Mientras el astro de la luz despunta
supliquemos a Dios que nos ampare,
y que en nuestras acciones de este día
nos preserve de riesgos y de males.
A veces uno tiene la sensación que Jesús, en el evangelio, nos está gastando una broma, o hasta podríamos decirle ¡pero hombre, si eso no se puede pedir! ¿Cómo es que se te ocurren esas cosas?
Porque leamos bien el final del evangelio de hoy:
"Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación".
Después de anunciar las mayores catástrofes, de decirnos que nos van a perseguir, que nos van a entregar nuestros familiares y amigos, y que todo se va a acabar, Él insiste ¡levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación! Y, en realidad, es lo que mejor nos pueden decir cuando estamos agobiados y rodeados por la oscuridad.
Porque pensemos que nos digan lo contrario, cuando estamos agobiados y abatidos: y... qué le vamos a hacer, así tenía que ser, otra cosa no puedes hacer; y... a otros le vienen otras cosas peores...; o tantas otras frases que muchas veces sacamos de la chistera popular que no ayudan a que encontremos un rayo de esperanza para nuestra vida.
En cambio, Jesús, nos llama a la esperanza ante la tribulación pues sabe que la solución no está en nuestras manos, que frente a la maldad del Príncipe de este mundo y sus secuaces, nosotros solos no podemos. Pero sí podemos usar la "sagacidad de la serpiente y la mansedumbre de la paloma" para aceptar que la salvación vendrá de la Mano del Señor, pero que ante el ataque del mal tenemos que estar con la cabeza levantada y la frente bien erguida, saber que Él viene en nuestra ayuda y fortalece nuestra alma para mantenernos firmes y seguros en lo que creemos y hemos vivido junto a Él.
Dice San Juan Crisostomo: "pero veamos cuál es la sagacidad que exige aquí el Señor. "Como serpientes". Así como a la serpiente no le importa perderlo todo, aunque sea seccionando su cuerpo, con tal que conserve la cabeza, así también tú -dice- debes estar dispuesto a perderlo, tu dinero, tu cuerpo y aún la misma vida, con tal que conserves la fe. La fe es la cabeza y la raíz; si la conservas, aunque pierdas todo lo demás, lo recuperarás luego con creces".
Si ante la tribulación y la desdicha perdemos la fe y la esperanza, seguro que nos quedaremos sin fuerzas y sin sentido para seguir adelante. Pero si somos capaces de ver más allá de lo que nos agobia y descubrimos, gracias a la luz de la fe, y la palabra de nuestros hermanos, que hay un sentido por el cual luchar y seguir caminando, vamos a poder vivir esas palabras de Jesús, y no serán una broma en nuestra vida, sino que serán la fuerza de la esperanza que nos anima a seguir perseverando en el Camino de la fe: "cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación".
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