"En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá..."
Una de las características del ser mariano nos la presenta este Evangelio al hablar de María: "se puso en camino y fue aprisa", es decir la pronta disponibilidad de María. Esta disponibilidad de María se manifestó primeramente en el Sí que le dio al Ángel, y lo concretó en esta pronto respuesta ante la necesidad de un hermano. Al enterarse que su prima, ya anciana, estaba embarazada salió aprisa a su casa para ayudarla. No tuvo necesidad que le dijeran que vaya, no tuvo necesidad de recibir un whatsapp o un email, sino que al enterarse que podría tener necesidad Ella misma salió aprisa a ayudarla.
Cuando el corazón está libre de su propio yo ("he aquí la esclava del Señor, ¡hágase en mí según tu palabra1") siempre se puede ver más allá de las cosas, y estar atento a lo que ocurre fuera de mí. Por eso María pudo estar siempre atenta a las necesidades de los demás, lo cual lo vemos, también, en las Bodas de Caná. Sólo María se dio cuenta que "no tenían vino" y medió ante su Hijo para solucionar esa necesidad.
Así, cuando miremos a María, cuando hablemos con Ella pidámosle esa prontitud, esa disponibilidad, la fortaleza de espíritu para poder dejar de mirarnos tanto a nosotros mismos y comenzar a pensar en los demás, para poder hacer efectivo el amor que nos pide vivir Jesús.
Por que el resultado de esta disponibilidad no sólo está en la ayuda al otro, sino que también redunda en beneficio propio, pues el alma que se entrega al otro, que se vacía de sí misma para darse es colmada del Amor de Dios. Un Amor que se hace más intenso cuanto más intensa es nuestra entrega, por amor, a los demás.
Un Amor que hace que nuestro corazón exulte de gozo por que ha sido llamado y elegido para servir, para amar, para Vivir la vida de Dios. Y así tenemos un corazón que cante junto a María su bella oración:
«Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mi: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación".
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