"Jesús les dijo: -«Por la dureza de vuestro corazón dejó escrito Moisés este precepto".
Si bien Jesús responde a una pregunta puntual de los discípulos, creo que la respuesta sirve para mucho más que para esa pregunta, y más en este siglo XXI que transitamos. Como vemos ya hace más de dos mil años que seguimos siendo duros de corazón, y pretendemos que todo sea según nuestra voluntad y según lo que nos conviene. En muchos casos logramos "torcer" las leyes para poder hacer lo que queremos, pero, en este caso, Jesús nos lo ha dejado bien clarito: lo que Dios ha querido desde el principio era otra cosa y, más adelante ya lo dijo: "no he venido a abolir la Ley y los Profetas sino a darle plenitud".
Hoy no sólo en lo religioso pretendemos modificar las leyes divinas, sino que en la vida diaria, en lo civil, también queremos (y algunos más que otros) quitar del medio de nuestras vidas las leyes que no nos gustan, o, para algunos, que no haya leyes que impidan la libertad del hombre.
Claro está que pretendemos vivir sin leyes pero necesitamos que otros las cumplan, porque no queremos que a nosotros nos pase nada o que los que nos la hagan la paguen. También están aquellos que quieren gozar de los privilegios de una sociedad, de un país o de una religión pero no quieren aceptar los preceptos o leyes que hacen que tal o cual sea como es.
A todo esto Santiago en su carta nos exhorta y nos dice:
"que vuestro sí sea un sí y vuestro no, no, para que no caigáis bajo condena".
A lo que en el Apocalipsis el Señor nos dirá:
"que tu sí sea sí y que tu no sea no, se frío o caliente, pues a los tibios los vomitaré de mi boca".
Ya en aquellos tiempos se nos exigía radicalidad en la vida de acuerdo a la elección que habíamos realizado. Hoy, más que nunca, también se nos pide lo mismo pues si has elegido formar parte de este estilo de vida, entonces vive este estilo de vida y no quieras modificarlo, pues ya no sería el estilo de vida que has elegido, pues ni siquiera el Hijo pudo modificarlas Leyes del Padre.
No quieras tú modificar algo que destruiría aquello que has elegido. En todo caso, como el Hijo clama al Padre para que te ayude a aceptar lo que no puedes asumir, implora por la fortaleza del Espíritu Santo para poder vivir aquello que te cuesta comprender o aceptar, pero no intentes modificar a tu antojo lo que Dios nos ha regalado como Vida Nueva.
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