sábado, 8 de noviembre de 2014

Servimos a Dios o al mundo?

Dichoso será aquel que siempre en él confía
en horas angustiosas de lucha y de aflicción,
confiad en el Señor si andáis atribulados,
abramos nuestro espíritu a su infinito amor. (Del himno de laudes)

"Si no fuisteis de fiar en el injusto dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?
Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.», dice Jesús en el Evangelio de hoy.
La fidelidad no puede ser a dos señores, pues tendremos el corazón dividido y así no podemos "amar como Él nos amó", porque Él nos amó con todo su Corazón, por eso dio su vida por nosotros.
Cuando intentamos quedar bien con todos nunca llegamos a quedar bien con alguien, pues a alguien no le brindamos toda nuestra atención ni toda la verdad, ni todo el amor. Por eso, cuando San Pablo nos invita a tener los mismos sentimientos que Cristo es porque sabe que nuestros sentimientos, más de una y dos veces, están divididos pues queremos contentar a Dios y al mundo.
Cuando nuestra fidelidad está dividida siempre intentamos hacer lo que más nos gusta o menos nos cuesta, para poder sacar el mejor provecho de una situación, aunque ello vaya en detrimento de lo que realmente sentimos o queremos vivir.
Claro que el mundo nos ofrece alternativas muy apetitosas, agradables y fáciles de conseguir. Es cierto que Dios en ningún momento nos dice que lo que Él nos pida vivir va a ser fácil, y que muchas veces nos sabrá amargo a la boca. Pero lo que sí nos promete es que en todo momento Él estará con nosotros, "si lo aceptamos ante los hombres el nos aceptará, si lo negamos ante los hombres Él nos negará ante Dios su Padre".
Pero además, el Señor cuando nos pide la renuncia a nosotros mismos es para darnos Vida, y Vida en abundancia, porque nos vaciamos de nosotros mismos para llenarnos de Dios, de su Espíritu que es fortaleza, sabiduría, alegría, gozo y paz.
Cuando el mundo nos pide que le entreguemos nuestra vida perdemos la vida, pues no tenemos tiempo para los que amamos, pues siempre estamos ocupado en satisfacer las necesidades que el mundo nos plantea y que el mundo suscita en nosotros.
Y, como ayer el Señor nos decía que debemos ser astutos, también hemos de ser astutos en saber a quién seguimos: ¿a Dios? ¿al mundo? ¿Quién me proporciona una mejor calidad de vida, mejor calidad de amor, de paz y de gozo en el espíritu?

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