"María contestó:
«He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra».
Y el ángel se retiró".
No hizo falta mucha explicación por parte del Ángel a María para que abriera de par en par su corazón para aceptar la Voluntad de Dios: un corazón abierto al infinito para ser colmado por la Voluntad de Dios, ha sido una frase acerca de María que me ha quedado grabada para siempre.
Ha sido esa disponibilidad total a la Voluntad de Dios la que le permitió a Dios Padre comenzar a cumplir la Promesa hecha a Adán y Eva de enviarnos un salvador, comenzaba con el Sí de María la Obra de la Salvación de los hombres, comenzaba así a cambiar la historia de la humanidad por una historia de la Salvación.
Cuando el corazón de los hijos está tan libre de sí mismo y a podido vivir la experiencia de la Providencia Divina, ese corazón no necesita mucho para aceptar la Voluntad del Padre, pues sabe que puede confiar en Aquél que le ha dado la vida, sabe que puede entregarse sin medida a Aquél que se entregó sin medida por él.
María no tenía una experiencia intelectual de Dios, sólo tenía un experiencia vital del amor y la promesa de Dios, y eso le permitió aceptar humilde y sinceramente la palabra que vino de parte de Dios, y no sólo ser humilde frente a Ella sino despojarse de todo incluso de su propia libertad: "he aquí la esclava del Señor". No ha habido palabras tan llenas de amor que esas de María pues sólo por amor y respondiendo al Amor se puede uno despojarse hasta de su propia libertad.
En estos tiempos tan llenos de intelectuales que todo lo saben y que todo lo quieren afirmar y consolidar su propia verdad, María nos enseña a descubrir en la humildad de la Esclava la grandeza del poder del Padre que no sólo colma de Gracia el corazón humilde, sino que puede hacer grandes cosas con ese hijo que vive la disponibilidad total a Su Voluntad.
Por eso y siempre María nos invita no a ofrecer a Dios algo externo a nosotros mismos, sino que nos invita con su ejemplo a entregarnos sin miedo y por completo a la Voluntad del Padre para ser verdaderos instrumentos de Dios para llevar al hombre de este tiempo la luz que viene del Espíritu e iluminar el Camino que lleva a la verdadera Vida, por eso haciéndonos eco del Salmo de hoy, digamos con fe y junto a María:
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios,
entonces yo digo: «Aquí estoy, Señor, para hacer tu Voluntad.»
miércoles, 25 de marzo de 2026
Aquí estoy
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