"Ya puedes repetirles este discurso, seguro que no te escucharán; ya puedes gritarles, seguro que no te responderán. Aun así les dirás:
"Esta es la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios, y no quiso escarmentar. Ha desaparecido la sinceridad, se la han arrancado de la boca"».
Estos son los riesgos que corremos cuando nos olvidamos quienes somos y a quién pertenecemos y nos vamos haciendo eco de otros dioses: se nos va endureciendo el corazón frente a la Verdad y le damos la espalda a Dios para hacer lo que el mundo nos dicta y ofrece.
Pero también, aunque no aceptemos los bienes del mundo, muchas veces nos enceguecen nuestros rencores, dolores, mentiras, etc. que nos decimos a nosotros mismos y creemos que nuestras mentiras son la verdad y por eso nuestra relación con el Señor es farisaica y con nuestros hermanos va por el camino de la maldad.
No nos damos cuenta pero el ritmo que llevamos no nos permite centrarnos en el Señor pues "nunca tenemos tiempo suficiente" para encontrarnos con Él. Siempre dejamos para después lo que es importante para nuestro espíritu y el después no llega porque vuelve a haber otra cosa importante que tengo que hacer.
En verdad, no es simple ni sencillo, en estos tiempos que vivimos, centrarnos en el Señor, centrarnos en nuestra relación verdadera con el Señor, y, seguramente, tampoco con los que amamos, y menos aún con aquellos a los que deberíamos amar más que es nuestro prójimo.
Así, para que no se endurezca nuestro corazón el salmista nos da una pista de cómo hacerlo:
"Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía".
jueves, 12 de marzo de 2026
No endurezcáis el corazón
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