Cuando Jesús acabó de lavar los pies a sus discípulos, les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: el criado no es más que su amo, ni el enviado es más que el que lo envía. Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica. No lo digo por todos vosotros; yo sé bien a quiénes he elegido, pero tiene que cumplirse la Escritura: “El que compartía mi pan me ha traicionado”.
Si bien sabemos que esto lo decía Jesús por Judas Iscariote, pero, como toda Su Palabra, la tenemos que llevar a nuestro terreno y a nuestra vida.
Todos hemos sido llamados y elegidos por el Señor, y a cada uno se le ha dado una misión en la vida para poder llevar a cabo la Misión de Jesús: devolver al hombre su belleza original y enseñarle el Camino a la Vida, por eso todos hemos sido enviados el día de nuestro bautismo.
Pero, siempre hay un pero en nuestras vidas, y es el pero de no olvidarnos que llevamos en nuestra alma la espina del pecado que no siempre nos ayuda a ser discípulos sino que, más de una vez, nos hace pensar que somos los Maestros, que somos los dioses de estos tiempos y, por esa misma razón, nos olvidamos que sólo tenemos un Maestro y un Señor, Jesucristo Señor y Salvador, y que nosotros sólo somos discípulos y misioneros.
Cuando se nos olvida que somos discípulos nos creemos los dueños de la Verdad y vamos declamando nuestras propias palabras y verdades que hacen, seguramente, que muchos sigan nuestras palabras pero no que se hagan conscientes de las Palabras de Jesús que sólo esas son Palabras de Dios, y, sobre todo, que sólo la Palabra de Dios es la que nos conduce a la salvación.
Al olvidarnos de Quién es el Maestro y Señor creemos, como lo hizo Judas, que nuestro pensar y nuestra lógica es la mejor, que Él y sus tiempos no son los adecuados sino que lo que yo pienso y creo es el mejor camino. Y ya sabemos cómo terminó Judas Iscariote, por eso debemos centrarnos siempre en aprender a escuchar al Maestro, en intentar, cada día, morir a nosotros mismos para que, como decía san Pablo: ya no viva yo en mí, sino que sea Cristo quien viva en Mí, para que sea su Palabra y su Vida las que guíen mi vida y me permitan ser un fiel discípulo de Cristo y no de mi mismo.
jueves, 30 de abril de 2026
No olvidar lo esencial
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