de la cuaresma y el Señor nos pide que seamos luz, así como san Pablo se lo pide a los Efesios, nuestra vida desde que el Espíritu Santo nos ilumina es una vida de luz, luz para iluminar el mundo, luz para iluminar nuestra vida y la vida de los demás, para que el pecado no nos apague la Gracia bautismal, sino que nos ayude a vivir según el Camino que nos marcó el Señor con su vida y su palabra.
Por eso, unido a esta carta de san Pablo se nos presenta el evangelio de la curación del ciego de nacimiento. Cuando nacimos estábamos ciegos por el pecado original, pero el Señor nos liberó de esa esclavitud por medio de su muerte y resurrección y del Espíritu que se nos dio, y ahora nos toca a nosotros mantenernos en esa luz.
Para mantenernos así san Pablo nos dice: buscad lo que agrada al Señor, es decir, buscad siempre la Voluntad de Dios, buscad el Reino de Dios que lo demás vendrá por añadidura, pues todo lo que necesitemos para ser fieles en el camino nos lo dará Él.
Pero también, dice Pablo: sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciándolas. Esto se nos pone difícil porque no nos gusta o no se acepta nuestra palabra cuando hablamos de las cosas estériles del mundo, cuando denunciamos los errores y pecados del mundo pareciera que somos unos extremistas que no aceptamos nada y se nos prohíbe hablar, pero tenemos que vencer el miedo y defender lo que Jesús nos ha regalado y nos pide vivir cada día. Él ya nos lo advirtió "si esto hacen con el leño verde qué no harán con el seco".
Así, en estos últimos días de la Cuaresma hemos de buscar, como el ciego de nacimiento, al Señor para que nos libre de la ceguera interior para que podamos seguir viendo, descubriendo y aceptando la Voluntad de Dios en nuestras vidas, y así poder ser la luz que el mundo necesita.
sábado, 14 de marzo de 2026
Fariseo o publicano?
"El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: "¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador"
Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».
Aunque las comparaciones sean odiosas y no tendríamos que hacerlas, esta parábola de Jesús sobre la oración del fariseo y el publicano nos viene muy bien.
Primero saber que no debemos compararnos con los demás ni pretender ser más que nadie, ni tan siquiera en las virtudes, ni en el pecado, ni en la inteligencia, ni en las cruces o dolores, ni en nada. A cada uno Dios nos ha dado dones y nos ha dotado de inteligencia y voluntad para poder vivir de acuerdo a su Voluntad, con libertad. Y por eso querer compararnos es una falta de caridad hacia nosotros mismos porque muchas veces nos infravaloramos, o hacia los demás porque nos damos más valor que los demás.
Por otro lado, no es que Jesús quiera que nos deprimamos por hacernos ver nuestros pecados, sino que al reconocerlos podamos reconciliarnos con el Padre, con los demás y con nosotros mismos, pues el pecado nos quita la Gracia, la alegría, la esperanza. En cambio cuando damos el paso, sincero, de reconocer nuestro pecado y pedir perdón recibimos el abrazo de la Gracia del Señor para poder seguir recorriendo el camino que Él mismo nos ha mostrado, y con con su Gracia poder tener la fuerza para levantarnos de las caídas. Y, sobre todo, cuando reconocemos nuestro pecado crecemos y maduramos en humildad, sabiendo que así como yo peco y soy perdonado, también tengo que hacer lo mismo con mis hermanos, porque sólo puede ser perdonado aquél que sabe perdonar.
La alegría de recibir el abrazo del perdón es lo que tengo que aprender a compartir con mis hermanos, pues es lo que pido diariamente: perdona nuestras ofensas como nosotros también perdonamos a los que nos ofenden.
viernes, 13 de marzo de 2026
Mejor no preguntar
"El escriba replicó:
«Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».
Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:
«No estás lejos del reino de Dios».
Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas".
