domingo, 22 de mayo de 2016

Misterios de nuestra Fe

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: – «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora"
Al leer esta frase me vinieron a la memoria tantos escritos, documentos, tratados, libros y más libros que se han ido escribiendo a lo largo de la historia y aún no se han podido descubrir los grandes misterios de la Fe. Muchos doctores en teología, mística, filosofía y tantos más han querido descifrar los misterios de Dios pero no han llegado más que a acumular palabras, muchas veces, inentendibles para los que nos somos doctos en la materia.
Y es que los misterios de nuestra Fe seguirán siendo misterios hasta que no "nos encontremos cara a cara" con el Creador, porque ahí lo veremos tal cual es, dice San Pablo. Aunque siempre tendremos la necesidad de saber más, de aprender un poco más.
Pero no serán los libros y los tratados los que nos ayuden a vivir nuestra Fe, sino que será nuestra relación con el Espíritu Santo y las Divinas Personas lo que nos permita profundizar en nuestra Fe. Porque muchas veces vemos, en nuestra tarea pastoral, que no son los más inteligentes o eruditos los que tienen profundidad en su vida espiritual, sino aquellos que se han dejado conducir por el Espíritu en la contemplación del misterio de la Cruz, los que han sabido hacer silencio frente al Misterio y han podido dejarse iluminar por el Espíritu Santo.
"...cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena".
Igualmente, en este mundo no llegaremos a resolver las grandes oscuridades de los Misterios de nuestra Fe, sino que lo que nos interesa es poder aceptarlos, y encontrar el camino para que esos Misterios iluminen y den sentido a mi vida cristiana, a mi entrega en Fidelidad a la Vida que el Padre me ha dado y que el Hijo ha llevado a la plenitud con su muerte y resurrección, una Vida que es santificada día a día por el Espíritu Santo que me ha sido dado.
Nos encontramos, algunas veces, con quienes por no entender han abandonado la Fe, y otras veces, con quienes por no entender se han sumergido, con mayor valentía, en los Brazos del Padre para ser conducidos por Él "por las cañadas oscuras" que nos presenta la vida.
Por eso, nuestro corazón siempre tiene que estar abierto y en relación con el Espíritu Santo para que Su Luz y sus Dones nos ayuden a vivir un relación personal con el Padre y el Hijo, para que el diálogo constante y diario con Ellos, aumente nuestro Amor y nuestra entrega, y así de Sus Manos podamos alcanzar la meta y no perder nuestra Fe.

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