"Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo..."
Esto es lo que, muchas veces, nos produce ansiedades: que Dios tenga sus tiempos y que nosotros no sepamos cuándo es el tiempo de Dios, aunque en realidad sí lo sabemos: cuando Él quiera. No, en serio, el tiempo de Dios es el presente, es el hoy por eso tenemos que estar siempre atentos al hoy de Dios pues en ese hoy Él nos está diciendo algo, nos está mostrando algo y quiere que tomemos una decisión sobre algo.
Cuando la ansiedad o el no pensar en lo que Dios quiere, o cuando nos dejamos avasallar por la carrera contra el tiempo, es cuando no estamos haciendo la Voluntad de Dios, pues no tenemos tiempo de ponernos a discernir sobre lo que estamos viviendo y haciendo, ni tan siquiera nos hemos detenido a ver si lo que estamos haciendo o viviendo es Voluntad de Dios.
Jesús así nos lo enseñó cuando, en muchos momentos, hablaba de "no ha llegado mi Hora". Él sabía cuándo y cómo sería Su Hora y por eso buscaba en todo momento el encuentro con el Padre. Leemos en muchas partes del Evangelio que se iba solo a orar pues necesitaba estar en ese diálogo permanente para no dejar pasar el tiempo sin saber qué es lo que el Padre quería.
¿Cuándo es el nuestro mejor tiempo? ¿Cuánto tiempo necesitamos estar con Dios? Sólo cada uno lo sabe, pero seguramente tenemos que ir aprendiendo a estar no con Dios, sino en Dios, pues cuando aprendemos a entregar cada momento y cada situación al Padre es cuando todo está en Dios, en esos momentos, seguramente, el Padre nos dará su Gracia porque todo lo hacemos por Él, con Él y para Él. Porque no es que Dios necesite que nosotros hagamos cosas para Él, sino que haciéndolo así todo resulta más productivo para nuestra vida espiritual, para fortalecer nuestro espíritu, para poder alcanzar la gracia de saber que todo lo que hacemos si lo ponemos en Sus Manos no queda sin recompensa, y así le consagramos cada acto, cada momento, y, en definitiva toda nuestra vida.
viernes, 25 de septiembre de 2026
Todo tiene su tiempo
jueves, 24 de septiembre de 2026
Vanidad de vanidades
Decía Herodes sobre Jesús:
«A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas?». Y tenía ganas de verlo".
Esta frase me hizo pensar en las cosas que hace la gente por ver a algún famoso, por seguir sus vidas, y las cosas raras que hacen los más seguidores: se tatúan sus rostros en la piel, se cortan el cabello como ellos, gastan fortunas por verlos en conciertos, estadios, etc. A veces el canto de sirena que produce la fama desquicia a las personas, quizás porque quieren ser como ellos, quizás porque compartir sus locuras los saca del ritmo triste de la vida, o vaya a saber qué cosas suenan en sus cabezas.
Herodes solamente tenía ganas de verlo por la fama que se había hecho sobre Jesús, sus milagros, sus palabras, sus seguidores. Pero todo brotaba de la vanidad que había en él, no había mayor deseo que saber quién era o qué era Jesús, porque tanto se hablaba y tantas teorías se manejaban sobre su vida que había que conocerlo.
Y es lo que trae la vanidad consigo: la superficialidad de la vida, conocer por conocer, creer que por peinarnos como tal podemos llegar a ser tal o cual, vivir sin pensar que lo que estoy viviendo es una falsa vida, y quedar por dentro tan vacío como siempre cuando caigo en la verdad de lo que estoy viviendo.
Todas esas cosas nos llevan a vivir un descontrol que no nos deja pensar en lo que estamos haciendo, en cómo estamos viviendo. La rapidez de los días hacen que queramos vivir todo de golpe, y por eso no interesa cómo lo vivamos sino las sensaciones que deja en nuestro interior, aunque más no sea una sensación de ese momento porque se que dos días más tarde volveré a tener otra sensación que me lleve a la euforia nuevamente.
Y todo pasa. Y todo se acaba. Y la vida continúa. Hasta que de pronto la vida nos golpea y vemos que no hay mucho de donde "rascar" para hacer frente al dolor, a la cruz. Por eso la lectura del Eclesiastés nos invita a descubrir la vanidad del tiempo que vivimos, que si no somos capaces de vivir desde el interior y desde Dios, todo será vacío y nada.
Jesús no sólo quiere que lo descubramos, sino que quiere que aprendamos a vivir desde una realidad profunda y llena de valores que tornan nuestra vida con un sentido de eternidad, haciendo que cada cosa y situación que vivamos nos permita crecer, madurar y alcanzar la perfección que nuestro ser anhela, una perfección personal, propia y no alquilada o imitada.
miércoles, 23 de septiembre de 2026
Piedras del edificio eterno
De los escritos de San Pío de Pietrelcina, presbítero
Mediante asiduos golpes de cincel salutífero y cuidadoso despojo, el divino Artífice busca preparar piedras para construir un edificio eterno, como nuestra madre, la santa Iglesia Católica, llena de ternura, canta en el himno del oficio de la dedicación de una iglesia. Y así es en verdad.
Toda alma destinada a la gloria eterna puede ser considerada una piedra constituida para levantar un edificio eterno. Al constructor que busca erigir una edificación le conviene ante todo pulir lo mejor posible las piedras que va a utilizar en la construcción. Lo consigue con el martillo y el cincel. Del mismo modo el Padre celeste actúa con las almas elegidas que, desde toda la eternidad, con suma sabiduría y providencia, han sido destinadas para la erección de un edificio eterno.
El alma, si quiere reinar con Cristo en la gloria eterna, ha de ser pulida con golpes de martillo y cincel, que el Artífice divino usa para preparar las piedras, es decir, las almas elegidas. ¿Cuáles son estos golpes de martillo y cincel? Hermana mía, las oscuridades, los miedos, las tentaciones, las tristezas del espíritu y los miedos espirituales, que tienen un cierto olor a enfermedad, y las molestias del cuerpo.
Dad gracias a la infinita piedad del Padre eterno que, de esta manera, conduce vuestra alma a la salvación. ¿Por qué no gloriarse de estas circunstancias benévolas del mejor de todos los padres? Abrid el corazón al médico celeste de las almas y, llenos de confianza, entregaros a sus santísimos brazos: como a los elegidos, os conduce a seguir de cerca a Jesús en el monte Calvario. Con alegría y emoción observo cómo actúa la gracia en vosotros.
No olvidéis que el Señor ha dispuesto todas las cosas que arrastran vuestras almas. No tengáis miedo a precipitaros en el mal o en la afrenta de Dios. Que os baste saber que en toda vuestra vida nunca habéis ofendido al Señor que, por el contrario, ha sido honrado más y más.
Si este benevolentísimo Esposo de vuestra alma se oculta, lo hace no porque quiera vengarse de vuestra maldad, tal como pensáis, sino porque pone a prueba todavía más vuestra fidelidad y constancia y, además, os cura de algunas enfermedades que no son consideradas tales por los ojos carnales, es decir, aquellas enfermedades y culpas de las que ni siquiera el justo está inmune. En efecto, dice la Escritura: «Siete veces cae el justo» (Pr 24, 16).
Creedme que, si no os viera tan afligidos, me alegraría menos, porque entendería que el Señor os quiere dar menos piedras preciosas... Expulsad, como tentaciones, las dudas que os asaltan... Expulsad también las dudas que afectan a vuestra forma de vida, es decir, que no escucháis los llamamientos divinos y que os resistís a las dulces invitaciones del Esposo. Todas esas cosas no proceden del buen espíritu sino del malo. Se trata de diabólicas artes que intentan apartaros de la perfección o, al menos, entorpecer el camino hacia ella. ¡No abatáis el ánimo!
Cuando Jesús se manifieste, dadle gracias; si se oculta, dadle gracias: todas las cosas son delicadezas de su amor. Os deseo que entreguéis el espíritu con Jesús en la cruz: «Todo está cumplido» (Jn 19, 30).
martes, 22 de septiembre de 2026
Ser Fieles
"Entonces le avisaron:
«Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte».
Él respondió diciéndoles:
«Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».
Hoy en día, humanamente hablando, los títulos académicos, los de nobleza (donde los haya), los nombramientos políticos, etc., son los que "abren" puertas y "pareciera" que hacen más dignos a las personas. Y usando la misma medida creemos que el título de cristiano nos abre las puertas del Cielo, y, parece que no es así.
No por tener el título de cristiano que me dio el bautismo. O por tener un lugar particular en la comunidad cristiana voy a ser mejor que otros o voy a conseguir más favores de parte de Dios. Si pienso eso, estoy muy equivocado.
A veces la gente nos dice a los sacerdotes, y, seguramente, a los religiosos también: "usted que está más cerca de Dios pídale..." Puede ser que esté más cerca pero no por ser sacerdote o religioso, sino porque vive en fidelidad a la voluntad de Dios, que es lo que Jesús nos dice en este Evangelio: "mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen", y eso lo tiene que hacer todo cristiano, y, por eso, cualquier puede estar más en Dios que uno que tiene un título.
Así la liturgia nos pone para que tomemos nota, frente a esta exigencia de Jesús, el Libro de los Proverbios donde, ya en el Antiguo Testamento, Dios iba dando consejos y sentencias acerca del accionar del hombre. Por eso os lo recomiendo para seguir leyendo la primera lectura e ir revisando nuestra vida para ver cómo vamos actuando, y, principalmente, hemos de tener en cuenta que no bastan los títulos o cargos para alcanzar el Cielo, sino ser Fieles a la Voluntad de Dios en amor.
lunes, 21 de septiembre de 2026
Lo vió, lo amó y lo eligió
Homilía de San Beda el Venerable, presbítero
Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Lo vio más con la mirada interna de su amor que con los ojos corporales. Jesús vio al publicano y, porque lo amó, lo eligió, y le dijo: Sígueme. Sígueme, que quiere decir: «Imítame». Le dijo: Sígueme, más que con sus pasos, con su modo de obrar. Porque, quien dice que permanece en Cristo debe vivir como vivió él.
El -continúa el texto sagrado- se levantó y lo siguió. No hay que extrañarse del hecho de que aquel recaudador de impuestos, a la primera indicación imperativa del Señor, abandonase su preocupación por las ganancias terrenas y, dejando de lado todas sus riquezas, se adhiriese al grupo que acompañaba a aquel que él veía carecer en absoluto de bienes. Es que el Señor, que lo llamaba por fuera con su voz, lo iluminaba de un modo interior e invisible para que lo siguiera, infundiendo en su mente la luz de la gracia espiritual, para que comprendiese que aquel que aquí en la tierra lo invitaba a dejar sus negocios temporales era capaz de darle en el cielo un tesoro incorruptible.
Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. La conversión de un solo publicano fue una muestra de penitencia y de perdón para muchos otros publicanos y pecadores. Ello fue un hermoso y verdadero presagio, ya que Mateo, que estaba destinado a ser apóstol y maestro de los gentiles, en su primer trato con el Señor arrastró en pos de sí por el camino de la salvación a un considerable grupo de pecadores. De este modo, ya en los inicios de su fe, comienza su ministerio de evangelizador que luego, llegado a la madurez en la virtud, había de desempeñar. Pero, si deseamos penetrar más profundamente el significado de estos hechos, debemos observar que Mateo no sólo ofreció al Señor banquete corporal en su casa terrena, sino que le preparó, por su fe y por su amor, otro banquete mucho más grato en la casa de su interior, según aquellas palabras del Apocalipsis: Estoy a la puerta llamando: si alguien oye y me abre, entraré y comeremos juntos.
Nosotros escuchamos su voz, le abrimos la puerta y lo recibimos en nuestra casa, cuando de buen grado prestamos nuestro asentimiento a sus advertencias, ya vengan desde fuera, ya desde dentro, y ponemos por obra lo que conocemos que es voluntad suya. Él entra para comer con nosotros, y nosotros con él, porque, por el don de su amor, habita en el corazón de los elegidos, para saciarlos con la luz de su continua presencia, haciendo que sus deseos tiendan cada vez más hacia las cosas celestiales y deleitándose él mismo en estos deseos como en un manjar sabrosísimo.
domingo, 20 de septiembre de 2026
Complicado de ver
"Jesús dijo a sus discípulos: «Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros, porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña. Trató con ellos un denario por día y los envío a su viña..."
Si hay una parábola complicada para entenderla o para aceptarla es esta la del viñador que paga a todos lo mismo, y, sobre todo, esto de que los últimos serán primeros y los primeros últimos... No terminamos de aceptar estas cuestiones que nos plantea Jesús, y, por supuesto, tampoco podré resolverlas del todo, sino que intentaré hacer una reflexión de lo que a mí, hoy, me parece luego de leer y leer con la Gracia del Espíritu, pues, seguramente a cada uno, como siempre, la Palabra nos dirá otras cosas.
Pero pensando en los primeros y los últimos lo asocié con la soberbia y la humildad, y al hacerlo apareció en la memoria el Magníficat, el cántico de María, cuando Ella dice: "Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes..."
Es que los vanidosos y soberbios siempre se creen los mejores, los primeros en todo y por eso creen que no necesitan de nadie, incluso, hasta los que se creen más religiosos pero "descartan" a Dios de sus vidas, quizás inconscientemente, pues ellos lo pueden todo. Más aún, muchas veces, no recurren al sacramento de la reconciliación porque no se creen pecadores, sino que son los mejores de la tierra, o no valoran tanto ese sacramento.
Y, por otro lado, están los que intentan vivir una sincera humildad. Digo sincera, porque también están los que la viven falsamente terminando en vanidad. Pero los que sinceramente viven la humildad (son los que no la predican con palabras) lo hacen desde esa condición de hijos pequeños que confían en el Padre, que necesitan al Padre y que, por esa razón, viven la disponibilidad a su Voluntad, y se dejan guiar por su mano. Por esa razón saben que todo lo que el Padre quiera o permita en sus vidas es por Amor y para su bien, por eso, siempre estarán fijos en los ojos del Padre y recibirán mucho más pues tienen el corazón más vacío de sí mismos, y así pueden ser llenos del Amor del Padre.
sábado, 19 de septiembre de 2026
Semilla que alimenta
Sermón de San Juan María Vianney “Cura de Ars” (s. XIX)
Si me preguntáis qué es lo que quiere decir Jesucristo al hablar de ese sembrador que salió de madrugada a esparcir la semilla en su campo, hermanos, os digo que ese sembrador es el mismo buen Dios que comienza a trabajar para nuestra salvación desde el comienzo del mundo enviándonos profetas antes de la venida del Mesías para enseñarnos que debíamos ser salvados. No se contentó enviándonos a sus servidores, sino que vino él mismo y nos señaló el camino que debíamos tomar, y nos anunció la palabra santa.
¿Sabéis lo que es una persona que no se alimenta de esta palabra santa? Se parece a un enfermo sin médico, a un viajero extraviado sin guía, a un pobre sin recursos. Es del todo imposible, hermanos, amar a Dios y contentarle sin alimentarse de esta palabra divina. ¿Qué es lo que puede llevar a ligarnos a él sino el conocerlo? ¿Y quién nos le hace conocer con todas sus perfecciones, sus bellezas y su amor por nosotros, si no es la Palabra de Dios que nos enseña todo lo que él ha hecho por nosotros y los bienes que nos prepara en la otra vida?
viernes, 18 de septiembre de 2026
Acompañando a Jesús
Alocución de San Juan Pablo II, papa (s. XX)
Es particularmente conmovedor meditar en la actitud de Jesús hacia la mujer: se mostró audaz y sorprendente para aquellos tiempos, cuando, en el paganismo, la mujer era considerada objeto de placer, de mercancía y de trabajo, y, en el judaísmo, estaba marginada y despreciada. Jesús mostró siempre la máxima estima y el máximo respeto por la mujer, por cada mujer, y en particular fue sensible hacia el sufrimiento femenino. Traspasando las barreras religiosas y sociales del tiempo, Jesús restableció a la mujer en su plena dignidad de persona humana ante Dios y ante los hombres.
¿Cómo no recordar sus encuentros con Marta y María, con la Samaritana, con la viuda de Naín, con la mujer adúltera, con la hemorroisa, con la pecadora en casa de Simón el fariseo? El corazón vibra de emoción al sólo enumerarlos. Y cómo no recordar sobre todo, que Jesús quiso asociar algunas mujeres a los Doce, que le acompañaban y servían y fueron su consuelo durante la vía dolorosa hasta el pie de la cruz? Y después de la resurrección Jesús se apareció a las piadosas mujeres y a María Magdalena, encargándole anunciar a los discípulos su resurrección. Deseando encarnarse y entrar en nuestras historia humana, Jesús quiso tener una Madre, María Santísima, y elevó así a la mujer a la cumbre más alta y admirable de la dignidad, Madre de Dios encarnado, Inmaculada, Asunta, Reina del cielo y de la tierra.
¡Por eso, vosotras, mujeres cristianas, debéis anunciar, como María Magdalena y las otras mujeres del Evangelio debéis testimoniar que Cristo ha resucitado verdaderamente, que El es nuestro verdadero y único consuelo! Tened, pues, cuidado de vuestra vida interior.
jueves, 17 de septiembre de 2026
El dolor del pecado
"Por eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le han sido perdonados. Por eso demuestra mucho amor. Pero aquel a quien se le perdona poco, demuestra poco amor".
Hermoso texto del Evangelio de hoy, no sólo por la escena que nos muestra sino por las enseñanzas que hay en él, pues creo que da para muchas cosas, pero me voy a quedar sólo con estas palabras de Jesús.
No siempre valoramos lo que significa en nuestras vidas el sacramento de la Reconciliación, la confesión sacramental. Digo que no siempre lo valoramos porque no siempre, creo, que nos confesamos verdaderamente de nuestros pecados, porque, en realidad, no todos tenemos verdadera conciencia de pecado. Nos confesamos, muchas veces, por rutina, por que está mandado, porque debo, pero no siempre tenemos verdadero dolor por nuestros pecados y por eso no sentimos el alivio de ser perdonados.
La rutina de la confesión nos hace ser, también, casi rutinarios para pecar pues lo hacemos teniendo en cuenta que vamos a ir a confesarnos y, por eso, se vuelve una rutina pecar y confesar, y, llegado el momento, ni siquiera nos detenemos a pensar por qué lo hacemos. Y eso nos quita el sentir el verdadero dolor de nuestros pecados.
Lo cual nos lleva a no experimentar, también, el dolor del pecado de nuestros hermanos y por eso no tenemos la capacidad de perdonar o pedir perdón como es debido. Jesús lo que le está reclamando a su anfitrión es también esa realidad: no expresa amor porque no se siente perdonado, y no se siente perdonado porque no ha sabido pedir perdón por sus pecados, y no siente que tenga que pedirlo porque no le duele su propio pecado, y, por eso mismo no agradece la Presencia de Aquél que puede perdonarlo.
Y así, por esa misma razón, no aprecia el valor de la Presencia de Jesús en su vida, no aprecia lo que la mujer está haciendo con Jesús y expresando con cada lágrima y gesto, porque él no experimentó ni el dolor de sus pecados, ni tampoco el gozo de saberse perdonado.
miércoles, 16 de septiembre de 2026
El sinsentido del amor y la vida
Hoy la liturgia nos presenta dos lecturas que con sólo escuchar o leer la primera línea ya sabemos de qué va todo: el himno de la caridad de san Pablo que lo tenemos súper escuchado en las bodas, y el evangelio de los jóvenes insatisfechos. Y las dos lecturas son hermosas para reflexionar largo y tendido.
Vamos con el himno de la caridad. La caridad que es sinónimo del Amor divino y no sólo de dar limosna, porque cuando uno piensa en caridad, piensa en Caritas, y piensa por eso en la limosna que puedo o no dar, en los actos caritativos que puedo o no hacer. Pero esos actos son quizás, el 0,01% de mi vida, y hasta, muchas veces, no se hacen por amor a los demás, sino para quedar bien en conciencia o bien frente a los demás, como dicen muchos: para tomarme la foto y mostrarla.
Pero el Himno de san Pablo va mucho más allá nos hace no sólo pensar en el hermoso amor matrimonial, sino que va más allá, en el amor que tengo que vivir todos los días y, por eso, se podría decir que tiene que ser un examen de conciencia riguroso en mi vida cristiana, pues es la medida del amor que me pide vivir el Señor.
¿Que no llegamos a vivir totalmente? Seguro, pero por eso no debemos dejar de intentar alcanzar la meta, y que cada día podamos recorrer más y mejor el sendero del Amor sin esperar que sean los otros los que tengan que comenzar, sino que sea yo el primero en llegar.
Y a esto del amor podemos unir el evangelio, pues así cómo el amor también hemos dejado sin sentido la vida, pues hemos hablado o escuchado tanto que todo se ha ido desfigurando con las nuevas corrientes ideológicas y nadie está convencido de lo que está viviendo, y son muy pocos los que han encontrado el verdadero sentido a la vida y al amor, pues han tenido el valor de mirar hacia arriba y encontrarse con el Señor.
Pero cuando eso no ocurre van probando esto y aquello, no me gusta como soy, no me gusta mi pelo, ni mi cuerpo, ni si soy varón o mujer, y por eso pruebo a ser perro, gato, o lo que sea para ver si encuentro la mejor parte de mi vida. Y en eso probar voy dejando muchas mejores opciones de vivir y de amar porque, en realidad, no he descubierto quién soy ni para lo que estoy, pues el mundo lo que quiere es que no sea y que no me encuentre y le estoy haciendo caso porque eso de Dios no es lo que me da placer.
