Hoy quiero quedarme con una lectura de las confesiones de San Agustín (del Oficio de Lecturas) que, seguramente, hemos escuchado alguna vez que otra:
"¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían. Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de ti".
Es una hermosa expresión de un corazón que buscó hasta que encontró lo que buscaba. Es la sensación del verdadero encuentro con Dios, con el Amado que cuando lo encuentras te das cuenta que en todo lo que había siempre estaba, pero que, enceguecido por otras cosas no nos dábamos cuenta que Él siempre estaba junto a nosotros, y, más aún, en nosotros.
Y, sí, este encuentro sólo se da en el silencio, cuando hacemos silencio de todo lo que nos rodee y de todo lo que nos pre-ocupa, podemos llegar a encontrarnos con Aquél que está dentro nuestro y nos está queriendo enseñar el Camino para encontrarnos y para encontrarlo.
Una vez que realmente te encuentras con Él no puedes dejar de buscar momentos de soledad, de intimidad, pues sabes que sólo Él llena el corazón con el Verdadero Amor, con la Paz, con el Gozo real de un alma que ha descubierto el sentido de su vivir. Y esa alma ya no puede estar sin su alimento Vivo y Verdadero, que es la Vida de su Amado.
En algunos lugares (como aquí) mañana celebramos el Día del Corpus Christi (el día del Señor), el día del Amado, cuando con Él salimos por las calles de nuestras ciudades a demostrar nuestro Amor, a danos a conocer sin que tengamos miedo pues el Amor todo lo puede. En otros lugares se celebrará el sábado o el Domingo, pero tenemos que recordar que todos los días nuestro Dios y Señor nos espera, en su Sagrario para hablar con nosotros; nos espera en el silencio de nuestro corazón para hacernos gustar su Amor. Y, verdaderamente quiere unirse a nosotros en el Pan de la Vida pues ese fue el Verdadero Signo del Amor Infinito de Dios que se nos entregó en Su Hijo Único, quien por amor se quedó en la Eucaristía. No dejemos que Él no sienta nuestra cercanía, porque necesitamos estar junto a Él para alimentar nuestro amor y darlo como Él nos lo entregó.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.