Hoy no se con qué lectura quedarme porque las dos dicen demasiadas cosas, y todas son para nuestro crecimiento espiritual. Aunque creo que entre las dos podemos quedarnos en el tema de la oración, pues Pedro y Jesús nos hablan de nuestra oración y de lo que pedimos y cómo lo pedimos en la oración.
Nos dice San Pedro: "así pues, sed sensatos y sobrios para la oración". Y Jesús nos habla de la (podríamos decir) infalibilidad de la oración: "por eso os digo: todo cuanto pidáis en la oración, creed que os lo han concedido, y lo obtendréis".
Aunque, para mucho, la oración no es tan infalible, pues ha habido momentos en que hemos hecho mucha oración y no hemos obtenido el resultado que queríamos. Hemos realizado novenas, cadenas de oración y no hemos alcanzado las Gracias que queríamos. Por eso, muchos han dejado de creer en la oración porque no consiguen lo que quieren.
Y ¿la oración es para conseguir lo que queremos aunque lo que queramos sea algo bueno? ¿Qué es lo que tenemos que pedir en la oración? ¿No tiene poder Dios para darme todo lo que le pida en la oración?
Son algunas de las preguntas que escuchamos cuando alguien es "defraudado" por el poder de la oración. Y no son preguntas fáciles de responder, sobre todo cuando aún esta latente el dolor de haber sido defraudados.
Y así podemos volver a las palabras de San Pedro: "sed sensatos y sobrios en la oración". ¿Qué es ser sensatos? Pensar con cabeza, podríamos decir, es decir, pensar bien lo que vamos a pedir, que, aunque lo que pidamos sea lo mejor para mí o para otra persona, no siempre es lo que Dios quiere o permite. Así Jesús, en aquél famoso pasaje del "pedid y recibiréis" termina diciendo: "cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quien se lo pidiere".
Pero no siempre pedimos el Espíritu Santo en nuestras oraciones. Y ¿por qué pedir el Espíritu Santo y no lo que queremos? Por que es el Espíritu quien nos ayuda a comprender lo que necesitamos en ese momento. Por ejemplo, San Pedro nos sigue diciendo: "Queridos míos, no os extrañéis del fuego que ha prendido en vosotros y sirve para probaros, como si ocurriera algo extraño. Al contrario, estad alegres en la medida que compartís los sufrimientos de Cristo, de modo que, cuando se revele su gloria, gocéis de alegría desbordante".
Y el sufrimiento no lo queremos en nuestras vidas, sin embargo San Pedro nos pide que nos alegremos de sufrir con Cristo. ¿No será esto algo sensato para pedir? Claro, no pidamos sufrir, sino aprender a aceptar el sufrimiento cuando llegue y poder hacerlo con Cristo. Y esa realidad sólo la podemos llegar a vivir si el Espíritu Santo nos ayuda con todos sus Dones.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.