jueves, 12 de mayo de 2016

Ser Uno en el Espíritu y por el Espíritu

Hoy el Salmo nos dice:
"Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha".
Y este es el sentido de nuestro estar en Dios, de leer y escuchar Su Palabra, de escuchar y aceptar la Palabra de Jesús: conocer el Camino de la Vida, para gozar de alegría perpetua junto a Él. Creo que es el deseo de todos los que hemos aceptado la llamada de Dios a seguir este Camino: ser cristianos.
Escuchando Su Palabra descubrimos hoy cuál es el deseo de Jesús, que es el deseo del Padre para nosotros:
"Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí".
La Unidad entre nosotros es lo que nos identifica como hijos de Dios, seguidores de Cristo, como cristianos; es la realidad que Jesús quiere que vivamos para que el mundo crea que somos miembros de Su Cuerpo, para que el mundo crea que en Jesús como enviado de Dios, como el Mesías, como el Salvador.
Es por eso que nos envió el Espíritu Santo para que todos tengamos el mismo espíritu, pues es el Espíritu el que nos hace "llamar a Dios ¡Abba! ¡Padre!", dándonos así el don de la filiación divina, haciendo de nosotros, de todos, hermanos bajo un mismo Padre.
Pero, claro, el Espíritu Santo no es mágico, sino que Él actúa si nosotros lo dejamos actuar, si lo dejamos inspirarnos sentimientos de amor, de respeto, de perdón. O mejor dicho, y perdonadme, si a los sentimientos que Él nos inspira le hacemos caso y obedecemos sus inspiraciones, pues el Espíritu siempre busca lo que el Hijo y el Padre desean en nosotros: que nos amemos como hermanos y seamos Uno para que el mundo crea y alcance la salvación.
Es el mismo Espíritu quien nos puede ayudar a morir a nosotros mismos para poder limar las diferencias que hay entre nosotros, porque cuando estamos atados a nuestros egoísmos, vanidades y deseos del mundo, no podemos descubrirnos como hermanos y ayudarnos, con Su Gracia, a buscar Caminos de Unidad, de Paz, de Perdón para que juntos construyamos un Reino de Personas que se Aman.
Cuando el espíritu del mundo es quien maneja nuestras vidas siempre habrá rivalidades, envidias, enemistades, apetitos de poder que impidan la armonía en la familia, la pareja, la comunidad. Cuando el espíritu del mundo actúa en nuestra vida, aunque creamos que somos muy cristianos, en realidad no lo somos porque no formamos un solo Cuerpo con nuestros hermanos, sino que somos destructores de comunidades y no testigos del Amor de Dios.,
Dejemos que el Espíritu Santo llene nuestros corazones con su Luz, su Poder y su Fuego queme nuestro pecado y encienda nuestros deseos de Fidelidad a Dios y a su Hijo, Nuestro Señor.

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