En aquellos días, dijo Esteban al pueblo y a los ancianos y escribas:
«¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! vosotros siempre resistís al Espíritu Santo, lo mismo que vuestros padres. ¿Hubo un profeta que vuestros padres no persiguieran? Ellos mataron a los que anunciaban la venida del Justo, y ahora vosotros lo habéis traicionado y asesinado; recibisteis la Ley por mediación de ángeles, y no la habéis observado».
No siempre nos gusta escuchar la verdad, y, sobre todo cuando viene a desenmascarar una situación que sabemos que es verdad. Esas verdades que nos dice el Señor nos duele y nos causa enfado porque la conocemos pero la ocultamos, no queremos darnos cuenta que nos estamos mintiendo a nosotros mismos para no cambiar, para no modificar nuestra conducta y así poder seguir engañándonos y haciéndonos caer en que estamos bien siendo que sabemos que vamos por mal camino.
Claro es que nos gusta decir la verdad a otros, señalar con nuestras palabras las actitudes de los demás, las mentiras de los demás, pero no que nos señalen a nosotros. Es parte de nuestro ser y de nuestro actuar, y por eso tenemos que ser conscientes que tenemos que cambiar, que tenemos que abrir el corazón a la Verdad y sobre todo a la misericordia, no dejarnos vencer por el ser justicieros sino aprender a mirar con misericordia a los demás.
Pero yendo a nosotros mismos tenemos que dejar que la Palabra de Dios nos cuestione, que siempre nos cuestione, porque ese es el Camino que nos conduce a la plenitud de nuestra vida, pues el Padre que nos conoce en profundidad sabe lo que nos ayudará a cambiar, pero necesita de nuestra confianza en Su Palabra, necesita de nuestra disponibilidad para convertirnos, porque si no hay ninguna de las dos actitudes nada podrá hacer Él. Podemos llegar a pedirle el milagro de nuestra conversión, pero ese milagro parte de nuestra actitud, si no hay disponibilidad para la conversión no habrá milagro y finalmente terminaremos destruyendo la obra que Él comenzó en nosotros porque no hemos creído en Su Palabra, ni hemos dispuesto el corazón para la conversión.
martes, 21 de abril de 2026
El dolor de la Verdad
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