De este diálogo del escriba con Jesús me quedo con esta última frase: "y nadie se atrevió a hacerle más preguntas", es que cuando le preguntan cosas a Jesús para ponerlo a prueba Él sale con unas respuestas que los deja, y nos deja, mudos pues nos da una vuelta que termina exigiéndonos vivir más radicalmente.
Y, a veces, no entendemos que "si no queremos saber las respuestas, no hagamos las preguntas", es lo que nos pasa, también, con nuestros hermanos. Preguntamos y después no queremos escuchar o no queremos hacer lo que nos dicen o nos duele lo que nos dicen como respuesta.
Pero, lamentablemente, a Dios, a nuestro Señor siempre tenemos que preguntarle porque debemos saber qué es lo que Él quiere de nosotros, cuál es Su Voluntad para este día y para mi vida, porque así podré seguir el Camino que me lleva a la plenitud de mi vida, y, sobre todo, a la plenitud de la santidad que es por lo que rezo todos los días "hágase Tu Voluntad en la tierra como en el Cielo".
Por eso tengo que saber que cada vez que le pregunte algo al Señor, Él me responderá para que yo sepa por dónde ir y qué debo hacer, sabiendo que no siempre me va a gustar su respuesta y que la exigencia será cada día mayor y no porque yo crea que puedo hacerlo, sino porque confío en su poder y su Gracia para que yo pueda vivir de acuerdo a Su Voluntad.
Y, en este sentido, tengo que mirar estos mandamientos porque son los que hacen la plenitud del Camino: la ley del Amor, y, como ya lo sabemos, no sólo a los que quiero sino también, y sobre todo, a los que más me cuesta amar.
jueves, 12 de marzo de 2026
No endurezcáis el corazón
"Ya puedes repetirles este discurso, seguro que no te escucharán; ya puedes gritarles, seguro que no te responderán. Aun así les dirás:
"Esta es la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios, y no quiso escarmentar. Ha desaparecido la sinceridad, se la han arrancado de la boca"».
Estos son los riesgos que corremos cuando nos olvidamos quienes somos y a quién pertenecemos y nos vamos haciendo eco de otros dioses: se nos va endureciendo el corazón frente a la Verdad y le damos la espalda a Dios para hacer lo que el mundo nos dicta y ofrece.
Pero también, aunque no aceptemos los bienes del mundo, muchas veces nos enceguecen nuestros rencores, dolores, mentiras, etc. que nos decimos a nosotros mismos y creemos que nuestras mentiras son la verdad y por eso nuestra relación con el Señor es farisaica y con nuestros hermanos va por el camino de la maldad.
No nos damos cuenta pero el ritmo que llevamos no nos permite centrarnos en el Señor pues "nunca tenemos tiempo suficiente" para encontrarnos con Él. Siempre dejamos para después lo que es importante para nuestro espíritu y el después no llega porque vuelve a haber otra cosa importante que tengo que hacer.
En verdad, no es simple ni sencillo, en estos tiempos que vivimos, centrarnos en el Señor, centrarnos en nuestra relación verdadera con el Señor, y, seguramente, tampoco con los que amamos, y menos aún con aquellos a los que deberíamos amar más que es nuestro prójimo.
Así, para que no se endurezca nuestro corazón el salmista nos da una pista de cómo hacerlo:
"Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía".
miércoles, 11 de marzo de 2026
Bautizados y discípulos
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley.
El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos».
Y ¿quiénes son los discípulos de Jesús que tienen que cumplir este mandato de enseñar a cumplir la Ley y los Profetas, más aún de enseñar a vivir como Jesús?
Somos todos los que hemos recibido el Espíritu Santo el día de nuestro bautismo y hemos tomado conciencia de que el Señor es quien nos ha llamado a seguirlo. Pero no sólo en un seguimiento especial como el sacerdocio o la vida consagrada, sino un seguimiento universal desde el momento de ser bautizados y gozar el don del sacerdocio real, que es el que hemos recibido en el bautismo.
