Hace unos dos mil años que san Pablo le escribía la segunda carta a Timoteo y pareciera que nos la está escribiendo a nosotros en estos días:
"Querido hermano:
Te conjuro delante de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y muertos, por su manifestación y por su reino: proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, arguye, reprocha, exhorta con toda magnanimidad y doctrina.
Porque vendrá un tiempo en que no soportarán la sana doctrina, sino que se rodearán de maestros a la medida de sus propios deseos y de lo que les gusta oír; y, apartando el oído de la verdad, se volverán a las fábulas".
Hoy es ese tiempo en que los cristianos no soportan la sana doctrina, y no digo que no la soportan los que no son cristianos, sino que los que nos decimos cristianos y creyentes, muchas veces, no soportamos la sana doctrina y nos vamos haciendo una doctrina a nuestro gusto y parecer.
Queremos ser de Cristo pero a nuestra manera, a nuestro gusto, recibiendo todos los derechos y todas las Gracias pero viviendo como se nos ocurra, y, más que nada, de acuerdo a lo que el mundo nos está diciendo que vivamos: según nuestros instintos y deseos carnales.
Eso de entregarnos al Señor en cuerpo y alma, de vivir de acuerdo a los mandamientos, aceptar las exigencias del Evangelio ¡todo eso es muy antiguo! Ahora hay que aceptar que todo debe cambiar y que la moda de hoy es un vivir en libertad total sin nada que nos ponga límites o que nos exija morir a nosotros mismos para aceptar la Voluntad de Dios.
Nadie mejor que san Pablo podría haber concluido extraordinariamente la carta:
"Pero tú sé sobrio en todo, soporta los padecimientos, cumple tu tarea de evangelizador, desempeña tu ministerio. Pues yo estoy a punto de ser derramado en libación y el momento de mi partida es inminente".
Nuestra tarea de evangelizadores la hemos de cumplir íntegramente, sabiendo sí que habrá faltas y caídas, pero que nada de eso sea para abandonar la sana doctrina, sino que sea para levantarnos y seguir, con paso firme, defendiendo y viviendo el Evangelio, la Voluntad de Dios como la vivió Jesús, hasta entregar su vida en la Cruz.
"He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe. Por lo demás, me está reservada la corona de la justicia, que el Señor, juez justo, me dará en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que hayan aguardado con amor su manifestación".
sábado, 6 de junio de 2026
Vive la sana doctrina
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.