Entonces Jesús les replicó claramente:
«Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su encuentro».
Tuvo que hacer muchos milagros, y grandes milagros como la resurrección de Lázaro, para que los apóstoles y la gente creyera realmente en su poder, y buscase, a partir de ahí, quién era en realidad Jesús.
Lo que Jesús busca de nosotros es ese gran salto en la fe, salir de lo intelectual y dar el salto a lo que la fe nos ayuda a ver, así lo vemos en el diálogo con Marta:
"Jesús le dijo:
«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?».
Ella le contestó: «Si, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».
Ese salto no es fácil para darlo pues no siempre tenemos muy claras las ideas, y ese es el problema, no es cuestión de ideas sino de conocimiento, pero no del conocimiento intelectual, solamente, sino del conocimiento experiencial, por eso Jesús espera a la muerte de Lázaro para mostrarles a los apóstoles quién era. Porque, en ese momento (e incluso en nuestros días) si no vemos no creemos, si no sentimos no creemos, si no entendemos no creemos, si no recibimos no entendemos... y así siempre partimos de nosotros para poder dar un Sí a Dios, sin entender que para poder el Sí a Dios tenemos que abrir el corazón para que Él pueda "aparecérsenos" para que podamos ver, sentir y recibir.
Es Dios quien viene a nosotros para que nosotros vayamos a Dios, pero no viene de un modo arbitrario y con la fuerza de los poderosos, sino que, como dice en el Apocalipsis: "mira que estoy a la puerta y llamo, si me abres entraré y cenaremos juntos". Si me abres, no usa la fuerza ni nos quita la libertad, sino que espera, se acerca a nuestra vida y espera a que nos demos cuenta que está ahí, en la puerta.
Cuando le abrimos la puerta del corazón se sienta en nuestra vida y comienza a renovarnos, a darnos su Espíritu para que podamos comprender y entender y a partir de ahí comienza una seria relación de amistad y pertenencia, porque no sólo es una amistad sino una pertenencia: "soy de Dios" y eso implica una renovación de mi mente, de mi vida, de mi forma de vivir porque no hay nada comparado con Su Amor que pueda encontrar en otro lugar que no sea en Él.
Así cuando dejamos que Él mismo nos sorprenda con sus milagros podremos renovar nuestra vida, podremos hacer resucitar muchas cosas que creíamos perdidas y que no encontrábamos pero que estaban tapadas por la piedra del mundo, por la piedra de la rutina, por la piedra del pecado que no dejaba entrar la Luz de la Vida a mi propia vida.
domingo, 22 de marzo de 2026
Creer en Él
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.