martes, 10 de mayo de 2016

Nuestra misión: ser testigos de la Vida

Impacta al corazón leer el testimonio de San Pablo:
"Y ahora, como encadenado por el Espíritu, voy a Jerusalén sin saber lo que me sucederá allí. Sólo sé que, de ciudad en ciudad, el Espíritu Santo me va advirtiendo cuántas cadenas y tribulaciones me esperan. Pero poco me importa la vida, mientras pueda cumplir mi carrera y la misión que recibí del Señor Jesús: la de dar testimonio de la Buena Noticia de la gracia de Dios".
Impacta por un lado la conciencia y la disponibilidad al Espíritu Santo: "como encadenado por el Espíritu". A lo largo de su vida, y hasta me podría animar a decir que también antes de su conversión, Pablo era un fiel servidor del Señor: antes de su conversión era un celoso defensor de la Ley y los Profetas, y al convertirse se hizo un Apóstol del Señor, y con la misma fuerza de dejó conducir por el Espíritu Santo.
Además impacta la fortaleza de saber que el Espíritu no lo privará de sufrir por el nombre de Jesús, y eso no le importa, al contrario lo ha asumido como parte de su vida, y se siente agradecido "por padecer con Cristo y por Cristo", porque sabe que eso también es parte del Camino, y que no hay Resurrección sin Cruz y Muerte. Por eso nos ayuda a descubrir que si unimos nuestro dolor al Dolor de Jesús, nuestro dolor se hace Gracia de salvación para muchos.
"Pero poco me importa la vida, mientras pueda cumplir mi carrera y la misión que recibí del Señor Jesús", una hermosa frase que hoy la vemos reflejada en miles de hermanos nuestros que han sufrido el martirio en tierras lejanas, en miles de hermanos nuestros que sufren una persecución constante por ser cristianos. Y, nosotros, muchas veces no podemos dejar de lado nuestros deseos por seguir a Cristo; no podemos renunciar a una hora de nuestras vidas por ir a Misa o por hacer un Rosario, ¡cuánto menos podremos dar la vida antes que renunciar a nuestra fe!
Nuestra misión, como la de San Pablo: "dar testimonio de la Buena Noticia de la gracia de Dios", una Gracia de Dios que nos ha sido comprada al precio de la sangre del Hijo Único de Dios, por eso la tenemos que cuidar y proteger, amar y entregar, porque la Gracia, la Vida que hemos recibido es para nosotros y para entregarla, la recibimos para llevarla al mundo, porque así como el Hijo vino para darnos Vida, así nosotros habiendo recibido la Vida del Hijo, somos portadores de esa Vida para el mundo. Recordando que "estamos en el mundo, pero no somos del mundo", vivimos en el mundo pero somos de Dios.
"Manifesté tu Nombre a los que separaste del mundo para confiármelos. Eran tuyos y me los diste, y ellos fueron fieles a tu palabra. Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti, porque les comuniqué las palabras que tú me diste: ellos han reconocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me enviaste.
Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque son tuyos. Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado".

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.