Hoy celebramos la Solemnidad del Corpus Christi, del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Y no la celebramos porque Jesús necesite que le rindamos culto, sino porque nosotros necesitamos hacer Viva su Presencia entre nosotros, y en, especial, testimoniar con nuestra vida aquello que creemos, aquello que queremos vivir a pesar de nuestros defectos y pecados.
Y ¿qué es lo que queremos vivir? Queremos vivir alimentados de la Eucaristía, porque tenemos "sed del Dios Vivo, del Dios que ha hecho tanto por mí". Queremos vivir alimentados por la Eucaristía porque sabemos que sin Su Vida nuestra vida no tiene fuerzas, nuestro espíritu decae y se debilita por las luchas constantes que sufrimos en nuestro corazón. Queremos vivir alimentados por la Eucaristía porque necesitamos renovar, día tras día, las fuerzas para seguir levantándonos de nuestras caídas, enderezarnos después de nuestros tropiezos, y reconciliarnos después de nuestros errores y pecados.
Queremos vivir alimentados de la Eucaristía porque sabemos lo débiles que somos humanamente para poder alcanzar la santidad que el Padre quiere en nosotros, y que nosotros anhelamos vivir. Queremos vivir alimentados de la Eucaristía porque Él nos mandó a alimentar a nuestros hermanos que tienen hambre de esperanza, de gozo, de alegría, de consuelo, de fraternidad, de paz, de verdad, de justicia y solamente alimentados y fortalecidos podemos dar de comer a tanta gente.
No pienses que porque me he alimentado una vez con el Cuerpo de Cristo ya he alcanzado la meta y no tengo más defectos y pecados. ¡NO! Si busco constantemente al Señor en la Eucaristía y necesito Su Palabra es porque aún me queda mucho Camino para recorrer, y si no lo tuviera a Él entre mis manos y en mi corazón, mi vida aún sería peor, pues no tendría fuerzas para sobreponerme de mis caídas, ni fuerzas para pedir perdón cuando me equivoco o hiero a mis hermanos.
Aún me siento muy enfermo en mi interior y por eso recurro al médico de mi alma para que me siga sanando, porque necesito de ayuda para alcanzar la Salvación de mi vida, y así poder, un día, por Su Misericordia y Su Gracia, compartir con Él su Reino.
Así es, no celebramos el Corpus Christi porque seamos los mejores y los más perfectos, sino porque necesitamos estar con Él, demostrar nuestro amor incondicional por Él, y demostrarnos que no tenemos ni miedos ni vergüenza de que el mundo sepa que, en nuestra debilidad, somos seres necesitados de su Vida y su Amor, y que si Él por amor a nosotros entregó su Vida, nosotros por amor a él entregamos nuestras vidas.
Hoy es el Día del Señor. Pero también cada día es el Día del Señor. Cada día el Señor nos espera desde el silencio del Sagrario para escucharnos, para hablarnos, para fortalecer nuestras vidas. Y, lo más importante, en cada Misa nos espera para darse como Pan Vivo Bajado del Cielo. No dejemos de ir al Banquete Celestial.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.