Por eso, los que hemos encontrado el verdadero amor y sentido de la vida en el Amor a Dios vivamos intensamente y recorramos el verdadero Camino de la Vida para que otros puedan llegar a descubrirlo y gozar de los Dones de Dios.
martes, 15 de septiembre de 2026
El dolor de la Madre
Homilía de San Buenaventura, obispo (s. XIII)
La gloriosa Virgen ha pagado nuestro rescate como mujer valiente y animada por un amor de compasión hacia Cristo. En el evangelio de Juan se dice: «La mujer, cuando está apunto de dar a luz está triste porque ve venir su hora.» (Jn 16, 21).
La bienaventurada Virgen no ha experimentado los dolores de parto porque no había concebido a consecuencia del pecado como Eva, contra la que fue pronunciada la maldición. El dolor de la Virgen vino después, ha dado a luz en la cruz. Las otras mujeres conocen el dolor físico del alumbramiento, ella experimentó el del corazón. Las otras sufren por una alteración física, ella por la compasión y el amor.
La bienaventurada Virgen ha pagado nuestro rescate como mujer valiente y amando con amor de misericordia por el mundo y, sobre todo, por el pueblo cristiano. «¿Puede una madre olvidarse de su pequeño y no tener entrañas para el fruto de su seno? (cf Is 49, 14) Esto nos puede dar a entender que el pueblo cristiano todo entero ha salido de las entrañas de la gloriosa Virgen.
¡Qué Madre tan llena de amor que tenemos! ¡Hagámonos semejantes a ella e imitémosla en su amor! Ella tuvo compasión de nosotros hasta el punto de no considerar para nada la pérdida material y el sufrimiento físico. «Hemos sido rescatados pagando un precio.» (cf 1 Cor 6, 20).
lunes, 14 de septiembre de 2026
Árbol que sube al Cielo
Homilía de un Autor Griego (s. IV)
El árbol de la Cruz, es para mí el de la salvación eterna. Me alimenta y lo hago mi obsequio. En sus raíces me arraigo, y por sus ramas me extiendo; su rocío me purifica y su espíritu, como un viento deleitoso, me hace fecundo. A su sombra, he preparado mi tienda, y huyendo de los grandes calores, me parece un refugio de frescura. De sus flores que florezco, y de sus frutos hago mis grandes delicias; estos frutos que me estaban reservados desde el origen, me producen un gozo sin límite. Cuando me estremezco ante Dios, este árbol me protege; cuando tiemblo, es mi apoyo; es el precio de mis combates y el trofeo de mis victorias. Es para mí el camino estrecho, el sendero tortuoso, la escala de Jacob recorrida por los ángeles, en la cumbre de la cual se apoya realmente el Señor (Mt 7, 14; Gn 28, 12).
Este árbol, de dimensiones celestes, ascendió de la tierra hasta los cielos, planta inmortal fijada entre el cielo y la tierra. Apoyo de todas las cosas, el apoyo del universo, soporte del mundo habitado, que abarca el cosmos y reúne los elementos variados de la naturaleza humana. Él mismo, soporte invisible del Espíritu, para que ajustado a lo divino no sea nunca más separado. Por su cima, toca el cielo, reforzando la tierra por sus pies y rodeado de todos lados por sus brazos enormes, los espacios innumerables de la atmósfera, es todo en todo y por doquier.
El universo fácilmente se perturba, y estremece de terror ante la Pasión, si el gran Jesús no le hubiera infundido el Espíritu divino diciendo: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu» (Lc 23, 46). Todo estaba acabado, pero cuando el espíritu divino se remontó, el universo fue en cierto modo reavivado, vivificado, y ha encontrado una estabilidad firme. Le sirvió a Dios de base para todo y en todas partes, y la Crucifixión se extendió a través todas las cosas.
domingo, 13 de septiembre de 2026
Perdonar las ofensas
El pecado original nos ha dejado tan maltrechos que no nos damos cuenta, muchas veces, que actuamos muy mal, y, sobre todo, porque creemos que lo que estamos haciendo lo hacemos muy bien.
Si leemos las lecturas con conciencia y mirándonos a nosotros mismos, nos vamos a dar cuenta qué cosas estamos haciendo muy mal, y, sobre todo, teniendo en cuenta lo que rezamos cada día: "perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden".
En eso se basan las lecturas de hoy: en no ofender, en no buscar venganza, en no guardar rencor, en dar más de lo que recibimos, y, sobre todo, en vivir en Jesús para poder amar como Él nos amó.
Es cierto que no siempre los demás se comportan como Dios manda, pero tampoco nosotros nos comportamos bien. Y si en ese ciclo de dijo tal cosa, hizo tal otra, etc., comenzamos un círculo vicioso de palabras, hechos y más cosas contra los demás, en donde las palabras se convierten en dagas afiladas para hacer el mayor daño posible, entonces, no estoy viviendo el mandamiento del amor y no estoy pensando en que ese daño que quiero hacerle a la otra persona también me lo estoy haciendo a mí.
Por eso el Señor nos está enseñando a perdonar. Una tarea que no es fácil, pero tampoco imposible. Para poder llevarla a cabo no tenemos que dejar que las ofensas penetren en mi corazón y me quiten la paz, sino saber que nada que venga de fuera del hombre nos hace daño, sino todo lo que queda en el corazón es lo que va dañando mi espíritu y mi fidelidad al Señor.
Así cuanto más deje entrar la Gracia y el Espíritu de Jesús, más podré perdonar para ser perdonado, más podre amar para ser amado, más paz habrá en mi corazón cuando sólo deseo la paz en los demás, y ante cada injusticia sea un instrumento de paz y no de discordia, ni tampoco sembrador cizaña, porque siempre tengo en cuenta que le pido al señor que "perdone mis ofensas así como yo perdono a los que me ofenden".
sábado, 12 de septiembre de 2026
Llenar el corazón
«No hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno; por ello, cada árbol se conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos.
El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la boca".
¿Cuáles son los frutos de mi vida? ¿Qué cosas salen de mi boca? ¿Cómo es mi relación con los demás? Son preguntas que nos tenemos que hacer cuando hacemos el examen de conciencia para ir al Encuentro con el Señor, y, sobre todo, al encuentro con mis hermanos. Porque así como trato a mis hermanos el Señor me tratará a mí ¿lo has pensado? ¿Por qué? Porque así lo dijo Él: "lo que hacéis con uno de estos mis hermanos a Mí me lo hacéis?" Y tú te preguntarás ¿quiénes son los pequeños hermanos del Señor? Todos somos los pequeños hermanos del Señor, porque en cada uno de nosotros está el Señor, por eso, así como tratamos a nuestros hermanos el Señor está viendo.
Pero, sobre todas las cosas, tenemos que ir viendo cómo o con qué llenamos nuestro corazón, porque de la abundancia de lo que hay en él hablarán nuestros labios.
Muchas veces nos llenamos de rencores, de cosas que nos han dicho o que hemos escuchado, de pensamiento que hemos tenido y que nos ha hecho daño, y vamos dejando que se acumulen en el corazón restos de malos deseos, de envidias, de rencores, de sensaciones hacia los demás, y, por eso "descargamos" nuestros maldades con los demás. Y, muchas veces, nos encarnizamos con alguien y vamos una y otra vez contra la misma persona. ¿Cómo habla eso de nosotros? Porque, como dice por ahí: las palabras hablan más de quien las dice de quién la recibe.
Busca siempre descansar en el Señor, que todos esos malos sentimientos los purifiques con el sacramento de la penitencia y reconciliación para que tu corazón esté siempre lleno del Amor del Señor y puedas sembrar paz, amor, justicia, fraternidad, alegría, esperanza que son los frutos del Espíritu en nosotros.
viernes, 11 de septiembre de 2026
Corrige a tu hermano
Sermón de San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia (s. V)
«¿Cómo dices a tu hermano: “Deja que te saque la mota del ojo, si tienes una viga en el tuyo”? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo y entonces podrás ver para sacar la mota del ojo de tu hermano.» (Mt 7,3ss). Es decir: sacúdete de encima el odio. Entonces podrás corregir a aquel que amas. El evangelio dice con razón «hipócrita». Reprender los vicios es propio de los hombres justos y buenos. Cuando lo hacen los malvados usurpan el papel de los buenos. Hacen pensar en los comediantes que esconden su identidad detrás de una máscara…
Cuando estamos obligados a corregir o a reprender, prestemos atención escrupulosa a la siguiente pregunta: ¿No hemos caído nunca en esta falta? ¿Nos hemos curado de ella? Aun si nunca la hubiésemos cometido, acordémonos de que somos humanos y de que hubiéramos podido caer en ella. Si, por el contrario, la hemos cometido en el pasado, acordémonos de nuestra fragilidad para que la benevolencia nos guíe en la corrección o la reprensión y no el odio. Independientemente de que el culpable se enmiende o no —el resultado siempre es incierto—, por lo menos podremos estar seguros de que nuestra mirada sobre él se ha mantenido pura. Pero, si en nuestra introspección descubrimos el mismo defecto que pretendemos reprender en el otro, en lugar de corregirlo, lloremos con el culpable. No le pidamos que nos obedezca, sino invitémosle a que nos acompañe en nuestro esfuerzo de corregirnos.
El Señor, en este pasaje, nos pone en estado de alerta contra el juicio temerario e injusto. Él quiere que actuemos con un corazón sencillo y que sólo a Dios dirijamos nuestra mirada. Puesto que el verdadero móvil de muchas acciones se nos escapa, sería temerario hacer juicios sobre ellas. Los que más prontamente y de manera temeraria juzgan y censuran a los demás son los que prefieren condenar antes que corregir y conducir al bien, y esto denota orgullo y mezquindad… Un hombre, por ejemplo, peca por cólera; tú le reprendes con odio. La misma distancia hay entre la cólera y el odio que entre la mota y la viga. El odio es una cólera inveterada que, con el tiempo, ha tomado esta gran dimensión y que, justamente, merece el nombre de viga. Puede ocurrirte que te encolerices deseando corregir, pero el odio no corrige jamás. Primeramente echa lejos de ti el odio; después podrás corregir al que ama.
jueves, 10 de septiembre de 2026
Amor a los enemigos
De Santa Teresita del Niño Jesús, doctora de la Iglesia (s. XIX)
El Señor explica en el Evangelio en qué consiste su mandamiento nuevo. Dice en san Mateo: “Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen” (Mt 5, 43-44). La verdad es que en el Carmelo una no encuentra enemigos, pero sí que hay simpatías. Se siente atracción por una hermana, mientras que ante otra darías un gran rodeo para evitar encontrarte con ella, y así, sin darse cuenta, se convierte en motivo de persecución. Pues bien, Jesús me dice que a esa hermana hay que amarla, que hay que rezar por ella, aun cuando su conducta me indujese a pensar que ella no me ama: “Pues si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman”(Lucas, 6).
