domingo, 8 de marzo de 2026

La alegría del encuentro

Es hermoso el relato del encuentro de Jesús con la Samaritana por varias cosas y varios sentidos, pues en ese diálogo hay mucho para meditar y reflexionar sobre nuestro diálogo con el Señor, sobre nuestra oración.
Por un lado nos sucede que, muchas veces, no sabemos cómo hablar con el Señor, como rezar, porque tenemos miedo o vergüenza por lo que hemos vivido o por los pecados que aún anidan en nuestro corazón. Jesús comienza a hablar con una samaritana y eso era algo impensable (lo cual asombró a los apóstoles) porque un judío no podía hablar con una samaritana ni estar solo en un lugar con una mujer. Pero Jesús rompe con esas tradiciones y va al encuentro del otro sea quien sea, sin importarle su rango, situación o pecado porque sabe que siempre hay deseos en el corazón del hombre.
Y en ese encuentro casual Él ayuda a que se abra el corazón, pero también depende de uno abrirlo del todo para que el Señor lo sane con Su Palabra, aunque la Verdad que Él nos haga ver sea dolorosa y parezca demasiado oscura, Su Palabra y Su Gracia sanarán nuestras heridas y limpiarán nuestros pecados, para poder ver la grandeza de con Quién estamos hablando.
Así, aunque la samaritana no quería decir la verdad, la verdad salió a la luz y sanó el corazón de ella para que pudiera ver al Mesías que esperaban. Esa alegría hizo que comenzara a ser misionera del Salvador y contar a todos lo que había sucedido, aunque para eso tuviera que decir de qué la había sanado.
Y comienza, ahí, en ese encuentro casual (aunque no improvisado por el Señor) una nueva relación, un diálogo sincero de corazón que nos ayuda a profundizar en nuestra fe, en nuestro conocimiento del Señor y nuestro, para poder recibir esa agua pura que purifica, sana, renueva y fortalece nuestra vida de fe, haciendo que la alegría del encuentro y del conocimiento del Señor y Salvador se manifieste en nuestra vida, se muestre en nuestro actos y palabras y podamos, de ese modo, ser instrumentos del Señor para dar a conocer la alegría de la salvación.

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