martes, 3 de mayo de 2016

Malograr nuestra fe

Siempre ha sido muy claro San Pablo a la hora de decir las cosas, y lo ha sido en esta carta a lo Corintios también:
"Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando, si es que conserváis el Evangelio que os proclamé; de lo contrario, se ha malogrado vuestra adhesión a la fe".
Cuando aceptamos ser cristianos, aceptamos vivir el Evangelio, pues eso es ser cristiano, vivir las enseñanzas y los consejos que Jesús nos dejó en su Evangelio, pero no como nosotros queremos, sino como verdaderamente está escrito. Eso es lo que creemos los que queremos ser cristianos, o, mejor dicho, eso es lo que deberíamos querer los que decimos ser cristianos.
Y me parece hermoso que en estos tiempos que estamos viviendo, de tanta libertad, en donde cada uno quiere una ley particular para su vida, y que se le permita hacer lo que cada uno quiere, pues para eso somos libres, San Pablo nos recuerde sobre qué Palabra está fundada nuestra vida de cristianos. Por que, vuelvo a repetir, cuando decidimos libremente ser cristianos, no decidimos escribir nosotros el Evangelio a nuestra manera, sino que (supuestamente) sabemos a qué nos decidimos: a vivir el Evangelio que fue proclamado por Jesucristo, el que nos transmitieron los apóstoles y que no nosotros aceptamos para nuestra vida.
Por que, como dice San Pablo, si lo hemos cambiado (a ese Evangelio) es que nuestra adhesión a la fe se ha malogrado, porque ya no creemos ni adherimos al Evangelio de Cristo, por lo tanto ya no somos cristianos, aunque nos llamemos cristianos o nos colguemos en el cuello o las orejas miles de cruces o vírgenes o santos.
Claro que a muchos nos surgirá la pregunta o la intención de Tomás: "muéstranos al Padre y nos basta", podríamos decir "muéstranos a Jesús y nos basta para poder vivir". Y volverá el Señor a decirnos: "hace tantos años que dices que eres mi seguidor y aún no me conoces?" Hace tantos años que decimos ser cristianos y aún no hemos conocido su Palabra, o no hemos aceptado su Palabra, sino que aún seguimos siguiendo sólo a un hombre, que habla bien, que dice cosas que me gustan escuchar, pero que cuando me obliga a vivir de tal o cual manera, a negarme a mí mismo, a aceptar su Voluntad... ahí ya no es el hombre que quiero seguir, ahí ya no es la Palabra que quiero escuchar, prefiero hacer mi propia voluntad, prefiero escuchar mi propia palabra...
Ahí es cuando se malogró mi fe, cuando ya tomé la decisión de no aceptar la Palabra de Dios. Ahí es cuando el camino de la salvación prometida por Jesús se alejó de mí, porque yo he tomado otro camino.

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