Y no basta con amar, hay que demostrarlo. Es natural que nos guste hacer un regalo a un amigo, y sobre todo que nos guste dar sorpresas. Pero eso no es caridad, pues también los pecadores lo hacen. Y Jesús nos dice también: “A todo el que te pide, dale, y al que se lleve lo tuyo no se lo reclames”. Dar a todas las que pidan gusta menos que ofrecer algo una misma por propia iniciativa.
Si es difícil dar a todo el que nos pide, lo es todavía mucho más dejar que nos cojan lo que nos pertenece, sin reclamarlo. Digo, Madre, que es difícil, pero debería más bien decir que parece difícil, pues el yugo del Señor es suave y ligero (Mt 11, 30). Cuando lo aceptamos, sentimos enseguida su suavidad y exclamamos con el salmista: “Corrí por el camino de tus mandatos cuando me ensanchaste el corazón” (Ps 118, 32). Sólo la caridad puede ensanchar mi corazón. Y desde que esta dulce llama lo consume, Jesús, corro alegre por el camino de tu mandato nuevo (Jn. 13, 34)
miércoles, 9 de septiembre de 2026
Bienaventurados!
Meditación de San Carlos de Foucauld (s. XIX)
Confiemos, esperemos, nosotros todos que lloramos, que derramamos lágrimas inocentes; esperemos, si lloramos los dolores de nuestro cuerpo o de nuestra alma: nos sirven de purgatorio, Dios se sirve de eso para que levantemos los ojos hacia él, nos purifiquemos y santifiquemos.
Confiemos todavía más si lloramos los dolores de otros, porque esta caridad nos es inspirada por Dios y le agrada; confiemos también si lloramos nuestros pecados, porque esta compunción la pone Dios mismo en nuestras almas. Confiemos todavía más si lloramos con un corazón puro los pecados de otros, porque este amor por la gloria de Dios y la santificación de las almas nos son inspiradas por Dios y esto es una gracia.
Confiemos, si lloramos por el deseo de ver a Dios y el dolor por estar separados de Él; porque este deseo amoroso es obra de Dios en nosotros. ¡Confiemos también si lloramos solamente porque amamos, sin desear ni temer nada, queriendo plenamente todo lo que Dios quiere y queriendo sólo esto, la dicha de su gloria, sufriendo de sus sufrimientos pasados, llorando unas veces de compasión por el recuerdo de su Pasión, y otras de alegría con el pensamiento de su Ascensión y de su gloria, y otras simplemente de emoción porque le amamos hasta morir de amor!
Oh Jesús dulcísimo, hazme llorar por todo esto; hazme derramar todas las lágrimas que manifiesten mi amor hacia ti, por ti y para ti. Amén.
martes, 8 de septiembre de 2026
Sobre su nacimiento
Homilía de Ruperto de Deutz, monje benedictino (s. XII)
Se nos lee la genealogía de Cristo en san Mateo. Esta costumbre, tradicional en la santa Iglesia, tiene un bello y misterioso motivo. Porque en verdad esta lectura nos presenta la escalera que Jacob vio de noche durante un sueño (Gn 28, 11s). En lo alto de esta escalera, que por la parte alta tocaba al cielo, el Señor, apoyado en ella, se apareció a Jacob y le prometió darle en herencia la tierra. Ahora bien, sabemos que «estas cosas sucedieron en figura para nosotros» (1Co 10, 11), ¿Qué prefiguraba, pues, esta escalera sino la casta de la que Jesucristo debía nacer, casta que el santo evangelista, con boca divina, ha hecho subir de manera tal que acaba en Cristo pasando por José? Es en este José a quien Jesús, niño pequeño, se apoyó. A través de la «puerta del cielo» (Gn 28, 17), es decir, por la Bienaventurada Virgen María, hecho niño por nosotros, salió gimiendo. Durante el sueño, Jacob oyó que el Señor le decía: «Todas las naciones del mundo se llamarán benditas por causa tuya» y ahora por el nacimiento de Cristo, se cumple esta realidad.
Es esto mismo lo que el evangelista veía cuando puso en su genealogía a Rahab la prostituta y a Ruth la moabita; porque veía muy claro que Cristo no vino en la carne solamente para los judíos, sino también para los paganos, él que se digno recibir antepasadas salidas de entre los paganos. Venidos, pues, de los dos pueblos, judíos y paganos, como los dos lados de la escalera, los padres antiguos, situados a diferentes grados, sostienen a Cristo Señor que sale de lo alto de los cielos. Y todos los santos ángeles bajan y suben a lo largo de esta escalera, y todos los elegidos entran, primero, en el movimiento de descenso de esta escalera para recibir, humildemente, la fe en la encarnación del Señor, y seguidamente son elevados a fin de contemplar la gloria de su divinidad.
lunes, 7 de septiembre de 2026
Sin descuidar lo importante
San Ambrosio, obispo y doctor de la Iglesia (s. IV)
La mano que Adán había alargado para coger el fruto del árbol prohibido, el Señor la impregnó de la savia saludable de las buenas obras, a fin de que, secada por la falta, fuera curada por las buenas obras. En esta ocasión Jesús acusa a sus adversarios que, con su falsas interpretaciones, violaban los preceptos de la Ley; ellos defendían que en día de sábado era preciso no hacer ni tan sólo buenas obras, siendo así que la Ley, que prefiguraba en el presente lo que debía ser en el futuro, dice, ciertamente, que es el mal el que no debe trabajar, pero no el bien.
Has oído las palabras del Señor: «Extiende el brazo». Este es el remedio para todos. Y tú que crees tener sana la mano, vigila la avaricia, vigila que el sacrilegio no la paralice. Extiéndela a menudo: extiéndela hacia el pobre que te suplica, extiéndela para ayudar al prójimo, para socorrer a la viuda, para arrancar de la injusticia al que ves sometido a una vejación inmerecida; extiéndela hacia Dios por tus pecados. Es de esta manera que se extiende la mano; es de esta manera que sana
domingo, 6 de septiembre de 2026
Corrección con amor
"Hermanos:
A nadie le debáis nada, más que amor mutuo; porque el que ama ha cumplido el resto de la ley. De hecho, el «no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás», y cualquiera de los otros mandamientos, se resume en esto:
«Amarás a tu prójimo como a ti mismo».
El amor no hace mal a su prójimo; por eso la plenitud de la ley es el amor".
Se podría decir que la exhortación que hace Dios por el Profeta Ezequiel y lo que nos pide Jesús en el Evangelio se sintetizan, o encuentran su respuesta en esta recomendación de san Pablo.
Cuando se ama de verdad se está atento al hermano, sea quien sea, y se intenta ayudarlo para que encuentre el Camino de la conversión, el camino de la Vida, pues cuando se ama al otro intentamos cuidarlo de sus caídas, ayudarlo a levantarse, acompañarlo en el camino de retorno al Padre.
Claro está que el amor tiene que ser verdadero hacia el otro, porque cuando uno se ama a sí mismo, fruto del egoísmo y del egocentrismo, entonces lo que voy a hacer será reprenderlo porque lo que está haciendo no me gusta a mí, o yo creo que tendría que ser de otro modo, y eso jamás ayudará a mi hermano a ser lo que Dios quiere que sea.
La corrección fraterna al hermano que se refiere Jesús es cuando veo que su vida está yendo fuera de la Voluntad de Dios, que no está viviendo conforme a los mandamientos o a los consejos evangélicos y quiero, en verdad y por amor, ayudarlo a salvar su alma.
Por eso, cuando voy a confesarme con el sacerdote, él tiene que guardar sigilo sacramental de los pecados del penitente, porque eso también entra dentro de la corrección fraterna. Debo velar para que sus errores y pecados no sean conocidos más que por el Padre del Cielo que conoce los secretos del corazón. Y esa confesión es la que sana y salva, sana porque nos da la Gracia para sanar el dolor que el pecado produce en el alma, y nos ayuda a seguir caminando hacia nuestra santidad y salvación.
Así, en la corrección fraterna entre hermanos tengo que comenzar hablando en privado para no dar a conocer los errores de mi hermano para ayudarlo a cambiar, y no comenzar por el final haciendo un chusmerío a todo el mundo de lo que yo considero sus pecados.
sábado, 5 de septiembre de 2026
Amor en acción
Relatos de la Madre Teresa de Calcuta
Hace unas semanas, dos jóvenes vinieron a nuestra casa para ofrecerme mucho dinero para dar de comer a la gente. En Calcuta damos de comer a 9 mil personas al día. Querían que el dinero se destinara para alimentar a esta gente. Les pregunté: «¿De dónde han sacado tanto dinero?». Ellos me respondieron: «Nos acabamos de casar hace dos días. Antes de la boda, decidimos que no compraríamos trajes para la ceremonia ni para la fiesta. Queremos darles a ustedes el dinero». Para un hindú de clase alta esto es un escándalo.
Muchos se quedaron totalmente sorprendidos al ver cómo una familia de ese nivel no había comprado trajes ni había organizado fiestas con motivo de la boda. Después les pregunté: «¿Por qué lo han hecho?».
Esta fue la extraña respuesta que me dieron: «Nos amamos tanto que queríamos dar algo a otros para comenzar nuestra vida en común con un sacrificio». Me impresionó mucho el constatar cómo estas personas estaban hambrientas de Dios. Una manera de manifestarse el amor mutuo era hacer ese sacrificio enorme. Estoy segura de que los occidentales no pueden entender lo que significa esto. En nuestro país, en la India, sabemos lo que significa no tener vestidos y fiestas para la boda. Sin embargo, estos dos jóvenes tuvieron el valor de comportarse así. Esto es verdaderamente un amor en acción. Y, ¿donde comienza este amor? En la propia casa. ¿Cómo comienza? Rezando juntos. Una familia que reza unida permanece unida. Y, si permanece unida, entonces se amarán unos a otros como Dios nos ama.
En una ocasión, por la tarde, un hombre vino a nuestra casa para contarnos el caso de una familia hindú de ocho hijos. No habían comido desde hacía ya varios días. Nos pedía que hiciéramos algo por ellos. De modo que tomé algo de arroz y me fui a verlos. Vi cómo brillaban los ojos de los niños a causa del hambre. La madre tomó el arroz de mis manos, lo dividió en dos partes y salió. Cuando regresó le pregunté qué había hecho con una de las dos raciones de arroz. Me respondió: «Ellos también tienen hambre». Sabía que los vecinos de la puerta de al lado, los musulmanes, tenían hambre.Quedé más sorprendida de su preocupación por los demás que por la acción en sí misma. En general, cuando sufrimos y cuando nos encontramos en una grave necesidad no pensamos en los demás. Por el contrario, esta mujer maravillosa, débil, pues no había comido desde hacía varios días, había tenido el valor de amar y de dar a los demás, tenía el valor de compartir.
