martes, 24 de marzo de 2026

Mirar la Cruz

«Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes».
Moisés rezó al Señor por el pueblo y el Señor le respondió:
«Haz una serpiente abrasadora y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla».
Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida".
Cuando el Pueblo de Israel se sublevó contra Dios, Él les envió las serpientes para lograr su arrepentimiento, y así actuó el Señor en aquél momento. Y fue la Gracia de Dios a través de la imagen de la serpiente la que los libró de la muerte.
Del mismo modo Jesús toma esa imagen para que al mirarlo, por medio de la Gracia de su muerte y resurrección, no muramos al pecado sino que vivamos en la Gracia que Él nos ha conseguido.
"Y entonces dijo Jesús:
«Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que «Yo soy», y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada».
Claro que no es sólo mirar la Cruz lo que nos salva, sino como le dijo el Pueblo de Israel a Dios por medio de Moisés: "hemos pecado contra el Señor y contra ti", el arrepentimiento hace que consigamos, por medio del Sacramento de la Reconciliación, el perdón de los pecados y la renovación de la Gracia bautismal para seguir recorriendo el camino de la santidad, y alcanzar la Vida que el Señor nos prometió.
El nuestro pecado, son nuestras decisiones de todos los días y nuestros actos y omisiones, el que nos va quitando la Vida de la Gracia para dejarnos a merced de nuestras propias fuerzas. Pero no hablamos de las fuerzas físicas y humanas sino de las fuerzas espirituales para hacer frente a las tentaciones y poder estar fuertes para asumir la Voluntad de Dios en nuestras vidas.
Así al mirar la Cruz y al sentir la Cruz en nuestras vidas recordemos que es ese estandarte, es ese Dios-Hombre u Hombre-Dios que se entregó por amor para que mantengamos la fidelidad a la Vida que Él nos consiguió con su Muerte y Resurrección.

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