lunes, 2 de mayo de 2016

Elegidos para anunciar

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: – «Cuando venga el Paráclito, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo".
Si leemos este párrafo muy literal podríamos pensar que Jesús no está hablando para nosotros, pues no estuvimos con Él desde el principio, y, por eso, es sólo para los apóstoles a quienes Él eligió y estuvieron con Él desde el principio. Y, en parte, es así. Este diálogo hermoso que Jesús tiene en la Última Cena es para los apóstoles; es el hermoso momento donde Jesús quiere darles a conocer todo lo que Él tiene en su corazón, y advertirles y sostenerlos sobre lo que va a venir.
Pero también es para nosotros, porque como nos dice San Pablo: "fuimos elegidos por Dios antes de la creación del mundo", y así, también nosotros estamos en el pensamiento de Dios desde el principio. Además es verdad que necesitamos constantemente el Espíritu Santo, el Paráclito, que nos siga enseñando todas aquellas cosas que no hemos sabido aprender de Jesús, todas aquellas cosas que aún no comprendemos acerca de nuestra fe, de nuestra vida. Por que hoy nos toca a nosotros dar testimonio de Jesús, del Padre, del Espíritu Santo. Hoy somos nosotros los apóstoles de Jesús que anunciamos a los hombres las maravillas de Dios, y lo hacemos con nuestra vida y palabras.
Y hoy, más que nunca, necesitamos que el Espíritu Santo hable por nosotros porque hay muchos que se creen doctos y sabios en el mundo, y quieren contradecir las Palabras de Dios y no sabemos cómo hacer o qué decir y, por eso, más de una vez, nos callamos y nos ocultamos en el silencio porque no nos sentimos capaces de hacer frente a los ataques que sufrimos. Y tenemos que recordar que, aunque no somos Luz, tenemos la Luz de la Palabra en nuestros corazones, y tenemos la Luz del Espíritu que ilumina nuestra vida, por eso no podemos ocultarnos debajo de la mesa, sino ponernos encima para alumbrar, para iluminar, por que la cobardía no forma parte de la vida de los hijos de Dios, de los que decimos seguir a Cristo, sino que es el Espíritu quien nos da el valor y la fortaleza para defender lo que creemos, para anunciar lo que vivimos pues no somos nosotros quienes nos hemos elegido, sino que Él nos eligió a nosotros para ser sal, luz y fermento en el mundo.
Es el Espíritu Santo quien nos da la confianza y el valor necesario para saber que será Él, siempre, quien hable por nosotros, quien ponga las palabras justas en nuestros labios y nos ayude, con su Gracia, a llevarlas a la vida cotidiana para que nuestra vida y la vida de nuestros hermanos tenga su Luz y sus Dones.

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