En el oficio de lecturas de hoy San Agustín nos dice:
"Nosotros, los cristianos, en comparación con los infieles, somos ya luz, como dice el Apóstol: En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz. Y en otro lugar dice: La noche está avanzando, el día se echa encima: dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz. Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad".
Hoy las tinieblas nos invaden por todos lados, como en día de neblina, caminamos con miedo porque no vemos con claridad el lugar por donde pisamos. Pero no debería ser así, porque la luz esta en nosotros, y nosotros somos luz, por la gracia de Dios, por el Espíritu Santo que habita en nuestros corazones. ¿Debemos entonces seguir en tinieblas? ¿Debemos seguir ocultos por temor al que dirán?
Los infieles, los que no creen , los que viven en contra de Dios y los que detestan nuestra vida de cristianos tienen mas fuerzas en sus palabras que nosotros mismos, y sus palabras muchas veces nos convencen. Pero, lo la,entable es que seguimos diciendo y llamándonos cristianos. Y así las tinieblas del error siguen siendo cada día más espesas.
Muchos nos dirán que no somos perfectos, pues es verdad no lo somos. Por eso creemos que Dios es perfecto y que Espíritu nos guía por el camino que nos conduce a la perfección.
Muchos nos gritaran nuestros pecados e infidelidad, y eso ya lo conocemos porque pecadores nos concibieron en el seno de nuestras madres, pero el Espíritu Santo nos santificó y nos ofrece cada dia la fortaleza para convertirnos y santificarnos.
Sabemos de nuestra pobreza y pequeñez, de nuestra debilidad y pecado, no hace falta que nadie nos lo descubra. Pero seguimos confiando, no en nuestra sabiduría sino en la Sabiduría de Dios, seguimos creyendo no en nuestra fortaleza sino en el Poder de Dios. Luchamos cada día por alcanzar la santidad que nos permita mostrar que la verdad no es nuestra sino que El es la Verdad, que Cristo es el Camino que nos lleva a transformar el hombre viejo en Hombre Nuevo, para que haga nuevo el mundo en que vivimos.
Somos conscientes de nuestra humanidad, pero también somos conscientes de que solo en Dios esta nuestra vida, que solo Dios es la fuerza que nos sostiene en nuestras caídas, y es la Mano que nos levanta de nuestros tropiezos. Por eso, al levantarnos de cada caída la Luz vuelve a brillar, la fortaleza vuelve a surgir, y así volvemos a creer. A confiar, a vivir en la Gracia, porque es a través de nuestra debilidad que se manifiesta el poder de Nuestro Dios y Señor.
Somos luz para el mundo, no porque sea nuestra, sino porque Jesus nos eligió para iluminar, no dejemos que otras medias verdades opaquen la Luz del Espíritu que hay en nuestro corazón.
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