Es un Don y una responsabilidad de todos los bautizados anunciar el Reino de Dios, dar a conocer Su Palabra y llevar a todos la alegría de la Salvación, pero para ello debemos comenzar por conocer cuál es el Mensaje para poder anunciarlo, como dice san Pablo a los romanos:
"...todo el que invoque el nombre del Señor será salvo. Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído?; ¿cómo creerán en aquel de quien no han oído hablar?; ¿cómo oirán hablar de él sin nadie que anuncie? y ¿cómo anunciarán si no los envían? Según está escrito: ¡Qué hermosos los pies de los que anuncian la Buena Noticia del bien! Pero no todos han prestado oídos al Evangelio. Pues Isaías afirma: Señor, ¿quién ha creído nuestro mensaje? Así, pues, la fe nace del mensaje que se escucha, y la escucha viene a través de la palabra de Cristo. Pero digo yo: ¿Es que no lo han oído? Todo lo contrario: A toda la tierra alcanza su pregón, y hasta los confines del orbe sus palabras. Pero digo yo: ¿Es que Israel no comprendió?".
¿Es que nosotros no hemos comprendido el mensaje? Quizás lo hemos comprendido, pero, como en la parábola del sembrador los avatares del mundo y del día a día han cubierto el mensaje de Salvación con las ideologías y los problemas del mundo y hemos perdido lo esencial del mensaje de Jesús, por eso debemos volver a la Fuente Verdadera que es el Evangelio y en diálogo con el Señor dejar lugar al Espíritu para que renueve en nosotros el Don recibido.
martes, 10 de marzo de 2026
Sin miedo a pedir perdón
Como el tiempo cuaresmal es tiempo de reflexión y penitencia las lecturas nos invitan y nos llevan a mirarnos, cada día, más interiormente, se podría decir que a "rebuscar" interiormente para poder sanar todo aquello que hemos dejado pasar o que, consciente o inconscientemente, no hemos querido reconocer en nuestra relación con los demás.
En este sentido si bien las lecturas nos ayudan a reconocer nuestros pecados y nuestros defectos, también nos ayudan a descubrir la misericordia de Dios para con nosotros, pero que es una misericordia que se realiza en un corazón arrepentido y humillado, no sólo ante Dios, sino también ante los hermanos, por aquello que dice san Juan: "quien dice que ama a Dios a quien no ve pero no ama a su hermano a quien ve es un mentiroso".
Y así hoy nos recuerda el Señor en la parábola lo siguiente:
"¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?".
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».
Hay muchas situaciones que no hemos perdonado, hay muchas situaciones que no hemos pedido perdón, y las vamos dejando pasar uno y otro día, un año y otro año, y todo eso se va haciendo herida en el corazón porque el pecado, la falta de perdón de uno y otro lado, nos van quitando la Gracia o no van renovando la Gracia de la Reconciliación, y eso se va haciendo rencor y daña nuestra relación con el Señor y con los hermanos, y, por lo tanto, con el Cuerpo Místico de Cristo.
No temamos a reconocer nuestros pecados y errores, sino tengamos miedo a perder la Gracia de la santificación que es lo que nos sigue uniendo a nuestro Dios y Padre.
lunes, 9 de marzo de 2026
Enn lo facil está lo difícil
«Padre mío, si el profeta te hubiese mandado una cosa difícil, ¿no lo habrías hecho? ¡Cuánto más si te ha dicho: “Lávate y quedarás limpio!”».
Bajó, pues, y se bañó en el Jordán siete veces, conforme a la palabra del hombre de Dios. Y su carne volvió a ser como la de un niño pequeño: quedó limpio".
Hay veces que las cosas fáciles las volvemos difíciles porque no queremos hacerlas, porque han tocado nuestro orgullo y nos impiden ver que en lo fácil y lo pequeño está la Voluntad de Dios.
