Nos pide San Pedro hoy:
"Queridos hermanos: Como el niño recién nacido, ansiad la leche espiritual, no adulterada, para que con ella vayáis progresando en la salvación, ya que «habéis gustado lo bueno que es el Señor».
Hoy en día están de moda los libros de autoayuda que intentan dar al hombre una respuesta frente a las dificultades, dolores, y tantas cosas que lo agobian. Hay algunos que, realmente, están muy bien escritos y fundados en una buena psicología; hay otros que no.
Pero ¿por qué hago referencia a esto? Por que no son pocos los cristianos que, en lugar de leer la Sagrada Escritura o libros espirituales, dedican su tiempo a estos libros para buscar respuesta a los por qué de la vida. Se los podría llamar "beber la leche adulterada" y no "la leche espiritual", de la que habla San Pedro.
Así la vida espiritual cristiana se va diluyendo entre semblantes de "autoayuda" que, en algunos casos, nos invitan a ir en contra de la Voluntad de Dios, haciendo que nuestro espíritu sea cada vez más débil frente a la aceptación de su Voluntad.
No es que no podamos leer estos libros. Pero los cristianos tenemos que tener una fuerte maduración en los misterios de nuestra fe, una profunda aceptación de la Palabra de Dios como palabra de Vida para mi día a día. Y así nos vamos haciendo cada día más "modernos" pero menos cristianos.
Y ¿por qué beber más de la verdadera leche espiritual? Por que es la única manera de madurar en nuestra vocación primera:
"Acercándoos a él, piedra viva rechazada por los hombres, pero elegida y preciosa para Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción de una casa espiritual para un un sacerdocio santo, a fin de ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Jesucristo. Vosotros sois un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios para anunciéis las proezas del que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa".
Es La Palabra de Dios la que nos habla de las cosas de Dios, la que nos ayuda a comprender Su Voluntad y nos da Su Gracia para fortalecer nuestro espíritu y poder aceptar el Camino que Él nos va indicando. La Palabra de Dios es quien nos lleva de la mano para acercarnos al Hijo que nos espera y nos alimenta con el Pan de la Vida para que nuestra vida sea una vida santa y muestre las maravillas de Dios a nuestros hermanos. La Palabra de Dios y el Pan de Vida son nuestros alimentos cotidianos que nos fortalecen para entregarnos día a día como instrumentos en manos de Dios, para poder ser, día a día, testigos creíbles del Amor de Dios.
Y nosotros, los hijos de Dios, somos los portadores de la Buena Noticia de la Salvación que por la Palabra y el Pan de la Vida, llena nuestra vida y nuestro corazón, para que nuestros labios proclamen el gozo de sabernos hijos de Dios, y ayuden a quienes buscan a encontrar el sentido hacia Dios.
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