"Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió».
Qué lindo sería que pudiéramos decir lo mismo de nosotros, quizás haya alguien que lo pueda decir, no quiere generalizar, pero sería muy bueno para nuestra sociedad que todos los que seguimos a Jesús pudiéramos decir con Él: "yo no puedo hacer nada por mí mismo porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió".
Seguramente todo sería diferente porque viviendo así se haría realidad lo que rezamos siempre: "venga a nosotros tu Reino", ese Reino que esperamos, que deseamos es el que se realizaría si todos los cristianos estuviésemos en la misma frecuencia de buscar y vivir la Voluntad del Padre.
Claro es que es difícil, lo se, y Jesús lo sabe y el Padre también, pero no es imposible y por eso mismo Jesús nos lo dijo y nos lo enseñó para que lo pidiéramos cada día: "que se haga tu Voluntad en la tierra como en el cielo", y nos lo enseñó para que no nos olvidemos cuál es el camino que tenemos que recorrer.
Un camino que ni siquiera para Él, el Hijo del Padre, fue fácil recorrer pues le costó, muchas veces, hacer lo que el Padre quería, lo que el Padre le había pedido vivir. Por eso, cada día y cada noche, se unía en oración, en diálogo con el Padre para que el diálogo sea permanente y no tuviera ocasión de olvidarse para qué había venido a la tierra, para qué se había hecho hombre: para mostrarnos a los hombres el camino para vivir como hijos de Dios y así mostrar el camino de la Salvación.
Y ese es el mandato que nos dio: "id por todo el mundo y anunciad el Evangelio" porque "quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida". Y la Palabra que anunciamos no es nuestra palabra sino la Palabra del Padre que se hizo hombre en Jesús de Nazaret, por quien se nos ha dado vida y vida en abundancia, para que no nos la quedemos para nosotros mismos sino para que la transmitamos al mundo para esa Palabra ilumine las tinieblas, sane los corazones heridos, consuele a los afligidos y de esperanza a los que viven envueltos en las tinieblas del error, del dolor y de la muerte.
miércoles, 18 de marzo de 2026
No hago nada por mí mismo
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