Dejamos pasar, muchas veces, muchas ocasiones para expresar nuestra fe, para dar razones de por qué creemos en lo que creemos, y, sobre todo, en ocasiones dejamos de aceptar la Voluntad de Dios porque no nos muestra signos extraordinarios, sin embargo, en lo cotidiano y en lo ordinario de cada día hay mucho que nos habla de Dios, pero no sabemos ni escucharlo ni leerlo porque vamos apurados queriendo hacer grandes cosas o las cosas que nos parecen más urgentes, dejando de lado las pequeñas cosas que nos hablan de amor, de esperanza, de fe.
Naamán esperaba que el profeta saliera y le hablara directamente, en cambio envió un mensajero para que hiciera lo que había venido a buscar: ser sanado de su lepra. Pero esa acción no le gustó a Naamán, sin embargo sus sirvientes lo convencieron y resultó que lo que él quería rechazar era lo que le dio una nueva vida.
Dios no nos habla directamente, siempre nos envía un instrumento o un mensaje para hacernos ver cuál es Su Voluntad para nuestra vida, pero no siempre estamos atentos a estos instrumentos incluso, muchas veces, dejamos de lado los mensajeros de Dios porque no los apreciamos por esto o por aquello, y así dejamos de lado la Voluntad de Dios por rechazar a sus mensajeros, y seguimos sin alcanzar la plenitud de nuestra vida.
Cuando nos demos cuenta que Dios nos está hablando constantemente y nosotros no lo escuchamos y por eso no alcanzamos nuestras metas, tendremos que comenzar a "perder" el tiempo para acostumbrarnos a mirar y escuchar para poder discernir y aceptar el Camino que nos conduce a la Vida.
domingo, 8 de marzo de 2026
La alegría del encuentro
Es hermoso el relato del encuentro de Jesús con la Samaritana por varias cosas y varios sentidos, pues en ese diálogo hay mucho para meditar y reflexionar sobre nuestro diálogo con el Señor, sobre nuestra oración.
Por un lado nos sucede que, muchas veces, no sabemos cómo hablar con el Señor, como rezar, porque tenemos miedo o vergüenza por lo que hemos vivido o por los pecados que aún anidan en nuestro corazón. Jesús comienza a hablar con una samaritana y eso era algo impensable (lo cual asombró a los apóstoles) porque un judío no podía hablar con una samaritana ni estar solo en un lugar con una mujer. Pero Jesús rompe con esas tradiciones y va al encuentro del otro sea quien sea, sin importarle su rango, situación o pecado porque sabe que siempre hay deseos en el corazón del hombre.
Y en ese encuentro casual Él ayuda a que se abra el corazón, pero también depende de uno abrirlo del todo para que el Señor lo sane con Su Palabra, aunque la Verdad que Él nos haga ver sea dolorosa y parezca demasiado oscura, Su Palabra y Su Gracia sanarán nuestras heridas y limpiarán nuestros pecados, para poder ver la grandeza de con Quién estamos hablando.
Así, aunque la samaritana no quería decir la verdad, la verdad salió a la luz y sanó el corazón de ella para que pudiera ver al Mesías que esperaban. Esa alegría hizo que comenzara a ser misionera del Salvador y contar a todos lo que había sucedido, aunque para eso tuviera que decir de qué la había sanado.
Y comienza, ahí, en ese encuentro casual (aunque no improvisado por el Señor) una nueva relación, un diálogo sincero de corazón que nos ayuda a profundizar en nuestra fe, en nuestro conocimiento del Señor y nuestro, para poder recibir esa agua pura que purifica, sana, renueva y fortalece nuestra vida de fe, haciendo que la alegría del encuentro y del conocimiento del Señor y Salvador se manifieste en nuestra vida, se muestre en nuestro actos y palabras y podamos, de ese modo, ser instrumentos del Señor para dar a conocer la alegría de la salvación.
sábado, 7 de marzo de 2026
Escribas y fariseos
Como tantas otras parábolas la Parábola del Hijo Pródigo es de aquellas que al comenzar a leerlas ya nos imaginamos todo lo que ocurre y por eso no le damos tiempo al Espíritu para que nos diga lo que el Padre quiere de nosotros, o que nos enseñe lo que Jesús quiere que entendamos. Si bien hay muchos personajes en los que podamos espejarnos: el padre, los hijos, los sirvientes, pero también están los publicanos, los pecadores y los fariseos y los escribas. Aunque se los menciona sólo al principio pero siempre están en todos los mensajes que Jesús nos, y, creo que, gracias a ellos Jesús nos ha dejado muchos mensajes que nos ayudan a vivir y a pensar nuestras actitudes.