Frecuentemente me preguntan cuándo terminará el hambre en el mundo. Y yo respondo: «Cuando tú y yo aprendamos a compartir». Cuanto más tenemos, menos damos. Cuanto menos tenemos, más podemos dar.
viernes, 4 de septiembre de 2026
Administradores fieles
"Hermanos:
Que la gente solo vea en nosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora, lo que se busca en los administradores es que sean fiel".
Cuando descuidamos nuestra relación con Dios, con el Padre, o con el Hijo, y, sobre todo con el Espíritu, nos vamos adueñando de los bienes que Ellos nos han regalado para distribuir y es ahí cuando ya no nos consideramos administradores de los bienes de Dios, sino que nos hacemos dueños de la Gracia. Somos nosotros quienes decidimos a quien sí y a quien no le corresponde tal o cual gracia, nos convertimos en dueños, jueces y verdugos de los demás, siendo que debemos ser hermanos y servidores de nuestros hermanos.
El pecado original nos ha dañado tanto y el príncipe de este mundo está tan ávido de destruir la obra de Dios que cada día nos tienta sin darnos cuenta y nos hace caer en la trampa de siempre: el apetito de poder que se apodera de nosotros y nos impide ser fieles a la Voluntad de Dios y nos hacemos fieles a nuestros propios gustos, instintos, deseos, apetitos, etc. Dejamos de lado la verdad, lo bueno, lo que debemos hacer por lo que queremos hacer y por lo que queremos ser sin tener en cuenta lo que Dios nos está mostrando y pidiendo que vivamos.
Por eso, cuando Jesús nos habla de los remiendos se refiere a esto: no siempre nos convertimos en nuevas personas, sino que vamos poniendo algunos remiendos a nuestra vida sin tener en cuenta que esos remiendo se caen, se rompen, y dejar a la vista lo que verdaderamente somos.
«Nadie recorta una pieza de un manto nuevo para ponérsela a un manto viejo; porque, si lo hace, el nuevo se rompe y al viejo no le cuadra la pieza del nuevo.
Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque, si lo hace, el vino nuevo reventará los odres y se derramará, y los odres se estropearán.
A vino nuevo, odres nuevos".
Y eso es lo difícil en nuestra vida: mantenernos fieles a la Voluntad de Dios que nos exige, día a día, un paso más en la conversión del corazón para que la novedad del Evangelio permanezca viva y eficaz en nuestras vidas, para que lo que el Padre quiere que hagamos y transmitamos sea Su Palabra y no la nuestra, pues su Palabra da Vida y la nuestra no.
jueves, 3 de septiembre de 2026
Necios o sabios...
"Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio.
Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, como está escrito: «Él caza a los sabios en su astucia». Y también: «El Señor penetra los pensamientos de los sabios y conoce que son vanos».
Estas exhortaciones paulinas me han hecho acordar de algunos vicios que nos suceden a los hombres de profesión, por ejemplo, alguna vez me han hablado del complejo de dios que se da en los médicos, creyéndose, algunos, que son ellos quienes dan la vida y la muerte. Algo parecido nos pasa a los sacerdotes con el completo del Salvador, creyendo que somos los únicos que salvamos a las personas. Y, por supuesto, que a muchos cristianos les pasa con el complejo de querer ser más papistas que el Papa. Y así nos sucede a todos cuando no nos damos cuenta que nuestra sabiduría no sirve para nada, y, sobre todo, que Dios hay uno sólo y el Salvador es Cristo, los demás somos instrumentos en sus manos.
"Así, pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vuestro: Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios".
Por eso, cuando ocupamos el lugar de Dios, o cuando dejamos de lado a Dios y vamos por nuestra propia cuenta, es cuando destruimos todo lo que podría ser bueno, todo lo que podría llevarnos a Dios y a la salvación, lo corrompemos gracias a nuestro egoísmo, soberbia y vanidad.
Y ¿cuál es el camino? Nos lo muestra en el Evangelio.
"Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
«Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca».
Respondió Simón y dijo:
«Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».
Aunque creamos que sabemos hemos de dejar al Maestro que nos indique qué es lo que tenemos que hacer, pues es Él quien tiene el poder de hacer milagros, nosotros no lo tenemos, el único poder que tenemos es el de disponer nuestro corazón para ser buenos instrumentos, o el poder de pecar y estropear la Obra de Dios. Sólo en la humildad de reconocer nuestra pequeñez como instrumentos en Sus Manos podremos seguir construyendo el Reino en la tierra.
miércoles, 2 de septiembre de 2026
No ser humanos
Continúa san Pablo, en la carta a los corintios, haciendo la distinción entre lo humano y lo espiritual:
"Hermanos, no pude hablaros como espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Por eso, en vez de alimento sólido, os di a beber leche, pues todavía no estabais para más. Aunque tampoco lo estáis ahora, pues seguís siendo carnales. En efecto, mientras haya entre vosotros envidias y contiendas, ¿no es que seguís siendo carnales y que os comportáis al modo humano?".
Es cierto que todos los que formamos una comunidad cristiana somos humanos, no hay ángeles, ni superhéroes, ni extraterrestres, ni zombies, ni nada de eso que no sea humano. Y, uno podría decir: ¡claro que tenemos que actuar como humanos! Pues no, no tenemos que actuar como humanos, sino como cristianos, y ahí está diferencia que tenemos que descubrir en nuestras vidas. ¿estamos actuando como cristianos o como humanos?
No es que los humanos no sepan actuar, no es que los que no hayan recibido el bautismo no sean buenas personas, en absoluto, sino que, por la Gracia Bautismal, los cristianos tenemos o tendríamos que vivir a la manera de Cristo y no a la manera humana. Tendríamos que superar los egoísmos, las envidias, las contiendas, las disputas, y tantas cosas que surgen de modo instintivo en el hombre, y que, si lo viviéramos desde el el Espíritu y el mandamiento de Jesús sería diferente porque estaríamos por encima de todo eso, y si llegáramos a descubrirlo en nuestras vidas, rápidamente, buscaríamos el modo de erradicarlo y convertirnos para continuar el camino de santidad.
Y, ahí está el meollo de la cuestión: ser santos. No es una opción que nos da el Señor, sino que es a lo que debemos aspirar pues el Espíritu nos ha santificado el día de nuestro bautismo y nos ha dado todo lo necesario para alcanzarla, pero lo que falta es lo que tenemos que poner nosotros de disponibilidad para vivir la Voluntad de Dios aquí en la tierra como en el cielo.
martes, 1 de septiembre de 2026
Nos vamos alejando
"Cuando explicamos verdades espirituales a hombres de espíritu, no las exponemos en el lenguaje que enseña el saber humano, sino en el que enseña el Espíritu. Pues el hombre natural no capta lo que es propio del Espíritu de Dios, le parece una necedad; no es capaz de percibirlo, porque sólo se puede juzgar con el criterio del Espíritu".
Muchas veces nos encontramos con personas que no son creyentes, que no creen en Dios o no creen en Cristo o no creen en la Iglesia, pero igual se ponen a juzgar nuestras vidas, nuestros credos, nuestra fe. ¿Por qué lo hacen? Porque no entienden y nunca van a entender la cosas del Espíritu porque no tienen el Espíritu de Dios, y por eso, lo único que les sale hacer es ponerse a criticar lo que no conocen o lo que creen conocer. Pero como dice Pablo no llegarán nunca a conocer lo que viene del Espíritu porque no viven en el Espíritu.
Y lo mismo nos puede pasar a nosotros, los que decimos que vivimos en el Espíritu, si no alimentamos nuestro espíritu con las cosas de Dios. Por eso mismo vemos muchos cristianos que se quejan de esto o de aquello, que no les gustan los consejos del Evangelio, que no quieren vivir la Voluntad de Dios. ¿Por qué? Porque se han alejado del Espíritu de Dios y juzgan todo desde lo natural, desde el gusto personal, desde los instintos naturales porque han perdido la relación con Dios, y no han sabido madurar en el espíritu de Dios.
Permanecer en Dios, Amar a Dios es vivir según Dios, y eso no se puede hacer si no nos alimentamos de Dios, si no recibimos la Gracia de los Sacramentos, especialmente la Reconciliación y la Eucaristía que son los que sostienen nuestra vida en el Espíritu. Así, poco a poco vamos perdiendo de vista las cosas de Dios, vamos alejándonos de su Espíritu y todo lo juzgamos con mentalidad terrenal y no aceptamos la Voluntad de Dios, volviéndonos tan terrenales que ya no somos testigos del Amor de Dios, no somos testigos de la alegría de vivir el Evangelio.
lunes, 31 de agosto de 2026
El poder de Dios
"También yo me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios".
Hay, en esta frase de Pablo a los corintios, algunos datos que nos hablan de cómo deberíamos ser los cristianos, los apóstoles de Cristo, y no me estoy refiriendo sólo a los sacerdotes y religiosos, sino a todos los que, por el bautismo, hemos sido llamados a evangelizar, a llevar la Buena Noticia del Evangelio por todo el mundo.
¿Por qué Pablo dice que se presentó débil y temblando de miedo? Yo creo que por varias cosas, por un lado había sido el gran perseguidor de los cristianos y, seguramente, tenía el miedo de que eso la gente lo tuviera en cuenta y podrían actuar en su contra porque así somos: pedimos la conversión de los pecadores pero una vez que se convierten siempre le hacemos acordar que fueron pecadores. Y débil porque se había dado cuenta que él no tenía la fuerza para predicar si esa fuerza no le hubiera sido dada por el Espíritu, pues su conversión lo llevó a descubrirse así frente a la fortaleza del Mensaje.
Un Mensaje que él recibió personalmente de Jesús haciendo que todo lo que sabía de antes sobre la Ley y los Profetas fuera, por él, considerado como basura porque sólo le servía para no escuchar a Dios, y Dios le habló y cambió su corazón y su forma de pensar.
Por todo eso y por mucho más afirma con toda razón: "mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana", sino en la manifestación y el poder del Espíritu". Esa ha sido la mayor experiencia de san Pablo y es a la que hemos de aspirar todos nosotros: dejarnos guiar por el Espíritu, dejarnos enseñar por el Espíritu, dejarnos transformar por el Espíritu.
Sí, es una canción que se canta bastante en la Iglesia, pero cuando el Espíritu quiere transformarnos, guiarnos o llevarnos por donde el Padre quiere hacemos retranca y decimos ¡No! eso no es para mí. Y es ahí cuando arruinamos la predicación y el mensaje porque en realidad hemos hablado mucho y hemos vivido poco.
Por eso finaliza Pablo: "para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría humana, sino en el poder de Dios". Porque el único que salva es Dios y no los hombres, y así lo dijo Él: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, nadie va al Padre si no es por Mí".
domingo, 30 de agosto de 2026
Os hablo como hermano
De la Carta a los Efesios de San Ignacio de Antioquía, obispo y mártir
Ignacio, por sobrenombre Teóforo, a la bendecida con plenitud de bendición por la majestad de Dios Padre, a la predestinada antes de los siglos a ser enteramente objeto de una gloria permanente, inmutable, unida y escogida mediante un sufrimiento real, por voluntad del Padre y de Jesucristo, nuestro Dios; a la iglesia digna de todo encomio establecida en Éfeso de Asia, mi cordialísimo saludo en Jesucristo y en una alegría sin tacha.
