Por haberte perdido, por haberte encontrado.
Porque es como un desierto nevado mi oración;
porque es como la hiedra sobre un árbol cortado
el recuerdo que brota cargado de ilusión.
En la segunda carta de San Pedro hay algo que parece que está escrito para estos tiempos:
"Esta es ya, queridos hermanos, la segunda que os escribo. En las dos os refresco la memoria, para que vuestra mente sincera recuerde los dichos de los santos profetas de antaño y el mandamiento del Señor y Salvador, comunicado por vuestro apóstoles. Sobre todo, tened presente que en los últimos días vendrán hombres que se burlarán de todo y que procederán como les dictan sus deseos".
Hace 2000 años que San Pedro escribió esto, y parece que estuviera viendo nuestra realidad de hoy. Porque es así, no sólo lo que ocurre, sino que la Palabra de Dios no tiene tiempo, siempre viene a responder a nuestra vida. Quizás a algunos no les diga nada el mismo párrafo que a mí, pero es bueno leerlo para saber que hay algo de eso en nuestra realidad.
Hoy por hoy, son muchos los que se ríen de nuestra fe, los que intentan que dejemos de creer y que renunciemos a nuestro Dios y a nuestros valores cristianos. Pero también somos muchos los que no valoramos lo que tenemos, lo que nos han transmitido nuestros padres, los valores de nuestra cultura cristiana, o, mejor dicho, los valores de una vida cristiana.
Por eso, San Cipriano, hace también un montón de años, nos decía:
"¿Por qué pedimos con tanta insistencia la pronta venida del día del reino, si nuestro deseo de servir en este al diablo supera el deseo de reinar con Cristo? Si el mundo odia al cristiano, ¿por qué amas al que te odia, y no sigues más bien a Cristo, que te ha redimido y te ama?"
Es cierto que no hemos hecho una pública afirmación de nuestra devoción a Satanás, pero, como decía alguien alguna vez: "¡apártate de mí Satanás! pero no demasiado por si me arrepiento". "El que no está conmigo está en contra de mí, el que no recoge conmigo desparrama", nos decía Jesús.
Hay una gran diferencia en no renunciar a Cristo, pero no hacer su Voluntad, porque en definitiva no renunciamos a nuestra fe cristiana, pero no vivimos como cristianos. Por eso seguimos viviendo en la incoherencia, en una suerte de no-ser, lo cual supone una contradicción interna que no termina de darme la paz que necesito, ni la alegría que anhelo, ni la fortaleza que deseo, pues mis corazón está entre dos mundo: ser cristiano pero no querer hacer la Voluntad de Dios.
Hoy Dios necesita de varones y mujeres que estén seguros de sí mismos, que sepan qué es lo que quieren y que estén dispuestos a darlo todo para renovar el mundo, para lo cual habrá que disponerse a escuchar, porque escuchando sabemos qué es lo que debemos hacer y cómo vivir. Y una vez que sabemos que debemos hacer, elevar nuestra oración para recibir la Gracia que viene de lo alto, para poder llevar a cabo mi transformación, mi conversión, porque al mundo lo renovaré si renuevo mi corazón de acuerdo al Querer de Dios.
"Padre no te pido que los saques del mundo, están en el mundo pero no son del mundo, sino que los preserves del maligno", rezaba Jesús en la Última Cena, no dejemos que sus Palabras queden en el olvido de nuestro corazón.
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