jueves, 20 de noviembre de 2014

Seguiré sin escucharte?

Con gozo el corazón cante la vida,
presencia y maravilla del Señor,
de luz y de color bella armonía,
sinfónica cadencia de su amor.

"En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, le dijo llorando:
-« ¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz!"
Cuesta pensar lo que Jesús estaría sufriendo en ese momento por su pueblo, por su gente, por su nación. Darse cuenta que con todo su Amor quiso dar a conocer el Camino que los conducía a la Paz y no quisieron reconocerlo, no quisieron aceptar el cambio, la conversión, descubrir que, detrás de esa humanidad, de ese hombre nacido de María y del Carpintero, que se había criado con ellos y junto a ellos, había algo más, que ese hombre era Dios, el Mesías esperado.
Y claro no podían reconocerlo, porque sus ojos estaban cubiertos, como los nuestros muchas veces, por el velo de nuestra soberbia y vanidad que no nos deja aceptar que alguien, que no sea yo, puede tener la razón. Porque aceptar que tiene razón implica que yo no la tengo, y si no la tengo tengo que aceptar cambiar de opinión.
¡Cuántas veces nos negamos a aceptar algo simplemente por el hecho de no renunciar a nuestros criterios!? Muchas, seguramente. Y muchas más nos cerramos no sólo a escuchar, sino a aceptar a la persona, la dejamos fuera de nuestra vida porque no nos dice lo que queremos escuchar.
¡Cuánta pena Señor saber que nos has querido indicar el Camino y no te hemos querido escuchar! Nos hemos quedado con el canto de sirena de los tiempos nuevos, y en lugar de aceptar Tu Palabra aceptamos sus canciones que nos llevan a un mar sin vida, cuando Tú con Tu Vida nos llevabas a las Costas del Reino de la Verdad, de la Paz, de la Vida.
¿Por qué, Señor?
"Porque no reconociste el momento de mi venida.»
Pero siempre Él nos espera, por eso no desesperamos, mientras nos regala la vida terrena nos espera, nos espera para que descubramos que por Amor nos sigue esperando, pues quiere que alcancemos Vida, y Vida en abundancia. Que descubramos que por Amor Él nos reprende, nos exhorta, nos ayuda a encontrar el camino pues nos hace ver y volver a pensar hacia dónde vamos. No se queda con nuestro primer No, sino que siempre está a la puerta, llamando, para que le abra mi corazón y Él pueda sentarse conmigo a la mesa y alimentar mi vida con Su Vida.
Cuando nos sentamos con Él a la mesa volvemos a recordar su Amor, volvemos a recordar cuánto nos ama, y el Amor nos llevará a confiar, y a tener la fortaleza necesaria para dejar nuestras durezas y aceptar Su Verdad, una Verdad que por Amor nos llama a Vivir.
"¿Cómo puedo dejar de amarte, a ti que de tal manera me has amado, a pesar de mi negrura, que has entregado tu vida por las ovejas de tu rebaño? No puede imaginarse un amor superior a éste, el de dar tu vida a trueque de mi salvación" (San Gregorio de Nisa).

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