Esta parábola Jesús la dice pensando en lo que ellos, los escribas y fariseos, estaban pensando acerca de Jesús y de aquellos con quienes Él se reunía: publicanos y pecadores. Los escribas y fariseos no debían juntarse con publicanos y pecadores por miedo al contagio, porque si se juntaban con gente impura ellos mismos quedaban impurificados y no podían seguir con sus ritos y costumbres religiosas.
Y así nos pasa o les pasa a muchos en nuestra Iglesia: se creen mejores unos que otros y se permiten juzgar y condenar a los que ellos creen pecadores o que no están de acuerdo con lo que ellos viven, creyendo que son los únicos que viven una fe intachable, haciéndose así pecadores por faltar al amor, a la caridad, a la misericordia y teniendo como pecado la vanidad o soberbia espiritual, la cual les da el derecho de juzgar y condenar a otros.
Por eso, aunque no seamos conscientes de nuestras faltas de caridad hacia nuestros hermanos, todos debemos mirarnos en el espejo de los fariseos y escribas porque, aunque no lo veamos, tenemos el aguijón de la soberbia espiritual muy clavado en nuestro corazones, y es un aguijón que no sale fácilmente de nuestras vidas.
Así, cuando lo reconozcamos podremos abrazar como lo hace Jesús a todos, todos y todos (una frase que a muchos les gusta pero que no la viven) los hermanos, pues el abrazo del Padre no es sólo al que se fue, sino que también quiere abrazar diariamente a quien está a su lado para que pueda comprobar que en ese abrazo quiere comunicarle el amor que es indistinto para uno que para otro.
viernes, 6 de marzo de 2026
Los celos semilla de discordia
"Israel amaba a José más que a todos los otros hijos, porque le había nacido en la vejez, y le hizo una túnica con mangas.
Al ver sus hermanos que su padre lo prefería a los demás, empezaron a odiarlo y le negaban el saludo".
Los celos son la semilla que sembrada en un corazón sin Dios hace crecer el odio que nos lleva a la perdición. Es la semilla que nos hace caer en los pecados más graves porque de ella surgen las discordias, las discusiones, las divisiones y la destrucción de todo lo que se nos cruce por delante porque nos va quitando, poco a poco, la fuente del amor.
Cuando los celos se unen a la envidia perdemos la Gracia santificante y nos vamos perdiendo en la oscuridad de nuestro propio pecado haciendo que todo comience a ser malo, y sobre todo, las personas que Dios pone a mi lado para ayudarme a crecer y cambiar son las que más comienzo a detestar y, por eso mismo, comienzo a sembrar cizaña para que otros piensen o sientan lo mismo que yo transformándome en sembrador de cizaña, de envidia, de discordia, todo lo contrario a lo que Dios quiere que seamos.
"Y Jesús les dice:
«¿No habéis leído nunca en la Escritura:
"La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente?".
Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».
Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos".
Y Jesús nos habla a nosotros así como les habló a los judíos para que descubramos y tomemos conciencia de lo que estamos perdiendo, pues no sólo perdemos amistades, familia y personas que nos ayudan a crecer, sino que vamos perdiendo el Amor de Dios que sana nuestros corazones, vamos perdiendo Su Gracia porque no reconocemos nuestro pecado y nos vamos haciendo cada día más rebeldes a la vivencia del amor por nuestros hermanos, y, así, perdiendo la Gracia de la Conversión.
jueves, 5 de marzo de 2026
A quién escuchamos?