Significativo en Dios me ha parecido vuestro sugestivo nombre, nombre que habéis conquistado en buena lid por vuestra fe y caridad en Cristo Jesús, nuestro Salvador. Imitadores como sois de Dios, vivificados por la sangre de Dios, habéis realizado una obra de verdadera fraternidad cristiana. Pues apenas os enterasteis de que yo venía procedente de Siria, encadenado por el nombre común y por nuestra común esperanza, esperando, gracias a vuestras oraciones, tener la dicha de luchar con las fieras en Roma, para poder de este modo llegar a ser verdadero discípulo, os apresurasteis a venir a mi encuentro. Porque fue realmente a toda vuestra comunidad a la que yo recibía, en nombre de Dios, en la persona de Onésimo, varón de una caridad increíble y obispo vuestro según la carne, a quien os ruego améis según Jesucristo y os esforcéis todos por asemejaros a él. Bendito el que os ha concedido la gracia de ser dignos de tal obispo.
Respecto a Burro, mi compañero de servicio, diácono vuestro según Dios, y una auténtica bendición de Dios, me gustaría que permaneciera a mi lado: sería una honra para vosotros y para vuestro obispo. En cuanto a Croco, digno de Dios y de vosotros, a quien yo recibí como una prueba de vuestra caridad, me ha servido de gran consuelo. Que el Padre de Jesucristo le conforte también a él, juntamente con Onésimo, Burro, Euplo y Frontón, en cuyas personas os he visto a todos, en la caridad. ¡Ojalá pudiera gozar para siempre de vosotros, si es que me consideráis digno! Es justo que vosotros glorifiquéis de todas las maneras a Jesucristo, que os ha glorificado a vosotros, de modo que, unidos en una perfecta obediencia, sumisos a vuestro obispo y al colegio presbiteral, seáis en todo santificados.
No os hablo con autoridad, como si fuera alguien. Pues, aunque estoy encarcelado por el nombre de Cristo, todavía no he llegado a la perfección en Jesucristo. Ahora, precisamente, es cuando empiezo a ser discípulo suyo y os hablo como a mis condiscípulos. Porque lo que necesito más bien es ser fortalecido por vuestra fe, por vuestras exhortaciones, vuestra paciencia, vuestra ecuanimidad.
Pero, como el amor que os tengo me obliga a hablaros también acerca de vosotros, por esto me adelanto a exhortaros a que viváis unidos en el sentir de Dios. En efecto, Jesucristo, nuestra vida inseparable, expresa el sentir del Padre, como también los obispos, esparcidos por el mundo, son la expresión del sentir de Jesucristo.
sábado, 29 de agosto de 2026
Precursor del nacimiento y de la muerte
Homilía de San Beda el Venerable, presbítero
El santo Precursor del nacimiento, de la predicación y de la muerte del Señor mostró en el momento de la lucha suprema una fortaleza digna de atraer la mirada de Dios, ya que, como dice la Escritura, la gente pensaba que cumplía una pena, pero él esperaba de lleno la inmortalidad. Con razón celebramos su día natalicio, que él ha solemnizado con su martirio y adornado con el fulgor purpúreo de su sangre; con razón veneramos con gozo espiritual la memoria de aquel que selló con su martirio el testimonio que había dado del Señor.
No debemos poner en duda que san Juan sufrió la cárcel y las cadenas y dio su vida en testimonio de nuestro Redentor, de quien fue precursor, ya que, si bien su perseguidor no lo forzó a que negara a Cristo, sí trató de obligarlo a que callara la verdad; ello es suficiente para afirmar que murió por Cristo.
Cristo, en efecto, dice: Yo soy la verdad; por consiguiente, si Juan derramó su sangre por la verdad, la derramó por Cristo; y él, que precedió a Cristo en su nacimiento, en su predicación y en su bautismo, anunció también con su martirio, anterior al de Cristo, la pasión futura del Señor.
Este hombre tan eximio terminó, pues, su vida derramando su sangre, después de un largo y penoso cautiverio. Él, que había evangelizado la libertad de una paz que viene de arriba, fue encarcelado por unos hombres malvados; fue encerrado en la oscuridad de un calabozo aquel que vino a dar testimonio de la luz y a quien Cristo, la luz en persona, dio el título de «lámpara que arde y brilla»; fue bautizado en su propia sangre aquel a quien fue dado bautizar al Redentor del mundo, oír la voz del Padre que resonaba sobre Cristo y ver la gracia del Espíritu Santo que descendía sobre él. Mas, a él, todos aquellos tormentos temporales no le resultaban penosos, sino más bien leves y agradables, ya que los sufría por causa de la verdad y sabía que habían de merecerle un premio y un gozo sin fin.
La muerte -que de todas maneras había de acaecerle por ley natural- era para él algo apetecible, teniendo en cuenta que la sufría por la confesión del nombre de Cristo y que con ella alcanzaría la palma de la vida eterna. Bien dice el Apóstol: A vosotros se os ha concedido la gracia de estar del lado de Cristo, no sólo creyendo en él, sino sufriendo por él. El mismo Apóstol explica, en otro lugar, por qué sea un don el hecho de sufrir por Cristo: Los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá.
viernes, 28 de agosto de 2026
Para empezar...
En este día de san Agustín la liturgia nos presenta dos lecturas que tienen demasiado contenido para reflexionar, hay mucho alimento tanto en la carta de san Pablo como en el Evangelio. Yo pienso sólo dos cosas y las demás las pensáis vosotros por vuestra cuenta porque sino tendría que escribir mucho.
De la carta de san Pablo me quedo con la primer frase:
"No me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.
Pues el mensaje de la cruz es necedad para los que se pierden; pero para los que se salvan, para nosotros, es fuerza de Dios".
Y de estas dos frases dos cosas.
Pablo dice que no lo envió Jesús a bautizar, y eso es una gran verdad. ¿Cómo? Sí, porque el bautismo es el resultado de una decisión libre que toma la persona luego de haber escuchado el mensaje de salvación. Primero hay que saber qué implica el bautismo para poder aceptar ser bautizado. Está claro que los bebés no tienen esa libre elección, pero es una libre elección que toman los padres y los padrinos por el niño, y, por eso, son ellos los que se comprometen a enseñarle al niño lo que implica el haber sido bautizado, de tal manera que él vaya adquiriendo desde niño los valores cristianos y no se asombre de lo que Dios le pueda ir pidiendo a lo largo de la vida.
Esto porque, como dice san Pablo, el mensaje es un mensaje de Cruz, pero no sólo de Cruz, sino también de resurrección pero hay que pasar por una entrega fiel al Padre para llegar a la Vida. Así que hay que enseñar el mensaje completo de la salvación para poder vivir como cristiano.
Por eso hay que unir a este mensaje el Evangelio de hoy: las vírgenes necias y las prudentes. Nos encontramos muchas veces con cristianos necios que no han madurado el mensaje del Evangelio por eso nunca están preparados para escuchar, ni menos aceptar la Voluntad de Dios en sus vidas y, por eso, llegada cierta edad o ciertas cosas de la vida renuncian a su fe, renuncian a Dios. En cambio están los cristianos prudentes que han ido madurando en su fe (llenando sus alcuzas de aceite) y así tienen las capacidad y la Gracia para saber escuchar, discernir y aceptar la Voluntad de Dios en sus vidas, y, como diría el mismo Pablo "combatir el buen combate de la fe y alcanzar la meta".
jueves, 27 de agosto de 2026
Alcancemos la sabiduría eterna
San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia
Cuando ya se acercaba el día de su muerte -día por ti conocido, y que nosotros ignorábamos-, sucedió, por tus ocultos designios, como lo creo firmemente, que nos encontramos ella y yo solos, apoyados en una ventana que daba al jardín interior de la casa donde nos hospedábamos, allí en Ostia Tiberina, donde, apartados de la multitud, nos rehacíamos de la fatiga del largo viaje, próximos a embarcarnos. Hablábamos, pues, los dos solos, muy dulcemente y, olvidando lo que queda atrás y lanzándonos hacia lo que veíamos por delante, nos preguntábamos ante la verdad presente, que eres tú, cómo sería la vida eterna de los santos, aquella que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar. Y abríamos la boca de nuestro corazón, ávidos de las corrientes de tu fuente, la fuente de vida que hay en ti.
Tales cosas decía yo, aunque no de este modo ni con estas mismas palabras; sin embargo, tú sabes, Señor, que, cuando hablábamos aquel día de estas cosas -y mientras hablábamos íbamos encontrando despreciable este mundo con todos sus placeres-, ella dijo:
«Hijo, por lo que a mí respecta, ya nada me deleita en esta vida. Qué es lo que hago aquí y por qué estoy aún aquí, lo ignoro, pues no espero ya nada de este mundo. Una sola cosa me hacía desear que mi vida se prolongara por un tiempo: el deseo de verte cristiano católico, antes de morir. Dios me lo ha concedido con creces, ya que te veo convertido en uno de sus siervos, habiendo renunciado a la felicidad terrena. ¿Qué hago ya en este mundo?»
No recuerdo muy bien lo que le respondí, pero, al cabo de cinco días o poco más, cayó en cama con fiebre. Y, estando así enferma, un día sufrió un colapso y perdió el sentido por un tiempo. Nosotros acudimos corriendo, mas pronto recobró el conocimiento, nos miró, a mí y a mi hermano allí presentes, y nos dijo en tono de interrogación:
«¿Dónde estaba?»
Después, viendo que estábamos aturdidos por la tristeza, nos dijo:
«Enterrad aquí a vuestra madre».
Yo callaba y contenía mis lágrimas. Mi hermano dijo algo referente a que él hubiera deseado que fuera enterrada en su patria y no en país lejano. Ella lo oyó y, con cara angustiada, lo reprendió con la mirada por pensar así, y, mirándome a mí, dijo:
«Mira lo que dice».
Luego, dirigiéndose a ambos, añadió:
«Sepultad este cuerpo en cualquier lugar: esto no os ha de preocupar en absoluto; lo único que os pido es que os acordéis de mí ante el altar del Señor, en cualquier lugar donde estéis».
Habiendo manifestado, con las palabras que pudo, este pensamiento suyo, guardó silencio, e iba luchando con la enfermedad que se agravaba.
Nueve días después, a la edad de cincuenta y seis años, cuando yo tenía treinta y tres, salió de este mundo aquella alma piadosa y bendita.
miércoles, 26 de agosto de 2026
Siempre hay tiempo para la conversión
"En aquel tiempo, Jesús dijo:
«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas..."
