sábado, 14 de mayo de 2016

El camino de la perfecta alegría

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado".
Se podría decir que siempre volvemos al mismo punto: al Amor de Dios y a guardar los mandamientos, una relación indisoluble (tendría que ser) en la vida de un cristiano: "si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor". No ha otra alternativa. Y no son sólo los 10 Mandamientos, sino también el Nuevo Mandamiento: "este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado", que es el que sintetiza los 10 anteriores.
Esto fue dicho hace 2000 años, pero no por eso ha cambiado de valor, ni ha cambiado de dirección, pues la Palabra de Dios (para los que creen) es viva y eterna, y, como dijo el mismo Jesús: "no he venido a abolir la Ley y los Profetas, sino a darle plenitud", y la plenitud es la Ley del Amor como Él lo vivió.
Claro que cuando hablamos de leyes o de cumplir las leyes, creemos que ya nos han dejado sin libertad, más en estos tiempos en dónde la libertad es lo primero que tiene sentido, aunque nos esclavicemos a un millón de otras cosas, pero... es el pensamiento que hoy tenemos. Por eso Jesús quiso que viéramos todo desde el Amor, porque es el Amor el motor supremo que nos mueve al encuentro con el Padre y el Hijo, quienes nos dan al Espíritu para que nos anime a vivir "guardando sus mandamientos", para, como dice Jesús: "que nuestra alegría llegue a plenitud".
No quiere Dios Padre, ni el Hijo, ninguna otra cosa para nosotros que la plenitud de nuestra alegría y, por ende, de nuestra vida. Y así nos muestra el mejor Camino para alcanzarlo, "Yo soy el Camino", Él se hizo Camino por nosotros para que viéramos en Su Vida que la el amor y la obediencia no quitan la libertad, sino que la plenifican y que la muerte no quita vida, sino que la da en abundancia. Por eso El Camino se hace Vida, Vida Nueva Resucitada que trae la alegría plena y perfecta al Hombre que sabe reconocerla y aceptarla.
Jesús nos eligió no para quitarnos vida, no para quitarnos libertad, sino para darnos una Vida Nueva vivida en la plenitud de la libertad de los hijos de Dios, pues aceptando la elección y el llamado aceptamos recorrer el Camino que nos conduce a la Vida Nueva de los Hijos de Dios.

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