"El día de Pentecostés, Pedro, poniéndose de pie junto a los Once, levantó su voz y declaró:
«Con toda seguridad conozca toda la casa de Israel que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías».
Al oír esto, se les traspasó el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles:
«¿Qué tenemos que hacer, hermanos?»
Como aquél día el Espíritu Santo nos sigue hablando y nosotros, como aquellos que escuchaban la voz del Espíritu por medio de Pedro, tendríamos que preguntarnos y preguntarle ¿qué tenemos que hacer?
Hoy hay muchas más razones para que, cada día, nos preguntemos y le preguntemos al Espíritu qué tenemos que hacer, porque nos hemos acostumbrado a hacer la nuestra y a no preguntarle a Dios lo que lo debemos hacer, nos hemos acostumbrado a ser cristianos pero no a vivir como cristianos, y, por eso, la pregunta fundamental que debemos hacer al despertar ya no la hacemos porque creemos que ya sabemos lo que tenemos que hacer, y así nos vamos engañando y vamos dejando de ser lo que debemos ser.
"Que aguantéis cuando sufrís por hacer el bien, eso es una gracia de parte de Dios.
Pues para esto habéis sido llamados, porque también Cristo padeció por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas.
Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca".
No es que debamos buscar el sufrimiento para ser mejores cristianos, sino que el sufrimiento es parte del ser cristianos porque nuestra carne sufre contra nuestro espíritu una tremenda guerra interior, y ese es el sufrimiento que debemos padecer constantemente, el saber que la búsqueda de la Voluntad de Dios no es sólo un día por semana o una vez al año, sino que es todos los días de nuestra vida, pues así lo hizo el Hijo que nos mostró el Camino para la Vida.
Ese Camino es el que debemos recorrer y que si no lo hacemos como lo hizo Jesús de nada vale para la salvación del mundo, pues Él asumió nuestro pecado para que nosotros viviendo en la Gracia de Dios podamos seguir contribuyendo a la salvación del mundo.
Por eso debemos, cada día, abrir nuestros oídos a la Voz del Pastor, del verdadero Pastor que es Quien mejor nos guía por el sendero de la Vida y nos lleva a los mejores lugares para que alcancemos la verdadera plenitud de nuestro ser hijos en el Hijo.
"Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos".
domingo, 26 de abril de 2026
Él es la Puerta y el Pastor
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