¿Podría hoy Jesús pensar o decir lo mismo sobre nosotros? Seguro que sí. Pero ¿por qué Jesús habla tan fuerte y tan duro sobre los escribas y fariseos? Yo creo que por dos cosas: primero porque los escribas y los fariseos son los que conocían la Verdad, los que sabían interpretar la Palabra de los Profetas y la Ley de Moisés y eran los que enseñaban a los demás cómo vivir. Y eso es lo que hacía que le "doliera" a Jesús que sabiendo las cosas, sabiendo el camino no lo recorrieran como el Padre quería, sino que se habían fabricado caminos paralelos y así no eran fieles a la Voluntad de Dios.
Y, por otro lado, el amor al Pueblo Elegido le hacía, a Jesús, sufrir por haber elegido un camino diferente al de la fidelidad a Dios. El autoconvencerse que lo que habían construido era el verdadero camino y vivirlo de ese modo sabiendo que ello no llevaba a Dios, era lo que le hacía a Jesús sufrir y, por eso, denunciar el error para que vuelvan a vivir en Dios.
¿Acaso no nos duele saber que alguien de nuestra familia, de nuestros amigos, o comunidades han equivocado el camino? ¿Acaso no nos duele a nosotros saber que alguien ha renunciado a vivir mejor por no querer reconocer el error en su vida? Y ¿no nos gustaría sacudir a esa persona para que se de cuenta que se ha equivocado, para que se de cuenta que puede todavía remediar el error y modificar su vida y alcanzar la felicidad? Pues así lo veía Jesús, quería que los escribas y fariseos pudieran descubrir el error, que se dieran cuenta que tenían que cambiar el rumbo de sus vidas porque se estaban perdiendo y mostraban una vida equivocada.
Y eso nos enseña que siempre tenemos la oportunidad de convertir nuestras vidas hacia la Voluntad de Dios, que mientras haya alguien que nos diga o nos muestre el error, tenemos tiempo para reconocerlo y modificar el rumbo, sólo necesitamos tener lo ojos abiertos a la Voluntad de Dios, a Su Palabra y Él nos dará la Gracia suficiente y necesaria para volver a ser Fieles a la Vida que nos ha regalado y que quiere que vivamos.
martes, 25 de agosto de 2026
Conservar las sanas tradiciones
San Pablo le decía a los tesalonicenses:
"Así, pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta".
Hoy también se habla mucho de conservar las tradiciones de nuestros mayores, pero, también es cierto que cada quien busca conservar lo que nos interesa y lo que no nos interesa no lo conservamos, y es ahí donde entra o donde podemos ver las intenciones de quienes buscan conservar las tradiciones o las historias de los pueblos y de las naciones. Se podría decir, como se dice en el refranero popular: ahí se les ve la hilacha de lo que intentan.
San Pablo le habla a los tesalonicenses de guardar fielmente la Palabra del Señor, lo que Jesús por medio de los apóstoles quiso que viviéramos y cómo quería que viviéramos, por eso, por medio de los relatos escritos sobre sus discursos y su vida, y más aún por las cartas de los apóstoles podemos ir reflexionando acerca de cómo vivir y de qué tradiciones tenemos que guardar.
Claro que no es fácil para los tiempos que vivimos tener que volver al origen de nuestra fe, de nuestra vida cristiana, pero así es como seremos, verdaderamente, originales en los tiempos que vivimos. Porque no es más original quien modifica las cosas y las vuelve casi ridículos, sino quien las vive desde la fuente original, es decir, quien intenta vivir el evangelio desde lo profundo de la Palabra de Dios.
Hoy para ser original usamos las redes sociales y en ellas encontramos cada cosa o cada persona, ya sea laico, religioso o sacerdote, que lo que hacen no es mostrar el evangelio sino mostrar mundaneidad revestida de cristianismo, o de algo que puede llegar a ser cristiano, y así nos vamos olvidando de la esencia del mensaje de Jesús, del camino de la santidad, de cómo aceptar y cargar la cruz de cada día, de cómo discernir y aceptar la Voluntad de Dios, etc.
Sí, es difícil aceptar la Voluntad de Dios cada día, es duro aceptar y vivir la cruz de cada día, pero ese es el Camino que nos conduce a la Vida, y es el Camino que nos mostró Jesús con su Vida, y son esas las tradiciones a las cuales debemos volver si queremos ser originales en nuestra vida cristiana, sin dejar de vivir la alegría de haber sido redimidos y salvados por un Dios Amor que entregó a su Unigénito para que tengamos vida y Vida en abundancia.
lunes, 24 de agosto de 2026
Ven y verás
En aquel tiempo, Felipe encuentra a Natanael y le dijo:
«Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret».
Natanael le replicó: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?».
Felipe le contestó: «Ven y verás».
En nuestra vida cotidiana siempre nos vamos a encontrar con gente que dude o que no crea en Jesús, como le pasó a Felipe con Natanael, pero Felipe no dudó en insistir para ayudar a Natanael para que conozca a Jesús.
El caso es ¿por qué quería Felipe que Natanael conociera a Jesús? Y, por eso ¿cuál es nuestro incentivo para hacer conocer a Jesús a los demás?
Felipe había encontrado al Mesías, a Aquél que le daba sentido a todo lo que había escuchado en los Profetas, en la sinagoga durante años, pero, sobre todo, al conocer personalmente a Jesús había encontrado un Camino, una Vida, una Verdad que le iluminaba la vida propia, en síntesis encontró en Jesús al Mesías que le había cambiado la vida.
Cuando se encuentra el Verdadero Camino de la Vida, cuando nos encontramos recorriendo un Camino que nos llena de sentido, y, sobre todo que. nos enseña el verdadero Amor de Dios, es un sentimiento que no se puede ocultar y que se quiere compartir. Por eso, Felipe quiso compartir con Natanael, su amigo, lo que él vivía.
Y fijaos que Felipe comprendió que no bastaban sus palabras para hacerle comprender a Natanael lo que quería compartir, sino que era necesario que él lo viviera en sus propias carnes, por eso le dijo: Ven y verás. Y esa debe ser nuestra actitud también, invitar a los nuestros a ver, a vivir la misma experiencia que nosotros hemos vivido: la experiencia del encuentro personal y real con Jesús, en la oración, en los sacramentos, en la vida cotidiana.
Por eso, cada día, tenemos que volver, nosotros mismos, a tener esa experiencia personal para que nunca se pierda el gusto por el encuentro, el gusto por estar con Él, por vivir con Él, por vivir para Él.
domingo, 23 de agosto de 2026
Sirve para todos
Regla pastoral de San Gregorio Magno, papa
El pastor debe saber guardar silencio con discreción y hablar cuando es útil, de tal modo que nunca diga lo que se debe callar ni deje de decir aquello que hay que manifestar. Porque, así como el hablar indiscreto lleva al error, así el silencio imprudente deja en su error a quienes pudieran haber sido adoctrinados. Porque, con frecuencia, acontece que hay algunos prelados poco prudentes, que no se atreven a hablar con libertad por miedo de perder la estima de sus súbditos; con ello, como lo dice la Verdad, no cuidan a su grey con el interés de un verdadero pastor, sino a la manera de un mercenario, pues callar y disimular los defectos es lo mismo que huir cuando se acerca el lobo.
Por eso, el Señor reprende a estos prelados, llamándoles, por boca del profeta: Perros mudos, incapaces de ladrar. Y también dice de ellos en otro lugar: No acudieron a la brecha ni levantaron cerco en torno a la casa de Israel, para que resistiera en la batalla, el día del Señor. Acudir a la brecha significa aquí oponerse a los grandes de este mundo, hablando con entera libertad para defender a la grey; y resistir en la batalla el día del Señor es lo mismo que luchar por amor a la justicia contra los malos que acechan.
¿Y qué otra cosa significa no atreverse el pastor a predicar la verdad, sino huir, volviendo la espalda, cuando se presenta el enemigo? Porque si el pastor sale en defensa de la grey es como si en realidad levantara cerco en torno a la casa de Israel. Por eso, en otro lugar, se dice al pueblo delincuente: Tus profetas te ofrecían visiones falsas y engañosas, y no te denunciaban tus culpas para cambiar tu suerte. Pues hay que tener presente que en la Escritura se da algunas veces el nombre de profeta a aquellos que, al recordar al pueblo cuán caducas son las cosas presentes, le anuncian ya las realidades futuras. Aquellos, en cambio, a quienes la palabra de Dios acusa de predicar cosas falsas y engañosas son los que, temiendo denunciar los pecados, halagan a los culpables con falsas seguridades y, en lugar de manifestarles sus culpas, enmudecen ante ellos.
Porque la reprensión es la llave con que se abren semejantes postemas: ella hace que se descubran muchas culpas que desconocen a veces incluso los mismos que las cometieron. Por eso, san Pablo dice que el obispo debe ser capaz de predicar una enseñanza sana y de rebatir a los adversarios. Y, de manera semejante, afirma Malaquías: Labios sacerdotales han de guardar el saber, y en su boca se busca la doctrina, porque es mensajero del Señor de los ejércitos. Y también dice el Señor por boca de Isaías: Grita a plena voz, sin cesar, alza la voz como una trompeta.
Quien quiera, pues, que se llega al sacerdocio recibe el oficio de pregonero, para ir dando voces antes de la venida del riguroso juez que ya se acerca. Pero, si el sacerdote no predica, ¿por ventura no será semejante a un pregonero mudo? Por esta razón, el Espíritu Santo quiso asentarse, ya desde el principio, en forma de lenguas sobre los pastores; así daba a entender que de inmediato hacía predicadores de sí mismo a aquellos sobre los cuales había descendido.
sábado, 22 de agosto de 2026
Reina del mundo, Reina de la Paz
Homilía de San Amadeo de Lausana, obispo
Observa cuán adecuadamente brilló por toda la tierra, ya antes de la asunción, el admirable nombre de María y se difundió por todas partes su ilustre fama, antes de que fuera ensalzada su majestad sobre los cielos. Convenía en efecto, que la Madre virgen, por el honor debido a su Hijo, reinase primero en la tierra y, así, penetrara luego gloriosa en el cielo; convenía que fuera engrandecida aquí abajo, para penetrar luego, llena de santidad, en las mansiones celestiales, yendo de virtud en virtud y de gloria en gloria por obra del Espíritu del Señor.
Así pues, durante su vida mortal, gustaba anticipadamente las primicias del reino futuro, ya sea elevándose hasta Dios con inefable sublimidad, como también descendiendo hacia sus prójimos con indescriptible caridad. Los ángeles la servían, los hombres le tributaban su veneración. Gabriel y los ángeles la asistían con sus servicios; también los apóstoles cuidaban de ella, especialmente san Juan, gozoso de que el Señor, en la cruz, le hubiese encomendado su Madre virgen, a él, también virgen. Aquéllos se alegraban de contemplar a su Reina, éstos a su Señora, y unos y otros se esforzaban en complacerla con sentimientos de piedad y devoción.
