¿Qué es ser profeta? Es lo que le dice Dios a Isaías (y, por supuesto, nos lo dice a nosotros):
«Es poco que seas mi siervo para restablecer las tribus de Jacob y traer de vuelta a los supervivientes de Israel. Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra».
Te hago luz de las naciones, es Él quien nos da la luz para que iluminemos a las naciones, y eso es lo que tenemos que tener siempre en claro y ser muy conscientes que no nos hacemos nosotros a nosotros mismos, sino que hemos sido elegidos y transformados para que iluminemos no con nuestra propia luz, sino con la Luz de Aquel que nos llamó y nos iluminó.
Es lo que se llama ser obedientes a la Voz que nos llamó y nos envió, en este caso, Dios lo llamó, lo eligió y lo envió para una misión concreta. Lo mismo que hizo con Juan Bautista.
Juan Bautista nos enseña que sólo siendo obediente al Señor, sin caer en la soberbia de que yo soy quien lo puede todo y hago lo que quiero porque se me ha dado el poder, sino que siendo el que debo ser alcanzo a ser tan grande como Dios quiere, pero desde mi propio lugar. Por eso, aunque la gente lo tomaba por el Mesías, Juan decía:
“Yo no soy quien pensáis, pero, mirad, viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias de los pies”.
Y eso no es una humillación, es la verdadera humildad de reconocer la grandeza en la realidad de quien soy de que sólo he sido obediente a lo que se me ha pedido. Lo mismo que hicieron sus padres el día que él nació:
"A los ochos días vinieron a circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan».
Y le dijeron: «Ninguno de tus parientes se llama así».
Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Y todos se quedaron maravillados.
Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios".
¿Por qué todo esto? Porque, muchos y muchas veces, caemos en el peligro de creernos más que Dios, más que Su Palabra, y por eso creemos que nuestro pensar y nuestras conclusiones que se han unido al pensar y las conclusiones del mundo son las mejores, y no es así, cuando somos obedientes a Su Voz y a Su Palabra es cuando mejor cumplimos nuestra misión de profetas en el mundo de hoy. La soberbia intelectual y espiritual en la que caemos muchas veces nos aleja más de Dios y nos acerca más al mundo haciendo que Su Palabra ya no salve sino que se pierda la Gracia Salvadora que sólo nos da Su Palabra y no la nuestra.
miércoles, 24 de junio de 2026
Saber ocupar nuestro lugar
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.