domingo, 15 de mayo de 2016

Pentecostés en mi vida

Hoy para mí son dos días que me gustan mucho y no puede ir uno sin el otro.
Hoy hace 23 años que fui ordenado sacerdote, en mi ciudad Arrecifes, por manos de mi Padre Obispo Mons. Domingo Salvador Castagna.
Y hoy celebramos el día de Pentecostés: la Venida del Espíritu Santo sobre María y los Apóstoles.
Estos dos días para mí siempre van juntos por que no puedo concebir mi sacerdocio sin la asistencia del Espíritu Santo. He tenido la Gracia que el P. Efraín suscitara esta "necesidad" en mi vida: la ayuda constante del Espíritu Santo, para poder ir, cada día, creciendo en Fidelidad a la Vida que el Señor mi había dado.
Sin el Espíritu no hubiera podido hacer (si es que lo he hecho) nada bueno en mi vida sacerdotal, ni siquiera haber podido caminar muchos meses o años por este camino de santidad.
Además fue un día de Pentecostés en el que recibí, junto a otros compañeros, la Admisión Canónica a las Sagradas Órdenes, y en esa Misa Mons. Castagna, también, nos exhortaba sobre el camino que comenzábamos a caminar, y que, sin el Espíritu Santo no podríamos recorrerlo, pues no era un camino más, como cualquier otro, sino que era un Camino elegido por Dios para nosotros, con muchas luces y sombras, cruces y resurrecciones, desiertos y valles verdes, pero que si lo recorríamos con el Espíritu del Señor podríamos alcanzar la meta.
Hasta hoy, a pesar y gracias a todo lo vivido, tengo que decir que volvería a elegir este Camino, pues en él me he encontrado conmigo, y cada día no dejo de asombrarme de las maravillas de Dios, pero, sobre todo, de un milagro especial que cada día tiene conmigo: obedecer a mis palabras y convertir el Pan y el Vino en su Cuerpo y su Sangre, hacerse presente en el Altar y transformar mi vida y la vida de aquellos que se acercan a recibirlo. Por que no hay, creo (por lo menos para mí) ningún otro momento que sea tan especial en la vida sacerdotal que el momento de la consagración eucarística, hacer presente a Jesús Vivo en el altar y poder entregarlo a los demás para su salvación, es el más maravilloso de los momentos.
Y todo esto y mucho más gracias al Espíritu Santo que sigue soplando en nuestras vidas a pesar de lo que somos, pues en nuestras vidas en pecado Él sigue sosteniendo la Obra de Dios, y aunque no seamos Fieles, Él sigue siendo Fiel a la Obra comenzada por Dios.
Hoy sí es un día de Acción de Gracias a Dios por haberme elegido, a pesar de mí, y regalarme este inmenso Don del Sacerdocio, y, en fidelidad a Su Promesa, seguir enviando su Espíritu para que Él pueda (a pesar de mis debilidades) actuar en mi vida para los demás.
Por eso, no dejéis de abrir vuestros corazones al Espíritu Santo porque es quien nos sostiene, fortalece y vivifica, es la Promesa del Hijo que se hace realidad cada vez que decimos: ¡Ven Espíritu Santo y llena nuestra vida con tu Luz!

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