Y ella, situada en la altísima cumbre de sus virtudes, inundada como estaba por el mar inagotable de los carismas divinos, derramaba en abundancia sobre el pueblo creyente y sediento el abismo de sus gracias, que superaban a las de cualquiera otra criatura. Daba la salud a los cuerpos y el remedio para las almas, dotada como estaba del poder de resucitar de la muerte corporal y espiritual. Nadie se apartó jamás triste o deprimido de su lado, o ignorante de los misterios celestiales. Todos volvían contentos a sus casas, habiendo alcanzado por la Madre del Señor lo que deseaban.
Plena hasta rebosar de tan grandes bienes, la Esposa, Madre del Esposo único, suave y agradable, llena de delicias, como una fuente de los jardines espirituales, como un pozo de agua viva y vivificante, que mana con fuerza del Líbano divino, desde el monte de Sión hasta las naciones extranjeras, hacía derivar ríos de paz y torrentes de gracia celestial. Por esto, cuando la Virgen de las vírgenes fue llevada al cielo por el que era su Dios y su Hijo, el Rey de reyes, en medio de la alegría y exultación de los ángeles y arcángeles y de la aclamación de todos los bienaventurados, entonces se cumplió la profecía del Salmista, que decía al Señor: De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir.
viernes, 21 de agosto de 2026
Una dulce voz
De la constitución apostólica Divino afflatu de San Pío X, papa
Es un hecho demostrado que los salmos, compuestos por inspiración divina, cuya colección forma parte de las sagradas Escrituras, ya desde los orígenes de la Iglesia sirvieron admirablemente para fomentar la piedad de los fieles, que ofrecían continuamente a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de unos labios que confiesan su nombre, y que además, por una costumbre heredada del antiguo Testamento, alcanzaron un lugar importante en la sagrada liturgia y en el Oficio divino. De ahí nació lo que san Basilio llama «la voz de la Iglesia», y la salmodia, calificada por nuestro antecesor Urbano octavo como «hija de la himnodia que se canta asiduamente ante el trono de Dios y del Cordero», y que, según el dicho de san Atanasio, enseña, sobre todo a las personas dedicadas al culto divino, «cómo hay que alabar a Dios y cuáles son las palabras más adecuadas» para ensalzarlo. Con relación a este tema, dice bellamente san Agustín: «Para que el hombre alabara dignamente a Dios, Dios se alabó a sí mismo; y, porque se dignó alabarse, por esto el hombre halló el modo de alabarlo».
Los salmos tienen, además, una eficacia especial para suscitar en las almas el deseo de todas las virtudes. En efecto, «si bien es verdad que toda Escritura, tanto del antiguo como del nuevo Testamento, inspirada por Dios es útil para enseñar, según está escrito, sin embargo, el libro de los salmos, como el paraíso en el que se hallan (los frutos) de todos los demás (libros sagrados), prorrumpe en cánticos y, al salmodiar, pone de manifiesto sus propios frutos junto con aquellos otros». Estas palabras son también de san Atanasio, quien añade asimismo: «A mi modo de ver, los salmos vienen a ser como un espejo, en el que quienes salmodian se contemplan a sí mismos y sus diversos sentimientos, y con esta sensación los recitan». San Agustín dice en el libro de sus Confesiones: «¡Cuánto lloré con tus himnos y cánticos, conmovido intensamente por las voces de tu Iglesia que resonaban dulcemente! A medida que aquellas voces se infiltraban en mis oídos, la verdad se iba haciendo más clara en mi interior y me sentía inflamado en sentimientos de piedad, y corrían las lágrimas, que me hacían mucho bien».
En efecto, ¿quién dejará de conmoverse ante aquellas frecuentes expresiones de los salmos en las que se ensalza de un modo tan elevado la inmensa majestad de Dios, su omnipotencia, su inefable justicia, su bondad o clemencia y todos sus demás infinitos atributos, dignos de alabanza? ¿En quién no encontrarán eco aquellos sentimientos de acción de gracias por los beneficios recibidos de Dios, o aquellas humildes y confiadas súplicas por los que se espera recibir, o aquellos lamentos del alma que llora sus pecados? ¿Quién no se sentirá inflamado de amor al descubrir la imagen esbozada de Cristo redentor, de quien san Agustín «oía la voz en todos los salmos, ora salmodiando, ora gimiendo, ora alegre por la esperanza, ora suspirando por la realidad»?
jueves, 20 de agosto de 2026
Invitados al Banquete de Bodas
Para mí hay dos cosas importantes en el Evangelio de hoy.
Por un lado el llamado que nos hace el Señor. Un llamado que no es solamente al Banquete Celestial, que, en realidad es el más importante porque en él se nos da el Señor en Cuerpo y Alma, Sangre y Divinidad; sino que es el único momento de verdadero encuentro como Cuerpo de Cristo con su Cabeza. Sino que ese encuentro es el culmen de haber respondido generosamente al primera llamado que es a la vida en santidad.
"Sed santos porque vuestro Padre Celestial es santo", "Él nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor".
Éste es el primer llamado, es una elección que hace el Padre por nosotros pues Él es quien nos conoce desde antes que naciéramos y nos tejió en las entrañas maternas. Pero, al nacer comenzamos a ejercer nuestra libertad, nuestra voluntad, nuestra capacidad intelectual y tenemos que empezar a decidir qué caminos tomar, por dónde debe andar nuestra vida. Y, si no nos enseñan a buscar "primero el Reino de Dios", entonces nos vamos perdiendo las Gracias que el Padre tiene para que alcancemos la verdadera santidad. Y, una de las Gracias más extraordinarias se dan por medio de los sacramentos, y especialmente en el encuentro con el Dios vivo y verdadero en la Eucaristía.
Por eso, la segunda cosa importante de este evangelio es lo que le reprocha el Señor al invitado que no vino bien vestido al banquete de bodas. Claro está que no se refiere a que tenemos que estrenar ropa los días que vamos a misa, sino que debemos estar preparados interiormente para el Encuentro con el Señor en la Eucaristía. Y estar preparados, por un lado quiere decir estar en Gracia: haber confesado y estar viviendo de acuerdo al evangelio, para que el Encuentro sea profundo, personal y lleno de Gracias.
Pero, además, tengo que tener la certeza que, a pesar de lo que haya alrededor de mío y de quien celebre la Misa, no voy a cotillear con los demás, ni voy a ir a criticar a los demás, sino que voy al Encuentro del Amor de los Amores, y eso es lo único importante y verdadero de la Misa: El Señor viene para que yo continúe con su fuerza y Su Vida el camino de conversión y santidad que me lleve a la eternidad.
miércoles, 19 de agosto de 2026
No todo es culpa del otro
Hoy hay de esas lecturas que nos llevan a pensar no en nosotros mismos sino en otras personas. La lectura de Ezequiel puede llevarnos a pensar a los sacerdotes sobre los obispos, a los obispos sobre sus curas, a los laicos sobre sus párrocos y a los párrocos sobre sus laicos, y a los hijos sobre sus padres. ¿Por qué? Porque habla de la función y de la manera de actuar de los pastores de una comunidad y por eso ¡qué mejor que pensar en los pastores y poder criticarlos desde esta lectura que tiene tanto para decirnos! Por eso lo primero que se nos ocurre pensar es en nuestros pastores y no en nuestro propio modo de actuar con los pastores o con nuestros hermanos de comunidad o familia.
Siempre es más fácil hacer un examen de conciencia sobre la conciencia de los otros que sobre mi propia conciencia. Se ven mejor los pecados de los otros que los propios, y ya sabemos lo que dijo Jesús sobre eso: aquello de la viga en el ojo...
Pues bien ¿porqué quiero que esta lectura acerca de los pastores la miremos desde nosotros mismos? Porque cada uno de nosotros también tiene la función de pastorear y de formar una comunidad. No sólo el Pastor es quien hace que una comunidad esté organizada y se mantenga unida, sino que los que forman esa comunidad también son responsables de la unidad, de la fraternidad.
Está claro que cuando hay más de dos personas reunidas en el nombre de Jesús hay una comunidad cristiana, pero hay algo que es, también, muy verdadero: cuando hay más de dos personas reunidas hay pecado original concentrado, es decir, llevamos nuestro pecado original con nosotros y con él hay: egoísmo, envidia, apetito de poder, soberbia, etc., etc. Y eso también lo tenemos que tener en cuenta para no ser las "ovejitas" las causantes de los líos que se generan en las comunidad y las familias.
Por eso, cuando leas la lectura de Ezequiel (y vuelve a releerla ahora) hazlo pensando que tú también eres pastor de tu comunidad, de tu familia, pero sin querer quitarle el puesto a tu obispo, o a tu párroco o a tus padres, sino que aprendamos a ocupar cada uno nuestro propio lugar como Dios lo pensó y lo permitió.
martes, 18 de agosto de 2026
Las riquezas del hombre
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«En verdad os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de los cielos».
Ya sabemos que Jesús no habla sólo de la riqueza material, sino también de las riquezas que no nos dejan ser lo que deberíamos ser o vivir lo que tendríamos que vivir. Hay riquezas que no son ni materiales ni espirituales, sino que son ideologías o ideas, filosofías o teologías que van quizás no en contra de la Voluntad de Dios, pero que sí nos alejan de lo que Dios nos ha pedido vivir.
A veces, o muchas veces, nos alejamos no porque no creamos en Dios o en Su Palabra, sino porque hemos puesto el sentido de nuestra vida en otras ideas que no son propiamente evangélicas, sino que provienen del mundo o de otras religiones que, sin ser malas, no están en consonancia con el Evangelio y por eso, porque creemos que no son malas nos adherimos con mayor fuerza a esas ideas, filosofías o estilos de vida que a lo que Jesús nos está pidiendo en el Evangelio.
Son esas riquezas las que nos atan a un estilo de vida que no es el propio de aquellos que habiendo escuchado el llamado del Señor y habiendo respondido que Sí, no viven como Cristo sino que viven a su propio estilo.
Así no son pocos los que creyendo que todo está bien hacen alarde de su propio estilo de vida confundiendo a aquellos que con sinceridad están buscando seguir a Cristo. Los falsos cristianos o falsos profetas de estos tiempos son los que están mostrando un camino de salvación que no es el que Jesús vivió y nos dejó señalado para nuestra Salvación, pues Él mismo dijo: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, y en cambio no son pocos los que se han atribuido esas virtudes y han confundido a muchos corazones.
Por eso tenemos que pensar siempre en lo que el Señor decía en la primera lectura del profeta Ezequiel: «Hijo de hombre, di al príncipe de Tiro: Esto dice el Señor Dios: Se enalteció tu corazón, y dijiste: “Soy un dios y estoy sentado en el trono de los dioses en el corazón del mar”. Tú que eres hombre y no dios, pusiste tu corazón como el corazón de Dios".
Debemos poner a Dios en nuestro corazón, pero creer que por eso mismo somos los verdaderos dioses.