"Jesús le respondió: - «Adonde yo voy no me puedes seguir ahora, me seguirás más tarde».
Pedro replicó: - «Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Daré mi vida por ti».
Jesús le contestó: - «¿Con que darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces».
A veces tenemos muy bueno y altos ideales, y otras veces hacemos y nos hacemos promesas muy grandes, y, casi siempre, vamos cediendo nuestros ideales de acuerdo al tiempo, a las circunstancias, depende con quien estemos, y, otras tantas veces nuestras promesas carecen de recorrido pues ante el menor estorbo las dejamos de lado.
"El espíritu está pronto, pero la carne es débil", le dijo Jesús a los apóstoles en el Huerto de Getsemaní. Y es totalmente cierto. Nuestro espíritu nos hace desear cosas muy altas y muy grandes, pero no siempre lo conseguimos, y no porque Dios no quiera que lo consigamos, sino porque, muchas veces, no seguimos el camino que el Señor nos propone y nos enseña.
Jesús sabía y conocía muy bien cuál iba a ser el recorrido de su vida, sabía que tenía que esperar el tiempo que el Padre había pensado desde siempre, y, por eso, nunca se apresuró a nada, sino que todo lo hizo en el tiempo que el Padre quería. Y, llegado el momento de Su Hora también comenzó a sufrir porque, humanamente, el precio que tenía que pagar por nosotros era muy alto: "Padre, si es posible aparta de mi este cáliz, pero que no se haga mi voluntad sino la Tuya".
Aunque tengamos todo programado, y aunque nuestros deseos sean muy buenos, y nuestra intención sea la mejor, no siempre alcanzaremos por nuestros propios medios los más altos ideales, y no porque no podamos, sino porque somos débiles y eso lo tenemos que tener en cuenta. Pero no para desanimarnos en el principio, ni en el medio, sino para saber que debemos mantener el ritmo todos los días.
Dicen que los buenos deportistas entrenan todos los días para alcanzar el más alto rendimiento, y así también nosotros debemos entrenar el espíritu todos los días y, sobre todo, llevando, como dice san Pablo, "nuestra carne a la esclavitud del espíritu", pues lo que nos domina más de una vez son nuestros deseos e instintos carnales, y, por el otro lado, el mundo nos presenta siempre obstáculos apetitosos que nos hacen tropezar y muchas veces caer. Y, ante los tropiezos y caídas hemos de levantarnos con más fuerza que antes para seguir la carrera hasta el final sin perder ni la esperanza, ni la fe y menos el amor, pues así, como hizo Pedro quien después de negar por tres veces a Jesús se arrepintió y siguió junto al resto en Fidelidad a la Vida que Jesús les había dado.
martes, 31 de marzo de 2026
Entrenar todos los días
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