Ante la pregunta de los discípulos de cuándo llegaría el Reino de Dios, Jesús les responde:
-«El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.»
¿El Reino de Dios está dentro nuestro? Pero no se nota, dirán algunos.
Pero es verdad, que no se nota también es verdad.
¿Por qué el Reino de Dios está dentro nuestro? Porque el Reino de Dios es un Reino de Amor, un Reino donde reside el Espíritu de Dios, que es Espíritu de Amor, y ese Espíritu nos ha sido dado en nuestro bautismo. Por eso, el Reino de Dios habita en nosotros.
Y es verdad que no se nota, porque no nos damos cuenta el tesoro que llevamos escondido en nosotros mismos, un tesoro que tenemos repartir a manos llenas por el mundo, para que todos puedan vivir la alegría del Espíritu que habita en cada uno. Pero cuando no repartimos ese gozo del Reino, cuando no mostramos cómo es realmente el Reino, entonces los que no tiene fe no creen.
Decía hoy un Autor anónimo en la lectura del oficio:
"Porque nuestra conducta no concuerda con lo que nuestros labios proclaman. Los paganos, en efecto, cuando escuchan de nuestros labios la palabra de Dios, quedan admirados de su belleza y sublimidad; pero luego, al contemplar nuestras obras y ver que no concuerdan con nuestras palabras, empiezan a blasfemar, diciendo que todo es fábula y mentira".
Aunque también es cierto que, muchas veces, somos nosotros, los que hemos sido llamados y elegidos, los que poseemos el Don del Espíritu, quienes no creemos en la Palabra de Dios, quienes dudamos de su Amor, quienes cerramos nuestro corazón a Su Voluntad. Y, así, nos perdemos el hermoso don de asombrarnos del Amor, nos perdemos el gozo de creer en la Buena Noticia, nos olvidamos de la esperanza a la que hemos sido llamados.
Y nuestra vida pasa a vivir en la tiniebla de la desolación, de la tristeza, de la desesperanza, porque teniendo un gran tesoro sólo nos fijamos en el recipiente de barro que lo contiene.
Apreciemos el tesoro que llevamos escondido, descubramos el hermoso Don de Dios en nuestra vidas, saboreemos el manjar que Dios pone en nuestra Mesa para alimentar nos deseos de santidad, y salgamos al mundo a llevar la hermosa noticia que el Reino de Dios ha llegado a nosotros, porque está en nosotros.
Démosle esperanzas a un mundo que ha perdido la confianza. Démosle alegría a un mundo que está envuelto en la tristeza y el desconsuelo. Démosle la luz de la Verdad a un mundo que vive en la oscuridad del Príncipe de este mundo. Démosle al mundo una razón para creer que es posible un Hombre Nuevo porque Dios nos ha hecho a nosotros hombres nuevos.
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