"Abrahán le dice: "Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen".
Pero él le dijo: "No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán."
Abrahán le dijo: "Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto."»
A veces pedimos demasiados signos y milagros para poder entender o aceptar la Voluntad de Dios, queremos que Dios sea explícito en sus palabras o que haga un signo extraordinario para que sepa que lo que estoy oyendo viene de Él. Cuando pedimos esos signos es porque no queremos hacer lo que Dios nos pide o nos permite, sino que estamos buscando a alguien que nos diga lo que realmente queremos hacer que es nuestra propia voluntad y no la de Dios.
Cuando aprendemos a escuchar la Voz de Dios en Su Palabra, en los signos de los tiempos y en los acontecimientos de la vida cotidiana, no nos hacen falta los signos extraordinarios ni que Dios nos envíe un whatsapp para saber cuál es su Voluntad.
Pero, como dice el refrán: no hay peor sordo que el que no quiere oír. Y así nos pasa a los que decimos que somos cristianos pero que no vivimos como discípulos de Cristo porque nos dejamos llevar por la voz del mundo y no por la Voz de Dios.
Porque:
"Esto dice el Señor:
«Maldito quien confía en el hombre, y busca el apoyo de las criaturas, apartando su corazón del Señor.
Será como cardo en la estepa, que nunca recibe la lluvia; habitará en un árido desierto, tierra salobre e inhóspita".
Cuando sólo escuchamos lo que queremos oír y no abrimos nuestro corazón a la Voz del Señor, entonces no recibimos la Gracia necesaria y suficiente para alcanzar lo anhelamos desde el corazón, sino que nos contentamos con lo superficial, lo banal, lo que, en realidad, nos está pidiendo el mundo que vivamos porque no aceptamos, en definitiva, las exigencias del Evangelio y así, tampoco alcanzamos los beneficios de Su Amor.
En cambio, nos dice el Señor:
"Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua, que alarga a la corriente sus raíces; no teme la llegada del estío, su follaje siempre está verde; en año de sequía no se inquieta, ni dejará por eso de dar fruto".
miércoles, 4 de marzo de 2026
Podéis beber el cáliz?
«No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?»
¿Sabemos lo que pedimos en nuestra oración? ¿Sabemos qué es lo que necesitamos cuando pedimos algo en la oración? ¿Qué es lo que pedimos?
Claro que todas estas preguntas tienen un lado complicado porque lo primero que nos surge pensar es en nuestra oración de peticiones, o en nuestras peticiones en la oración. Pedimos por la salud, por la familia, por algún amigo, por algún enfermo, pero no es sólo eso lo que pedimos, esas son, realmente, intenciones personales que salen del corazón y de las necesidades urgentes de todos los días.
Lo que realmente pedimos es lo que el Señor nos enseñó a pedir en la oración del Padre nuestro, y ese el pedido más completo que hacemos todos los días. Y ¿te has puesto a pensar qué es lo que pides cuando le hablas al Padre en la oración que te enseñó el Hijo? Seguramente muchas veces has escuchado las reflexiones sobre el Padre nuestro y otras tantas lo hemos leído en el Evangelio, pero pocas veces nos detenemos a pensar qué es lo que estamos pidiendo cuando abrimos nuestros labios para hablar con el Padre en el Padre nuestro.
Y es ahí, en esa oración cotidiana donde estamos pidiendo algo que no sabemos si estamos dispuestos a vivirlo, o, por lo menos no nos hemos puesto a pensar qué significa para mi vida decirle al Padre que estoy dispuesto a hacer Su Voluntad en la tierra como en el Cielo. Y ahí está el cáliz que bebió Jesús por nosotros y que nos invita a beberlo cada día.
