Con la solemnidad de ayer de Pentecostés finalizamos, litúrgicamente, el Tiempo Pascual, volviendo al Tiempo Ordinario, de la liturgia, es decir al Tiempo en el que comenzamos a vivir lo que hemos celebrado en la Pascual y en sus Fiestas. Aunque, en el transcurso de este Tiempo tengamos también fiestas importantes: Santísima Trinidad, Corpus Christi. Pero la liturgia nos invitará a llevar a la práctica de todos los días (a lo ordinario) la fe pascual.
Para comenzar estos días "ordinarios" el Señor nos invita, por medio de la palabra de Santiago a meditar algo que es importante para nosotros: nuestra sabiduría. ¿Cómo es nuestra sabiduría? ¿Nos creemos sabios? ¿Si nos creemos sabios cuáles son los frutos de nuestra sabiduría?
San Pablo no se gloriaba de ser sabio sino "necio en Cristo", pues su sabiduría es "la sabiduría de la Cruz, escándalo para judíos y necedad para griegos" pero "sabiduría y fortaleza" para los que seguimos a Jesús.
Y el apóstol Santiago nos dice:
"la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, intachable, y además es apacible, comprensiva, conciliadora, llena de misericordia y buenos frutos, imparcial y sincera. El fruto de la justicia se siembra en la paz para quienes trabajan por la paz".
En cambio, la sabiduría del mundo:
"Pero si en vuestro corazón tenéis envidia amarga y las rivalidad, no presumáis, mintiendo contra la verdad. Esa no es la sabiduría que baja de lo alto, sino la terrena, animal y diabólica. Pues donde hay envidia y rivalidad, hay turbulencia y toda tipo de malas acciones".
Cuando nos creemos más sabios o más inteligentes que los demás, es porque la sabiduría que creemos tener no es la sabiduría de Dios, sino la del mundo, y esa sabiduría nos llena de vanidad y de soberbia, creyendo que somos más que el que está a nuestro lado.
Dejemos que el Espíritu Santo nos ilumine y nos fortalezca para que nuestra sabiduría sea un Don que venga de lo alto, y que, como dice San Pablo nuestra sabiduría venga de la Cruz, y, aunque el mundo nos crea necios, seamos sembradores de paz, pues el verdadero sabio no crea divisiones y guerras, sino que sabe conducir a los hombres por caminos de paz y fraternidad.
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