"También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se .alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría. Ese día no me preguntaréis nada».
Jesús continúa hablando de su partida y lo que su partida implica en la vida del mundo y en nuestra vida, como discípulos y seguidores suyos. Sabemos que el mundo se alegra si Jesús desaparece y, mucho más, si desaparecieran sus seguidores, pero, también sabemos que nada sucede sin que Dios lo quiera o lo permita, por lo tanto, como Jesús lo anunció, el mundo seguirá intentado darle muerte sea donde sea. Pero no me quiero quedar con eso, pues la confianza en el Padre es mucho mayor que la fuerza del mundo.
Me quedo con lo que sigue: "pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría". Es una hermosa promesa que tenemos que recordar cada día, porque cada día Jesús vuelve a nuestra vida, por eso nuestra alegría renace con el día, y renace con el re-encuentro con Jesús.
¿Cuál es la alegría? El saber amados por Dios es nuestra alegría, y el saber que cada día podemos encontrarnos con Él y llenar nuestro corazón con su Espíritu es nuestra mayor alegría. El poder sentir su presencia en nuestras vidas, el descubrir la Luz en Su Palabra, el amor en nuestros hermanos, el calor de su Voz y la fortaleza que nos da Su Vida, es lo que alimenta, cada día, nuestra alegría. Es por eso que nuestra mirada siempre tiene que estar puesta en Él, pues es el único capaz de sostenernos en la alegría verdadera y plena.
Claro que eso no significa que no tengamos que aceptar y asumir las cruces de cada día, y cada día llegar hasta el Huerto de los Olivos para clamar al Padre que nos ayude a llevar la Cruz, pero sabemos que después del clamor de Jesús, Dios envió a sus ángeles para confortarlo, por eso no nos desesperamos, no nos angustiamos, sino que la confianza en la Promesa del Señor, nos renueva el ánimo de Fidelidad, nos fortalece en la esperanza de sabernos cobijados y sostenidos, y nos alegra el saber que en cada Cruz hay una resurrección. Que siempre el Sol de la Vida Nueva vuelve a asomar en el horizonte de la noche del espíritu, por eso no nos desanimamos, antes bien buscando el cobijo de Su Corazón nos dejamos guiar por el Buen Pastor hacia las verdes praderas.
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