sábado, 21 de mayo de 2016

Niñez o providencialismo?

Le dijo Jesús a sus discípulos:
"En verdad os digo que que quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él".
Se ha confundido, en algunos momentos, la Infancia Espiritual con el providencialismo. ¿Qué es el providencialismo? Creer que no tengo que hacer nada, todo viene de Dios, y por eso, yo me quedo de brazos cruzados esperando que todo me venga de arriba.
En alguna de mis parroquias (por las que anduve) había una Señora que, en una época, comenzó todos los días a pedirme que rece porque tenía tal dolor. Después de unos días le pregunto: "has ido al médico para que te vea ese dolor". Ella me responde: "no, por eso le pido que rece para que se me cure". Eso es providencialismo. Dios le ha dado a los médico el don de intentar curar, con la Gracia de Dios, pero para eso yo tengo que usar de lo que Dios ha puesto en mi camino para poder alcanzar el fin que Él quiera.
Mons. Castagna, nos decía una vez: "hay que ser muy fuerte para ser niño" (refiriéndose a la Infancia Espiritual) Y esa es la verdad. Porque la Infancia Espiritual nos invita a dejarnos conducir por Dios, a creer de tal manera en Dios que mi día a día a es Ser Fiel a Su Voluntad, porque confío en Él, porque me abandono en Él, pero no para no hacer nada, sino para hacer Su Voluntad.
Y ¿por qué necesito ser fuerte para ser niño? Por que cuando somos adultos tenemos que luchar mucho contra nosotros mismos, contra nuestra forma de ser, contra nuestra forma de actuar, contra nuestro YO que ya cree que lo sabe todo, que lo domina todo, que puede con todo, y, por eso, no necesita de un Padre que le vaya diciendo lo que tiene que hacer o lo que no tiene que hacer.
Cuando somos adultos no queremos que nadie dirija nuestras vidas, porque creemos que solos podemos manejar nuestra libertad. Pero, al haber aceptado el camino de ser cristianos, y descubrir que el Señor nos ha elegido para ser santos, entonces la vida varía, se modifica. Y tenemos que aceptar que nuestra vida cristiana es una vida que busca, en su día a día, la Voluntad del Padre.
Y, volvemos a lo mismo: Jesús nos dijo antes de llamarnos: "quien quiera venir detrás de mí, niéguese a sí mismo, cargue con su Cruz de cada día y sígame".
Quizás para nosotros, los adultos, la Cruz de cada día es la de renunciar a nuestros criterios adultos para dejarnos modelar en la confianza y el abandono en brazos del Padre, para poder así, intentar, cada día, hacer Su Voluntad y no la nuestra.
Y yo le agregaría a las palabras de Jesús, una palabras que dijo en la Última Cena y que son el fin de todos sus consejos evangélicos: "os he dicho esto para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría llegue a la plenitud". Si nos dejamos modelar y con la fuerza del Espíritu nos hacemos niños en las Manos del Padre, nuestra alegría llegará a su plenitud.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.