domingo, 9 de noviembre de 2014

Somos piedras vivas del Templo de Dios

San Pablo les dice a los Corintios, y nos dice a nosotros:
"¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros".
Esta es nuestra verdad como hijos de Dios, que en nosotros habita el Espíritu Santo que nos ha sido dado el día de nuestro bautismo, y aunque lo neguemos en nuestra vida, aunque no admitamos su existencia, Él habita en nosotros porque es Fiel a Su Palabra, y por eso insiste día tras día en que nos demos cuenta de su existencia.
Porque de nada valen los grandes o pequeños templos, las grandes o pequeñas iglesias, más engalanadas o menos engalanadas, si las piedras vivas que somos nosotros no vivimos como tales. Porque los templos tienen piedras o ladrillos sin vida, pero nosotros, como nos define San Pablo, somos las piedras vivas del Templo Santo de Dios. Y para ser vivas necesitamos tener vida, darnos cuenta que tenemos Vida en nosotros, pues la Vida es la que nos dio Nuestro Señor Jesucristo con su muerte y resurrección, es la Vida que recibimos cada vez que nos acercamos a recibir el Pan de la Vida, es la Vida que hacemos vida cada día que dejamos al Espíritu Santo que nos guíe por el Camino de la Fidelidad a la Vida que se nos dio.
San Cesáreo de Arlés, nos dice acerca de esta celebración, lo cual nos sirve cuando sólo ponemos atención en los templos de piedra:
" Por esto, nosotros, carísimos, si queremos celebrar con alegría la dedicación del templo, no debemos destruir en nosotros, con nuestras malas obras, el templo vivo de Dios. Lo diré de una manera inteligible para todos: debemos disponer nuestras almas del mismo modo como deseamos encontrar dispuesta la iglesia cuando venimos a ella.
¿Deseas encontrar limpia la basílica? Pues no ensucies tu alma con el pecado. Si deseas que la basílica esté bien iluminada, Dios desea también que tu alma no esté en tinieblas, sino que sea verdad lo que dice el Señor: que brille en nosotros la luz de las buenas obras y sea glorificado aquel que está en los cielos. Del mismo modo que tú entras en esta iglesia, así quiere Dios entrar en tu alma, como tiene prometido: Habitaré en medio de ellos y andaré entre ellos".
Dios no sólo habita en los templos a los que vamos para encontrarnos con Él, para escuchar su Palabra y alimentarnos con la Eucaristía, que es su mismo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, sino que ese mismo Dios habita en nosotros y por nosotros llega a todos los hombres para darles su Gracia, su Paz, su Amor. Por eso mantengamos siempre viva la Vida que Él nos dio, para que esa Vida llegue por nosotros a quienes no la encuentran.

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