Hoy, en la solemnidad de todos los santos, la Liturgia de las horas nos presenta una homilía de San Bernardo. Un hermoso texto, pero me quedo con el comienzo que dice así, hablando de lo que significa para él esta solemnidad y la vida de los santos.
"Por lo que a mí respecta, confieso que, al pensar en ellos, se enciende en mí un fuerte deseo.
El primer deseo que promueve o aumenta en nosotros el recuerdo de los santos es el de gozar de su compañía, tan deseable, y de llegar a ser conciudadanos y compañeros de los espíritus bienaventurados, de convivir con la asamblea de los patriarcas, con el grupo de los profetas, con el senado de los apóstoles, con el ejército incontable de los mártires, con la asociación de los confesores, con el coro de las vírgenes, para resumir, el de asociamos y alegramos juntos en la comunión de todos los santos. Nos espera la Iglesia de los primogénitos, y nosotros permanecemos indiferentes; desean los santos nuestra compañía, y nosotros no hacemos caso; nos esperan los justos, y nosotros no prestamos atención".
Y creo que es así, poder compartir con ellos una vida en plenitud junto al Señor es, o debería ser, nuestro deseo mayor. Pues todos hemos de vivir junto al Señor, pero no sólo en la vida eterna, sino también en este peregrinar por la tierra, con los pies pisando fuerte el suelo y el corazón volando al cielo.
Ellos, los santos, pudieron en un momento de sus vidas (para algunos pronto para otros más tarde, para algunos puros desde siempre otros pecadores grandes) descubrir el fuego del Amor a Dios, que encendió sus corazones y los llevó por el camino de la perfección evangélica. Ellos nos muestran que el Camino que Jesús nos invita a recorrer es posible, y que es el mejor Camino para alcanzar la plenitud de la vida, la plenitud de las Bienaventuranzas.
Los santos nos muestran que el Camino del Evangelio no es para algunos pocos, sino que es posible para todos, tengamos la edad que tengamos y seamos de la condiciones social que seamos, y del estilo de vida que tengamos: niños, adolescentes, jóvenes, adultos, ancianos, solteros, viudos, casados, sacerdotes, monjas, monjes, frailes, religiosos. La santidad es el Camino de Vida para todos los que han sido llamados por Dios a la vida de hijos de Dios, por el bautismo nos ha concedido la Gracia de alcanzar la santidad, y todo depende de mi Sí a Su Voluntad, de mí Sí a la Fidelidad a la Vida que Él me ha dado y me ha llamado a vivir.
El Padre, por medio del Hijo, no nos prometió un vida llena de bienes, sino que nos prometió las Bienaventuranzas y una vida llena de Vida. Pidámosle a los santos que nos ayuden a vivirla.
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