viernes, 21 de noviembre de 2014

Servidores del Señor

En un Sermón sobre María, San Agustín dice:
"Pasando el Señor, seguido de las multitudes y realizando milagros, dijo una mujer: Dichoso el seno que te llevó. Y el Señor, para enseñarnos que no hay que buscar la felicidad en las realidades: de orden material, ¿qué es lo que respondió?: Dichosos más bien los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. De ahí que María es dichosa también porque escuchó la palabra de Dios y la cumplió; llevó en su seno el cuerpo de Cristo, pero más aún guardó en su mente la verdad de Cristo".
Creemos, y muchos creen, que con ser amar a la Virgen María, o ser amigo de un cura, obispo o hasta el Papa, me dan cierto "crédito" espiritual. Algunos hasta piensan que si pueden hablar con algún santo o con María, pueden quedar liberados de vivir la Voluntad de Dios.
Y, como verán en las palabras de san Agustín y, sobre todo, del mismo Cristo, las relaciones personales no nos eximen de cumplir lo que dice la Palabra de Dios.
El otro día, alguien que estaba enfadado por alguna cosa me decía: por que yo soy amigo del sacerdote tal... Y? Eso te da derecho a no vivir el Amor cristiano, a no vivir los mandamientos, a no vivir en la Verdad, la Justicia?
Creo que muchos vamos muy equivocados viviendo nuestro cristianismo, o mejor dicho, nos conformamos con las realidades materiales, y ni siquiera María, se salvó de tener que ser Fiel a Dios en todo momento de su vida. Por eso María fue la Bienaventurada en todas las generaciones, porque como le dijo Isabel: Feliz de ti por haber creído lo que te fue anunciado de parte del Señor.
María no se contentó con ser la que parió al Hijo de Dios, sino que desde antes aceptó la Palabra de Dios y la vivió, por eso Ella pudo decir: me llamarán Bienaventurada todas las generaciones porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas. Ella dejó obrar a Dios en su corazón, en su alma, en su vida porque se despojó de sí misma y se convirtió en la "Servidora del Señor", en la "Esclava del Señor".
Hoy, en este siglo XXI, en donde todos guardamos, conservamos e idolatramos nuestro YO, María sale a nuestro encuentro para decirnos que sólo alcanzaremos la plenitud de nuestra vida si, como Ella, nos despojamos de nuestro, como nos pide Jesús, y nos disponemos a hacer fieles a la Voluntad de Dios.

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