"Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo".
Esta situación de los discípulos de Emaús me trae a la memoria la parábola del sembrador cuando Jesús decía que había semilla que caía entre piedras y espinos, que germinaba pronto pero las piedras y los espinos hacían que no creciera.
Hay momentos o situaciones en nuestras vidas que nos hacen olvidar de lo que creemos, de lo que sentimos, incluso de lo que habíamos aprendido, porque nos ponemos a discutir con las cosas que nos suceden y nos encerramos en nuestros propios criterios, en nuestras propias dudas, y todo eso nos hace olvidar de lo esencial de nuestra fe, y, aunque, se nos apareciera Jesús en ese instante no podríamos verlo o sentirlo porque estamos muy agobiados por encontrar, nosotros mismos, la salida que queremos.
La catequesis que Jesús hace con los discípulos de Emaús nos invita a volver, también a nosotros, a recordar las Escrituras, a meditar sobre ellas para "meternos" dentro de la realidad de Dios, salir de nosotros mismos y mirar la vida desde Dios para descubrir y discernir cuáles son los pasos que debemos dar, o, mejor dicho, cuáles son los pasos que el Padre quiere que demos para poder seguir el camino que nos conduce hacia Él.
Salir de nosotros mismos es, muchas veces, una difícil tarea porque nos hemos enredado tanto con nuestras pensamientos y nuestros pareceres que, a veces, no encontramos la salida en tanta oscuridad. Por eso, antes que se haga tan de noche que necesitamos sentarnos con Jesús, escuchar Su Palabra y dejarnos alimentarnos con Su Vida, para que ese alimento que es duradero nos de fuerzas para retomar el camino de la confianza en la Providencia y volver a vivir la alegría de la Vida del Resucitado que es nuestra propia vida.
domingo, 19 de abril de 2026
Nuestros enrededos
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