Al leer el Evangelio de hoy recordé otras palabras de Jesús:
"sed astutos como serpientes y sencillos como palomas", algo que vemos que Jesús mismo pone en práctica frente a las vanas acusaciones de los fariseos, o frente a las "piadosas" preguntas que le hacen los ancianos. Utiliza la astucia no para evadir respuestas sino para salvar la Verdad, pues lo que ellos no quieren es que Él sea la Verdad. Buscan con preguntas o argumentos supuestamente sanos, hacer quedar mal a Jesús o hacer que Jesús "pise el palito de la trampa" y, así, puedan condenarlo por embustero, mentiroso o lo que sea.
A la vez que es astuto en su forma de obrar frente a esta gente, no usa con ellos la violencia o la maldad, sino que se presenta sencillo y humilde, pues la Verdad vence por sí sola, no hace falta ningún tipo de violencia o mala educación para que se haga ver.
Hoy nosotros estamos acostumbrándonos a la violencia verbal, a la violencia psicológica y, por supuesto, a la violencia que brota de las guerras. No es extraño ver en nuestras comunidades, grandes o pequeñas, situaciones de violencia entre los que son parte de una misma comunidad, de una misma familia. Y no porque haya problemas de algún tipo, sino porque no se acepta la verdad, porque no hay respeto hacia el otro. Y vamos generando un actitud de disposición al maltrato que no es propio de los que decimos ser constructores de un Reino de Paz, de un Reino de Amor, de un Reino de Verdad y Justicia.
Sí es cierto que tenemos que defender lo que creemos, tenemos que defender lo que anhelamos y el Camino que hemos aceptado recorrer, pero lo tenemos que defender con nuestra conducta, con nuestras obras, con nuestras palabras que no son las del mundo, sino que son las de Dios. No utilicemos solamente el evangelio de Jesús echando a latigazos a los mercaderes del templo, sino al Jesús que usa de la misericordia, de la astucia para defender la misión que el Padre le ha enviado.
Por todo esto la gente se asombraba de Jesús: porque hablaba con autoridad, como no lo habían visto nunca entre las autoridades judías. Pero eso mismo ponía de los nervios a las autoridades. Cuando vivo en coherencia con lo que creo y mis obras son coherentes con lo que digo, esas acciones le dan autoridad a mi persona. Pero muchos creen que si hablan voceando o gritando, o son prepotentes con sus palabras dicen más verdades que los demás. Y, a veces, nos las creemos.
La Verdad y la autoridad de vida tienen peso por sí solas, no hace falta nada más que ser coherentes con lo que decimos creer. Podríamos usar aquello de Jesús: "Buscad el Reino de Dios y su Justicia, lo demás vendrá por añadidura".
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.