¿Estás dispuesto a beber el cáliz de la obediencia a la Voluntad de Dios todos los días de tu vida? Así sería la pregunta que nos deberíamos hacer antes de rezar el Padre nuestro, porque es lo que le estamos diciendo al Padre de los Cielos, porque eso fue lo que Jesús nos enseñó, no sólo la oración, no sólo a pedir, sino a abrir el corazón para que, como Él vivió, también nosotros vivamos en la Voluntad del Padre, pues ese es el Camino que Él recorrió y nos enseñó a caminarlo a nosotros.
Y, como Él sabía que, seguramente, se nos olvidaría lo que tenemos que vivir, entonces nos dejó la intención de vivirlo grabada en la mejor de nuestras oraciones, y, sobre todo, en una oración que repetimos cada día y, en algunos casos, varias veces por día.
martes, 3 de marzo de 2026
Aunque tu pecado sea rojo como la grana...
"Aunque vuestros pecados sean como escarlata, quedarán blancos como nieve; aunque sean rojos como la púrpura, quedarán como lana".
Una hermosa exhortación de parte de Dios y una aliento para nuestra conciencia y vida: saber que el Señor puede perdonarnos y que su misericordia es infinita.
A veces dudamos de que el Señor pueda perdonar nuestros pecados porque siempre caemos en el mismo pecado, siempre tropezamos con la misma piedra y, por eso, nos da vergüenza, muchas veces, confesarnos porque tenemos que decir lo mismo una y otra vez.
Por eso, el mismo Jesús nos dijo: el justo peca 7 veces por día, por que Él sabe de nuestra debilidad, de nuestro pecado, pero necesita que lo reconozcamos, que analicemos nuestra conducta y recurramos a su Gracia para poder fortalecernos y buscar, siempre, un apoyo en Su Palabra para no caer, pero si caemos lo tenemos a Él que es nuestro abogado Celestial.
Pero claro, todo tiene que tener su vuelta: como el conoce nuestro corazón y sabe de nuestro pensamientos, también sabe si hay un sincero arrepentimiento de corazón para intentar no caer más, y, sobre todo, si el pecado ha sido contra mi prójimo, contra mi hermano, me pide que haga algo para restaurar el daño realizado, pues no basta con pedir perdón a Dios si no le pido perdón a mi hermano: "perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden", y, en ese sentido también nos toca a nosotros pedir perdón si hemos ofendido.
Cuando, verdaderamente nos duele el pecado cometido entonces el arrepentimiento puede llegar a ser más sincero y el remedio a ello hasta puede ser gratificante. Pero si no me duele el hecho de pecar, de ofender, de hacer daño con mis palabras, obras y acciones, entonces no habrá sinceridad en mi arrepentimiento y aunque pida perdón en el confesionario, quizás el Señor no purifique mi corazón pues sigo con las mismas intenciones que tenía antes de confesarme.
No utilicemos, por lo tanto, el sacramento de la confesión en vano si en realidad no hay sinceridad en mi arrepentimiento, o si, en definitiva, no estoy dispuesto ni a arrepentirme ni a solucionar lo que he realizado. Antes bien pidamos al Espíritu Santo que nos ayude y nos de el Don del Temor de Dios para que sabiendo que puedo perder su Amor pueda comenzar a sentir dolor por mi pecado y buscar la fortaleza para poder arrepentirme de corazón y reconciliarme conmigo mismo, con mis hermanos y luego con el Padre Celestial, para que así aquello que ennegreció mi alma queda limpia y purificada por la absolución de mis pecados por medio del sacramento de la Reconciliación.
lunes, 2 de marzo de 2026
Principios cotidianos
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».
¡Cuántos principios para la vida que nos da el Señor! Son principio reales para nuestra convivencia, para la vida cotidiana, pero que no siempre los ponemos en práctica, o, mejor dicho, los ponemos en práctica para lo que nos conviene pero no para lo que el Señor nos manda.
A estos preceptos del Señor tendríamos que agregarle aquellas palabras en las que nos dice: "si amáis a quienes os aman ¿qué mérito tenéis? Yo os digo: amad a vuestros enemigos, rezad por quienes os persiguen". ¿Por qué hay que agregarle esta exhortación de Jesús? Porque nos gusta hacer las cosas a nuestro antojo y no nos gusta exigirnos más de la cuenta, sino que sólo hacemos las cosas con quienes queremos, con quienes están cerca, con quienes nos dicen lo que queremos escuchar. Sin embargo, Jesús, nos exige mucho más que eso y por eso al final de estos preceptos de vida cristiana nos dice: "pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros", y eso no lo tenemos en cuenta.
Por eso es necesario que nuestro examen de conciencia sea concienzudo, es decir, tomándonos en serio la Palabra de Jesús, porque, muchas veces, creemos que no perdonar, no ser misericordioso, actuar con malos tratos, hablar mal de los demás, exigirle a los demás cosas que yo no hago, culpar a los otros de mis malas acciones, etc. etc., eso está bien porque los culpables de que yo actúe mal son los otros. Que yo tenga mal genio es culpa de los demás, que yo critique es culpa de los demás, que haga daño con mis palabras es porque se lo merecen... ¿Si Dios pensara así de tí? ¿qué dirías? ¿Si los demás actuaran contigo de la misma manera que tú actúas con los otros, cómo te sentaría?
Así nuestro examen de hoy, o de estos días de cuaresma tendrían que partir de estos principios de los que nos habla Jesús: ser misericordioso, no juzgar, no condenar, pedir perdón, saber perdonar... para que podamos, realmente, hacer una buena confesión y comenzar un tiempo de reconciliación para que la Pascua llegue verdaderamente a nuestro corazón.
domingo, 1 de marzo de 2026
Sal de tu tierra
"En aquellos días, el Señor dijo a Abran:
«Sal de tu tierra, de tu patria, y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré".
Un primer llamado de Dios al hombre para dejarse conducir por Él y comenzar, así, a construir un mundo nuevo desde la fe de un solo hombre. Abran dijo Sí a Dios y dejó su tierra y sus bienes y comenzó un largo camino para alcanzar la Gracia y la Vida Nueva en Dios, así nació un Pueblo Elegido del cual somos herederos, herederos de la fe y la confianza de un hombre en su Dios.
Y así tenemos que estar todos los días: saliendo de nuestra zona de confort para entregarnos por completo a nuestro Dios y Señor para seguir construyendo un mundo nuevo a partir de un Hombre Nuevo, un hombre nuevo que nace del costado de un Dios que se entregó por amor en una Cruz.
Así cada día salimos de nosotros mismos para subir con Jesús al Monte de la Transubstanciación, es decir al Monte de la Eucaristía en donde nos encontramos en Nuestro Dios y Señor para que Él nos siga confirmando y alimentando en nuestro camino de Fe, de Esperanza y de Amor.
Porque del mismo modo que Jesús llevó a los apóstoles al Monte de la Transfiguración ahora nos quiere llevar a nosotros para hacernos sentir Su Presencia Viva que nos alienta, fortalece y enciende para que, al bajar a la rutina de todos los días, podamos, a diferencia de los apóstoles, compartir nuestra experiencia de Dios, que sea nuestro rostro iluminado por la alegría de la salvación quien hable de lo que creemos, de lo que esperamos y de lo que intentamos, cada día, vivir.
Aquél día de la transfiguración Jesús le pidió a los apóstoles que no le contaran a nadie lo que habían visto, pero después los envió a todo el mundo a llevar la Buena Noticia, así, hoy, a nosotros, nos invita a salir de nosotros mismos, a alimentarnos de Su Vida en la Eucaristía, y llenos de Su Espíritu salir al mundo a dar la Buena Noticia de la Salvación.
Aunque las voces del mundo nos digan que eso no es cierto, aunque las voces del mundo nos quieran apagar, confiamos en la Voz de Aquél que habló desde la nube y de Aquél que ha llegado a nuestro corazón para transformarnos y elegirnos para ser un testimonio vivo y claro de la Presencia de Dios en el mundo de hoy.